Categoría: hombres

Yo soy yo y tus putadas

El mundo necesita de gente que haya sufrido. Los defensores del hedonismo como forma de vida no entienden que la profundidad humana deviene, precisamente, de la capacidad que tenemos para resistir las trampas del destino sin por ello perder la esperanza o las ganas de seguir viviendo. Y seguir viviendo es exactamente lo mismo que seguir sufriendo. Bienvenidos al mundo.
El autopadecimiento inducido, esto es, arrepentirse y fustigarse cada día por lo que nos ha hecho sufrir, no tiene más razón de ser que creernos dueños de algo que no tiene dueño, porque ni siquiera existe: el futuro. El futuro es una hoja en blanco que se escribe a través del presente.  Esto no significa perder cualquier tipo de control sobre nuestra vida, sino más bien, asumir que los planes no siempre salen bien. Aunque Hannibal se empeñe en demostrarnos lo contrario.
 
Si dependiese de cada uno de nosotros todo sería fabuloso: tendríamos el trabajo de nuestros sueños –y bien pagado-, una bonita casa en un lugar paradisiaco, el culo de Jennifer Lawrence y una pareja maravillosa, fiel y responsable que, además,  nos hiciese estar en las nubes con solo tocarnos la punta de los dedos. Eso, o un amante dispuesto a proporcionarnos placer y afecto a golpe de llamada.
Bien vale, pero esto no es el paraíso y los amantes tienen más preocupaciones, como atender a su esposa/o que espera en casa mientras tú regresas solo a la tuya. Pero el paraíso sólo tiene gracia, precisamente, porque es inalcanzable.
Tranquilos, no voy a soltar el típico discurso de que la adversidad te hace más fuerte, porque no sé si eso siempre es así, de lo que estoy convencida es de que, irremediablemente, las putadas nos hacen ser quiénes somos.  Éste es mi manifiesto a favor de todos los que me han hecho putadas sin menospreciar, por supuesto, las que yo he hecho. Mi santidad debe estar ahora debatiéndose en algún oscuro agujero cerca del infierno. O en Gargantúa.
Gracias a la profesora que me echaba de clase en parvulitos por pegar a otros niños. Si no llega a ser por ella sería más salvaje de lo que (ya) soy.
Gracias a los que de pequeña me contaban cómo enterraban a los gatitos vivos recién nacidos. Mi amor a los animales nace de la impotencia y la repugnancia profunda que me provocaban.
Gracias a los que han mantenido comportamientos machistas hacia mí desde que tengo memoria. Sin vuestra ayuda no tendría tan claro qué tipo de hombres (y mujeres) no quiero a mi lado.
Gracias al cura que, días antes de mi comunión, me confesó para que le dijese
qué hacía cuando estaba sola. Nunca valoré tan bien la mentira.
Gracias al niño que me dijo en el instituto que el piercing del ombligo me quedaba mal porque tenía barriga. La anorexia fue una travesía dura pero salí fortalecida.
Gracias a aquel endocrino que me trataba en Santiago y me amenazaba siempre con ingresarme y atarme a una cama. El acojone pudo más que la dieta.
Gracias a aquel chico del que me enamoré perdidamente en el instituto y prefirió a otra chica más guapa. Gracias por besarla delante de mis narices. Me bajaste mucho los humos.
Gracias a todos los que me machacaron con vaciles en la adolescencia. Desarrollé un discurso de destrucción al adversario más que funcional.
Gracias a aquellas niñatas superficiales y vanidosas de las que me rodeaba con 16 años. Aprendí de vosotras que el tinte rubio desde tan temprana edad afecta seriamente al desarrollo del cerebro.
Gracias a la que un día, después de una fuerte peleDISCUSIÓN, me insultó con su amplio léxico y amenazó (a mí) con tirarme por no sé dónde. Me vi obligada a cascarle a su novio que la había dejado preñada otro. Me dio una bofetada, pero está claro quién ganó. Paleta.
Gracias al profesor de matemáticas del instituto por obligarme a decir de qué me reía para toda la clase. Tuve que confesar que me reía de él. Aquel día recordé aquello de la mentira que había aprendido del cura.
Gracias a ese chico por contarme, un tiempo después de dejarlo, que estaba con una tipa ALTA, RUBIA, y de TETAS GRANDES. La verdad es que merecía que además me dijeses que era más lista que yo.
Gracias a aquella jefa que tuve en aquella mierda de televisión por ser tan sumamente altiva, mala profesional y peor persona. Sólo espero que la vida te devuelva el desprecio que tú infligías a los demás.
Gracias al Concello de Santiago por multarme más de 30 veces por no poner el ticket de aparcamiento porque alguien me dijo que “nunca llegaban”. Fue la pasta peor tirada de mi vida.
Gracias a la “dentista” que, con 23 años, me dijo que era probable que tuviese cáncer de huesos después de ver una radiografía de mis muelas del juicio. Afortunadamente, se equivocó. Pero me puso en una tesitura –durante un par de horas- que creí que nunca podría afrontar. Los cojones.
Gracias a aquel profesor que me pilló los apuntes debajo de la mesa en la Facultad y se empeñó en castigarme con el escarnio público. Consiguió que en septiembre me sentase en primera fila y sacase un sobresaliente.
Gracias a una persona que me mintió por puro miedo. Aprendí a ver más allá de lo que se supone bueno o malo. Y a ponerme en la piel de los demás. Y a perdonar sin matices.
Gracias al que me mintió por quedar bien, por salvar su culo, por hacerme creer que era alguien que no era, por convertirse en mártir del amor verdadero y las causas perdidas. Por ser tan sumamente cínico. Por subestimarme. (Sí vale, la mentira es positiva cuando le conviene a uno mismo, ¿no había quedado claro?)
 
Yo soy yo y tus putadas
Gracias a todos los que me dijeron que escribir era una pérdida de tiempo. Nunca había sido tan feliz perdiendo el tiempo.
Y no podía olvidarme de mi querido Partido Popular . Gracias por gestionar el peor gobierno de la historia de la democracia. Con vuestras fabulosas medidas, los “antisistema” han ahorrado una pasta en marketing.
 
Yo soy yo y tus putadas
 
De las putadas que he vivido –la mayoría pequeñas tragedias sin importancia a ojos de los demás- he construido parte de lo que soy ahora. Si todo hubiese sido de color de rosa no habría tomado los caminos que tomé, y no habría llegado hasta dónde ahora estoy. Ni hubiese conocido a muchas de las personas que hoy son imprescindibles. La mayor parte de las cosas que hacemos, las hacemos por pura necesidad. Quizá me hubiese ido mejor, o quizá no. Pero qué más da eso, si nunca lo sabré. Qué importa ahora el “¿y si?”.
Todos somos una combinación de lo que queremos ser, lo que parecemos ser y lo que nos rodea e interacciona con nosotros, lo que Ortega y Gasset definió como “mi circunstancia”. Lo que yo me divierto llamando “putadas”. Claro que no sólo nos ocurren putadas, pero, visto con perspectiva, los sucesos traumáticos acostumbran a tener preferencia en nuestra mente. Ése es el motivo de que evolucionemos más con el sufrimiento que con el confort. La necesidad agudiza el incendio. O algo así.
La segunda parte de la frase de Ortega, menos conocida, es “y si no la salvo a ella, tampoco me voy a salvar yo”. Es bastante obvio que Mariano suspendió filosofía.

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DOCE RAZONES PARA ODIAR EL SEXO

El sexo mola. El sexo es bueno. El sexo es sano.
¿Cuántas veces habremos leído y escuchado acerca de las virtudes de mantener relaciones sexuales con regularidad? A diario aparecen nuevos artículos de prestigiosísimos psicólogos, sexólogos y terapeutas de todo tipo que engrandecen las virtudes de tener sexo: que si es bueno para la depresión, que si quita los granos, que si va genial para el dolor de regla, controla el sobrepeso y la hipertensión, o que el semen embellece el cutis.
Pero ¿quién –que no crea en dioses, ni fantasmas, ni vote al PP- se ha atrevido a hablar de lo malo del sexo en pareja? Nadie. Porque nos empeñamos en vivir en la mentira, en disfrazarlo todo una ingenua ilusión de que la próxima vez será mejor. En decirle a nuestro amigo que hemos echado el mejor polvo de nuestra vida, aunque acabásemos la noche delante del youporn masturbándonos como monos.
Os presento una lista de los inconvenientes más frecuentes con los que me he encontrado a la hora de tener sexo.
1.     EL SEXO NO ES COMO EN LAS PELÍCULAS
Lamentablemente, la realidad es que suele ser bastante peor. Es harto complicado para una mujer disfrutar plenamente del sexo con una pareja nueva que no conoce su cuerpo y sus ‘puntos’ fuertes. Si la pareja es implicada esto se resolverá en las siguientes citas, pero, entonces, nos encontramos con el siguiente problema.
Kiss The Rain
A todos nos encanta retozar bajo la lluvia. Y si es en diciembre, mejor,
2.     EL SEXO COMPROMETE
El sexo sin compromiso no existe. El primer compromiso del sexo es tener sexo. Lo habitual es que después de la primera cita, venga una, y otra, y otra, y otra. A veces, incluso puede que salga una relación de ahí y, entonces, es cuando se jode de veras el equilibrio sexual conseguido.
3.     EL SEXO QUITA HORAS DE SUEÑO
El sexo nocturno es un error. Para mí el sueño es sagrado. La hora de la siesta también hay que respetarla. Mucho mejor el sexo matinal y llegar tarde al trabajo.
4.     EL SEXO CUESTA DINERO
No me refiero a los servicios de pago –que también- sino a todo aquello que implica tener una cita con la intención de acabar teniendo sexo: que si ropa nueva, que si una cenita, que si un hotel bonito. Todo gasto.
5.     EL SEXO ES MALO PARA LA SALUD
En mi habitual investigación de campo, he llegado a la conclusión de que aproximadamente el 90 por ciento de las personas sin pareja tienen sexo después de una noche de alcohol. Sexo y resaca suelen ir de la mano. Cuanto más necesitado estés, más carne de cañón serás para la cirrosis.
Pero incluso el sexo sereno tiene nefastas consecuencias para tu salud. Una de las más habituales es el picor/escozor de zonas bajas tras una noche loca o la acumulación de gases en el interior del cuerpo del sujeto receptor.
6.     EL SEXO CANSA
Como cualquier otra actividad física, el sexo es cansado. Volvemos a las películas del principio: tampoco es que nos vayamos a deslomar con increíbles piruetas que asombren a nuestro amante, pero a no ser que pretendas ser una estrellita de mar, el sexo también cansa.
7.     EL SEXO TE QUITA TIEMPO
No solamente resta horas de sueño, quita horas a cualquier otra actividad y las mujeres somos seres muy ocupados que acostumbramos a hacer mil cosas a la vez y gozamos con la acumulación de tareas. Pero…
8.     EL SEXO REQUIERE DEDICACIÓN EXCLUSIVA
Uno de los grandes inconvenientes del sexo es que te impide hacer cualquier otra actividad mientras estás a ello. Por ejemplo, yo puedo ver una serie mientras plancho la ropa o poner la lavadora al tiempo que controlo el pollo que tengo en el horno. Sin embargo, la tarea se complica mucho más cuando lo que tienes es una polla y no en el horno precisamente.
Claramente él quiere ayudarla en la cocina. Le va a dar la salsa carbonara.
9.     EL SEXO REQUIERE DE CONCENTRACIÓN
Para conseguir el ansiado orgasmo y por respeto a tu pareja es importante poner los cinco sentidos en el acto amatorio. La vez que mi primer novio me pilló viendo Gran Hermano mientras lo hacíamos (era la final de una de las primeras temporadas, y sí, matadme, lo veía) se indignó bastante.
10. EL SEXO TE OBLIGA A DEPILARTE
Evidentemente esto punto es opcional. Yo todavía no lo he superado.
11. El SEXO NO SE PUEDE PRACTICAR EN CUALQUIER LUGAR
En este país es imposible tener sexo tranquilo en ningún lugar público y a veces, incluso privado. El clima del norte no es como para ponerse a hacerlo al aire libre y practicarlo en el coche puede animar a mirones pajilleros ávidos de parejas necesitadas. La intimidad y las ganas de tener sexo no suelen ir de la mano.
Aquí, posando para el Google Maps.
12. EL SEXO EMBARAZA
Sí, amigos, el sexo embaraza. Y lo que salga de ese embarazo no siempre recompensa el coito. Del polvo que echaron Pattie y Jeremy nació Justin Bieber. Un embarazo no deseado es como las películas de Almodóvar : una tragicomedia. Y evitarlo cuesta dinero (volver al punto cuatro): preservativos, anticonceptivos femeninos, esterilización del animal en cuestión o viajes turísticos a Londres en compañías de bajo coste.
Si, a pesar de todo esto, queréis seguir teniendo sexo, entonces, podemos seguir siendo amigos.
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Ni un paso más, maricones

Hoy leo en la prensa como una pareja homosexual ha sido agredida en una playa de Almería al grito de “¡ni un paso más, maricones!”. El gañán en cuestión sufría lo que yo he bautizado como el ‘Complejo del Maricón Latente’, un tipo de individuo preocupado en exceso por la vida sexual o amorosa de los demás porque se avergüenza de su condición de homosexual reprimido.
El típico homófobo de toda la vida, vamos. El que se desquita de su hambre de sexo placentero a base de hostias e insultos a los que no padecen esa terrible enfermedad mental. El tonto de la clase. El votante de la ultraderecha. El cura pervertido. El maltratador. El envidioso. El reprimido. El puto acomplejado.
Y de acomplejados está el mundo lleno. Los golpes son el último recurso que encuentran cuando su pequeña psique no soporta más la felicidad de las personas a las que su presencia y opinión se la trae al pairo. Ellos son el enemigo: lo encuentran en todas partes. El que tiene la piel de otro color, la que defiende el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, el cree en la igualdad, los que se aman a cara descubierta.
maricones
El mayor problema de estos infelices es tener un hijo maricón. Por encima, incluso, de que padezca una grave enfermedad.
Un hijo maricón o una hija bollera es lo peor que le puede pasar al que gritaba “ni un paso más, maricones”. Supongo que debe de pensar que intentando asustar o agredir a todos los homosexuales con los que se cruce su descendencia no se contagiará de mariconismo.
Pues anda que no le queda trabajo al imbécil. Porque los maricones existen desde que el mundo es mundo, los hay en muchas especies animales y se reproducen –sorprendentemente- como una plaga bíblica. Siento deciros que el manido argumento de que “va contra natura” no encaja mucho en el reino animal, donde los animales son poco dados a la castidad y la abstinencia.
En el mundo humano, los podemos encontrar en cualquier ciudad, en cualquier pueblo, en cualquier lugar del mundo, incluso donde la homosexualidad está penada con muerte.
La homosexualidad no se cura. La estupidez absoluta, difícilmente.
Pero hay una gran diferencia entre el maricón, que nace, y el acomplejado, que  se hace. Y aquí, como casi siempre, la culpa es de los padres. Y de los educadores.
Desde el momento en que un padre o madre le prohíbe a su hijo o hija jugar con ciertas cosas porque “son de chica” o “son de niño”, evita determinados colores con supuesta carga de género en su vestuario, lo obliga a comportarse como una mujer (que limpie, abrillante y de esplendor) o como un hombre (que mire como su hermana limpia, abrillanta y da esplendor) o reprime sus sentimientos “llorar es de niñas”, están creando el germen de la homofobia, del odio entre sexos y de la represión sexual.
 New Year Photo Shoot
Solo una buena disposición a la cultura, una correcta educación en las aulas y sensibilidad, puede librar a los futuros adultos criados en estas circunstancias de no seguir con la penosa tradición de la homofobia, indiscutiblemente ligada también al machismo.
A lo que hay que añadir, casi siempre, un preocupante gusto por el regaeton, ‘Gran Hermano’, los coches de alta cilindrada y ‘Mujeres Hombres y Viceversa’.
Pero no os equivoquéis, los homosexuales no solo existen en Barcelona y Madrid. En cada pueblo, en cada pequeña ciudad hay gays. Lo que ocurre es que la intolerancia y el paletismo de mucha gente ha obligado a este colectivo a emigrar a las grandes urbes donde puedan actuar con libertad, sin ser juzgados por ello.
El éxodo gay es un drama invisible para los medios de comunicación.  Sin embargo, miles de personas han ido abandonando sus lugares de procedencia –con unas u otras excusas- para poder vivir alejados de las miradas inquisidoras de sus vecinos que no aceptan que la gente se ame como le salga de sus respectivos órganos sexuales.
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Afortunadamente para los ciudadanos de Pontevedra, nuestro ayuntamiento apoya visiblemente al colectivo homosexual. Este año, ha montado una exposición callejera con frases de escritores y periodistas entre los que tengo el Orgullo de estar.

maricones

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Cuando Alberto Ruíz Gallardón, ex alcalde de Madrid –que llegó a ser portada de la revista Zero- casó a la primera pareja homosexual en la capital, pocos sospechábamos que el moderado se convertiría en el ministro de Justicia del partido que quiere derogar el matrimonio homosexual para llamarle “otra cosa”.
El cinismo del Partido Popular no tiene techo.
Por si fuera poco, el ayuntamiento de Madrid, comandado por la ultraderechista Ana Botella, pretende silenciar los festejos del Orgullo Gay en la capital, con restricciones sonoras de todo tipo, castigadas con importantes multas para seguir civilizadamente la normativa municipal. Ésa que tanto se tuvo en cuenta a la hora de homenajear a Felipe VI, la misma que se usa para racionalizar el ruido durante las celebraciones futbolísticas del Real Madrid o de La Roja.
El Orgullo es, sin embargo, una de las fiestas más importantes de la capital, que deja, cada año, unos 110 millones de euros en la ciudad. Puestos a ser coherentes, bien podrían prohibir semejante algarabía homosexual. Los maricones no les gustan, su dinero les encanta.
Los acomplejados deberían entender que la homosexualidad no es un problema de ‘vicio’ sexual.
El sexo anal es una práctica muy extendida entre parejas heterosexuales y la diferencia entre metérsela a una mujer por el culo o a un hombre es, a efectos prácticos, más bien poca. Incluso hay hombres heterosexuales (viciosos endemoniados hijos de Lucifer) que disfrutan con su pareja de las virtudes anales.
Por no hablar de la cantidad de mujeres heterosexuales a las que les gusta hacer la tijerita. O de los hombres a los que les gusta mirar (creo que no me equivoco al afirmar que el porno lésbico triunfa como la Coca-Cola entre los hombres heterosexuales). O la repanocha: hay a quien le gusta un poco de todo.
Para que quede claro, la homosexualidad es mucho más que eso. Es amor. Es deseo. Es atracción. Del mismo modo que a los heterosexuales nadie nos pregunta por qué nos gusta una persona del sexo opuesto por qué cojones tiene nadie que cuestionar los gustos del otro: carne, pescado o revuelto de grelos y gambas.

Cada uno en su cama, y Dios en la de ninguno.
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