Categoría: hombres

Un novio feo

El valor de un novio feo (marido, pareja, acompañante de verbena o amante ocasional) está muy por encima del de un novio guapo, el cual con su belleza parece dar por sentado que merece el privilegiado lugar que ocupa en nuestras vidas. No obstante, un novio feo representa el paroxismo del amor, la verdadera esencia de la profundidad de los sentimientos, el triunfo de la oruga sobre la petulante mariposa.
Vivimos una época de sobrevalorización de la belleza masculina (la femenina siempre ha sido objeto de adulación y explotación) lo que ha provocado que muchos hombres sientan la necesidad acuciante de ser más atractivos que sus compañeros de gimnasio, de trabajo, incluso que las mujeres a las que pretenden conquistar. Por eso, lo que es realmente hipster, alternativo y molón que te mueres, es echarse un novio feo.
En Galicia, donde estamos acostumbrados a crear tendencias que después todo el Reino asume como propias (empezamos con Franco, después vino la cocaína y ahora tenéis a Rajoy hasta que no probéis el licor café)  al novio poco agraciado lo llamamos “riquiño”, que es una palabra mucho más bonita y que además rima con otras como “pobriño” y “feitiño”. “Riquiño” es un adjetivo polisémico que significa buena persona, simpático, enrollado, majete… vamos, el feo de toda la vida. 
En un par de años los riquiños lo petarán en el Hombres, Mujeres y Viceversa.
Una de las principales ventajas de un novio feo es que la fidelidad, aún sin estar garantizada del todo, es más difícil de quebrantar. Un novio guapo es como el jamón de la tómbola: todas se lo quieren comer. El feo, en cambio, es ese peluche gigante que tienes que arrastrar toda la noche mientras las demás te miran con compasión. No os engañéis: la fidelidad masculina no es un asunto de sentimientos, es, ante todo, una cuestión de oportunidades.
Pero no sólo de fidelidad vive la mujer. El novio feo es también mucho más agradecido. A un novio guapo parece que hay que premiarlo por estar ahí, sin embargo, el feo sabrá ver quién de los dos es el afortunado. Esto es muy positivo para la correcta autoestima femenina, ya que garantiza una cierta seguridad mental muy importante para el equilibrio de la pareja.
El novio feo tiene la obligación moral de ser más listo y divertido de lo habitual. Un tipo poco atractivo debe ser culto y educado, refinado en los modales, inteligente y divertido. Oscar Wilde ya lo sabía cuando escribió El Retrato de Dorian Gray: “El intelecto es una forma de exageración en sí mismo y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que uno se sienta a pensar, se vuelve todo nariz, o todo frente, o cualquier otro espanto. Mira a los hombres de éxito en cualquier tema del saber.”
Puede incluso que sea apestosamente rico, lo que nunca está de más en la escala de follabilidad. Si todavía no lo es, investiga sus contactos, sus ambiciones y su curriculum: nunca se sabe cuando el feo puede dar el gran salto.
 
NOvio Feo
El sexo con un feo es mucho más placentero, porque en lugar de perder el tiempo eclipsándote en su belleza como una náufraga enamorada, prefieres que meta la cabeza entre tus piernas y que no salga de allí hasta haber cumplido su misión con éxito. El guapo tiene tendencia al cansancio precoz y, mucho peor, a follarse a sí mismo cuando lo hace contigo. TODOS los guapos saben que lo son, para algo han tenido abuela, madre y novias. El feo sólo tiene abuela y lleva años enterrada.
 
El feo no vive obsesionado con su físico ni te da la turra día sí y día también ,con la dieta de los cojones. El día que le dices a tu novio no-guapo que va guapo no tiene más remedio que creérselo: asunto zanjado. El feo sabe valorar tu sinceridad siempre que le convenga. El feo te ama.
 
La genética es selectiva y quiere mejorar la especie. La genética también te ama. (Es importante que te creas esto a la hora de ponerse con el apareamiento).
Pero, lo mejor de todo, es que la belleza y la inteligencia son dos constantes que evolucionan de forma totalmente opuesta. Mientras la belleza física se la tragan los años, la cultura y la riqueza espiritual no dejan de aumentar para el que ha sabido alimentarlas. Cuando te aburras como una ostra mirando como tu marido guapo se ha convertido en un viejo amargado, piensa que quizá el friki del colegio al que no quisiste besar, ha publicado varios de esos libros que ahora te emocionan cuando lees a solas. O igual es el tipo con más jeta de España y se hace platós como para comprarte el Zara de tu pueblo durante el Black Friday ése.
Y oye, que si el feo te sale gilipollas, tampoco hace falta que pierdas el tiempo pensando en sus bonitas facciones antes de mandarlo a la mierda y enrollarte con el cachondo del gimnasio.
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Yo soy yo y tus putadas

El mundo necesita de gente que haya sufrido. Los defensores del hedonismo como forma de vida no entienden que la profundidad humana deviene, precisamente, de la capacidad que tenemos para resistir las trampas del destino sin por ello perder la esperanza o las ganas de seguir viviendo. Y seguir viviendo es exactamente lo mismo que seguir sufriendo. Bienvenidos al mundo.
El autopadecimiento inducido, esto es, arrepentirse y fustigarse cada día por lo que nos ha hecho sufrir, no tiene más razón de ser que creernos dueños de algo que no tiene dueño, porque ni siquiera existe: el futuro. El futuro es una hoja en blanco que se escribe a través del presente.  Esto no significa perder cualquier tipo de control sobre nuestra vida, sino más bien, asumir que los planes no siempre salen bien. Aunque Hannibal se empeñe en demostrarnos lo contrario.
 
Si dependiese de cada uno de nosotros todo sería fabuloso: tendríamos el trabajo de nuestros sueños –y bien pagado-, una bonita casa en un lugar paradisiaco, el culo de Jennifer Lawrence y una pareja maravillosa, fiel y responsable que, además,  nos hiciese estar en las nubes con solo tocarnos la punta de los dedos. Eso, o un amante dispuesto a proporcionarnos placer y afecto a golpe de llamada.
Bien vale, pero esto no es el paraíso y los amantes tienen más preocupaciones, como atender a su esposa/o que espera en casa mientras tú regresas solo a la tuya. Pero el paraíso sólo tiene gracia, precisamente, porque es inalcanzable.
Tranquilos, no voy a soltar el típico discurso de que la adversidad te hace más fuerte, porque no sé si eso siempre es así, de lo que estoy convencida es de que, irremediablemente, las putadas nos hacen ser quiénes somos.  Éste es mi manifiesto a favor de todos los que me han hecho putadas sin menospreciar, por supuesto, las que yo he hecho. Mi santidad debe estar ahora debatiéndose en algún oscuro agujero cerca del infierno. O en Gargantúa.
Gracias a la profesora que me echaba de clase en parvulitos por pegar a otros niños. Si no llega a ser por ella sería más salvaje de lo que (ya) soy.
Gracias a los que de pequeña me contaban cómo enterraban a los gatitos vivos recién nacidos. Mi amor a los animales nace de la impotencia y la repugnancia profunda que me provocaban.
Gracias a los que han mantenido comportamientos machistas hacia mí desde que tengo memoria. Sin vuestra ayuda no tendría tan claro qué tipo de hombres (y mujeres) no quiero a mi lado.
Gracias al cura que, días antes de mi comunión, me confesó para que le dijese
qué hacía cuando estaba sola. Nunca valoré tan bien la mentira.
Gracias al niño que me dijo en el instituto que el piercing del ombligo me quedaba mal porque tenía barriga. La anorexia fue una travesía dura pero salí fortalecida.
Gracias a aquel endocrino que me trataba en Santiago y me amenazaba siempre con ingresarme y atarme a una cama. El acojone pudo más que la dieta.
Gracias a aquel chico del que me enamoré perdidamente en el instituto y prefirió a otra chica más guapa. Gracias por besarla delante de mis narices. Me bajaste mucho los humos.
Gracias a todos los que me machacaron con vaciles en la adolescencia. Desarrollé un discurso de destrucción al adversario más que funcional.
Gracias a aquellas niñatas superficiales y vanidosas de las que me rodeaba con 16 años. Aprendí de vosotras que el tinte rubio desde tan temprana edad afecta seriamente al desarrollo del cerebro.
Gracias a la que un día, después de una fuerte peleDISCUSIÓN, me insultó con su amplio léxico y amenazó (a mí) con tirarme por no sé dónde. Me vi obligada a cascarle a su novio que la había dejado preñada otro. Me dio una bofetada, pero está claro quién ganó. Paleta.
Gracias al profesor de matemáticas del instituto por obligarme a decir de qué me reía para toda la clase. Tuve que confesar que me reía de él. Aquel día recordé aquello de la mentira que había aprendido del cura.
Gracias a ese chico por contarme, un tiempo después de dejarlo, que estaba con una tipa ALTA, RUBIA, y de TETAS GRANDES. La verdad es que merecía que además me dijeses que era más lista que yo.
Gracias a aquella jefa que tuve en aquella mierda de televisión por ser tan sumamente altiva, mala profesional y peor persona. Sólo espero que la vida te devuelva el desprecio que tú infligías a los demás.
Gracias al Concello de Santiago por multarme más de 30 veces por no poner el ticket de aparcamiento porque alguien me dijo que “nunca llegaban”. Fue la pasta peor tirada de mi vida.
Gracias a la “dentista” que, con 23 años, me dijo que era probable que tuviese cáncer de huesos después de ver una radiografía de mis muelas del juicio. Afortunadamente, se equivocó. Pero me puso en una tesitura –durante un par de horas- que creí que nunca podría afrontar. Los cojones.
Gracias a aquel profesor que me pilló los apuntes debajo de la mesa en la Facultad y se empeñó en castigarme con el escarnio público. Consiguió que en septiembre me sentase en primera fila y sacase un sobresaliente.
Gracias a una persona que me mintió por puro miedo. Aprendí a ver más allá de lo que se supone bueno o malo. Y a ponerme en la piel de los demás. Y a perdonar sin matices.
Gracias al que me mintió por quedar bien, por salvar su culo, por hacerme creer que era alguien que no era, por convertirse en mártir del amor verdadero y las causas perdidas. Por ser tan sumamente cínico. Por subestimarme. (Sí vale, la mentira es positiva cuando le conviene a uno mismo, ¿no había quedado claro?)
 
Yo soy yo y tus putadas
Gracias a todos los que me dijeron que escribir era una pérdida de tiempo. Nunca había sido tan feliz perdiendo el tiempo.
Y no podía olvidarme de mi querido Partido Popular . Gracias por gestionar el peor gobierno de la historia de la democracia. Con vuestras fabulosas medidas, los “antisistema” han ahorrado una pasta en marketing.
 
Yo soy yo y tus putadas
 
De las putadas que he vivido –la mayoría pequeñas tragedias sin importancia a ojos de los demás- he construido parte de lo que soy ahora. Si todo hubiese sido de color de rosa no habría tomado los caminos que tomé, y no habría llegado hasta dónde ahora estoy. Ni hubiese conocido a muchas de las personas que hoy son imprescindibles. La mayor parte de las cosas que hacemos, las hacemos por pura necesidad. Quizá me hubiese ido mejor, o quizá no. Pero qué más da eso, si nunca lo sabré. Qué importa ahora el “¿y si?”.
Todos somos una combinación de lo que queremos ser, lo que parecemos ser y lo que nos rodea e interacciona con nosotros, lo que Ortega y Gasset definió como “mi circunstancia”. Lo que yo me divierto llamando “putadas”. Claro que no sólo nos ocurren putadas, pero, visto con perspectiva, los sucesos traumáticos acostumbran a tener preferencia en nuestra mente. Ése es el motivo de que evolucionemos más con el sufrimiento que con el confort. La necesidad agudiza el incendio. O algo así.
La segunda parte de la frase de Ortega, menos conocida, es “y si no la salvo a ella, tampoco me voy a salvar yo”. Es bastante obvio que Mariano suspendió filosofía.

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DOCE RAZONES PARA ODIAR EL SEXO

El sexo mola. El sexo es bueno. El sexo es sano.
¿Cuántas veces habremos leído y escuchado acerca de las virtudes de mantener relaciones sexuales con regularidad? A diario aparecen nuevos artículos de prestigiosísimos psicólogos, sexólogos y terapeutas de todo tipo que engrandecen las virtudes de tener sexo: que si es bueno para la depresión, que si quita los granos, que si va genial para el dolor de regla, controla el sobrepeso y la hipertensión, o que el semen embellece el cutis.
Pero ¿quién –que no crea en dioses, ni fantasmas, ni vote al PP- se ha atrevido a hablar de lo malo del sexo en pareja? Nadie. Porque nos empeñamos en vivir en la mentira, en disfrazarlo todo una ingenua ilusión de que la próxima vez será mejor. En decirle a nuestro amigo que hemos echado el mejor polvo de nuestra vida, aunque acabásemos la noche delante del youporn masturbándonos como monos.
Os presento una lista de los inconvenientes más frecuentes con los que me he encontrado a la hora de tener sexo.
1.     EL SEXO NO ES COMO EN LAS PELÍCULAS
Lamentablemente, la realidad es que suele ser bastante peor. Es harto complicado para una mujer disfrutar plenamente del sexo con una pareja nueva que no conoce su cuerpo y sus ‘puntos’ fuertes. Si la pareja es implicada esto se resolverá en las siguientes citas, pero, entonces, nos encontramos con el siguiente problema.
Kiss The Rain
A todos nos encanta retozar bajo la lluvia. Y si es en diciembre, mejor,
2.     EL SEXO COMPROMETE
El sexo sin compromiso no existe. El primer compromiso del sexo es tener sexo. Lo habitual es que después de la primera cita, venga una, y otra, y otra, y otra. A veces, incluso puede que salga una relación de ahí y, entonces, es cuando se jode de veras el equilibrio sexual conseguido.
3.     EL SEXO QUITA HORAS DE SUEÑO
El sexo nocturno es un error. Para mí el sueño es sagrado. La hora de la siesta también hay que respetarla. Mucho mejor el sexo matinal y llegar tarde al trabajo.
4.     EL SEXO CUESTA DINERO
No me refiero a los servicios de pago –que también- sino a todo aquello que implica tener una cita con la intención de acabar teniendo sexo: que si ropa nueva, que si una cenita, que si un hotel bonito. Todo gasto.
5.     EL SEXO ES MALO PARA LA SALUD
En mi habitual investigación de campo, he llegado a la conclusión de que aproximadamente el 90 por ciento de las personas sin pareja tienen sexo después de una noche de alcohol. Sexo y resaca suelen ir de la mano. Cuanto más necesitado estés, más carne de cañón serás para la cirrosis.
Pero incluso el sexo sereno tiene nefastas consecuencias para tu salud. Una de las más habituales es el picor/escozor de zonas bajas tras una noche loca o la acumulación de gases en el interior del cuerpo del sujeto receptor.
6.     EL SEXO CANSA
Como cualquier otra actividad física, el sexo es cansado. Volvemos a las películas del principio: tampoco es que nos vayamos a deslomar con increíbles piruetas que asombren a nuestro amante, pero a no ser que pretendas ser una estrellita de mar, el sexo también cansa.
7.     EL SEXO TE QUITA TIEMPO
No solamente resta horas de sueño, quita horas a cualquier otra actividad y las mujeres somos seres muy ocupados que acostumbramos a hacer mil cosas a la vez y gozamos con la acumulación de tareas. Pero…
8.     EL SEXO REQUIERE DEDICACIÓN EXCLUSIVA
Uno de los grandes inconvenientes del sexo es que te impide hacer cualquier otra actividad mientras estás a ello. Por ejemplo, yo puedo ver una serie mientras plancho la ropa o poner la lavadora al tiempo que controlo el pollo que tengo en el horno. Sin embargo, la tarea se complica mucho más cuando lo que tienes es una polla y no en el horno precisamente.
Claramente él quiere ayudarla en la cocina. Le va a dar la salsa carbonara.
9.     EL SEXO REQUIERE DE CONCENTRACIÓN
Para conseguir el ansiado orgasmo y por respeto a tu pareja es importante poner los cinco sentidos en el acto amatorio. La vez que mi primer novio me pilló viendo Gran Hermano mientras lo hacíamos (era la final de una de las primeras temporadas, y sí, matadme, lo veía) se indignó bastante.
10. EL SEXO TE OBLIGA A DEPILARTE
Evidentemente esto punto es opcional. Yo todavía no lo he superado.
11. El SEXO NO SE PUEDE PRACTICAR EN CUALQUIER LUGAR
En este país es imposible tener sexo tranquilo en ningún lugar público y a veces, incluso privado. El clima del norte no es como para ponerse a hacerlo al aire libre y practicarlo en el coche puede animar a mirones pajilleros ávidos de parejas necesitadas. La intimidad y las ganas de tener sexo no suelen ir de la mano.
Aquí, posando para el Google Maps.
12. EL SEXO EMBARAZA
Sí, amigos, el sexo embaraza. Y lo que salga de ese embarazo no siempre recompensa el coito. Del polvo que echaron Pattie y Jeremy nació Justin Bieber. Un embarazo no deseado es como las películas de Almodóvar : una tragicomedia. Y evitarlo cuesta dinero (volver al punto cuatro): preservativos, anticonceptivos femeninos, esterilización del animal en cuestión o viajes turísticos a Londres en compañías de bajo coste.
Si, a pesar de todo esto, queréis seguir teniendo sexo, entonces, podemos seguir siendo amigos.
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