Categoría: mujer

LAS BRAGAS DE REGLA

Cuando las bloggers de moda, empeñadas en enseñarnos a vestir bien –bien o como payasas, según lo miréis- hablan de las prendas básicas que TODA MUJER debe de tener para componer un buen fondo de armario (atención, las prendas pueden guardarse en cualquier lugar, algunas incluso en la parte alta del mueble) se olvidan, sistemáticamente, de la prenda más importante de todas: las bragas de regla.
La braga de regla es una prenda que, absolutamente toda mujer en edad fértil debe de tener en su cajón. De hecho, lo sensato es tener, al menos, media docena de bragas de regla. Aunque claro, siempre está tu preferida: la braga más vieja y chunga de todas. Ésa que deseas ponerte cuando las flores huelen a mierda de perro y las nubes se empeñan en cubrir el astro rey.
La braga de regla no nace, se hace. Cuando somos niñas, aprendemos a través de la tradición oral y la colada de nuestra madre, que las mujeres adultas usan ese tipo de prenda íntima. Como si se tratase de un club privado, a nosotras no se nos está permitido el acceso: tenemos bragas de Minnie y de Mafalda, bragas con estrellitas y con lacitos, bragas lisas y estampadas, pero NO TENEMOS BRAGAS DE REGLA.
Entonces, un buen día –qué cojones, un mal día- una mancha roja aparece en tus impolutas bragas blancas con estampado multifrutas, seguida de un dolor punzante que atraviesa tu espina dorsal y, dentro de la desgracia, sabes que, por fin, ha llegado el momento de crear tu fondo de armario de mujer menstruadora.
Esa primera braga manchada de sangre, será sometida por tu madre al proceso de aclarado-blanqueado-lavado-centrifugado-clareado hasta llegar de vuelta a tu cajón convertida en tu primera braga de regla: si todo ha salido bien, las frutitas se parecerán más a fantasmitas y las costuras habrán dado ligeramente de sí. Sí, además, el blanco ha adquirido cierto tono amarillento por el uso indiscriminado de lejía barata, estamos en el buen camino.
Los siguientes meses son los más duros: todavía no tienes bragas de regla, y, cada vez, te toca pelearte con unas nuevas costuras apretadas y picajosas, un color demasiado vivo, una cintura demasiado baja y estrecha. La compresa (ninguna niña virgen decente debería usar tampones) se sale por los lados y la braga tiene demasiada licra para que se adhiera bien y no se mueva durante la noche. Cada vez que estrenas bragas para la regla, luchas con todas tus fuerzas para adaptarlas a tus necesidades: las estiras hasta las orejas mientras escuchas satisfecha el ‘crack’ de las gomas dando de sí, las lavas y relavas a 50 grados centígrados, las tiendes en agosto a pleno sol del mediodía… porque sabes que cuanto menos sexy, más cómoda será.
Aquí una cuidadosa selección de mis bragas de regla. Desgraciadamente, mi madre ha tirado grandes tesoros precolombinos.
No solo de bragas vive la mujer menstruadora. Durante esta época, es donde la adolescente adquiere consciencia sobre la necesidad de crear su fondo de armario real: pijamas flojos y viejos, sujetadores sin aros, bolsa térmica de los pies de la abuela para poner sobre los ovarios y/o riñones y camisetas gigantescas de marcas de alcohol o fiestas populares en honor a borrachos célebres.
Nuestras prendas de regla son como el calzoncillo de repuesto de los chicos: aquello que sólo nos ponemos en situaciones de emergencia. En el caso de ellos, suele coincidir después de dos largas semanas sin poner la lavadora.
No hay ningún requisito para crear la braga de regla perfecta, cada mujer deberá escoger a sus candidatas –normalmente, tiramos de aquellas que nunca nos pondríamos para echar un polvo- y someterlas a un riguroso entrenamiento que nunca acaba.
Porque ahora, en la plenitud de tu vida, es cuando abres el cajón anestesiada de ibuprofenos y, desesperada, buscas por entre cientos de tangas de encaje y transparencias -vistos en los blogs más trendy– aquella primera braga de fantasmitas. Tu preferida.

Periodismo con P Peluquería

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha servido para describir fielmente los objetivos del periodismo en la última década: la inmediatez y el espectáculo.
Desde que se produjo el tiroteo, a primera hora de la tarde del lunes, y hasta bien entrada la noche, los reporteros de todas las televisiones se afanaban en contar la ultimísima noticia a pie de puente, lo más cerca posible del -todavía caliente- cuerpo de la fallecida. Sin tener ningún tipo de información contrastada, las televisiones fueron soltando píldoras de rumores para mantener al espectador pegado a la pantalla en un circo mediático que recuerda a tantos otros como el del accidente de Angrois del verano pasado.
Yo seguí el suceso a través de La Sexta, en donde estuvieron en conexión constante con una reportera desplazada al lugar de los hechos con la que conectaban cada cinco minutos para decir lo mismo. Lo que podía comentar la muchacha era esto: “aquí está el puente, hay una sábana blanca tapando el cadáver, y el puente, y la sábana, y también el puente. Espera, ¿habéis visto ya la sábana en el puente?”
Después, la presentadora volvía a plató con la sábana enfocada detrás de su cabeza para reiterar la dureza de las imágenes y comentaba con sus contertulios las “informaciones” que iban llegando.
Que si habían sido dos los asesinos, que luego eran asesinas, que resultaban ser madre e hija, que a la hija la acababan de echar de la Diputación, que eran madre e hija del jefe de Policía de Astorga, que la pistola seguramente era de este hombre, que cabía la posibilidad de que Isabel Carrasco fuese amante de él, que por lo tanto sería doble venganza. Y que eran muy normales. Que hay una sábana, y un puente. Y también un puente en donde se ve una sábana tapando el CADÁVER DE LA FALLECIDA VÍCTIMA DE TRES DISPAROS POR LA ESPALDA, A SANGRE FRÍA. “Le han disparado a sangre fría”, dijeron tantas veces esto que acabé temiendo que Truman Capote levantase la cabeza para darles dos hostias.
Periodismo con P
Sara, protagonista de la película “Lo que el puente se llevó”
La tarde fue muy larga, y nuestra querida reportera, Sara, la cual acaban de pillar de la siesta y bajó con un moño y la cara lavada, se pasó toda la tarde haciendo interesantes pesquisas en el lugar de los hechos. Los vecinos decían que eran personas encantadoras, muy majas, buenas chicas, vamos, que siempre saludaban. Más hilarante fue cuando decidieron entrevistar a todo el que pasaba por delante para comprobar si conocía a alguno de los implicados en esta historia. Una señora dio la gran exclusiva de que había coincidido un día con el marido de la presunta asesina tomándose un café y que un día, incluso lo había visto tomándose un vino. ¿Alcohólico, quizá?
Yo observaba a la pobre Sara, que no debía tener más de 25 años, y estaba empezando a temer el momento en que la reportera tirase el micro al suelo y empezase a gritar “QUE NO LO SÉEEEEE, no sé nada, dejadme en paz, hijos de perra, que quiero ir a maquillarme de una puta vez y llevo aquí cuatro horas en las que sólo me falta entrevistar al arquitecto del puente”. “¿Creía usted, señor arquitecto, que se iba a cometer un asesinato en este puente el día que entregó los planos?, ¿Y usted señor ficus? ¿ha visto algo así en sus años de vida?”
Al día siguiente, ayer, la “avalancha” de informaciones seguía colapsando las redacciones de los medios de comunicación y fue así como pudimos saber que probablemente (probablemente) había sido la madre la autora de los disparos. Que fue un policía retirado el que vio todo el percal y las persiguió mientras llamaba a los agentes para que las detuviesen, que la pistola ya no era la del marido porque las balas no coincidían, que puede que la hija –después de haber perdido un juicio contra la Diputación- tuviese que hacerse cargo de una importante multa que no podía pagar (porque Isabel Carrasco la había echado) y que, para más inri, la madre era avalista de su vivienda.
En el momento entierro la dureza de las imágenes fue tan impresionante que nos enseñaron 25 veces a la hija de la fallecida gritando de dolor por la pérdida de su madre. Por si nos había quedado claro que la chica gritaba “mamá, mamá”, subtitularon con un “mamá, mamá” y cuando volvieron a plató la presentadora sentenció, con gesto compungido “ha dicho: mamá, mamá”.
Pues esto, amigos, es lo que yo llamo Periodismo con P de Peluquería. El contagio de las maneras de la prensa rosa a todos los ámbitos de la información, ¿recordáis cuando los medios de comunicación pasaron semanas aposentados delante de la casa de Isabel Pantoja, y contactaban con los reporteros para que informasen desde el lugar de los hechos de lo que estaba pasando: “Día 12. Isabel sigue encerrada en su casa. La casa está detrás de este muro. Nosotros estamos delante. No se ve nada. Hace calor. Mucho calor. Moriremos de calor.”

Los medios de comunicación han acostumbrado al espectador (ya es lector, ni oyente, siempre es espectador) a la inmediatez, anulando toda posibilidad de reflexión acerca de lo que está pasando. En lugar de desconectar durante un par de horas para preparar un programa especial con informaciones contrastadas, hacen un directo infinito sin tiempo para comprobar nada y lo adornan como un trabajo periodístico “a pie de calle”. Las redes sociales no dejan de generar contenidos (que no información) y los medios, en lugar de hacer su trabajo, esto es, generar noticias propias, directamente beben de lo que se dice en twitter o en facebook. ¿Cuántas noticias de los medios de comunicación actuales empiezan con un “visto en twitter”? Podemos volver a Angrois, en donde directamente se usó un estado de Facebook para hacer todo un perfil psicológico del maquinista. Y condenarlo.

Periodismo con P
Periodismo con P



Esto da lugar a la difusión de rumores constantes en donde los periodistas no son más que el altavoz del murmullo del patio de vecinos, es decir, las redes sociales. Y tan importantes deben de ser, que a la Guardia Civil, le faltó tiempo para buscar delitos de enaltecimiento de la violencia en redes sociales y dos concejalas gallegas ya han tenido que dimitir por sendos comentarios publicados en Facebook.
Cuando estudiaba en la facultad de Comunicación de Santiago los profesores se afanaban en recordarnos los tres objetivos básicos del periodismo. Por orden de importancia: informar, formar y entretener. El entretenimiento por sí solo no es periodismo, y, desde luego, encuentro formas mucho más enriquecedoras de entretenerme que con los cotilleos del corazón.
Sin embargo, ahí está, llenando horas y horas de televisión (en todas las franjas horarias) mientras otras cadenas se ven obligadas a cerrar y compañeros de la profesión se quedan sin trabajo porque cada vez hay menos hueco en las parrillas para hacer algo medianamente decente. Las revistas del corazón nos aportan interesantes informaciones acerca de la vida y obra de las celebrities de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Periodismo con P
Juntamos Leonor y Asunta y tan pichis.

Desde luego, ha sido una buena jugada para las empresas de comunicación. La dinámica del programa estrella del corazón en España, el Sálvame, es harto sencilla (y barata): juntar a seis inútiles (también llamados colaboradores), a una presentadora de la talla intelectual de Paz Padilla y pasarse cuatro horas discutiendo entre ellos. Sólo entre ellos. La endogamia ha llegado a tal punto que los colaboradores son juez y parte del juego y ya no hace falta siquiera, salir a la calle a perseguir famosos. Ellos son los protagonistas indiscutibles. Así podemos verlos haciendo cosas tan interesantes como insultarse, comer, beber, enseñar las bragas e insultarse de nuevo. El sábado es cuando lo petan, cuando la cadena se rasca el bolsillo para hacer la gran entrevista de la semana, y, no os lo váis a creer pero ¿sabéis a quién llevan a de invitado súper exclusivo? A Belén Esteban. O a Terelu Campos. O a Kiko Matamoros. O a Raquel Bollo. A contar lo mismo que llevan contando 15 años. Yo puedo entender que alguien le entretenga la prensa rosa… ¿pero esto? Que me aspen.

Si la prensa rosa es la madre, el periodismo deportivo es el padre de la caspa y la cutrez a la que se puede llegar en este país si nos lo proponemos. Las informaciones sobre el mundo del fútbol, mal llamadas periodismo deportivo copan horas de televisión y radio y llenan páginas de periódicos en donde se habla de casi todo, menos de fútbol. Los culebrones en el mercado de fichajes, las reyertas entre los propios compañeros de equipo (y con sus entrenadores), las broncas con la afición y el folclore que convierte a los jugadores en estrellas del corazón desvían la atención acerca de las estrategias de juego de los equipos y, más importante, acerca de las estrategias de las empresas futbolísticas para financiar las fichas millonarias de sus deportistas. Llama la atención la ausencia de críticas al coste de los jugadores en el mercado español cuando el país atraviesa una de sus crisis económicas y sociales más graves.
También el silencio respecto al grave problema del dopaje: ¿de dónde ha salido el filete de Contador? Ah no a Contador no lo toquéis, gabachos de mierda “yo soy español, español, españooooool”. ¿Y Marta Domínguez, por qué demonios está vetada en todo el mundo y aquí ha sido absuelta? ¿Serán el tinte rubio lo que provocó los extraños valores en sus analíticas? Esto es responsabilidad del periodismo deportivo, esto y no las contraportadas de tías en tetas de los periódicos deportivos. Para eso tenemos el Interviú, que, por cierto, hace bastante más periodismo de investigación que otros muchos medios.

Periodismo con P
He aquí una muestra de las contraportadas del diario deportivo AS.
Pero me equivoco, la prensa deportiva no sólo habla del fútbol. También de Nadal, Alonso y Márquez (del Moto GP hablamos sólo si tenemos los derechos). Y de sus magníficas campañas publicitarias que ocupan la mitad del tiempo de deporte. Y esas encuestas tan entretenidas que les hacen a los intelectuales jugadores de fútbol, y los desfiles de sus magníficas novias modelos. Y los periodistas estrella: Sara Carbonero ahora convertida en bloguera de moda, Los Manolos y los mendigos, Pedrerol y los becarios.
Y todo esto al tiempo que los compañeros periodistas de los medios de comunicación local, de las secciones de cultura, de la prensa seria en general, los que se curran las noticias en condiciones lamentables, sufren las consecuencias de la crisis de un modelo de periodismo que no es periodismo, ni modelo de nada. A ellos, mis amigos, compañeros de batalla, os pido que nunca dejéis de hacer lo que hacéis con criterio y profesionalidad y menos ahora, que la sociedad os necesita más que nunca. Ningún mal dura cien años y Karmele Marchante debe de andar por los 95.
PD: ¿Alguien sabe si Raquel Bollo se cortó realmente las uñas en el AVE?

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La ciencia de las vaginas

Soy mujer desde que he nacido, al menos, desde que yo recuerde, y las pruebas documentales de las que dispongo parecen atestiguar este hecho. Por tanto, me veo en la obligación de denunciar que los adelantos tecnológicos no se han preocupado especialmente por la anatomía y los problemas que tenemos las mujeres, por el simple hecho de serlo.
Empecemos por la infancia. Algo que debemos hacer desde la niñez es vestirnos. El nudismo no está bien visto y en el norte, además, es peligroso. Aquí ya podemos comprobar la tortura a la que son sometidas las niñas con respecto a sus amiguitos varones. El principal problema en esta etapa de la vida es la obsesión de las madres por poner vestidos y faldas que limitan claramente los movimientos o los convierten en “no elegantes”.  Desde jugar al fútbol, a hacer el pino, correr libremente por el campo o sentarse con las piernas separadas: casi todo está vetado con falda. Las mujeres tienen que aprender a cruzar las piernas desde la más tierna infancia para que no se les vean las bragas. Terrorismo de vestuario.
“Qué bien estoy haciéndome la princesita mientras mi hermano se llena de mierda en el barro”
Luego está el pelo. Que tenemos que dominar con pinzas de clip, cintas, diademas, coletas y otras fórmulas absurdas y dolorosas como las trenzas que se inician a ras de la frente y acaban en la nuca, provocando unas tiranteces y un picor en la cabeza horribles. Pero claro, a las niñas hay que dejarles el pelo largo y, una vez conseguida la ansiada melena, nada de tenerla delante de la cara o meterla dentro del plato de spaguettis. Eso tampoco es elegante.
En la adolescencia, las cosas lejos de mejorar, empeoran. La ropa sigue siendo una fuente constante de problemas. Aparte de las falditas, que se quedan más relegadas al fin de semana y se supone que ya tenemos controladas para que no se nos vea la entrepierna, llegan otros cambios importantes en la indumentaria . Los pantalones se estrechan hasta cotas inverosímiles, produciendo problemas en el riego sanguíneo. Yo tengo unos tan pitillo que temo que se me gangrenen los pies por los tobillos en cualquier momento. Pero lo peor, es que aprietan en otras zonas más delicadas y una puede llegar a sentirse ligeramente mancillada por la costura del vaquero cuando roza violentamente sus indefensos labios vaginales.
Los sujetadores también provocan ciertos contratiempos. Hay que empezar por tener un master en copas tetiles para entender los tallajes que van desde la A a la D.  Creo que la más habitual es la B, y yo de ahí no me muevo. Y luego están las diferentes formas y características de los sostenes capaces de hacer de todo: reducir, aumentar, subir, bajar, facilitar la lactancia o la práctica de deporte. Si la gran revolución de los 90 fueron los wonder-bra, está claro que desde que comenzara el milenio, lo que mola es el push-up. Ciertamente, es una maravilla de la tecnología que hace que cualquier escote, por pobre que sea, luzca digno. Sin embargo, de un tiempo a esta parte creo que el uso continuado de estos sostenes puede ser contraproducente para el tamaño del seno de su portadora. Después de años de investigación, he llegado a la conclusión de que la capa de grueso relleno puede hacer efecto faja térmica en nuestro pecho y provocar una reducción de dimensiones. Lo cierto, amigos, es que las tetas también sudan. Y yo no querría que las mías se viesen menguadas por el uso de un peligroso sujetador calefactor que, a fin de cuentas, alguien podría invitarme a sacar en cualquier momento, dejando a mis pobres tetas en evidencia.
Pero la joya de la corona en la industria de la moda, es la extensa oferta de bragas que nos ofrecen las tiendas de lencería. Cuando yo tenía 13 años había dos tipos de slips para mujeres: braga y tanga y, sus derivados, bragas de señora y tangas de señora. Pero, con la explosión del mercado bragático, impulsado, en parte, por unas tías que se pasean con alas gigantes en ropa interior, llegó la locura. En estos momentos el mercado ofrece, al menos, seis tipos de tangas diferentes según la anchura: algunos demasiados amplios para ser considerados tangas y otros tan estrechos, que podrían hacer dudar a su portadora sobre si ha salido de casa sin nada si se le da por meter la mano por la parte trasera del pantalón. Algo a todas luces imposible, si se trata de un vaquero pitillo del Bershka.  Después están las bragas: la normal, la brasileña, la braga faja o la tipo bikini. Y los culotes, también con sus diferentes largos y anchos. Y por supuesto, las texturas: cuanto más bonita es una braga más perjudicial será para nuestra salud vaginal: los médicos recomiendan usar sólo ropa interior de algodón y evitar formas que propicien los roces. Ya podéis ir quemando esos tangas de licra y encajes, y sorprender a vuestro amante con una braga blanca de algodón y puntilla en la cintura de las que venden en todos los Carrefour de España.
Pero lo más cruel, lo que menos atención ha requerido por parte de los institutos de investigación que mucho se preocupan por las arrugas y la celulitis, son los métodos de contención menstrual.
Empecemos por el clásico: la típica compresa de toda la vida, ésa que no te puedes poner ni con tanga, ni con pantalones pitillo. Ésa que se mueve por las noches, se te pega a las bragas y al culo y escuece tus partes íntimas a todas horas por el contacto contra el plástico impermeable recubierto de gasa. Y que, además, puede provocar problemas en la delicada flora de la zona por el exceso de humedad. Ésa que te recuerda lo que has menstruado cada vez que vas al baño y que no puedes tirar, de ningún modo, en un wc, en cuyo caso tendrás que enrollarla en un trozo de papel gigante si el propietario de la vivienda no tiene papelera en el baño. Cosa bastante frecuente.  Llegada a estas alturas de mi vida, sospecho que el ingenio salió de un concilio vaticano.
Así es cómo me siento yo con una compresa puesta.
Después están los tampones, mucho más prácticos, pero menos absorbentes, y que requieren de un cambio constante para que no se escape nada. Los que inventaron los tampones tienen la teoría de que una sabe el momento justo en que hay que cambiárselo mirando solamente el hilo que cuelga en la parte externa. A pesar de mi elasticidad, todavía no he conseguido ver el principio del hilo y tengo que cambiarme cuando mi intuición o la humedad, me lo dictan. Los tampones, además, provocan un montón de problemas en la mucosa vaginal, tan delicada y a la vez, tan maltratada por la industria menstrual. El algodón del tampón está químicamente blanqueado y os aseguro que eso no es bueno. Además, el abuso de ellos genera sequedad, picores y otras cosas horribles que las mujeres tenemos que padecer.
Así que, por fin, alguien se ha dignado en inventar un aparatito llamado copa menstrual. Una especie de vasito de silicona que se introduce dentro de la vagina para recogerlo todo –garantizan el no escape- y que, una vez lleno, hay que vaciar y limpiar con agua para volver a introducir. No es tóxico, es ecológico y resulta mucho más barato que cualquier otro método: puede reutilizarse durante años. He leído bastante sobre el asunto y creo, sinceramente, que se trata de una invención fabulosa. Como todo, tiene sus pequeños inconvenientes. Primero, qué hacer con el contenido de la copa si te encuentras fuera de casa y, lo peor, cómo lavarla (será divertido salir del baño de la discoteca con otro tipo de copa en la mano).  Además, no hay asesoramiento personalizado. Me niego a que mi vagina sea igual a la de María Dolores de Cospedal. Mi vagina es única e irrepetible y requiere orientación exclusiva. En las páginas webs que he visitado, aparece una gama tan amplia de texturas y tamaños que no tengo claro por cuál decidirme.
Desde aquí, reivindico la formación de especialistas en estructuras vaginales que puedan recomendarte la más adecuada con solo escuchar tu voz, mediante una discreta llamada telefónica. Los Sandro Rey de las vaginas.

“Tú lo que necesitas es una copa menstrual soft en color morado. Bendiciones.”