Categoría: machismo

Gracias a #machismopúblico por joder al FEMINISMO

Hace justo siete días una joven de 20 años denunciaba haber sufrido una agresión sexual en Málaga, supuestamente acontecida en el transcurso de la Feria de la ciudad. Lo demás ya lo sabéis: de circo mediático a archivo del caso en dos días. La justicia tiene, en principio, la razón –no hace falta que enumere la cantidad de casos en que no la tiene, véase, la inculpación de Dolores Vázquez en la muerte de la también malagueña Rocío Wanninkhof- pero dejadme que yo me quede con la duda de que esta chica, que no conocía de nada a sus supuestos agresores, tuviese intención alguna de arruinarles la vida. Una violación es, probablemente, el delito más difícil de denunciar, porque sitúa a la víctima en la desconfianza social hacia ella y pone de manifiesto la cultura apestosamente machista que hay en torno al sexo “a ver si al final andaba provocando y le dieron lo que quería”. Esto,  más o menos, es lo que se acabó diciendo de la joven de Málaga. Que, por cierto, no fue el único caso denunciado de violación múltiple este fin de semana. Otra joven de Gandía fue supuestamente violada por tres individuos en el interior de un coche.
El problema es, básicamente, que la gente –las propias agredidas la mayor parte de las veces- no sabe aún lo que es una violación. Demasiadas películas dibujan la violación como un acto casi erótico que ocurre cuando un guapo desconocido te empuja encima de un coche en mitad de la noche y te arranca las bragas para echarte el polvo de tu vida. La mayor parte de las violaciones no ocurren en la calle –y menos aún por guapos desconocidos- sino en el seno de la familia, la pareja y las relaciones sexuales consentidas. Y aquí es donde me gustaría que se guardase más cautela con el caso de Málaga. Que yo, mujer, me quiera follar a un tipo –o a dos o a tres- no significa que quiera hacer todo lo que ellos me pidan, que no quiera parar en un momento dado porque me estoy arrepintiendo, que me encuentre en un estado de intoxicación propenso para que abusen de mí -caso bastante probable en Málaga- o que apruebe que me graben mientras mantengo sexo. Os recomiendo que leáis estos dos artículos “Qué es la cultura de la violación” y ‘Yo quería sexo, pero no así’.
Que en un país donde se mata a mujeres día si y día también por culpa de la violencia machista se banalice con la violación es de juzgado de guardia: muchas mujeres que conozco y yo misma, reconocemos haber sido agredidas sexualmente alguna vez en nuestra vida –y no, no me refiero al baboso que te toca el culo en la discoteca- y ninguna ha denunciado. Denunciar que alguien con quien te fuiste a la cama voluntariamente, tu pareja, tu padre o tu hermano han abusado de ti NO ES FÁCIL. Y, por si seguís con las dudas, a los datos me remito: menos del 2 por ciento de las denuncias por violación resultan ser falsas, mientras que más de 60 por ciento de los casos jamás se denuncian. Y a pesar del bajo número de denuncias, España está en el top 25 de países con más violaciones al año, justo por debajo de Perú y por encima de Zimbabwe.
Este hecho tan serio no es más que una de las múltiples demostraciones de la violencia contra la mujer que se vive en España, un país donde ya alcanza cotas institucionales: el alcalde de Málaga preocupado por la imagen de las fiestas después de la supuesta violación y el de Valladolid porque una mujer no se rompa el sujetador mientras va con él en ascensor (éste último ha salido hasta en The Guardian).
Y de ahí hemos pasado, casi sin despeinarnos, a trending topic por hacer bromas sobre el feminismo. La ocurrencia de una chica que se propuso denunciar todos las situaciones de ‘machismo’ a las que se enfrentaba día a día a través de la etiqueta #machismopublico se ha convertido en un insulto al feminismo y a la inteligencia y ha conseguido cómo no, alejarnos un poquito más de los hombres en la lucha común contra la violencia machista.
Ofendida por semejante insulto a su cultura postfeminista (nunca he entendido a las postfeministas, lo siento, yo soy una simple feminista) lo publicó en twitter consiguiendo, como no, el escarnio público de miles de hombres –y muchas mujeres- junto con feroces defensas de su causa por parte de alguna otra que aún no sabe lo que es sentirte agredida por la cultura machista. Otra cosa no, pero a los españoles, en ingenio, no nos gana ni Dios. Así que todos nos hemos echado unas risas a costa del pobre infeliz que decidió invitar a un café a la creadora del #machismopúblico:
Sara, gracias. Gracias por conseguir que miles de personas se estén burlando del feminismo como si fuese la causa estúpida e infantil de unas cuantas mujeres histéricas que odian a los hombres sólo por el hecho de serlo. Vamos, lo mismo que hacen los machistas y misóginos, pero al revés. Estoy bastante hasta los ovarios de escuchar burlas e insultos por parte de hombres que, lamentablemente, piensan, como tú, que el feminismo es lo mismo que el machismo: la supremacía de las mujeres por razón de sexo y la denostación del género masculino porque sí.  O “porque hay un chico que quiere ligar conmigo y me apetece llamar la atención”.
Esto es MASCHISMO PÚBLICO, Sara. Un machismo que yo sí he vivido. Ojalá tú tengas que preocuparte sólo de que no te inviten a un café.
1. Que tus padres –educados en otra cultura, obviamente-, te digan cosas como que eres tú la que debes hacer las tareas de casa y servir a tus hermanos varones por ser mujer, que tienes que volver más pronto a casa porque eres mujer, que debes volver siempre acompañada de algún chico –novio o amigos- para evitar que abusen de ti, que nunca debes beber más de la cuenta porque eso supone que puedan abusar de ti, que cuidadito con a quien te follas porque nunca debes olvidar que una mujer es siempre una mujer (y la línea entre mujer y puta es muy endeble). Que va siendo hora de que sientes la cabeza y tengas hijos porque eres mujer, y la función primordial de una mujer es la reproducción.
 
2. Temer hacer cualquier cosa en el instituto con alguien que te gusta, porque ya a esas edades los chicos y las chicas insultan a otras chicas con palabras como “puta”, “zorra”, “cerda” o “comepollas” –viva la grandeza del lenguaje español-. Que enrollarte con más de uno un fin de semana sea motivo de hacerse conocida por facilona, mientras que al chico que se enrolló con quince se le aplauda por campeón.
 
3. Haber padecido un trastorno de la alimentación en la adolescencia por un comentario de un chico acerca, cómo no, acerca de tu físico.
 
4. Que en el trabajo cobres menos por hacer lo mismo que tus compañeros chicos. Que tus compañeros de trabajo (jefes, incluso) hagan comentarios en voz alta sobre tu cuerpo cada vez que te levantas para coger algo en la impresora.
 
5. Que un tipo con el que te has acostado te obligue a hacer cosas que no quieres porque ya te has metido con él en cama y ahora, te jodes. No haber sido tan puta.
      (…)
     100. QUE EN ESTE PAÍS SE EDITE UNA GUÍA PARA ENSEÑARNOS A LOS MUJERES A NO SER VIOLADAS EN LUGAR DE ENSEÑAR A LOS HOMBRES A NO VIOLAR.
Esto, Sara, es machismo. Haberle dicho que te gusta té.

Periodismo con P Peluquería

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha servido para describir fielmente los objetivos del periodismo en la última década: la inmediatez y el espectáculo.
Desde que se produjo el tiroteo, a primera hora de la tarde del lunes, y hasta bien entrada la noche, los reporteros de todas las televisiones se afanaban en contar la ultimísima noticia a pie de puente, lo más cerca posible del -todavía caliente- cuerpo de la fallecida. Sin tener ningún tipo de información contrastada, las televisiones fueron soltando píldoras de rumores para mantener al espectador pegado a la pantalla en un circo mediático que recuerda a tantos otros como el del accidente de Angrois del verano pasado.
Yo seguí el suceso a través de La Sexta, en donde estuvieron en conexión constante con una reportera desplazada al lugar de los hechos con la que conectaban cada cinco minutos para decir lo mismo. Lo que podía comentar la muchacha era esto: “aquí está el puente, hay una sábana blanca tapando el cadáver, y el puente, y la sábana, y también el puente. Espera, ¿habéis visto ya la sábana en el puente?”
Después, la presentadora volvía a plató con la sábana enfocada detrás de su cabeza para reiterar la dureza de las imágenes y comentaba con sus contertulios las “informaciones” que iban llegando.
Que si habían sido dos los asesinos, que luego eran asesinas, que resultaban ser madre e hija, que a la hija la acababan de echar de la Diputación, que eran madre e hija del jefe de Policía de Astorga, que la pistola seguramente era de este hombre, que cabía la posibilidad de que Isabel Carrasco fuese amante de él, que por lo tanto sería doble venganza. Y que eran muy normales. Que hay una sábana, y un puente. Y también un puente en donde se ve una sábana tapando el CADÁVER DE LA FALLECIDA VÍCTIMA DE TRES DISPAROS POR LA ESPALDA, A SANGRE FRÍA. “Le han disparado a sangre fría”, dijeron tantas veces esto que acabé temiendo que Truman Capote levantase la cabeza para darles dos hostias.
Periodismo con P
Sara, protagonista de la película “Lo que el puente se llevó”
La tarde fue muy larga, y nuestra querida reportera, Sara, la cual acaban de pillar de la siesta y bajó con un moño y la cara lavada, se pasó toda la tarde haciendo interesantes pesquisas en el lugar de los hechos. Los vecinos decían que eran personas encantadoras, muy majas, buenas chicas, vamos, que siempre saludaban. Más hilarante fue cuando decidieron entrevistar a todo el que pasaba por delante para comprobar si conocía a alguno de los implicados en esta historia. Una señora dio la gran exclusiva de que había coincidido un día con el marido de la presunta asesina tomándose un café y que un día, incluso lo había visto tomándose un vino. ¿Alcohólico, quizá?
Yo observaba a la pobre Sara, que no debía tener más de 25 años, y estaba empezando a temer el momento en que la reportera tirase el micro al suelo y empezase a gritar “QUE NO LO SÉEEEEE, no sé nada, dejadme en paz, hijos de perra, que quiero ir a maquillarme de una puta vez y llevo aquí cuatro horas en las que sólo me falta entrevistar al arquitecto del puente”. “¿Creía usted, señor arquitecto, que se iba a cometer un asesinato en este puente el día que entregó los planos?, ¿Y usted señor ficus? ¿ha visto algo así en sus años de vida?”
Al día siguiente, ayer, la “avalancha” de informaciones seguía colapsando las redacciones de los medios de comunicación y fue así como pudimos saber que probablemente (probablemente) había sido la madre la autora de los disparos. Que fue un policía retirado el que vio todo el percal y las persiguió mientras llamaba a los agentes para que las detuviesen, que la pistola ya no era la del marido porque las balas no coincidían, que puede que la hija –después de haber perdido un juicio contra la Diputación- tuviese que hacerse cargo de una importante multa que no podía pagar (porque Isabel Carrasco la había echado) y que, para más inri, la madre era avalista de su vivienda.
En el momento entierro la dureza de las imágenes fue tan impresionante que nos enseñaron 25 veces a la hija de la fallecida gritando de dolor por la pérdida de su madre. Por si nos había quedado claro que la chica gritaba “mamá, mamá”, subtitularon con un “mamá, mamá” y cuando volvieron a plató la presentadora sentenció, con gesto compungido “ha dicho: mamá, mamá”.
Pues esto, amigos, es lo que yo llamo Periodismo con P de Peluquería. El contagio de las maneras de la prensa rosa a todos los ámbitos de la información, ¿recordáis cuando los medios de comunicación pasaron semanas aposentados delante de la casa de Isabel Pantoja, y contactaban con los reporteros para que informasen desde el lugar de los hechos de lo que estaba pasando: “Día 12. Isabel sigue encerrada en su casa. La casa está detrás de este muro. Nosotros estamos delante. No se ve nada. Hace calor. Mucho calor. Moriremos de calor.”

Los medios de comunicación han acostumbrado al espectador (ya es lector, ni oyente, siempre es espectador) a la inmediatez, anulando toda posibilidad de reflexión acerca de lo que está pasando. En lugar de desconectar durante un par de horas para preparar un programa especial con informaciones contrastadas, hacen un directo infinito sin tiempo para comprobar nada y lo adornan como un trabajo periodístico “a pie de calle”. Las redes sociales no dejan de generar contenidos (que no información) y los medios, en lugar de hacer su trabajo, esto es, generar noticias propias, directamente beben de lo que se dice en twitter o en facebook. ¿Cuántas noticias de los medios de comunicación actuales empiezan con un “visto en twitter”? Podemos volver a Angrois, en donde directamente se usó un estado de Facebook para hacer todo un perfil psicológico del maquinista. Y condenarlo.

Periodismo con P
Periodismo con P



Esto da lugar a la difusión de rumores constantes en donde los periodistas no son más que el altavoz del murmullo del patio de vecinos, es decir, las redes sociales. Y tan importantes deben de ser, que a la Guardia Civil, le faltó tiempo para buscar delitos de enaltecimiento de la violencia en redes sociales y dos concejalas gallegas ya han tenido que dimitir por sendos comentarios publicados en Facebook.
Cuando estudiaba en la facultad de Comunicación de Santiago los profesores se afanaban en recordarnos los tres objetivos básicos del periodismo. Por orden de importancia: informar, formar y entretener. El entretenimiento por sí solo no es periodismo, y, desde luego, encuentro formas mucho más enriquecedoras de entretenerme que con los cotilleos del corazón.
Sin embargo, ahí está, llenando horas y horas de televisión (en todas las franjas horarias) mientras otras cadenas se ven obligadas a cerrar y compañeros de la profesión se quedan sin trabajo porque cada vez hay menos hueco en las parrillas para hacer algo medianamente decente. Las revistas del corazón nos aportan interesantes informaciones acerca de la vida y obra de las celebrities de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Periodismo con P
Juntamos Leonor y Asunta y tan pichis.

Desde luego, ha sido una buena jugada para las empresas de comunicación. La dinámica del programa estrella del corazón en España, el Sálvame, es harto sencilla (y barata): juntar a seis inútiles (también llamados colaboradores), a una presentadora de la talla intelectual de Paz Padilla y pasarse cuatro horas discutiendo entre ellos. Sólo entre ellos. La endogamia ha llegado a tal punto que los colaboradores son juez y parte del juego y ya no hace falta siquiera, salir a la calle a perseguir famosos. Ellos son los protagonistas indiscutibles. Así podemos verlos haciendo cosas tan interesantes como insultarse, comer, beber, enseñar las bragas e insultarse de nuevo. El sábado es cuando lo petan, cuando la cadena se rasca el bolsillo para hacer la gran entrevista de la semana, y, no os lo váis a creer pero ¿sabéis a quién llevan a de invitado súper exclusivo? A Belén Esteban. O a Terelu Campos. O a Kiko Matamoros. O a Raquel Bollo. A contar lo mismo que llevan contando 15 años. Yo puedo entender que alguien le entretenga la prensa rosa… ¿pero esto? Que me aspen.

Si la prensa rosa es la madre, el periodismo deportivo es el padre de la caspa y la cutrez a la que se puede llegar en este país si nos lo proponemos. Las informaciones sobre el mundo del fútbol, mal llamadas periodismo deportivo copan horas de televisión y radio y llenan páginas de periódicos en donde se habla de casi todo, menos de fútbol. Los culebrones en el mercado de fichajes, las reyertas entre los propios compañeros de equipo (y con sus entrenadores), las broncas con la afición y el folclore que convierte a los jugadores en estrellas del corazón desvían la atención acerca de las estrategias de juego de los equipos y, más importante, acerca de las estrategias de las empresas futbolísticas para financiar las fichas millonarias de sus deportistas. Llama la atención la ausencia de críticas al coste de los jugadores en el mercado español cuando el país atraviesa una de sus crisis económicas y sociales más graves.
También el silencio respecto al grave problema del dopaje: ¿de dónde ha salido el filete de Contador? Ah no a Contador no lo toquéis, gabachos de mierda “yo soy español, español, españooooool”. ¿Y Marta Domínguez, por qué demonios está vetada en todo el mundo y aquí ha sido absuelta? ¿Serán el tinte rubio lo que provocó los extraños valores en sus analíticas? Esto es responsabilidad del periodismo deportivo, esto y no las contraportadas de tías en tetas de los periódicos deportivos. Para eso tenemos el Interviú, que, por cierto, hace bastante más periodismo de investigación que otros muchos medios.

Periodismo con P
He aquí una muestra de las contraportadas del diario deportivo AS.
Pero me equivoco, la prensa deportiva no sólo habla del fútbol. También de Nadal, Alonso y Márquez (del Moto GP hablamos sólo si tenemos los derechos). Y de sus magníficas campañas publicitarias que ocupan la mitad del tiempo de deporte. Y esas encuestas tan entretenidas que les hacen a los intelectuales jugadores de fútbol, y los desfiles de sus magníficas novias modelos. Y los periodistas estrella: Sara Carbonero ahora convertida en bloguera de moda, Los Manolos y los mendigos, Pedrerol y los becarios.
Y todo esto al tiempo que los compañeros periodistas de los medios de comunicación local, de las secciones de cultura, de la prensa seria en general, los que se curran las noticias en condiciones lamentables, sufren las consecuencias de la crisis de un modelo de periodismo que no es periodismo, ni modelo de nada. A ellos, mis amigos, compañeros de batalla, os pido que nunca dejéis de hacer lo que hacéis con criterio y profesionalidad y menos ahora, que la sociedad os necesita más que nunca. Ningún mal dura cien años y Karmele Marchante debe de andar por los 95.
PD: ¿Alguien sabe si Raquel Bollo se cortó realmente las uñas en el AVE?

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VALIENTES COBARDES

En las primeras horas de la mañana del lunes 13 de enero de 2014 yo me encontraba escribiendo en casa, mientras disfrutaba de mi primera taza de café del día en la cocina y veía la lluvia caer desde la ventana. Mis padres ya estaban trabajando, mi perro ladraba para dar los buenos días, la vecina llevaba a los niños al cole y muchos de vosotros estarías metidos en medio de un maldito atasco de camino al trabajo. Otros durmiendo; algunos en la ducha; los afortunados, despertándose al lado de la persona amada con las piernas enredadas bajo las sábanas.
En alguno de esos momentos, José Antonio Cuadrado, de 52 años, entró en la casa de su suegra Adela, de 72, vecina de Cervo (Lugo), viuda desde hacía dos décadas, y la golpeó con una estaca hasta matarla. Mi café quizá aún estaba en el microondas. Vuestros hijos, entrando por la puerta de la escuela. Vuestros pies jugueteando con los del compañero.
Su mujer, María José, profesora de religión de 45 años, seguía en su casa, pegada a la de su madre, ajena a lo que su marido acababa de hacer. Pronto le tocaría a ella. Cuando el presunto asesino acabó con Adela, se dirigió a su vivienda –que evidentemente compartían- y con el enorme palo la emprendió a golpes con su esposa para, acto seguido, rebanarle la garganta con un cuchillo.
Después de cerciorase de la barbarie, el homicida tuvo tiempo de avisar a la Guardia Civil  para confesar los crímenes, aunque, por si acaso, no dijo quién era. El valiente cobarde cogió su coche para huir desde A Mariña Lucense a Asturias donde fue interceptado el martes, en un puente que hacía frontera con la comunidad vecina. A día de hoy, jueves por la tarde, sigue siendo el autor confeso de la matanza. Entre las razones, el acusado esgrimió “problemas económicos” por los que atravesaba su empresa. Seguro que su mujer y su suegra no eran las responsables de que su negocio de construcción fuese mal, pero sí las víctimas fáciles: dos mujeres que, probablemente, vivían bajo el yugo de un déspota, asesino en potencia. En todo caso, y antes de que me recuerden que todavía falta por celebrarse el juicio, se trataría, simple y tristemente, de dos casos más a engrosar la lista de los más 700 que llevamos en la última década.
cobardes
Setecientas mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas desde el año 2003. En ese mismo período de tiempo ETA, la banda terrorista más sanguinaria de España, asesinó a 15 personas. Me resulta inevitable hacer una analogía entre los esfuerzos de nuestros gobiernos por erradicar uno y otro tipo de terrorismo. El terrorismo doméstico sigue siendo invisible. O peor, empieza a ser visto como normal e inevitable dentro de esta estructura patriarcal y católica (me río yo del Estado laico) de una sociedad que asiste impasible a la segregación de niños por razón de sexo en determinados colegios, mientras las niñas son taladradas con publicidad altamente sexista desde la más tierna infancia. Una sociedad, que permite programas de televisión en que supuestos pretendientes y pretendientas se exhiben a sus posibles compradores como chuletillas de cordero en la carnicería del barrio. Todo un ejemplo de libertad sexual.
Una media de 70 muertes por año (sólo una gota de agua dentro del mar de las 600.000 maltratadas a diario en nuestro país) por la única razón de haber nacido mujer: madres, hijas, abuelas, amigas, primas, profesionales, estudiantes, universitarias, amas de casa… todas asesinadas por unos hombres que se creían sus dueños, y que fueron tan sumamente cobardes que las mataron porque no sabían vivir sin ellas y su ineptitud como seres humanos les impedía dejarlas marchar y hacer sus vidas, sin esa mujer a la que muchos debían, además, el haber traído a sus hijos al mundo. Cuando la fuerza bruta manda más que la razón el resultado es una sociedad de animales. Y perdón por la comparación, queridos animales.
La trasnochada expresión “la maté porque era mía” está más de actualidad que nunca. Según el Ministerio de Sanidad, el 65 por ciento de las mujeres maltratadas en España tienen entre 20 y 29 años y las últimas encuestas, apuntan a un crecimiento imparable del machismo entre los jóvenes de menos de 23 años. Según parece, a muchas mujeres jóvenes esto de que determinados hombres con los que se relacionan las traten como objetos de su propiedad no les parece del todo mal. Un estudio de la Federación de Mujeres Progresistas asegura que el 80% de los adolescentes piensa que la chica debe complacer a su novio; el 40% que el chico debe proteger a la chica; y seis de cada diez, que los celos masculinos son normales y son una muestra de cariño.
 
Entonces, ¿qué demonios falla?
Desde la promulgación de la Ley Integral de la Violencia de Género, una de las más importantes de la democracia en materia de avances sociales, la violencia machista ha pasado a ser tratada de manera específica por los jueces y las autoridades a través de juzgados y cuerpos policiales especializados. Además, introdujo cambios significativos en materia de malos tratos como el tratamiento penal de las amenazas, medidas de protección y apoyo a las víctimas, así como medidas en el ámbito de la educación y la publicidad. Evidentemente, no era perfecta. Condenas que se quedan cortas y que se pueden sustituir por trabajos sociales, jueces y fiscales con poca sensibilidad, dificultad para demostrar los malos tratos psicológicos, falta de recursos para atender a las mujeres maltratadas y a sus hijos, quebrantamientos de órdenes de alejamiento que se pagan con muertes, denuncias que se atascan eternamente en los juzgados y absoluciones cada vez más frecuentes.
Tras diez años de recorrido, seguimos sin sentar las bases del cambio. La prevención ha fallado, porque no se ha aplicado. Los niños siguen siendo educados como machos que no pueden llorar y las niñas como mujeres sumisas. A las chicas les regalamos muñecas para que aprendan a cambiar pañales cuando todavía los llevan ellas, y accesorios del hogar para que aprendan a hacer las tareas domésticas. A ellos: coches, camiones, muñecos que saben luchar y videojuegos violentos. Y así nos va.
Hace poco, mi sobrina de dos años pasó varios días ingresada en el hospital. Al cabo de unos días, llegó a la habitación otro niño de su misma edad. Mi sobrina estaba jugando con una de esas odiosas muñecas que mean, cagan y te dicen “mamá, cómo te quiero” a la primera de cambio, cuando el pequeño de al lado empezó a llorar desconsoladamente porque él también quería jugar. La respuesta de su madre fue arrolladora “si tu padre se entera de que quieres jugar con una muñeca de niña te pega dos bofetadas, por maricón”. Parece una frase sencilla, pero fijaos todo en todo lo que encierra. Primero, lo evidente: los niños no juegan con muñecas. Segundo, la advertencia de “tu padre”, es decir, el criterio de la madre no cuenta, al que le tienen que tener respeto y obediencia es al padre, el que manda. Y, tercero, “maricón”, un niño maricón. Vamos, el típico drama familiar español de los 60.
cobardes
A pesar de  lo dramático de que haya mujeres que se expresen así a día de hoy, sólo hay un culpable del maltrato: el maltratador. Al igual que sólo hay un responsable de la violación: el violador, y no la chica que viste minifalda. Y aquí, no caben discusiones. El 90 por ciento de los imputados en caso de violencia en pareja son hombres. Se trata de un dato crudo y objetivo. Por lo tanto, equiparar la violencia –que la hay- ejercida por la mujer sobre el hombre con el caso contrario es un absurdo. Quizá también haya menos hombres que se atrevan a denunciar, algo que también forma parte de este ADN machista que lo infecta todo. Los hombres no juegan con muñecas, no lloran y, por supuesto, no denuncian las agresiones que sufren de parte de sus mujeres. La evidencia de la superioridad física en la mayor parte de los casos, protege bastante la vida de los hombres, pero si nosotras consentimos que nos levanten la voz, cuando eso les parezca poco, levantarán la mano.
El panorama, lejos de mejorar, empeora. El más que sospechoso retrógrado gobierno del Partido Popular ha metido la tijera hasta el fondo para recortar un 30 por ciento el presupuesto destinado a combatir la violencia contra las mujeres. El mayor de los recortes, en la construcción de centros para mujeres maltratadas que se tienen que buscar la vida para huir de sus asesinos en casas secretas que sostienen oenegés a las que tampoco van a parar apenas recursos. Mientras tanto, las denuncias siguen cayendo porque el embiste de la crisis hace que las mujeres maltratadas sean cada vez más dependientes de sus agresores. Y cada vez, más niños entran en el juego como víctimas colaterales de esta esquizofrenia machista.
Mujeres, no consintáis que los valientes cobardes controlen vuestras vidas. No busquéis padres-protectores cuando el amor de verdad consiste en encontrar a compañeros-amantes. Luchad por vuestra independencia económica y emocional. Educad a vuestros hijos en la igualdad porque de ellos dependerá que el futuro sea menos oscuro.
Hombres, no riáis las gracias de los valientes cobardes, no aplaudáis sus ínfulas de superioridad masculina. No consintáis una vejación a ninguna mujer delante de vuestros ojos. No caigáis en el puto comentario de la chica fácil. Quizá, algún día, esa chica sea vuestra hija.
cobardes