Categoría: humor

MANUAL BREVE DE CHICAS DECENTES (que no quieren calentar pollas)

Tras los acontecimientos protagonizados en las últimas semanas por personajes públicos del género masculino que han descalificado o ultrajado la honorabilidad de personas del género femenino dada nuestra conocida facilidad (afición, entretenimiento, ANSIAS) de calentar pollas, he redactado un Manuel Breve de Comportamiento para Chicas Decentes (que no quieren calentar pollas). El calentamiento de pollas es un problema social y es siempre el paso previo a la agresión sexual. Por eso debemos ser nosotras las primeras interesadas en mantener los apéndices masculinos a temperatura ambiente. Fresquitos. Cual lechugas.

Christina-Hendricks

* COSAS QUE NO PUEDES HACER SI NO QUIERES CALENTAR POLLAS:

– Vestir sexy. Independientemente de cuál sea tu acepción del término. Cualquier prenda es susceptible de ser considerada sexy por parte de un hombre y calentarle la polla. Como el neopreno con el que sales a mariscar a la Rías Baixas o el pijama de franela que te pones cuando tienes la regla y has manchado con tu asquerosa sangre todos los demás.

– Estar/pasar cerca de un grupo de tíos. Hay que ser puta.

– Bailar en una discoteca.

– No bailar y apoyarte en la barra mirando al infinito.

– Ir borracha.

– Ir serena y tropezarte con uno que sale del baño.

– Ser delgada.

– Ser gorda.

– Ser pelirroja, rubia, morena, castaña o alopécica.

– Tener tetas grandes.

– Tener culazo.

– Tener varias extremidades y un tronco. O sólo un tronco.

– Tener una similitud genética del 96% con un chimpancé.

– Ser lesbiana y manifestarte delante de hombres.

– Ir a los San Fermines.

– Ir al Hormiguero.

– Ir al programa de Risto.

– Cruzarte con Pérez-Reverte.

– Viajar sola.

– Viajar con amigas.

– Aceptar el regalo de un hombre (que no sea tu padre).

– Hacer un regalo a un hombre que no sea tu padre.

– Ligar con un hombre.

– Que te intenten ligar.

– Follar con un hombre.

– No follar con ese hombre que quiere follar contigo.

– Follártelo y no repetir SI ÉL QUIERE.

– Darle tu teléfono o redes sociales a un tío, quieras o no ligar con él.

– Creerte que quiere ser tu amigo cuando claramente QUIERE FOLLAR.

– Tocar a un hombre al que no te quieras follar.

– Tener amigos hombres.

– Mantener cualquier contacto físico o espiritual con un hombre que no sea tu padre. En general.

– No informar detalla y minuciosamente de que “no es no” y no todo lo contrario, como cualquier hombre podría pensar.

– No defenderte lo suficiente ni gritar mucho cuando te violan aunque tengas una navaja clavada en el cuello y un señor que amenaza con matarte encima.

– No grabar el momento en que te defiendes mucho mientras te violan.

– No presentar ante el juez y el fiscal las suficientes pruebas de que te han violado mucho, aka te han roto el orto.

– Ir a un restaurante con tu pareja.

– Ir al trabajo.

– Ir a la universidad.

– Caminar con amigas.

– Caminar con tu madre.

– Caminar sola.

– Salir a la calle.

– Quedarte en casa tuiteando.

– Ser transexual.

– Ser mujer.

– O parecerlo.

 

* COSAS QUE SÍ PUEDES HACER PARA NO CALENTAR POLLAS

– Morirte. (Si es cerca de un necrofílico, te jodes).

Estrategias cobardes para contactar con tu ex

Las fiestas navideñas nos han dejado el regusto amargo de la nostalgia y un acentuado sentido de amor al ex. En las últimas semanas he recibido mensajes de algunos exs con la excusa de felicitarme las fiestas y asegurarme que se habían acordado de mí durante los días de intromisión y recogimiento espiritual.

Las excusas para contactar con un ex son variadas, pero casi siempre responden a una llamada de atención que esconde intenciones del tipo: me siento solo, la vida es una mierda, mi novia me ha dejado, quiero dejar a mi novia, tengo una enfermedad terminal, mi novia tiene una enfermedad terminal, no tengo dinero, he gastado todo el dinero de mi novia, no follo desde hace tres meses, y, mi preferida, “¿dios mío, cómo pude haberte dejado con lo perfecta que eres?”.

Obviamente esto no te lo dicen, y el ex que contacta contigo lo hará utilizando estrategias de despiste que pasan por un fingido interés por tu vida, tu trabajo (el mismo que ignoraba cuando salíais), tu madre (ídem), tus relaciones, tu salud, o hasta puede que pregunte por el periquito que compartíais cuando vivíais juntos.

Como cualquier ser humano con corazoncito, seguramente todos habréis sentido la necesidad de contactar con el/la ex alguna vez. Las redes sociales lo ponen demasiado fácil y es prácticamente imposible no caer en la tentación de escribir ese mensaje estúpido, innecesario y humillante, justo después de haber visto por quinta vez la reposición navideña del Diario de Noah.

Ten en cuenta que no compensa utilizar a tu ex para tontear, por capricho o simple aburrimiento. Por eso, cuando sientas que una fuerza mayor te apremia para escribirle, conviene que te preguntes si realmente estás preparado para las consecuencias de tal atrevimiento.

Si ya te has decidido a embarcarte en esta aventura de la indignidad es mejor que te prepares para hacerlo de la mejor manera-cobarde posible. Un contacto a través de las redes sociales es siempre pusilánime, ya que si realmente fueses una persona resuelta y adulta, cogerías el teléfono para quedar en la cafetería de la esquina. Hasta puede que se te pasase la tontería.

Pero si los españoles fuésemos personas valientes nadie votaría a un partido político imputado por corrupción “por miedo a lo que pueda pasar”. Así que volvamos a los mensajitos.

whatsapp-relaciones-dani-gonzález

Como en cualquier juego de estrategia, el contacto con un ex con el que no hablamos habitualmente requiere de un estudio de la situación para alcanzar nuestros objetivos, que yo he agrupado en tres grandes grupos: volver, follar y joder, que no son lo mismo, aunque se parecen.

Investiga sus redes sociales y sus conexiones a whatsapp, o finge que lo haces por primera vez. ¿Tiene pareja? ¿Vive con él/ella? ¿Estás seguro/a de que tú molas más? ¿Mucho más?

Después, reflexiona sobre el mejor momento para escribirle. Un mensaje enviado inoportunamente puede ser una bala perdida. Como su novia o novio lo descubra, olvídate de que te conteste sin que todo se convierta en un asunto turbio.

Escoge el medio para disparar (Facebook, whatsapp, twitter, instagram, Hay Una Cosa que Te Quiero Decir) y piensa antes de escribir. No puedes entrarle a tu ex, del que hace seis meses que no sabes nada con un “te echo de menos” “te quiero” “vuelve a casa” “me he encadenado al portal del garaje” o “tengo gasolina y a tu madre atada”. ¿Qué pretendes con eso? ¿Un anillo de compromiso? Las cosas no funcionan así.

Podrías utilizar un simple “¿qué tal todo?” o un “¿cómo te va?” pero después del “bien” de cortesía, tendrás que seguir manteniendo la conversación si quieres que eso llegue a algún lado.

Para ayudaros, he recopilado algunas excusas que harán que todo parezca casual y sutil, como si tu mensaje fuese la consecuencia mágica de la alineación de los astros de vuestro amor.

  • Invéntate que acabas de pasar por ese lugar súper especial que marcó vuestra relación. “He aparcado en el Carrefour e inmediatamente he pensado en el día que chocaste contra la columna con mi coche nuevo”.
  • Acabas de ver una peli/anuncio/videoclip en la que el prota se parece muchísimo a tu ex. Para amortizarlo aún más, di que fue otro el que dijo que ese actor/actriz se parecía a él. Es importante que la persona parecida en cuestión sea muy atractiva, por ejemplo, Brad Pitt o Gisele Bundchen.
  • Escúdate en pedirle algo tuyo que él/ella tiene. Ten cuidado con esta estrategia porque puede ser tomada como una afrenta, y, además, pedir más de dos cosas mucho tiempo después de dejarlo HUELE A DESESPERACIÓN.
  • Has encontrado (casualmente) algo suyo muy importante y quieres devolvérselo. Por ejemplo, un pen drive de 32K lleno de fotos de vuestro primer viaje.
  • Necesitas su ayuda para acabar tu tesis sobre el apareamiento de la caracola.
  • Es su cumpleaños. O cualquier fiesta. Esto es lo más fácil, pero recuerda que la gente sólo cumple una vez al año y tan sólo hay unas navidades.
  • Has encontrado su perfume en un cajón y te lo has echado en el clítoris para recordar su olor. Puedes decirle algo así como “Tengo el coño ardiendo por ti”.
  • Vas a morir inminentemente.
  • Lo odias. Y es muy importante hacérselo saber porque en realidad, imbécil, lo quieres.

Si al cabo de una hora no ha contestado, cierra la tapa del ordenador, desconecta el wifi, tira el teléfono al váter, y ve a una clase de crossfit de esas que dan en garajes oscuros y sin ventilación conocidos como “box”. Después de un tiempo adecuado de tortura física, la ausencia cruel de su respuesta te parecerá una tontería. Repite hasta que no puedas pensar en nada más que en el dolor. Piensa en la corrupción política y aprende a relativizar tus ínfimos problemas.

Pero también puede que acabe contestando. Y que quiera ese pen drive. Y oler la colonia en tus bragas. Y hasta puede que consigas reiniciar una relación acabada sin los abdominales definidos. No digas que no te avisé.

Mi perro es gay

Las sospechas empezaron cuando, pasados los seis meses de vida, Coco se empeñaba en seguir meando sentado, como las niñas. A mí aquello no me preocupaba, pero mi madre enseguida vio un síntoma prematuro de homosexualidad perruna. “Este perro es maricón” sentenciaba la mujer conforme iban pasando los meses y el animal se negaba a levantar la pata para miccionar. Yo, que había leído que los perros no pueden ser homosexuales, pensaba que el pobre era de aprendizaje lento. Es decir, un perro con necesidades educativas especiales. Por eso sacrificaba mi poca dignidad, y me ponía a cuatro patas en el jardín de casa mientras levantaba una pierna en perpendicular ángulo de noventa grados, para que el chucho viese cómo debía mear. Coco me observaba atentamente y después de un momento de reflexión, hacía la croqueta mientras me enseñaba sugerente su peluda barriga para que procediese al rascado y posterior pedorreta de abdomen.

Así fueron pasando los meses, y, cuando ya había cumplido un año, Coco seguía haciendo pipí sentado la mitad de las veces. Sólo algunas veces levantaba la pata, así que concluimos que lo que tenía el perro era vagancia. Los hombres también mean sentados cuando no les apetece estar de pie y algunos, hasta se quedan dormidos. ¿No podía mi perro ser simplemente vago?

El perro hizo bastantes amigos pero, desde pequeño, tuvo una especial debilidad por los bichos del mismo sexo. Eduqué a mi perro en la igualdad y era feliz viendo cómo se divertía igualmente con amiguitas y amiguitos. Aunque con ellas mantenía una relación más fría, algo que suele ser habitual en los chicos hasta que no les salen pelos en los testículos. Pero Coco había nacido con pelos en los testículos, y era un perro.

Debido a la cara de placer que mostraba cuando un macho le inspeccionaba el culo –los machos para eso son mucho más insistentes-, buscaba explicación estirando las teorías freudianas sobre los apetitos sexuales en la infancia: claramente Coco no había superado la fase anal. Como las perras ignoran a los machos hasta que les apetece follar –una estrategia de lo más inteligente- supuse que el mercado canino no estaba muy bien en esta zona y que el perro, joven e inexperto, era un poco pagafantas. Cualquier día despertaría de su letargo viril y todas ellas combatirían en una salvaje contienda para hacerse con los favores de mi rubísimo macho. No hay más que verlo, es el Brad Pitt del perrunismo.

Coco se adentraba en la adolescencia canina y empezaba a tener ganas de frotarse contra las cosas. Las primeras víctimas fueron las gallinas de mi madre que sufrieron diferentes ataques sexuales por parte de mi perro. Como el pobre no sabía muy bien cómo se usaba eso que tenía entre las patas traseras, calmaba sus instintos restregándose con el pico o la cola de la gallina, indistintamente. Lo que empezó siendo un simple juego infantil, acabó en obcecamiento, y tuvimos que interponer una orden de alejamiento entre el perro y las aves. Cada vez que las tenía delante, se emocionaba más que Fernández Díaz en una cena con Rodrigo Rato, y las gallinas, paralizadas de terror, y sin posibilidad de ejercer cargo alguno en una compañía eléctrica o en la gran banca, terminaban servilmente a su disposición. Durante el cortejo, decenas de plumas saltaban por los aires como el confeti en una fiesta de cumpleaños de Ana Mato. Creo que lo que más le gustaba de las gallinas eran, precisamente, las plumas.

Después empezó la monta obsesiva de piernas humanas. Y así fue como descubrimos su predilección por los hombres. Nunca montaba a las mujeres. Sin embargo, en cuanto un desconocido atravesaba el portal de mi casa le olía la entrepierna y sacaba el arma de su escudo protector para rozarla contra la pierna de nuestro simpático invitado. Y, aunque la mayoría de los señores que venían a casa se lo tomaban relativamente bien, Coco también tuvo que soportar comentarios homofóbicos hacia su persona.

“Este perro es maricón”, volvía mi madre, erre que erre. Mientras, yo observaba cómo ignoraba con sutil indiferencia a cada perra que le mostraba su cueva del amor. La gente está preparada para tener un hijo gay, o para que su padre se haga un Caytlin Jenner, pero lo del perro homosexual nos pillaba a todos en bragas. “Quizá sea bisexual”, concluí yo, viendo que la fase anal se alargaba más de la cuenta y Coco pasaba de oler culos para poner el suyo a disposición de quién quisiese disfrutarlo.

Resulta que un día faltó a casa durante muchas horas. Además de la evidente preocupación y posterior rastreo del can por medio pueblo, supusimos que se había ido siguiendo el celo de las perras. Afortunadamente, regresó al cabo de dos días. Convertido en una especie de mesías que ha cruzado los siete mares, Coco venía cubierto de barro, sediento, magullado, y con una delatadora herida en el culo que hacía sospechar que se había enfrentado a su desvirgamiento anal con un amante más grande de lo que le corresponde a un pequeño cocker. Y mi madre volvió, como pidiéndome explicaciones a mí por la supuesta desviación del can, a pesar de que sabe que yo estoy muy a favor de todas las opciones sexuales, “te lo dije, este perro es maricón”.

Apenas quedaba margen para la duda.

La gente que lo conoce sabe que Coco es un perro especialmente cariñoso. Si por él fuera, viviría en un bucle de mimos infinitos y caricias hasta convertirse en una alfombra peluda y fundirse con el mismo suelo. No obstante, no es menos cierta su predilección por los machos a la hora de ser tocado por alguien de fuera de la familia. El fin de semana pasado, sin ir más lejos, varios amigos de mi hermano tuvieron el placer de ser bendecidos con la gracia de Coco que no dejaba de exhibir su sensual anatomía rebozándose panza arriba. Cuando se despistaban, enseguida metía la lengua en la oreja del adversario, porque Coco, aunque gay, conoce el arte de la seducción como nadie.

Y ahora que se habla tanto del toreo tras el incidente de Fran Rivera (me ahorraré calificativos al respecto) llegó el día en que Coco tomó su alternativa. Su opción, completamente personal, fue un obrero de unos 50 años, barrigudo, que había venido a arreglar algo a la finca de mis padres y se encontraba en el jardín un soleado día de primavera. Agachado, con el culo en pompa, y dejando entrever una larga y peluda raja debajo de sus ajados slips, mostraba toda su vulnerabilidad a Coco, que, seducido, no pudo resistir la tentación y se lanzó desde atrás dispuesto a consumar su amor sin barreras, empotrando al hombre que cayó sobre sus rodillas y a punto estuvo de romperse la crisma contra la acera.

No hubo suerte. Estaba casado.

Sé que algún día encontrará el amor. Por eso, por Coco y por todos los perros que todavía siguen en el armario, anunciados en esas clínicas veterinarias como prostitutos para hembras en celo y sementales de monta, cuando lo que quieren, precisamente, es que los pongan mirando a Cuenca, Igualdad Homosexual Animal YA.

cocogay