Categoría: hombres

Grandes mentiras de la humanidad: Las separaciones amistosas

Situación: Estás con un amigo tomando un café y surge la pregunta (casi siempre con mala leche, para que engañaros)
– Oye Raúl, y… ¿qué tal te va con Laura? Hace tiempo que no me hablas de ella.
A lo que él, fingiendo una serenidad arrolladora, contesta:
– Bien, tía. Lo hemos dejado, pero nos llevamos genial. Ya sabes, no nos entendíamos y hemos preferido separarnos de mutuo acuerdo.
Pero ahí sigues tú, con tu mierda de vida aburrida, hurgando en la herida, buscando un poco de drama:
– Jo, no sabes cómo lo siento…de veras, ¿seguro que estás bien? Sabes que me tienes para lo que quieras.
– Claro que sí, estoy estupendamente, nunca he estado mejor en mi vida. Necesitaba aire, ver las cosas  desde otro prisma…ya sabes como era Laura. Me ahogaba un poquito la relación pero no quería hacerle daño, era cuestión de tiempo que esto se terminase. Y mira, al final hemos solucionado las cosas como dos adultos, cada uno por su lado, pero sin malos rollos. Es que me parecen patéticas las personas que montan un numerito, qué falta de autoestima!
      MENTIRA, MENTIRA Y MÁS MENTIRA.
Lies
Se te ve en los ojos que estás aguantando las ganas de echarte a llorar como un bebé, arrastrarte por el suelo y confesar que has intentado suicidarte tres veces porque Laura, amigo, TE HA DEJADO. Pero ha sido tan lista que te ha lavado el cerebro para hacerte sentir bien, qué coño, para no sentirse tan mal ella, y convencerte de que los dos lo estáis dejando porque es lo mejor para ambos, y tú, fracasado y sin más opciones que el acoso, presumes ante la sociedad de tu civismo y tu independencia.
Seamos claros. Siempre hay un dejador y un dejado. Son dos caras de la misma moneda. Y una moneda siempre tiene las mismas caras: el Rey, altivo, importante, dueño de su destino; y ese mapita cutre con el número que se pone para rellenar el otro lado. Y tú eres el mapita con el número, un número más en la vida del Rey. Te guste o no te guste.
 Llamadme incrédula pero es que no acaba de convencerme esa supuesta situación en la que estás con tu pareja el viernes por la noche viendo como Belén Esteban anuncia su última separación de Fran en el Sálvame Deluxe y de repente, te acuerdas, y le dices:
-Oye, cariño, ¿y qué te parece si lo dejamos también nosotros?, es que yo creo que estaríamos mucho mejor los dos.
 – A lo que él te responde – Jo- der, acabas de leerme el pensamiento. No sabes qué alivio. Justo iba a proponértelo yo, pero es que siempre te me adelantas, nena.
– Bueno, entonces, yo me voy a quedar con el coche y con el plasma y a ti te dejo esta puta mierda de piso viejo y la hipoteca a 45 años.
– Genial, genial. pero qué generosa eres, tonta!
– Qué, ¿lo celebramos echando un polvete?.
Desgraciadamente lo que acabáis de leer es ficción. Y la realidad casi siempre supera la ficción. PERO PARA LO MALO.
Tu pareja  te dejará casi siempre por uno de estos tres supuestos:
          No te aguanta más. Tu sola presencia le da asco. Le molesta el olor de tus pies, tu ropa, cómo colocas la toalla en el baño, la manera en que te rascas la cabeza y se avergüenza cada vez que abres la boca. Ten en cuenta que el cuchillo nuevo enorme que ha comprado no es para el pulpo. De hecho, nunca hacéis pulpo, gilipollas.
          Le gusta otra persona. Esto suele sumarse al punto anterior, aunque no necesariamente. A veces puede seguir queriéndote, pero no tanto como al otro, por eso te deja.
          Necesita estar sola/o, pero te sigue queriendo. Esta es la excusa que te darán en el 99% de los casos, una cifra inversamente proporcional a la cantidad de veces que esto ocurre en la vida real. puede que tú pertenezcas al uno por ciento de los afortunados, aunque yo no estaría tan segura.
Podéis seguir viviendo en la mentira o, al contrario, podéis ayudar a otras personas a superar sus rupturas y reconocer con la cabeza bien alta que los han dejado y que tienen que seguir con sus miserables vidas. Es tan fácil como repetirse “Soy digno del amor de otra persona y no me avergüenzo de haber fracasado en mi relación”. Aunque a veces, un ansiolítico facilita mucho el trance.
Al fin y al cabo, hay cosas peores. Hay gente que tiene gonorrea.
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Sobre erecciones

Sobre erecciones. Fue hace unos cuantos años, pero todavía mantengo intacto el recuerdo de la sensación que ese miembro duro y vigoroso me provocaba contra la ropa, mientras él me besaba. Éramos jóvenes, e inexpertos.
Aquello ocurrió la primera vez que un chico me besó (con lengua, restregando sus babas contra las mías) y después del estupor inicial decidí montar un gabinete de crisis con mi mejor amiga y confidente para contarle aquel espantoso episodio. “Imposible”, -sentenció ella-. “Un tío no se empalma sólo por besar, sería el móvil”.
A principios del milenio la gente llevaba móviles muy grandes que lo único que tenían de móvil era el nombre, así que, aunque desconfiada, di por buena aquella versión de mi amiga a la que yo consideraba una gran conocedora del género masculino, no por su experiencia (escasa o nula como la mía), sino por la cantidad de hermanas mayores que tenía y en cuyas conversaciones las dos intentábamos husmear constantemente.
 Sobre erecciones
Pero volvió a pasar. Otro de los fines de semana en aquella discoteca que abría en horario juvenil y que se llenaba hasta la bandera de adolescentes hiperhormonados. Fue como si me clavaran un puñal: permanecí quieta, en silencio, conteniendo la respiración, mientras su lengua daba vueltas dentro de mi boca y sus babas se escapaban por la comisura de mis labios. ¿O eran las mías?
 
El pudor se apoderó de mí más que la anterior vez porque supe que el pobre aún no tenía móvil. Como nuestra relación de dos semanas iba viento en popa me dio su teléfono de casa para que lo llamase cuando no estaban sus padres –oh, bendito facebook-.
No dije nada, no toqué nada -dios me librase- y volví a convocar a mi querida amiga.
 
 Tía, eso se mueve, te juro que cuando me besa eso se levanta, lo noto.
  Diana, te digo que eso no pasa así porque los padres se besan a menudo y no hay en ello ni una pizca de sexualidad .
   Puede que sea un cerdo, un depravado mental, porque te aseguro que eso reacciona en cuanto me besa.
  Quizá lo calientes, -acertó a decir ella-.
  ¿Yo? ¿Cómo iba a hacerlo, si no le toco nada?
  En tal caso, eres una mojigata y él un enfermo. Mejor será que lo dejes.
No fue al momento, supongo que por aquello del primer amor, pero terminé dejándolo sin que el chico me tocase un pelo más allá de las horas de morreos contra la pared de la discoteca en medio de la penumbra. Nunca intentó nada, peo el pobre no podía evitar tener erecciones cuando nos besábamos.
Al cabo del tiempo y con algo de experiencia acumulada y la amplia bibliografía recogida de la Superpop y la Bravo, entre ambas dedujimos que era normal y que pasaba porque “les gustábamos demasiado los chicos” y no podían evitarlo.
El cielo parecía nuestro.
Fue así como aprendí a proyectar erecciones a la carta. Un entretenimiento que llevé a cabo en mis años de Universidad. Lo hacía cuando me daban la lata…pasaba  a su lado, bailaba con ellos y… voilà! Siempre tuve esa maldad de dominatrix y teniendo en cuenta que muchos hombres vienen de casa con elarma cargada, me gustaba dejar claro que yo no era una víctima fácil. Sino el conejito que se come al lobo.
Cuando los tenía a mi merced, pedía otra ronda.
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