DECÁLOGO PARA UNA CORRECTA HIGIENE DEL HOGAR

Reconozco que, de un tiempo a esta parte, me he vuelto un tanto maniática con la limpieza. Nunca me ha gustado vivir entre la mierda, pero desde luego mi grado de tolerancia a la misma era muchísimo mayor al de ahora. La verdad es que ya no hay demasiada tolerancia, incluso se podría decir que me he vuelto una fan del Disiclín, una devota del Pato Gel Activo y una fiel seguidora de aquello que cunde más de lo que cuesta.
Os habréis dado cuenta que, sin querer generalizar (diós me libre) los hombres son un poco más…más…cómo decirlo… ¿despistados? En este terreno.
Repito que, sin querer generalizar, el grupúsculo de hombres con el gen diogenizante, cada vez más reducido, también puede aprender a realizar las tareas de mantenimiento del hogar con un poco de comprensión y paciencia. No los culpéis, sabemos que las madres y la extinción del servicio militar obligatorio, han hecho lo suyo.
Es por eso que creado este decálogo de la correcta higiene en el hogar:
  1. “Limpia la habitación” no significa “haz la cama”
Cuando os encomienden esta tarea deberéis abrir la ventana para ventilar, e, inmediatamente después, retirar toda la ropa de la cama para que airee –las sábanas también se cambian, con una frecuencia no superior a los 15 días-. Se sacuden las sábanas y se hace la cama con cuidado de enganchar la ropa entre el colchón y el somier y utilizando la sencilla regla de la proporción para que quede el mismo largo en los dos lados. Después, pasaréis un paño para quitar el polvo de los muebles (si son de madera el Pronto les dará un brillo estupendo) y sacudiréis o aspiraréis las alfombras. También se pueden limpiar espejos y lámparas si fuese necesario. Una vez hecho, esto se retiran las alfombras –se pueden enrollar en una esquina o dejarlas en la ventana a que les de la brisa si vivís en el campo- y se procede a la limpieza del suelo. Es importante saber que antes de la fregona, viene la escoba. Aunque mejor, la mopa para suelos de madera. Las bolas de pelusa que hay debajo de la cama no son gatitos.
  1. A mí también me jode limpiar el baño
Pero no hay cosa que me moleste más que los pelos púbicos flotando en la bañera. Por eso, amiguitos, cuando acabéis de ducharos, acordaos SIEMPRE de pasar un agüita al plato de la ducha. Es fundamental que lo hagáis las primeras veces que lleváis a vuestra chica a casa. Eso nunca se olvida.
La toalla, aunque la uséis después de ducharos, también hay que lavarla. Mejor antes de que coja ese olor a humedad rancia que no se quita ni con un lavado a 60 grados.
Cuando vayáis a limpiar el baño –una vez a la semana es lo correcto-, acordaos del váter. Sí, donde se caga, también se limpia. No vale con pasarle un pañito a la tapa de fuera, porque lo primero que haremos será levantar la tapa de abajo. Es tan sencillo como coger un paño empapado con agua caliente y lejía o producto de baño y FROTAR. Frotar por todas partes. Luego se echa un chorro dentro del wc y se pasa la escobilla con decisión, borrando todo rastro de una flora intestinal saludable. Después vienen los espejos, el lavabo y la bañera. Por favor, NO USÉIS EL PAÑO QUE HABÉIS UTILIZADO PARA LIMPIAR EL VÁTER. Cogéis otro bien escurridito para que no queden marcas y limpiáis todo. La parte interior de la mampara es como Teruel, existe.
Cuando acabéis, ya podéis pasar la escoba y la fregona. Si no hay ventana, dejad la puerta abierta, por eso de que seque, y tal.
  1. Siempre os pedís el salón, pero no somos tontas
Qué fácil parece el salón: se sacuden los cojines, se colocan las figuritas, se pasa un paño y… SE PASA UN PAÑO. A ver, cuando os decimos que limpiéis la estantería de los libros, queremos decir que saquéis los libros y limpiéis la estantería. Os aseguro que a contraluz se ve perfectamente el rastro que habéis ido dejando alrededor del contorno de los objetos QUE NO HABÉIS MOVIDO. También tenéis que limpiar la pantalla de la tele, la vidriera del mueble, la mesa pequeña, la mesa grande –no sólo por la superficie, los muebles tienen 3 dimensiones- aspirar entre las ranuras del sofá –las migas de pan atraen animales indeseables y pican- y limpiar debajo del mismo, moviéndolo, si fuese necesario. Las lámparas, cuadros y otros adornos también se limpian de vez en cuando. Para terminar, repetimos la operación de aspirar/barrer y fregar: fácil, sencillo y para toda la familia.
Normalmente con el salón, toca pasillo y entrada, no os olvidéis.
  1. Ya sé que mola cenar filetes, patatas fritas o tortilla de patata pero lo que no mola tanto es limpiar la cocina
La cocinatiene su código propio. Aquí no nos podemos andar con chiquitas. En la cocina se acumulan grasas, aceites, y restos de alimentos en estado de descomposición. Después de fregar los cacharros, siento deciros, que no habéis acabado. Deberéis retirar todo de las encimeras y disparar con saña vuestro quitagrasas para después frotar y frotar con un paño previamente humedecido hasta no dejar rastro de mierdecilla. Lo mismo con los azulejos y con la vitro o cocina de gas. Si tenéis vitro, es tan fácil como derramar un chorro de Vitroclen en la misma –en frío, por favor- y retirar con papel absorbente de cocina operiódico mediante movimientos circulares. La cocina de gas requiere de una inversión de tiempo y esfuerzo mayor. HAY QUE QUITAR LOS HORNILLOS, no vale con limpiar alrededor como hacéis con el polvo, porque sino se obstruyen y luego no cocinan, pero sobre todo, porque se ve la mierda. Los hornillos se limpiarán debajo del grifo con agua caliente, estropajo y nuestro bendito Fairy. Lo mismo para la estructura metálica. La campana extractora –ésa que nunca ponéis- hay que limpiarla también. Aquí sí que recomiendo KH7. El horno se limpia –por dentro, se entiende- con el KH7 o Fairy y sus bandejas se sacan para lavar bajo el grifo. El plato del micro puede sacarse, alucina.
Al finalizar de limpiar los electrodomésticos y los muebles –no uséis el paño lleno de grasa para pasárselo a las puertas de los mismos- se mira la nevera. Puede que haya cosas que estén en mal estado. Hay que tirarlas, no esperéis a que lo haga otro y la cosa empeore. Si vuestro plan de mantenimiento del hogar no fue el apropiado, es posible que tengáis que vaciar toda la nevera y limpiarla. Cuando acabéis de tirar toda la porquería que estabais evitando, dejad un ratito la puerta abierta. Lo de la comida estropeada tenéis que hacerlo con frecuencia, no sólo en la nevera, también en el frutero, los muebles o debajo de la cama. Es lo más repugnante que hay y os lleva directos a “Callejeros, mi vecino padece Diógenes”.
Si habéis hecho todo esto, estáis de suerte, nosotras ponemos la lavadora.

Ligar en el trabajo, peligrosa tentación

Qué tiempos aquellos en que en  España sobraban los puestos de trabajo de mierda para ocupar a becarios y contratados con planes de formación y prácticas. Fue una época que no supimos valorar como debíamos, quejándonos siempre de las indignas condiciones,  los que nos tocaba;  y de los puestos de trabajo “de verdad” que se quitaban, los demás.
Ligar en el trabajo, peligrosa tentación
Una amiga me dijo hace poco que había caído en la cuenta de que se había enrollado con  uno o varios compañeros en todos y cada uno de los puestos de trabajo que ocupó–y fueron unos cuantos- y que el paro había menguado dramáticamente su lista de amantes. Y es que, se quiera o no, pasamos en el trabajo más de la mitad del día, y es normal que acaben saltando chispas por algún lado: o acabas de mal rollo o acabas follando.  Normalmente, ambas. Y con la misma persona.
Yo, en principio, soy de las que piensan que ligar en el trabajo aumenta la productividad. El hecho de convertir algo obligatorio, anodino, repetitivo, aburrido, -aunque a veces, respetable y serio-  en otra cosa más entretenida y agradable, puede suponer  que las tareas sean más llevaderas. Me refiero a ese primer  tonteo que hace que uno se levante de buen humor, llegue pronto al trabajo y con una sonrisa en la cara esperando el encuentro con el sujeto de deseo, se aguante mejor a los compañeros y hasta al jefe; ese tonteo que convierte las horas extra no remuneradas en un regalo y el cambio de la tinta de la impresora –situada al lado del guapete de turno- en una bendición. Y es que la oficina para muchos adultos es lo que la universidad para los jóvenes: sirve para pillar cacho. Y si no se pilla, al menos se intenta.
La cosa suele empezar con la cena de empresa. Por eso, los casados acostumbran a mentir en casa para poder ir. Porque todos sabemos que las cenas de empresa son un auténtico putiferio.  En realidad, las miraditas llegan antes, pero la cena es la oportunidad perfecta para entrar en acción olvidando por completo que después del sábado, suele llegar el lunes.
Se cena con discreción, guardando la compostura, hasta que el vino empieza a hacer su efecto y una de las partes ataca de la manera más estúpida posible: hablando del  trabajo.
-¿Qué tal en la oficina, te gusta tu trabajo como becaria de ayudante de auxiliar segunda de secretaría?.
-Oh, sí, nunca me he sentido más realizada en mi vida (irónica risita).
Y así, tras una sarta de tonterías  y obviedades varias, se llega a los chupitos y a los cubatas. Entonces, la conversación continúa por otros derroteros:
 -Desde que estás tú, se nota muchísimo, los informes siempre llegan a tiempo, la otra era un desastre.
 -Es que yo no me encargo de tus informes.
No te preocupes, de la manera más Mariana posible, el que te pretende te soltará algo como:
–Sí, ya lo sé. Salvo por esos informes que pensé que hacías, te aseguro que te tengo súper controlada, te he echado el ojo desde que llegaste, se nota que eres muy espabilada y tienes futuro en este empresa.
 –En realidad, soy odontóloga, sabes, pero mientras no me sale nada de lo mío…
 -Claro, sí se ve a leguas que esto no es para ti, pero mira, eres una mujer trabajadora, y eso te honra muchísimo. Además, esa dentadura perfecta sólo puede pertenecer a una profesional.
– ¿Otra copa?
La peligrosa tentación de ligar en el trabajo
En el pub, la cosa empieza a degenerar tanto que sin saber cómo ni por qué,  acabas en la cama del compañero, como si fuese algo irremediable. Algo que se hace sin cuestionarse demasiado. Se hace y punto, porque ES LA CENA DE EMPRESA Y HAY QUE APROVECHAR.
La cuestión es, como decía, la vuelta al trabajo. Después de ese polvo salvaje en estado de ebriedad absoluta, uno amanece con un sabor de boca un tanto amargo. Y no sólo por las ingentes cantidades de vozka que se han ido destilando en tu cuerpo en las últimas horas, sino también porque sabes que no hay escapatoria. Abandonas el lecho del pecado como un cazador furtivo en un coto vedado, o como Rajoy en una rueda de prensa, y enfilas la calle buscando cobijo en tu casa, cual mendigo maloliente y pensando, una y otra vez, en las pocas horas que te separan del MALDITO LUNES.
Estás condenado a ver  a tu compañero todos los días, corres el riesgo de que los demás se enteren -eso en el supuesto de no haber caído en la indecencia de, además, engañar a tu pareja – y vas a entrar en un bucle de sexo esporádico, enfados, celos, reconciliaciones y más enfados y más sexo, hasta acabar fatal con dicho compañero y hacerle moving para que lo larguen cuanto antes de la oficina.
Pero puede ser aún peor. Puede que lo vuestro acabe en relación, un auténtico desastre para la vida de ambos como individuos únicos y autónomos que pretendíais ser. Para empezar, los jefes no ven nada bien las relaciones en el trabajo y mientras que intentáis ocultarlo, pasan unos meses de absurdo total durante los que tienes que hacer cosas como bajarte una manzana antes del coche e ir andando bajo una ciclogénesis explosiva; o mandar a tu madre a recoger el parte de baja para que se la de a tu novio en la puerta.
Cuando la relación se hace pública se ha acabado ese pequeño reducto de intimidad que te prestaba el trabajo, y los problemas conyugales se trasladan a la oficina, y viceversa. Los compañeros, con sus tristes y aburridas vidas, pasan a ser observadores permanentes de vuestra relación que se convierte en la comidilla de los cotillas. Todo cansa, así que no desesperes, llegará un momento en que vuestra relación ya no sorprenda ni preocupe a nadie y entonces os convertiréis en una vulgar y estable pareja, yendo y viniendo juntos de casa al trabajo y del trabajo a casa. Para volver a hacer lo mismo los siguientes 364 días del año.
Recuerda: éste es el momento de cambiar de trabajo.
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Madres, un amor

Desde la nave del misterio y para todos vosotros, me pregunto hoy qué tienen las madres para querernos tanto a los hijos, aunque no seamos, ni por asomo, merecedores de tan incondicional amor. Y puntualizando, querernos, sobre todo para ellas. Un amor que oprime y ahoga. EL AMOR DE MADRE.
 
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“Te dije que si no te comías las lentejas, te las merendabas.” A hostias.
Desde nuestro nacimiento nos convertimos en el eje de sus vidas, sin comerlo ni beberlo. Viven tan convencidas de su importante labor que nada ni nadie puede quitarles de la cabeza que los hijos somos su más preciado tesoro. ¿Nunca habéis escuchado a vuestra madre decir eso de “lo hago por tu bien, ya sabes que yo por ti daría mi vida”? Por ejemplo, aquel día, cuando con 15 años te castigó tres meses sin salir, tiempo suficiente para que tu novia del instituto perdiese la virginidad con tu mejor amigo, fue POR TU BIEN, POR TU BIEN y sólo POR TU BIEN.
 
Les encanta decidir por los hijos, lo mismo da que tengas 5, 15 ó 40 años. Se toman su labor de protección tan a pecho que se comenta que incluso han llegado a interponerse entre sus hijos y sus parejas. Por su bien, claro está.
 
¿Qué cambios se producen en una mujer, aparentemente normal,  al convertirse en madre?
Estos son algunos que he podido observar en mi larga trayectoria como hija:
 
–        Una madre siempre sabe lo que tienes que hacer. Tu madre sabe lo que te conviene mejor que tú, porque te ha parido y eso la dota de un superpoder que le permite conectar su cerebro con el tuyo, mejor dicho, con tu subconsciente, para saber antes y mejor que tú que deberías dejar a ese capullo ególatra o afeitarte la barba porque el nuevo hipster es el quinqui de toda la vida.
 
–        Las hostias de las madres no duelen, porque te las dan desde el profundo amor que sienten hacia a ti. De hecho, cuando te la sueltan se están castigando a sí mismas por tus actos, culpa de la mala educación que te han dado.
 
–        Les encanta ser el poli bueno, pero para eso hace falta un poli malo. Suele ser tu padre. Ese hombre que, cuando llegue a la noche, “te vas a cagar”.
 
–        Es tu mejor amiga, y por ende, tú la suya, por eso no puedes negarle ningún cotilleo. “Quién te va a querer más que yo, que te he parido”. Supongo que el hecho de que te desgarren el coño, une mucho.
 
–        Y para asegurarse de que no le ocultas nada actúa como un detective. Ha leído 300 veces tus cartas y diarios del instituto y sabe dónde agachas los condones, la fusta y la vagina de plástico. Va a clases de informática para hackearte el facebook y el correo electrónico, no para ver la factura de la luz y pedir cita en el ambulatorio.
 
–        Controla tu ciclo menstrual o el de tu novia. Fíjate en las marcas del calendario de la cocina y verás cómo coinciden con tus tres abortos.
 
–        Recuerda: tu suegra puede caerte bien, pero NO ES TU MADRE. No es una amenaza, es una recomendación.
 
–        En caso de que le des la razón a tu padre en una discusión familiar puede recordarte que “si fuera por él, tú no estarías en este mundo”.
 
–        A tu madre no le llega con ser madre. Le sobra tanto amor maternal que también quiere ser abuela. Por eso le encanta recordarte que ella a tu edad “estaba casada y tenía 3 hijos”. “Mira a Shakira con 35…qué mayor se la ve” (Y luego te pregunta de qué quieres la tarta para celebrar tu 34 cumpleaños).
 
 
    Nunca reneguéis de vuestras madres porque, antes o después, os encontraréis diciendo eso de “quién te va a querer más que yo, que te he parido”.