Categoría: muerte

Vamos a morir todos (y lo sabes)

Las últimas investigaciones científicas demuestran que todo, en mayor o menor medida, causa cáncer. Estas evidencias, lejos de dejarnos deprimidos y sin fuerzas para vivir, deberían provocarnos una sensación de libertad y sosiego como nunca antes pudimos experimentar cuando nos creíamos dueños de nuestros destinos.

Desde que sé que TODO es cancerígeno, me siento más ligera y feliz que nunca. Mi hipocondría, derivada de mi excesivo sentimiento de culpa para evitar enfermar, se ha esfumado. Haga lo que haga, tome lo que tome, o viva como viva, estaré alimentado al monstruo. El cáncer es como los Testigos de Jehová, por muy lejos que te escondas, ellos siempre te encuentran.

Os invito a hacer vuestras propias quinielas acerca de vuestra paupérrima expectativa de vida. Entre las infinitas cosas que causas cáncer se encuentran:

Vivir en el Planeta Tierra. La contaminación del aire y la propia madre naturaleza nos matan. Una de las cosas que más cáncer da es respirar. La polución del aire generada en su mayoría por los tubos de escape, eleva las muertes directas a más de 200.000 al año según la OMS. Seis veces más que comer hamburguesas y longaniza sin control (eso sí, Europa permitirá a los fabricantes de vehículos diesel aumentar en un 20% las emisiones de sus motores mientras perjudican alegremente al sector cárnico). El gas radón que emite la corteza terrestre y las aparentemente inocentes rocas. Los rayos X, los rayos gamma, las partículas alfa y las partículas beta que no sé qué son, pero suenan fatal. Los rayos UVA del sol, el polvo de madera, el alquitrán, el plomo o el asbesto.

Comer. En general comer da cáncer. Entre los productos peligrosos están las carnes procesadas, la carne roja, pero también el pescado -por su alto contenido en mercurio, dioxinas o policlorobifenilos-. Las bebidas azucaradas, los edulcorantes y el azúcar blanco. Las verduras y frutas tratadas con productos fitosanitarios y los vegetales procedentes de la agricultura transgénica (España es el país de Europa con más cultivos de este tipo). Los alimentos derivados de animales con tratamientos hormonales para su engorde (la gran mayoría, o a ver si creéis que los pollos tienen la misma capacidad de engorde que vuestra suegra). Los fritos, los lácteos, la soja, la comida cocinada a la brasa o con carbón, las conservas, las gominolas, y hasta las botellas de agua. Tal es el agravio que se le hace a la carne, que desde aquí os animo a utilizar la etiqueta #peaceforbacon.

baconpeace

Divertirse y limpiarse. Los productos y servicios de esparcimiento e higiene para todas las edades como viajar en avión, los juguetes chinos y los chinos en general (contaminan demasiado), los desodorantes, los tintes para el pelo, los detergentes, las cremas (especialmente si son del Mercadona), y también el sexo (sí, follar puede provocar cáncer por infecciones derivadas como el VPH).

Drogarse. El tabaco, el alcohol y el cannabis y sus derivados están señaladas como las principales causas de cáncer en el mundo. Afortunadamente, libre de toda sospecha todavía tenemos la cocaína, las setas alucinógenas y la heroína pinchada en vena.

Causas azarosas y amigos invisibles. Virus, bacterias, hongos, y nuestra propia genética.

El cáncer en sí mismo. Por si fuera poco, haber padecido un cáncer aumenta las posibilidades de tener otro.

No se han demostrado evidencias sobre el aumento de cáncer en personas que padecen hambre, guerras, maltrato, aburrimiento, aislamiento social, soledad, tristeza, desamor, ansiedad o depresión en general (no, la depresión en sí misma, no causa cáncer).

Stressed patient

Si conseguís zafaros del cáncer es probable que la palméis de una enfermedad del sistema circulatorio (sigue siendo la principal causa de muerte en España por delante de los tumores), de una afección del sistema respiratorio, del sistema nervioso o del aparato digestivo. También hay bastantes papeletas de estirar la pata por una malformación, una enfermedad endocrina, una enfermedad mental, un trastorno neurológico, una enfermedad tropical o una infección. Si tenéis tanta suerte que conseguís esquivar la enfermedad, es muy probable que os mate un accidente doméstico (cuarta causa de muerte en la Unión Europea), un accidente de tráfico, una catástrofe natural, un accidente laboral, un accidente de ocio o un señor en el nombre de Alá.

Si, contra todo pronóstico seguís vivos, es muy posible que, hastiados, decidáis colgaros de la lámpara de araña de la habitación del abuelo. El suicidio provoca en España más muertes que los accidentes de tráfico, los accidentes laborales y los homicidios juntos.

Así que permitidme un spoiler final: VAMOS A MORIR TODOS.

Mientras tanto, yo voy a esperar con un tapa de jamón serrano y una copita de vino en la mano.

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Mi embarazo

Cuando una mujer está embarazada su organismo cambia a pasos agigantados de una semana para otra con el objeto de acoger a la nueva vida que se gesta en su interior. Eso es exactamente lo que a mí me ha pasado, pero sin hinchazón de piernas, ni dolor de tetas. Ni tetas, en general.
Hace nueve meses que me quedé embarazada, pero mi embarazo no fue fruto de la cópula, sino de una serie de decisiones trascendentales que  me han permitido convertirme en lo que siempre había soñado: he cumplido mi anhelo profesional de escribir y puedo dedicarme a ello. Y por fin, el bebé ha nacido y no soy más que yo misma, lo que he sido siempre, pero con menos temores, menos trabas y bastantes menos complejos.
Mi embarazo ha sido de lo más cambiante y, como por efecto de las hormonas, casi cada semana me he visto sumida en un torrente de emociones. Emociones dispares  que pasaban de la alegría desenfrenada al llanto fácil y que me he tenido que asumir acompañada de muchas personas que quería y me quieren –más de lo que podría imaginar- pero por vez primera en muchos años, sin un ‘novio’. Un novio al que llamar cada hora para llorarle mis penas o con el que abrazarme cada noche bajo las sábanas sintiendo el calor y el sosiego de algo parecido al hogar.
Hay ciertas cosas que, llegada una edad, una ya no tolera y otras muchas que tiene bastante más claras. Los años, aunque estropeen un poco el cutis, no han sido en balde. La soltería era una de las cosas que no concebía después de encadenar dos relaciones de más de diez años en total, con sólo 27. La deseé en muchas ocasiones pero me apaciguaba la tranquilidad de que alguien me quisiese “por encima de todo”, aunque nadie te quiere por encima de todo, y, mucho menos, por encima de sus intereses, entre los que tú formas parte. TENEDLO CLARO. Obviamente, eso no está mal, todos amamos porque nos sienta bien a nosotros, no por hacerle un favor al otro. ¿Acaso no recuerdas haber pasado de aquel niño repelente con granos y mostacho que te enviaba cartas en el colegio? Incluso cuando amamos a un cabrón/a, lo hacemos porque no podemos evitarlo y porque ese sufrimiento en el fondo, nos compensa. Somos química.
No voy a decir que la soltería es la panacea de la felicidad, aunque tampoco lo es estar en pareja. He aprendido a quererme un poco más y es probable que eso me permita manejar mejor futuras relaciones. O la soltería indefinida: el terror de las abuelas. Obviamente, me he hecho daño por el camino pero a veces, la letra, con sangre entra. Por eso nuestros padres se saben muchísimo mejor que nosotros los ríos y accidentes geográficos de España.
Pero más allá de sentimentalismos, mi embarazo me he traído doble ración de mala hostia. Más de la que ya tenía. Hasta ahora, siempre dejaba un pequeño hueco a algo parecido a la inercia para acatar o simplemente, asumir, las consecuencias que lo que otros hacían tenían en mi vida. Pero ya no. Ahora hay alguien más débil que me necesita y solo me tiene a mí para protegerlo: mi pequeña niña interior, ésa a la que tan poco había escuchado hasta ahora.
 
cuando llegara?
Mi niña interior me exige un montón de cosas que tengo que hacer POR SU BIEN:
 
      Poner mis intereses (y los de mi niña) en un primer plano y luego, ya veremos.
Negarme a hacer algo que no quiero o simplemente, no me apetece.
Dejar de sentirme mal (y flagelarme) por cosas que hago porque me apetece.
Pedir explicaciones cuando las considere necesarias en lugar de callar mientras noto cómo se aviva el incendio del odio en mi interior.
Dejar de fingir que soy la puta princesa desvalida esperando a que el puto príncipe azul venga a rescatarme de mi puto castillo.
Cuidarme física y mentalmente. -Esto anula totalmente cualquier posibilidad de sentirse bien escuchando a Enrique Iglesias, Pablo Alborán o Dani Martín-.
Tomar la iniciativa.
Perdonarme mis errores como Dios perdona a los que le ofenden y por tanto, a mí misma.
Ser más optimista cuando las cosas se tuercen.
Reír hasta llorar o llorar hasta reír.
      Escribir. Escribir. ESCRIBIR.
      Ser feliz, coño.PD: ¿De verdad creíais que estaba embarazada?

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