Categoría: machismo público

Por qué no veo fútbol

En España existen cuatro poderes fácticos que rigen la vida de los ciudadanos: el legislativo, el ejecutivo, el judicial y, el fútbol. Como sabréis, cada poder es independiente del otro y no pueden ser anulados mutuamente debido a una democrática (supuesta) separación de poderes recogida en la Constitución, por lo que todos ellos, tienen su propio ámbito de actuación. Atreverse a atacar comportamientos generalizados en los campos de fútbol, un deporte convertido en filosofía pura por parte de algunos intelectuales, puede suponer que te coloquen la etiqueta de feminazi o que te califiquen, atrevidamente, de ignorante. El fútbol es un tema serio. Una cuestión de Estado, como bien han venido demostrando todos nuestros presidentes del Gobierno.

Esta semana le tocó a Shakira –que no a Piqué, ni al Barça- ver su nombre y el de su ex pareja en el campo de fútbol del Espanyol en elaborados mensajes machistas que trascienden, con mucho, el interés deportivo. Al menos unos cientos de aficionados muy enfadados con Piqué (seguramente con razón) la utilizaron a ella como reclamo para llamar la atención de los medios y conseguir su minuto de gloria. No hay nada que los machistas hagan mejor que emplear cualquier excusa o soporte para demostrar su ¿pensamiento? neandertal. Pero las pancartas que rezaban “Shakira es de todos” y “Antonio de la Rúa contigo empezó todo” entraron y se mantuvieron en el campo con el beneplácito del equipo de la casa. Las pancartas son una muestra más de que la premeditación del machismo futbolístico precede al propio campo, y, su admisión en el mismo, que a los responsables les importa un pito la dignidad de las mujeres.

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No veo fútbol porque el fútbol es machismo. No todos los futbolistas ni todos los aficionados son machistas, pero la institución futbolística es intrínsecamente machista. Machista, desde su propia concepción, con una Federación que discrimina a las mujeres y que impide la profesionalización femenina. En la liga masculina, desde las superestrellas hasta los jugadores de Segunda B tienen su sueldo, mientras las mujeres futbolistas no pueden ni soñar con vivir de ello. La mayoría de las jugadoras de la Superliga (la primera división femenina) tienen que compaginar su afición (sí, afición) con trabajos variados que van desde el comercio hasta la ingeniería. Sólo dos equipos de Primera pagan salarios de mileuristas a sus jugadoras, y sólo siete de ellas son profesionales. ¿Esperabais que los 60 hombres que componen la junta directiva de la RFEF velasen por los derechos de las mujeres futbolistas? Pues va a ser que no.

En el país del fútbol, las grandes jugadoras, como Vero Boquete (nominada mejor futbolista del mundo en 2015) o Vicky Losada, trabajan en equipos extranjeros desde hace años. No es que la situación preocupe mucho a la Federación, que les asigna dietas de 40 euros al día y un autobús cuando se juegan un Mundial, como si se tratase de la excursión a Port Aventura de 4º de la ESO. Supongo que también les darían la merienda y media hora para llamar a sus madres. Qué esperar cuando colocan a Ignacio Quereda como seleccionador femenino durante casi 30 años, un señor que se refiere a las profesionales como “chavalitas” y “gorditas” y les pide favores de chacha como que le sirvan un café para comprobar “quién ejerce de mujer”.

No veo fútbol porque los jugadores masculinos más populares, adulados como dioses griegos, no tienen ni solidaridad, ni la mínima empatía con sus colegas femeninas. Ninguno de ellos, poderosísimos de cara a la Federación y, sobre todo, hacia la propia afición, visibilizan ni mentan jamás los problemas de la liga Femenina. Cuando en verano de 2015 la selección de mujeres se fue a Canadá, apenas un par de ellos les desearon suerte desde sus redes sociales. La mayoría no sabrán ni los nombres de las jugadoras de la Selección.

No veo fútbol porque ni los que tienen que trabajar por las jugadoras en el campo se lo toman en serio. El árbitro Enrique Vegas Arellano trató con continuo desprecio a las jugadoras del Femenino Albacete B en un encuentro contra el Fuensalida el pasado 2 de enero de 2016. Además de recordarles que se diesen prisa porque “luego tengo una cena y sino no llego a tiempo” amonestó a una jugadora con un “toma una amarilla, por guapa, date la vuelta que te vea el número, por guapa”, entre otras muchas faltas de respeto, risas y vaciles. Tal fue el nivel de estrés al que las sometió mientras ignoraba completamente el juego, que las jugadoras decidieron abandonar el partido 25 minutos antes del final. El colegiado fue suspendido de actividad, pero imaginaos por un momento que un partido de hombres tuviese que ser suspendido, aunque fuese en categoría regional, porque el árbitro se tiene que ir de cañas.

No veo fútbol porque las mujeres árbitro (en categorías inferiores) reciben insultos y faltas de respeto referidas a su sexualidad, cada vez que se calzan las botas. Del típico “guapa” “bonita” de siempre al “puta, zorra, guarra o comepollas” y “vete a fregar que éste no es tu sitio” que tuvo que escuchar una juez de línea andaluza durante un partido de Segunda División B. Quizá así sea fácil comprender por qué hay tan pocas mujeres que se dedican al fútbol. Y por eso las admiro tanto. Hay que tener mucha paciencia y unos ovarios como el Botafumeiro de la Catedral de Santiago para aguantar a tanto lerdo sin perder los papeles.

No veo fútbol por la legitimación de la violencia machista por parte de los propios clubes y de la Federación, que no se afanan como debieran en erradicar ni en castigar los comportamientos machistas en los estadios.

El esperpéntico caso del jugador Rubén Castro es el ejemplo perfecto de hasta qué punto la institución futbolística protege y ampara el machismo violento mientras la Justicia -siguiendo esa norma sagrada de separación de poderes- mira para otro lado. Rubén Castro, procesado por cuatro delitos de maltrato y uno de amenazas a su novia, ha sido apoyado públicamente por aficionados y con cánticos que celebraban las hostias que le había pegado a su ex. Nos quejamos –yo la primera- del tratamiento especial de la justicia a la Infanta Cristina, pero mientras ella ya ha sido apartada de la Corona por la propia institución, este individuo sigue dándole patadas a un balón con sueldo y camiseta del Real Club Betis Balompié.

No veo fútbol porque los medios de comunicación deportivos tratan a las mujeres –deportistas, acompañantes o aficionadas- como pedazos de carne que sirven para adornar la sección rosa de turno y para calentar braguetas en los diarios deportivos.

No veo fútbol, pero me gustaría cuando leo a mi admiradísimo Eduardo Galeano y entiendo que yo no siento eso, que, para un aficionado de verdad, tiene algo de místico, de religioso, que se adhiere a las entrañas, que escapa al control y a la voluntad, y seduce más que el amor de una vida. Pero incluso Galeano conocía los peligros del fútbol moderno “El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua”.

De todas formas, es sabido que los genios siempre han tenido sus vicios. Recordad que Hemingway escribió un libro en honor a la fiesta taurina.

 

 

Salvador Sostres y la úlcera de estómago

En una de mis últimas visitas a la psicóloga por el tema de mi ansiedad, la terapeuta me preguntó dónde situaría la sensación física más intensa que acompañaba mis ataques de pánico. “En la boca del estómago”, dije sin dudarlo ni un momento. De hecho, es como si me arrancasen el estómago con un cuchara, me lo cosiesen sin anestesia y me obligasen a tragármelo de nuevo.

Nadie dijo que fuese agradable.

Entonces, me preguntó qué situaciones o pensamientos desencadenaban esa sensación. Después de hacer algunas referencias a ciertas personas y objetos contundentes, la psicóloga matizó que estaba confundida. Que la sensación que yo describía se correspondía más a la ira que a un ataque de pánico. Que lo que yo tenía, más bien, era una buena dosis de mala hostia contenida y no tanto miedo, la característica más notable de la ansiedad.

El resultado de aquella terapia es que después de haber verbalizado con ella mis pensamientos homicidas, la sensación se diluyó considerablemente. Afortunadamente, hace tiempo que no tengo un episodio tan desagradable y, si por casualidad asoma, me recreo pensando en la persona y en el objeto contundente, y le doy hasta en el carnet de identidad. Psicoterapia, lo llaman ahora.

Pero hace un par de días las molestias estomacales volvieron. Más que un dolor agudo se parecía a un ardor, y venía acompañado de náuseas y la sensación de combustión interna que empezaba en la tripa y subía en forma de rubor hacia mis mejillas. Los síntomas empezaron mientras buscaba documentación para mi libro –un ensayo sobre nuevo feminismo- acerca del sexismo en la ficción, la publicidad y los medios de comunicación. Y llegaron a su punto álgido cuando apareció él: Salvador Sostres Tarrida.

Hacía bastante tiempo que no sabía nada de este personaje y entonces encontré en El País un interesante artículo titulado “La inquietante invasión del tertuliano machista” de Noelia Ramírez. La lista aparecía encabezada por Sostres y le seguían otros señores de edad respetable y discurso misógino. Eduardo Inda, Paco Marhuenda, Alfonso Rojo o el exportavoz del gobierno de Aznar y borracho popular, Miguel Ángel Rodríguez, todo ellos habituales de las tertulias televisivas.

Pero fue al releer algunas de las perlas de Salvador Sostres cuando la bola en el estómago se hizo más y más intensa y se expandió como la infinidad del cosmos hasta colapsar mi intestino y manifestarse física y contundentemente en forma de una buena cagada. Las conexiones entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico (el aparato digestivo) son de sobra conocidas por la ciencia. De ahí, las consecuencias de nuestras emociones en la taza del váter.

Como no quiero ponerme enferma, ni irritar más mi aparato digestivo, conviene que me desahogue expulsando por la boca (en este caso por los dedos) todo lo que no he podido echar por el ano.

Hagamos un repaso a la biografía de este columnista de 40 años que se quedó en Primer curso de Periodismo (verídico) y tiene seis libros publicados que todos conocemos. ¿Verdad?

Una de las principales aficiones de Sostres es la buena gastronomía. Algo que se nota en la enorme barriga que contrasta con sus hombros estrechos y caídos, una gran papada en la que podría albergar alimento para una colonia de aves, ausencia absoluta de cuello, una también redonda, brillante y grasienta calva, dedos como morcillas de burgos, y unas nada despreciables tetillas que harían las delicias de Ortega Cano. Todo ello acompañado de un ligero estrabismo y dientes de castor, que no tendrán que ver con la obesidad, pero le da un aspecto más loser si cabe. Él mismo se jacta de haber ido más veces al Bulli que libros ha leído. En sus columnas –en las que básicamente habla de si mismo- abundan las referencias a este restaurante catalán que, o bien le paga para que lo publicite –allá ellos-, o bien debería pagarle para que dejase de hacerlo. Asco me daría a mí ir a un lugar en donde pueda coincidir con este mamarracho.

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Uno de los momentos más top de Salva (¿te puedo llamar Salva, verdad?) fue aquel en que durante la pausa previa a la emisión del programa Alto y Claro de Telemadrid, en noviembre de 2010, hizo gala de sus preferencias sexuales hacia las menores. Explicó que lo que a él le gustaban eran “las chicas jóvenes, de 17, 18, 19 años, que es donde está la tensión de la carne, ese punto mágico”. Y, añadió –cojan un cubo para vomitar- que le gustaban porque “esas vaginas que no aún no huelen a ácido úrico, que están limpias.” Hago un inciso, pretendiendo imaginar que este pervertido haya visto un coño delante en su vida: ¿Desde cuándo las vaginas huelen a ácido úrico? ¿Cómo huele el ácido úrico, Salvador?. Y sigue con su epopeya a favor de las vaginas adolescentes “Que tienen ese olor a santidad d primer rasurado, que aún no pican”, y de las chicas en general “Esta carne que rebota, joven. Y ese entusiasmo, que te quieren enseñar que están liberadas, que ya son mayores”. “Parecen lionesas de crema, limpias, todo dulce”.

La conductora del programa, Isabel San Sebastián –popular estos días por comparar el aborto con el abandono de un bebé en un contenedor- lo invita a hablar de otras cosas entre risas, e incluso le dice “eres un cerdo”. Cuando le pide que se calle de una vez porque hay niños entre el público de Cádiz y de Marruecos, añade: “¿De Cádiz y Marruecos, pero qué es esto un colegio o una ONG?”.

Después de que le sigan insistiendo sobre la presencia de niños, Sostres sigue con su discurso: “El matrimonio es el sexo por obligación, el sexo a la fuerza: ahora se folla”. Y añade –por la presencia de niños marroquís- “Son de Rabat, no te preocupes, ahí llevan todo suelto”.

Los trabajadores, que tenían las cámaras pinchadas, difundieron el video por internet y pidieron que no se volviese a pagar con dinero público los delirios de este personaje. Ante la petición expresa de los sindicatos de Telemadrid de no volver a invitarlo, la entonces presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, salió en defensa de la libertad de expresión “esto de inmiscuirse en las conversaciones privadas de los demás será propio de otro gobierno, no del mío”. Sostres volvió a Telemadrid después de aquello. Y durante cinco años y medio deleitó a propios y extraños con sus artículos de opinión escritos en El Mundo, el segundo periódico generalista con más difusión de España.

El machismo, el sexismo, la misoginia, el racismo, la defensa a ultranza de las clases sociales y el apoyo expreso a varios delitos penados por la Ley, son algunas de sus señas de identidad.

Una mujer es su cuerpo (agosto de 2010, El Mundo) “Pueden hacer, las mujeres la propaganda feminista que deseen. Y todo cuanto discurso igualitario. Pero luego llega el sol y alumbra la verdad, indiferente a la retórica de marimachos y camioneras.” “Llega el sol y las chicas muestran con total descaro cuáles son sus prioridades y su principal esplendor. La belleza es una característica femenina tal como el talento es una característica masculina.” “Yo quiero que me valoren por mi inteligencia”, dice la chica que no ha escrito nunca ningún libro y toma el sol en tetas. Una mujer es su cuerpo.”

Nos debéis un respeto (noviembre de 2010, El Mundo). “Pero lo mínimo que nos deben ellas a cambio es esa lencería conjuntada, y jamás del tan horrible color carne.” “Muy frecuentemente, la ropa interior no conjuntada esconde rasurados poco trabajados, una higiene dudosa, y ese aliento que huele a porro”. “Hay una idea de orden y civilización que se desvanece cuando todo se descubre y ves un tanga verde y unos sujetadores amarillos, un hedor a ácido úrico -de dónde habrá sacado éste la experiencia del ácido úrico es algo que me tiene desconcertada- que inevitablemente notas cuando te dispones a la atención oral y ese pelillo suelto y de más, que siempre te acabas comiendo, como algún guisante de la paella, por mucho que los apartes.” “Ya que vamos a tener que esforzarnos, que la bienvenida sea como Dios manda, limpia y ordenada. Piénsalo bien: tampoco pedimos demasiado.” 

El sibaritismo manifiesto sobre el físico de las mujeres y la lencería femenina por parte de un ser tan grotesco, deja bastante margen a la cuestión de si este tipo ha mantenido alguna relación sexual en su vida sin pagar -mucho- dinero.

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Un chico normal (abril de 2011, El Mundo) en donde JUSTIFICÓ el asesinato de una joven embarazada por parte de su novio que había mostrado, además, el cadáver de la chica por la webcam. “Un chico normal de 21 años que está enamorado de su novia embarazada, es normal que pierda el corazón y la cabeza, si un día llega a su casa y su chica le dice que le va a dejar y que además el bebé que espera no es suyo”. 

Después de su publicación en la edición impresa y online, un aluvión de críticas por parte de los lectores y la propia plantilla, provocó la retirada del artículo en la web. El director del diario Pedro J. Ramírez, declaró su rechazo al artículo y se justificó diciendo que un periódico era una maquinaria muy difícil de controlar ¿? Gran parte de los periodistas firmaron un manifiesto para exigir a Pedro J. que Sostres dejase de colaborar en el periódico. El director pidió disculpas y Sostres siguió en el diario hasta el 1 de junio de 2015.

La segunda vida, (agosto de 2013, El Mundo) sobre las muestras de apoyo a una trabajadora de Fnac que había tuiteado lo siguiente “No sé cómo de asqueroso ha sido vuestro día, pero yo hoy he atendido a @SalvadorSostres”. Las muestras de apoyo y vaciles varios al personaje, fueron respondidos con una columna en su blog de El Mundo. Atención, amigos “Me atendió una de estas dependientas que ya ves por su manera de comportarse que a pesar de que ella cree que el mundo le debe algo, ha tocado ya techo profesional haciendo de dependienta de cuarta clase.” “Una mezcla de falsa modernidad y auténtica vulgaridad. Lo más parecido a una chacha new age, noveluchas en lugar de Fairy.” “Fue, más que servicial, servil, se esforzó aunque sin ningún resultado, y cuando me quejé de la catástrofe bajó la cabeza y no dijo nada.”

Cuatro días después, el perfil de Sostres desaparecía de Twitter.

Pero también se ha referido la supuesta sodomía a la que sometió a una política socialista después de realizarle sexo anal (artículo que retiró de su blog), a las estudiantes que se van de Erasmus sin su novio “¿No te da vergüenza, desalmada?”, en contra del feminismo y a favor de la supremacía del hombre sobre la mujer, al terremoto de Haití como una menstruación de la tierra para deshacerse de “los pobres muertos de hambre”, a la pederastia en la Iglesia “estas anécdotas, aunque graves y aunque deban ser castigadas, no pueden ser una enmienda a la totalidad a la mayor oenegé del mundo”, a que en Barcelona hablar castellano era de clases bajas “yo sólo lo hablo -español- con la criada y con algunos empleados. Es de pobres y de horteras, de analfabetos y de gente de poco nivel hablar un idioma que hace un ruido tan espantoso para pronunciar la jota”.

El problema de Salvador Sostres no acaba en que defienda argumentos que sobrepasan claramente la legalidad democrática. El principal problema de Sostres es su falta absoluta de talento para la escritura, su mediocridad aplastante, su necesidad de tapar sus obvias carencias físicas e intelectuales recordándonos que pertenece a un linaje superior porque es de familia adinerada -fortuna a la que obviamente no puede contribuir con el sueldo de colaborador de esos programas sobre gatos-, y su necesidad constante de llamar la atención para que nos demos cuenta que ese repugnante niño malcriado y tonto al que le debieron de dar en su juventud unas cuantas somantas de hostias, sigue entre nosotros. Encuentro cierta similitud con los hijos de los alcohólicos o los maltratadores y las dos vías entre las que suelen moverse en su edad adulta: o bien copian patrones o, afortunadamente, muchos los repudian hasta la saciedad. Es poco probable que un ser tan repugnante tuviese amigos o novias sin dinero de por medio.

Sus ansias de polémica histérica lo convierten en una especie princesa del pueblo sin su Jesulín.

Agradezco a David Jiménez, nuevo director de El Mundo, haberlo echado del periódico y ruego a ABC, que no mantenga en su plantilla –mientras recortan sueldos de los trabajadores y a los propios trabajadores- a alguien que demuestra semejante falta de sensibilidad y sentido común día a día. Si no lo hacen por mí ni por la dignidad humana, les pido que lo hagan por coherencia con su linea editorial y por los lectores amantes del buen castellano y la patria española.

Hoy el terrorismo machista que bebe de todos estos argumentos trasnochados, se ha llevado por delante la vida de dos mujeres y dos niñas.

No gano para Almax.

San Fermín o el crossfit de los salvajes

Como cada año, el 6 de julio al mediodía, da comienzo una de las fiestas más populares de España, los San Fermines de Pamplona. Una celebración de arraigada tradición que consiste en ocho días de encierros de dos minutos de duración y 24 horas de borrachera, suciedad, magreos, peleas, agresiones sexuales a mujeres de todas las edades y corridas. De toros y de gilipollas.

San Fermín es el crossfit de los salvajes. Durante los días de la celebración cualquiera puede poner a prueba su resistencia física con variados ejercicios que trabajan todos los grupos musculares al tiempo que deja su cerebro en fade out para meditar sobre si Hemingway escribió El viejo y el Mar después de pasar el día bebiendo kalitmoxo y vomitando en los portales de la capital Navarra. (Sólo podía escribir Fiesta, obvio.)

Los encierros, ejercicio cardiovascular

Nada mejor para empezar el día que una carrera de buena mañana delante de varios toros y cabestros a los que nadie les pidió permiso, por las resbaladizas calles de Pamplona –donde sufrirán golpes y caídas- hasta llevarlos al lugar donde serán sacrificados públicamente como muestra y orgullo de la tradición patria por excelencia: el toreo. Unas 20.000 personas corren los encierros, más de la mitad son extranjeros y dos de cada tres, lo hacen por primera vez.

En la web de las fiestas sanfermin.com se incluye una guía práctica para que cualquier energúmeno corra delante de los animales. Todo el mundo puede correr y, aunque prohíben ir borrachos, dudo seriamente que realicen tests de alcoholemia a cada uno de los miles de corredores. Entre los consejos está el “comenzar despacio, acelerar cuando se acercan, buscar buen sitio y acelerar cuando están encima”. Lo que viene siendo salir por patas.

De la tortura y posterior muerte que se les da a los animales ante aplausos y vítores de los asistentes deduzco que en España mucha gente todavía no ha salido del circo romano.

San Fermín o el Crossfit de los salvajes encierro
Cada vez que veo estas imágenes pienso en lo mucho que deben estar disfrutando los toros.

Violaciones y agresiones sexuales, pilates

Ejercicios estáticos y dinámicos para fortalecer el tren inferior y superior del cuerpo mientras mantienes sexo no consentido con alguna asistente que se ha perdido de su grupo de amigos o está borracha y desorientada. Si es extranjera, mejor, son las que menos denuncian.

Este año una joven de 19 años denunció una violación en un local de copas de Pamplona, ejecutada por un hombre dentro del baño mientras sus amigos permanecían fuera riéndose con la hazaña. En 2011 se denunciaron hasta tres violaciones en bares y lugares nocturnos (una de ellas a una menor de edad). En 2008 la joven Nagore Laffage era asesinada. En 2010, una reportera de TVE fue morreada en directo por un espontáneo mientras sus compañeros de estudio insinuaban que ella lo había provocado (España. Siglo XXI).

Pero la alarma saltó definitivamente hace un par de años cuando el manoseo de pechos y culos desnudos en la plaza del ayuntamiento fue retransmitido por todas las televisiones y llevado a las portadas de los periódicos de medio mundo.

San Fermín o el crossfit de los salvajes. abuso

No se trata de hechos aislados, las Plataforma de Mujeres Contra la Violencia Sexista y el Colectivo Gora Iruñe, llevan años advirtiendo del peligro que esta gran concentración de personas en situación etílica y bajo el efecto de las drogas supone para las mujeres. Según las propias plataformas, las agresiones son muchas más que las que se denuncian. Por supuesto, siempre hay que escuchar las voces de los que consideran que una borracha –sí, una borracha- enseñando las tetas está deseando ser violada por varios mozos. El término mozo, ya nos pone sobreaviso de lo que en Pamplona se junta.

Peleas callejeras y caídas libres, resistencia y tonificación muscular

La población de Pamplona pasa en cuestión de días de 190.000 a 1.000.000 de habitantes. Por supuesto, la inmensa mayoría no tienen ningún interés ni en las gestas taurinas, ni en los festejos religiosos ni en nada que ver con evento cultural alguno (retirando de esta categoría toros y misas, obviamente).

Además de las cornadas, golpes y caídas, directamente derivados de los encierros, las autoridades y sanitarios reciben cada día a decenas de personas que han participado en peleas o batallas campales o han sido víctimas de agresiones, empujones, o caídas por propia inercia desde las murallas en donde se resguarda el público para ver los encierros. Entre 1997 y 2009 seis personas murieron al precipitarse desde las murallas. Conocida es también la afición de los salvajes que se tiran desde las fuentes para ser recogidos por sus amigos y que veces lo hacen pero sin amigos, con sus dientes como única amartiguición. Traumatismos, cortes, y puñetazos varios son atendidos cada día por los servicios de urgencias. Y luego nos reímos del balconing.

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Acampada libre y macrobotellón, estiramientos e hidratación

Además de los ejercicios específicos, algo que practican la casi totalidad de los asistentes y que tiene muy contentos a los vecinos –léase con ironía- es la acampada libre en cuanta plaza, jardín, portal o trozo de acera encuentren para beber, comer, follar y dormir la mona. Allí dejarán sus botellas y restos de comidas en el mejor de los casos, y meadas, vomitonas, excrementos, preservativos y cuanta inmundicia sea posible en el peor. La mayoría.

Esto me recuerda demasiado a la asquerosidad en que se ha convertido el San Xoán de A Coruña, en donde los perros tienen prohibido el acceso, y que durante la fiesta deviene en un auténtico ESTERCOLERO. Me encantan las fiestas y no creo que sea necesario convertir nuestras ciudades y entornos naturales en Chernóbil para poder disfrutar de ellas.

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La Ley de Playas de A Coruña apela “al sentido común” como norma principal para la utilización de los arenales.
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Cartel que informa de la prohibición de llevar perros en la playa de Oza, A Coruña.

En Pontevedra, existe una fiesta conocida como Peñas, que tiene lugar durante los dos primeros fines de semana de agosto, coincidiendo con las corridas de toros durante las Festas de A Peregrina. Un pequeño San Fermín. La fiesta, básicamente, consiste en llevar camisetas con nombre de tu peña –que en el 80 por ciento de los casos ni siquiera es taurina- y emborracharse en las plazas públicas al tiempo que la gente se tira vino. Es imposible recorrer la calle esos dos fines de semana sin ser atacado por pistolas que expulsan vino barato en el mejor de los casos, y una mezcla de aguaorinaveteasaberqué, en el peor, recogida directamente de las fuentes de la ciudad.

Reconozco que la cosa ha mejorado bastante en los últimos tiempos y no se desmadra tanto como cuando yo era una moza. o A lo mejor ésa es mi perspectiva desde que no me meto en según qué lugares. Obviamente, controlar a unos cientos de críos en un ciudad de 80.000 habitantes, no es lo mismo que poner coto al desfase de un millón de personas que acuden a Pamplona para convertirse en lo que realmente son: salvajes.

Pero, no nos engañemos, precisamente en esto reside la mejor publicidad de San Fermín.

San Fermín o el crossfit de los salvajes. chica acosada

Pontevedra no es una ciudad taurina. Lleva más de 15 años gobernada por un alcalde nacionalista de izquierdas que, o bien no tiene valor, o bien considera que la fiesta de los toros es de una importancia vital en la cultura de una ciudad en que lo más parecido que hemos visto a los cuernos de toros son los mariscos que sirven en los bares y reciben al comensal con las tenazas en posición de ataque.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos las espantosas imágenes de la matanza de focas de Canadá, mientras el folclore español incluye el goce de torturar a un animal con la excusa de la tradición, el deporte y, lo que es peor, la cultura. No basta con no ir a los toros, hay que prohibirlos. Y es obligación nuestra exigirlo a los gobernantes. Prueba de que se puede es la decisión del alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro, de suspender las subvenciones públicas a la feria taurina que se iba a realizar en dos semanas.

Por cierto, en España se abandonan 300.000 animales de compañía al año. Uno cada tres minutos. Somos el número uno de este lamentable ranking en toda Europa. Y si como decía Ghandi, “La grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata ésta a los animales”  España está a años luz de alcanzar tal excelencia moral.