Categoría: Ley del Aborto

Nuestros coños, sus votos

España es ese lugar en donde desde hace algún tiempo se ha cambiado el sentido de las agujas del reloj y Cuéntame cómo Pasó es ahora un reality contemporáneo en el que los derechos sociales no se conquistan, sino que se pierden cada día ante el cansancio de los que están demasiado ocupados buscándose el pan y el pasmo de los que creíamos que hay cosas que de sagradas, no se tocan.

Nuestros coños son sagrados, aunque vuestra Biblia se haya olvidado de ellos.

Con el Partido Popular en la Moncloa podemos enseñar a nuestros hijos cómo son y cómo funcionan los gobernantes sádicos y sin escrúpulos de la era del plasma y el mundo 3.0. Tenemos planes educativos que no educan, pero atormentan. La moral católica ensalzando la culpa y pervirtiendo el significado de la palabra ética. Y machistas, misóginos, y cerdos ignorantes que legislan hoy sobre el cuerpo y el destino de las mujeres, olvidando que somos la mitad y que nos sobran agallas para echarlos. Pobres hombres que os escondéis detrás de una cobarde votación parlamentaria; aunque algunos parezcáis mujeres, no lo sois. No merecéis serlo.

Nuestros coños, sus votos

La absurda e innecesaria ley a la que pretendéis someter a las jóvenes de 16 y 17 años para que informen a sus padres o tutores en caso de querer abortar, no está avalada por justificación médica, ética o económica alguna. En España, casi 9 de cada 10 de esas chicas ya informan a sus padres para interrumpir un embarazo no deseado sin que nadie las obligue. El 13 por ciento restante, no lo hace porque vive situaciones de violencia familiar, desarraigo y puro miedo. No lo hacen porque hacerlo complicaría todavía más su precaria situación. Gracias por no protegerlas.

Obligarlas a tener que enfrentarse a una situación que pone en riesgo su salud física y emocional y que compromete su futuro de por vida, no tiene otra definición que la de hijoputismo y machismo apestoso. Cito textualmente el comunicado del Movimiento Feminista de Madrid que comparto al cien por cien: “La implantación de esta contrarreforma supondría el incumplimiento de los tratados internacionales que España ha firmado y ratificado y que obligan a los gobiernos a garantizar la salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres”. El aborto y la protección de la infancia todavía son derechos en esta república del terror que queréis imponer.

En lugar de prevenir este tipo de embarazos con planes de educación sexual y proteger a las chicas que quieran abortar para que lo hagan en las condiciones sanitarias y emocionales seguras, el Gobierno del PP nos sorprende una vez más y promueve (música de trompetas) la maternidad low cost. Se trata de una modalidad de maternidad que los expertos consideran peligrosa para la madre, el hijo y el conjunto de la sociedad, pero que hace ganar unos miles de votos de la ultraderecha católica que mantiene al Partido Popular cómodamente asentado en su mayoría absoluta, mientras la izquierda de este país se divide como las cuentas bancarias de Rodrigo Rato, y la Iglesia mantiene sus privilegios medievales.

Estadísticamente, está demostrado que los hijos nacidos de madres adolescentes aumentan sus posibilidades de padecer enfermedades físicas y mentales por el desarrollo incompleto de la madre (mayor riesgo de muerte intrauterina, bajo peso, prematuridad, mayor incidencia de enfermedades cardiológicas, mayor riesgo de sufrir accidentes por una falta de cuidados adecuada), multiplican las probabilidades de fracasar en la escuela y de ser excluidos socialmente y de convertirse en padres adolescentes como sus progenitores, y, tanto ellos, como sus jóvenes madres, corren el riesgo de entrar en una espiral interminable de pobreza. Exigir la autorización de los padres puede aumentar el estrés, la depresión, los intentos suicidas, el retraso y las complicaciones en el aborto y el florecimiento de abortos ilegales. La muerte materna durante el parto en menores de 18 años es hasta cinco veces mayor que en el caso de las adultas. Por no hablar de los casos de placenta previa, hipertensión, anemia grave, rotura prematura de aguas y una mayor dificultad en el parto.

Que me disculpen los policías de la moral pero no veo absolutamente ningún beneficio social en el incremento de la maternidad en adolescentes. Ni uno solo. Promover (sí, obstaculizar los abortos deseados, es lo mismo que promover los embarazos no deseados) la maternidad en chicas que no están formadas física ni intelectualmente es una falta de responsabilidad y una trasgresión a los derechos de confidencialidad y autonomía que viola los principios bioéticos más elementales. De hecho, permitir que las adolescentes tengan hijos –aún siendo deseados- me parece bastante más peligroso que lo contrario. Llamadme asesina, pero yo también tuve 16 años. Lo que una chica piensa a los 16 ó 17 años está directamente relacionado con la crisis propia de la edad, el torbellino de hormonas que recorren su cuerpo, los amores eternos que duran dos meses, la aceptación social, la necesidad de sentirse importante o de tener alguien a quien querer, las idealizaciones constantes, las etapas depresivas y las ganas de llamar la atención. Se llama adolescencia y, creedme, no es el mejor momento para ser madre.

pregnant

Las madres adolescentes que conozco han tenido una vida de mierda. Antes de que alguien me cuelgue le video de la maravillosa vida de la niña-madre, os voy a contar lo que yo vi con mis ojos. Una compañera de colegio se quedó embarazada a los 15 años y a los 17, ya tenía dos hijos, de padres diferentes. Abandonó los estudios antes de llegar al instituto y consumía drogas embarazada. Mientras yo me debatía entre pintarme el pelo de rosa o de morado, ella buscaba trabajo de camarera en algún pub para mantener a sus hijos. Otra chica del colegio también tenía dos hijos cuando le perdí la pista, hará unos diez años. Los criaba sola con ayuda de su madre, porque el padre no se hizo responsable. Empezó a trabajar en el negocio familiar, cuando yo todavía estaba en el instituto. La última madre adolescente a la que conocí, sí estaba con el padre de su hijo, que la maltrataba. En mi primer año de universidad, cuando me preocupaba por no dejar asignaturas para septiembre que me fastidiasen el verano y preparaba el trabajo de fin de curso entre salidas y fiestas de Erasmus, ella lloraba porque su pareja le pegaba y no podía dejarlo: no tenía cómo mantener a su hijo y no quería volver a casa de sus padres para que no la viesen como una fracasada. Sé que después de dejarlo varias veces con aquel energúmeno, finalmente, se casó. Esta semana volví a cruzármela, y, al menos, tiene un hijo más: salía de la guardería. Ser madre adolescente multiplica las posibilidades de tener varios hijos. La pobreza llama a la pobreza.

¿Y qué pasa con los chicos? ¿Quién les exige a ellos que informen a sus padres de que han dejado embarazada a una chica? ¿Son ellos conscientes de las consecuencias de sus actos cuando deciden tener sexo sin protección? ¿Alguien tiene en cuenta las presiones –para tener un hijo o para abortar- a las que someten a sus parejas? La realidad es que tener pene los libra de cualquier tipo de responsabilidad ante la Ley, sus padres y Dios. Me temo que la insolvencia a la que se acogerán en caso de reconocer a sus hijos, les evitará tener que hacerse también cargo de ellos si les sale de los cojones. Ellos podrán seguir con sus estudios y sus nuevas novias, mientras la chica a la que han embarazado hipoteca su futuro por un hijo no deseado que un gobierno inútil le obliga a tener. Bienaventurados los que creéis que el Partido Popular promueve la igualdad porque vuestro será el reino de la imbecilidad eterna.

Las mujeres estamos hartas de tutores y padres de la moral, hartas de pedir perdón, hartas de agachar la cabeza y sentir vergüenza, hartas de escondernos para complacer a los demás. Hartas de cargar con el castigo, hartas de no poder disponer de nuestros cuerpos y hartas, muy hartas, de que legisladores insensatos jueguen con nuestras libertades por un puñado de votos.

Dejad de meteros en nuestros coños, porque aparte de parir, también saben ir a las urnas.

Enfadada e Indignada defiende sus derechos

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Davinia Saorín o el aborto retroactivo

Había una vez una mujer muy malvada, muy malvada, que llamaba terroristas al resto de las mujeres si querían decidir sobre sus propios cuerpos. Esta mujer, pensaba que la libertad de la totalidad de las hembras era un asunto sobre el que debía de legislar el Gobierno, ya que ellas, ignorantes, no sabían más que “hacerlo a pajolera suelta”.
Davinia Saorín, su pareja, y dos de sus votantes.
La individua en cuestión, no es una mujer cualquiera. Se trata de Davinia Saorín, concejala del PP y responsable de Sanidad, Política Social y Mujer en el ayuntamiento de Calasparra (Murcia). Lo que viene siendo una responsable política. Y que ha debido de tener alguna aparición mariana en la cuna para decir semejantes estupideces delante de un micrófono sin ni siquiera sonrojarse. Al contrario, Davinia es ese tipo de personas que provocan vergüenza ajena en cuanto abren la boca.
En un alegato contra el aborto y a favor del nuevo anteproyecto del Führer de la sumisión femenina, Alberto Ruiz Gallardón, Saorín, desplegó toda su potencia dialéctica para articular un “discurso” plagado de citas memorables dignas de formar parte de una canción de Kiko Rivera. Afortunadamente, sólo hemos podido disfrutar la elegante verborrea de esta señora en su forma oral, pues no sé si mis ojos habrían resistido la lectura de la transcripción escrita de su puño y letra.
Poneos gafas oscuras y protección solar:
Ni me gasto el dinero en métodos anticonceptivos ni ná, a pajolera suelta. Me voy una noche, me emborracho, pierdo la cabeza…si no me viene la regla, pues me voy y aborto y santas pascuas y alegría. Y viva España”.
Típico argumento político de la ultraderecha: las mujeres (sus votantes, entre ellas) son tan idiotas e irresponsables que prefieren hacerlo sin protección de ningún tipo porque todo el mundo sabe que abortar es más fácil, más divertido y menos engorroso que ponerse un preservativo. Me encanta llegar el lunes a mi ginecólogo de cabecera y ver la sala llena de zorras abortistas. Y viva España.
“La ley de plazos es una aberración”. “Se pongan como se pongan Elena Valun (mira para atrás, para que le chiven) Valenciano y…se pongan como se pongan los del Partido Socialista eso es MATAR UN SER HUMANO. ES SER UN TERRORISTA”.
Abortar no es matar a un ser humano. El ser humano no se forma en las primeras semanas de gestación. Y mucho menos es ser un terrorista: un aborto no crea terror ni miedo en nadie más que en la mujer que tiene que padecerlo, por lo que se le debe de facilitar la seguridad e intimidad en el proceso.
 “…Si señora (a Bibiada Aído) hay una base científica, en ná que el óvulo se fecunda con un espermatozoide eso tiene corazón, tiene vida y late y crece…” “Porque a ver que su madre hubiera decidido pues haber abortado, a lo mejor hubiera ganado el país, con ella y con Zapatero…”.
Obviando la teoría de la fecundación que nos ofrece Davinia (quien, supuestamente es enfermera) aquí estamos de acuerdo en algo: yo también apoyo el aborto retroactivo. ¿Qué me dices si tu madre te hubiese abortado a ti? Sinceramente, ¿crees que la sociedad, el planeta, Calasparra, tu Iglesia o tu Partido te hubieran echado en falta? Yo también creo que el mundo sería un lugar mejor sin la presencia de ciertas personas. Propongo una ley que permita ejecutar el aborto retroactivo: hasta la semana 4160 de vida del feto, fase de desarrollo mental que algunos nunca superan.
(Echando mano de un psedoinforme médico del que nunca cita el nombre) “Pueden sufrir daños psicológicos muy importantes, y entre ellos, pueden tener problemas de afectividad con su pareja y pueden tener problemas de afectividad en general”“.Y esas niñas cuando tengan otros niños, pueden maltratar a sus niños porque se van a acordar siempre de ese aborto y ya he dicho que esto lo sufren 6 de cada 10 mujeres que abortan” (así, inventando estadísticas).
No conozco a ninguna mujer que haya abortado y que tenga problemas de afectividad. Y, lo más importante, no conozco a ninguna que sea una maltratadora. ¿Cómo se te ocurre relacionar maltrato con aborto sin ninguna evidencia científica y decirlo públicamente? Así, a pajolera suelta. Que la devuelvan al circo, por favor.
                                       
“Voy a hablar de lo psiquíco no lo de lo físico, pero incluye (el supuesto informe científico): insomnio, depresión, ansiedad, baja autoestima, pesadillas, incluso ideas suicidas”.
El insomnio, trastorno del sueño, es un problema físico. Otra cosa es que las causas que lo provocan tengan naturaleza psíquica como una depresión o un trastorno de estrés. Aparte de eso, y sin tener referencias del “estudio” (apuesto a que lo descargó de cualquier página chorra que salía en Google), la relación de trastornos que enumeras tienen normalmente, una naturaleza heterogénea y no suelen deberse a un único factor. Es más fácil pensar que una mujer que quiere abortar y no puede, y trae al mundo un hijo no deseado –que puede estar muy enfermo- tendrá problemas psicológicos toda su vida que una que aborta libre y conscientemente, aunque no sea un trago agradable.
“Estamos preocupados, que es muy preocupante, por los desahucios, porque se están suicidando gente, y entonces no estamos preocupados por la ley del aborto? Que puede llevar a una niña que ahora tiene 16 años, cuando tenga 18 y sea consciente de lo que ha hecho a tomar una mala decisión y suicidarse”.
Desde luego, a mí lo que me parece preocupante es que gente como tú nos represente: sin saber hablar coherentemente y sin ni siquiera saber coordinar las formas verbales. Más allá de eso, me gustaría saber cuáles son tus fuentes para decir que los suicidios aumentan con los abortos. Los suicidios aumentaron un 11.3 por ciento durante 2012, justo el año en que los abortos bajaron un 5 por ciento. Me aventuro a afirmar que el aumento de la pobreza sí tiene una relación causa-efecto con los suicidios, algo que, lamentablemente, no dejará de ocurrir gracias a las medidas antisociales del Gobierno del partido que representas y a la drástica disminución de inversión pública en políticas sociales.

Que se sepa, ya tenemos a casi 3 millones de niños en riesgo de pobreza o exclusión social en España. Según Save the Children, muchos pequeños españoles no pueden disfrutar de los derechos esenciales recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas y cada vez más madres tienen que escoger entre comprar libros o alimentos a sus hijos. Pero, según tu teoría, es mucho menos traumático parir a un niño al que no puedes alimentar, en un país cada vez más empobrecido e injusto, que abortar. Te recomiendo la lectura de este artículo: http://www.publico.es/actualidad/498610/casi-tres-millones-de-ninos-viven-en-riesgo-de-pobreza-en-espana
Davinia, dedícate al humor. Los españoles necesitamos reírnos más.

CON DOS COJONES

Jamás podré olvidar esta sensación de euforia y satisfacción que me invade desde hace varios días, tras la publicación de mis dos artículos en contra de la nueva “Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada” que nos quiere colar, como si se tratase de la panacea de los derechos humanos, el Ministro de Justicia, ahora convertido en policía de la moral de las españolas y sus cuerpos.
Ser un fenómeno viral no ocurre todos los días. De hecho, es harto complicado que esto vuelva a repetirse. Evidentemente, si yo fuese Miley Cyrus y optase por balancearme desnuda sacando la lengua encima de una enorme bola de acero, todo sería más fácil. Pero lo mío es escribir. Aunque sea de coños. Y no me preocupa que esto no se repita (qué voy a deciros, tengo que mantener la dignidad); lo que realmente me importa –y aprovechad, que ahora me pongo romántica- es perderos. Me habéis removido las entrañas hasta el punto de devolverme la confianza en la humanidad. Los lectores, sois la constatación de la inteligencia y la sensatez que nos quieren negar a golpe de decreto y que tuve la fortuna de reunir en torno a mi blog, en donde se ha generado un auténtico tsunami de reacciones de personas de medio mundo que se manifiestan en contra de esta nueva tomadura de pelo nacional. Y ya van demasiadas. Evidentemente, me han salido “haters”, pero quiero pensar que estos no se han leído el Anteproyecto de Ley y que la cuestión es que, como toda diva, no puedo evitar ser el blanco de algunas críticas malignas. Miley, ayúdame.
Me han llegado cientos y cientos de opiniones e historias -y seguiré leyendo, por supuesto-  de mujeres y hombres que defienden, como yo, el derecho a la vida: a la vida de los que ya estamos aquí, existimos, pensamos y tenemos que tomar decisiones por nosotros y por hipotéticos seres (que NO LO SON) y que sólo tendrían sentido si salen del amor incondicional que cualquier hijo merece despertar en sus padres. Porque es responsabilidad de los padres (biológicos o adoptivos) traer hijos deseados al mundo.
No os voy a bombardear más con esta maldita Ley. Hay un estupendo especial colgado en la web de El País (y en muchos más periódicos que no dedican esquelas a los “niños” abortados) en donde tenéis toda la información necesaria para echaros a llorar un rato y que os entren ganas de ir buscando nueva nacionalidad. Avisadme si encontráis algo cerca de la playa y a buen precio.
El aparato genital femenino fue la excusa y el hilo conductor que movió mis anteriores relatos como el símbolo de feminidad más guerrero, y salió de la necesidad de manifestar mi cabreo e indignación, lo que comúnmente se viene llamando“estar al coño”, por las medidas promovidas por el aparato más fascista que asoma, cada vez con más frecuencia, por las filas de este nuestro querido Gobierno.
Pues bien, ahora tengo que agradecer a los hombres su implicación e interés en este debate que, de primeras, dirigí más hacia el género femenino pensando, incorrectamente, que serían las más interesadas. Los hombres habéis actuado como no se esperaban muchos: con dos cojones. (Cojones figurados, señores moralistas, que ya sabemos que los angelitos y los santos no tienen sexo y, mucho menos, COÑOS y COJONES).
Me habéis emocionado sobremanera. Vuestras historias llevan ocupándome grandes y deliciosos ratos desde hace varios días. Desde vuestra preocupación por qué hacer con el semen desperdiciado en cientos de masturbaciones (arderéis en el infierno, pervertidos), al apoyo total a la mujer como última responsable en la decisión de llevar a cabo un aborto,  pasando por vuestra preocupación a que esto se acabe convirtiendo –como casi todo últimamente- en un tema de clases: quedará libre de pecado el que pueda pagarlo.
Éstas son algunas de las reflexiones masculinas que he podido leer en el blog:
“No concibo otra forma de defender el aborto que defendiendo la libertad de las mujeres a hacerlo si así lo desean”. 
“El embrión, simplemente, no puede desarrollarse sin la madre. En su autonomía, ella debe decidir si se presta o no, y la sociedad no tiene derecho a violentarla, máxime cuando las consecuencias de su decisión en uno u otro sentido, las soportará ella”.
“Un embrión no tiene personalidad jurídica y, por tanto, sería un absurdo y una agresión a los derechos de los ya nacidos (que pesasen más sus derechos que el de la mujer)”.
“Nosotros, los hombres, también tenemos derecho a mostrar nuestra repulsa hacia esta ley (…) pues también somos parte del futuro, deseado o no”.
“Creo que el aborto hace bien a mujeres, como a hombres, como a niños. Porque, seamos sinceros, yo no querría haber nacido si mis padres no me hubiesen podido cuidar, y no quiero que las mujeres tengan que ver sus vidas arruinadas por un solo error, ni quiero sufrirlo yo como padre accidental”.
“Vivan las mujeres que, con sus coños, tantas alegrías nos dan”.
Una de las teorías más absurdas y repetidas de los defensores de esta Ley y que han usado como ataque personal es que si nuestras madres nos hubiesen abortado a mí, y a todos las que defendemos la libertad de la mujer, entonces no estaríamos aquí y, traslado palabras textuales “fijo que te hubieses enfadado un montón si te enterases”. Pero, vamos a ver ¿enfadar de qué? y, lo más complicado ¿cómo? ¿Cómo demonios se enfada un ser que no existe? ¿Por telekinesis, ouija, llamando a Sandro Rey o contactando con Doraemon?. Si yo no hubiese nacido, no me habría enterado, porque, simplemente NO EXISTIRÍA. No naces, no existes, no te enfadas. Dos más dos igual a cuatro. Si Pepito sale de Madrid en dirección Coruña a 100 kilómetros por hora y lo pilla una ciclogénesis explosiva a la altura de Benavente…bueno, vale, éste lo dejamos.
Y hasta aquí la lección de hoy de Barrio Sésamo. No sé cómo pretendéis convencer a nadie inteligente llevando la discusión a un terreno ya no espiritual, sino estúpido y ridículo. Me abrumáis con vuestros razonamientos.
Para enredarlo más, queridos defensores del no nacido, os contaré la historia de un chico que me escribió en el blog. Este hombre me relató cómo su pareja tuvo que ir a abortar a Londres porque aquí no podía hacerlo. Casualidades de la vida/karma/destino, fue allí dónde se conocieron, cuando ella estaba pasando por ese delicado momento. A día de hoy, son un feliz matrimonio y han traído un hijo deseado al mundo. ¿Y ahora qué hacemos?
Si esta chica no hubiese ido a abortar a Londres, no hubiese conocido a su pareja y, por tanto, no habría tenido el niño que ya tiene, con lo que claramente podemos concluir que sería una asesina en diferido. Una asesina de niños que desean nacer. Sí, se lo piden a la cigüena desde el ciberespacio y se vengan de nosotros con ciclogénesis explosivas que te hacen parar el coche en Benavente durante cuatro horas comiendo bocadillos de chorizo a cinco euros la unidad en el maldito bar del área de servicio.
No nacidos del mundo, bajad los precios, que hay crisis.