Categoría: hombres

Las despedidas de soltero y la indignidad humana

Cuenta la leyenda –y Google- que era costumbre entre los hombres de la Edad Media invitar al amigo que se iba a casar a una noche de fiesta en donde debía demostrar cuán enamorado estaba de su futura esposa mientras provocadoras mujeres tentaban su fidelidad poniendo a prueba sus instintos carnales. Partiendo de la base de que la mujer en la Edad Media no tenía voz ni voto, y era entregada al marido a cambio de una dote, el rigor histórico de esta afirmación que define a los medievales como hombres enamorados, queda un poco en entredicho.

Otra leyenda, repartida en varios foros, relata la historia de un alemán de condición humilde -del cual no he conseguido averiguar el nombre ni época histórica- al que su futuro suegro prohibió desposar con su hija negándole la dote a la niña. Viendo que su amor peligraba por falta de fondos, los amigos de la pareja decidieron organizar un crowdfunding para regalarles todo lo que necesitaban para su vida en común, y se encargaron, entre otras cosas, de financiar la tarima flotante y la ventana doble. Más o menos.

Empieza la época de bodas y, por tanto, la de las despedidas de solteros y de solteras

Empieza la época de bodas y, por tanto, la de las despedidas de solteros y de solteras. Una tradición tan arraigada en España que presupone que la semana antes de casarte con la persona a la que –supuestamente- amas tienes que alcanzar un estado cercano al coma etílico (los budistas lo llamaban Nirvanna), poner tu vida en peligro practicando varios deportes de aventura y follarte a alguien con alguna tara mental como guinda perfecta para tu bienvenida al matrimonio.

Todos, absolutamente todos, los hombres que conozco que reconocen haberse ido de putas –o haber entrado en un prostíbulo-, afirman haberlo hecho durante una despedida de soltero. Naturalmente, no era la suya y fue hace muchos años. El relato suele ser el siguiente: organizamos una despedida de soltero y para vacilar a fulanito que se casa pasado mañana; fuimos a tomarnos unas copas al puticlub, porque todo el mundo sabe que los cócteles más ricos los sirven en los prostíbulos de carretera.  El entrevistado suele terminar su exposición con un pero yo no subí, por supuesto.

España es un pueblo de tradiciones y acabar la noche de la despedida yéndose de putas es una costumbre que los hombres han aprendido de sus padres, y estos de los abuelos, que a la vez lo mamaron del tatarabuelo. Todos ellos fueron hombres responsables que siguen dando valor al oficio más antiguo del mundo. Y es que de los romanos aprendimos muchas cosas y construir acueductos no fue una de ellas.

Acabar la noche de la despedida yéndose de putas es una costumbre que los hombres han aprendido de sus padres

Irse de putas en la despedida de soltero se encuentra todavía en el limbo de la legalidad de pareja. La despedida de soltero confiere al futuro esposo cierto grado de inmunidad que le permite hacerlo sin que tenga que sentirse culpable, desgraciado y ruin. Son muchos los foros de internet en donde inocentes y cándidos chicos preguntan a otros si acostarse con alguien el día de la despedida podría considerarse infidelidad. Otros inocentes y cándidos jóvenes responden con un “no” o un “sí” dependiendo, básicamente, de lo que ellos hayan hecho en la suya.

Sin embargo, no sólo de putas viven los futuros esposos. Los servicios que ofrecen las empresas de despedidas de solteros y de solteras están llenos de alternativas variadas como boys, girls, strippers, body sushi (comerse este plato tradicional japonés sobre las tetas de una girl), tupper sex o bailes privados con final feliz.

Los deportes de riesgo son otra de las actividades que uno se verá obligado a hacer si quiere pasar por el altar. Paracaidismo, barranquismo, rafting, kayacs, puenting o paintball asegurarán que alguien llegue a la boda con una lesión medular irreversible.

Las despedidas de soltera no son menos indignas

Las despedidas de soltera no son menos indignas. Observo cómo lo habitual es que las amigas de la novia te saquen a la calle con un disfraz ridículo, una cinta de miss no sé que –que siempre adelanta que te casas- y una enorme polla de plástico sobre la cabeza. A partir de ahí, todo lo que te comas que tenga que ver con la despedida tendrá forma de pene: el pan, la tarta o al camarero brasileño. Espero que haya alternativa lésbica.

Pero lo peor, lo peor, son esas despedidas de soltera a las que alguien se le ocurrió la genial idea de invitar a la madre de la novia, la cuñada o LA SUEGRA que por supuesto, no sale desde 1993 y tienen ganas de polla. Y allí la ves, a la cabeza de la mesa del restaurante, a la pobre Ana María, de 41 años, vestida de ratona con un falo de goma rosa que no deja de bailar sobre su frente, mientras su suegra se hace selfies con el pan metido en la boca y la llama aburrida. Y entonces llega el boy en tanga que, por cierto, suele ser más feo que un dolor de parto –el boy y el tanga-, y coge a la novia para echarle nata por las tetas mientras su suegra le da cachetazos en el culo alegremente. Y en un ejercicio de vergüenza ajena te apiadas de la novia y de todas las novias del mundo, y decides que tú jamás le harías eso a una amiga.

Viendo cómo empezamos los matrimonios en España no es de extrañar que seamos el quinto país del mundo en número de divorcios. Según el INE, la edad media de duración de los matrimonios en España se sitúa en 15,8 años y el 61% de las parejas a las que ahora les pagamos el boy o la girl se divorciarán. La edad crítica está entre los 40 y los 49 años. Por eso yo soy de las que opina que nadie ha alcanzado la madurez suficiente para el casamiento antes de los 50 años. Este dato que puede parecer triste a ojos de románticos, refleja sin embargo una tendencia económica positiva, ya que los divorcios y separaciones subieron a niveles anteriores a la crisis, síntoma ineludible de que España va bien.

Así que si te toca divorciarte piensa que estás haciendo patria –da igual qué patria, lo importante es hacerla- y si te toca casarte, emborráchate tanto durante la cena de la despedida que no recuerdes jamás lo indigno de tus actos.

 

Artículo publicado originalmente en elnacional.cat http://www.elnacional.cat/es/opinion/las-despedidas-de-soltero-y-la-indignidad-humana_101458_102.html

Cosas de hombres

Muchos de vosotros habréis visto el domingo el primer cara a cara televisado entre Albert Rivera y Pablo Iglesias. El bar El Tío Cuco, en Nou Barris (Barcelona), fue el escenario para el debate, con un Jordi Évole que ejerció de árbitro y sacó unos cuantos titulares. El primero, es que la conversación en si misma, se convirtió en líder de audiencia con más de un 25% de share y trendig topic en la noche del domingo, algo nada sencillo teniendo en cuenta que había una gala de Gran Hermano e Ylenia de Benidorm es más conocida en este país que la Pasionaria.

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Los jóvenes políticos de las nuevas formaciones llamadas a cambiar el panorama del bipartidismo español hablaron de sus propuestas acerca del paro, la corrupción, el IRPF, la edad de jubilación, los salarios mínimos, la inmigración y Cataluña, claro. Apenas una mención sobre las cuotas de las mujeres.

Nada más. Lo esperable. Lo de siempre.

Si se hubiesen leído bien los datos de paro y pobreza se habrían dado cuenta de que la mayor desigualdad social –por número de personas afectadas- recae, precisamente, sobre nosotras, pero ni Iglesias ni Rivera ni los guionistas del programa, o el propio conductor, se acordaron de mencionarnos. Ayer mismo, la revista Papel, publicaba unos datos preocupantes respecto a la situación de las mujeres en España. Soportamos tres puntos más de paro que los hombres (la segunda tasa de paro femenino más alta de Europa), cobramos un 24% menos, tenemos peores contratos –el 70% son temporales-, condiciones laborales penosas, y vivimos parapetadas bajo techos de cristal que nos impiden llegar a altos cargos. Ser mujer en España incrementa un 12% el riesgo de ser pobre.

Además, la crisis nos ha adherido todavía más a los tentáculos pegajosos del hogar. Digámoslo ya, el Estado del Bienestar con el que se les llena la boca, somos nosotras. Un Estado de Bienestar que no se mantendría sin el sacrifico de las mujeres y que funciona gracias a la red de cuidados a personas dependientes que sigue recayendo, cómo no, sobre los hombros de las sufridoras, como tan bien titula el suplemento de El Mundo. Tampoco hubo un solo minuto –a diferencia de esos de silencio con los que acaparan fotos y portadas- para la violencia machista, aunque este año acumulemos ya 40 asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Un total de 800 desde que se empezaron a recoger datos oficiales, en 2003. La inversión en la lucha contra el terrorismo machista se ha visto mermada un 26% en cinco años, pero nuestros nuevos políticos están demasiado ocupados hablando de cosas de hombres.

Los dos varones llamados a renovar el país no hablaron tampoco de las ayudas a la maternidad, ni las mal llamadas Políticas de Conciliación, ni tocaron el tema del aborto en las menores de edad, ese detalle que nos encasquetó el gobierno del PP después de la retirada de la Ley de Protección del Concebido y de los derechos de la Mujer Embarazada.

Antes de poner el debate de la Sexta, también vi la previsión del tiempo en la Televisión de Galicia, que anunciaba más de 20 grados de máximas para Pontevedra a lo largo de toda la semana. 20 grados en Galicia, a mediados de octubre, y después de un fin de semana de completo bochorno con noches igual de calurosas a las de agosto. El adelanto del programa electoral de los nuevos políticos me ha dejado con la duda de que alguno de ellos contemple planes específicos para reducir emisiones y gestionar eficientemente los recursos ecológicos, cumplir los tratados medioambientales y promover y facilitar el uso de energías limpias. Ni el entrevistador ni los entrevistados, hicieron mención alguna el cambio climático, el mayor reto de la humanidad en este siglo, que golpeará fuertemente a España, y que ya está cambiando nuestro paisaje geográfico, agrícola y demográfico.

En relación a las mujeres, al cuidado del medio ambiente y a la propia economía, la semana pasada se cumplieron cuatro años de la entrada en vigor de Ley de Titularidad Compartida de las Explotaciones Agrarias, cuyo nulo impulso y promoción por parte de las administraciones, se traduce en un incremento de 136 mujeres copropietarias desde 2011. Para que os hagáis una idea de lo bochornoso de la cifra la ley esperaba beneficiar a unas 30.000 mujeres del campo. ¿El resultado? Más del 70% de la propiedad de las tierras sigue recayendo en los hombres, aunque el trabajo se reparta en los dos cónyuges por igual. El 43% del trabajo no retribuido en el campo le toca a las mujeres. Mujeres que se pasan toda la vida cuidando las tierras y los animales, además de la casa, los niños y los ancianos y que cotizan, exactamente, cero euros por su labor. No aparecen tampoco en las estadísticas de paro y, por supuesto, dependen económicamente de su maridos. Son cosas de chicas.

Rosa Montero publicaba el otro día en El País un artículo titulado “Una granja en el Ártico” y que, a pesar de su innegable interés, no recomiendo a corazones frágiles. Montero, citaba, a su vez, un artículo de Teguayco Pinto que señala que el cambio climático ha sido uno de los factores determinantes en el desarrollo de la guerra y posterior migración en Siria. “Científicos de la Universidad de California, demostraron cómo cinco años de sequía habían acabado con casi el 60% de la agricultura y matado a más del 80% del ganado en la región del Creciente Fértil del norte de Siria. Este colapso y la mala gestión de los gobernantes provocaron una migración de más de millón y medio de habitantes del campo a las ciudades y, a raíz de eso, conflictos y levantamientos que cristalizaron en una guerra. Los refugiados, en fin, no han hecho más que empezar.” La periodista nos traslada la escalofriante realidad: este mes de agosto ha sido el más caluroso en toda la Tierra desde que se guardan los registros. El anterior, fue el año pasado. Aunque no nos lo queremos creer, lo de la granja en el ártico es más una realidad plausible que ciencia ficción. ¿Pero de verdad a alguien le importa el aumento de las temperaturas, la desertización de la tierra, la polución en las grandes ciudades, la subida del nivel del mar o los desastres ecológicos? No seáis histéricas, eso son cosas de chicas.

El cambio climático no vende. Las mujeres no vendemos. A nadie le preocupa nuestra casa, ni las cuidadoras de la misma. No estamos en la agenda política, ni en las tertulias televisivas. Nos matan, y no protestamos. La tierra y la mujer. Hogar y patria destruidas. Pero ellos están demasiado ocupados hablando de cosas de hombres.
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Twitter es el nuevo Audi

Cuando tenía 18 años, en mi primer año de universidad, un chico se me acercó en un pub y me dijo que le gustaba y que le parecía muy guapa. Agradecida por el cumplido, le comenté que tenía novio y que lo nuestro no podía ser. A pesar de que era cierto que tenía pareja, la verdad es que no me hubiese ido con él ni aunque estuviese sola. La cosa podría haber acabado ahí, hasta que el elemento decidió sacar la artillería pesada para conquistarme. Sonriendo, y sobradamente convencido de sus posibilidades, me mostró las llaves del Audi y me espetó “si te vienes conmigo, te lo dejo conducir”. Después de mi reiterada negativa -e indignación-, el chaval se quedó con las llaves del coche de su padre en la mano y mi más absoluto desprecio de zorra adolescente.

Tener un coche de alta gama, aunque tuviese más años que tú o se lo hubieses robado al abuelo, era una condición que aumentaba las posibilidades de follar a los chavales hasta hace no demasiados años. Un Audi o un BMW podía compensar la altura que faltaba o mejor, las luces. Ayudaba a parecer interesante e incluso podía alargar penes. En plena época de bonanza económica, los vehículos de gran cilindrada y anchura de llantas, llegaron a sustituir al mítico “tengo tierras” de toda la vida.

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Pero esto es cosa del pasado. Ahora somos pobres y la follabilidad se mide en seguidores de twitter.

Es evidente que el flirteo se ha trasladado en gran medida de la calle a las redes sociales. Cada vez más personas encuentran pareja sexual o sentimental por las redes, y no sólo en aquéllas dedicadas exclusivamente a tal fin. A pesar de la invasión de nuevas redes sociales, Twitter y Facebook siguen cortando el bacalao por ser las más populares y con mayor número de usuarios. Si hace un tiempo tener muchos amigos en Facebook significaba ser el puto amo, ahora parece simple consecuencia de una falta de criterio para agregar a desconocidos y hacerlos pasar por amigos.

Sin embargo, Twitter, el reino del ego, se mueve por seguidores a los que no debes un follow por correspondencia. De hecho, tu popularidad aumentará a medida que ignores a cuánta más gente te siga. Twitter es una red social basada en la pura arrogancia, el despotismo, la envidia y demás características intrínsecamente relacionadas con la humanidad. Es muy fácil que cualquiera a quien no caigas bien te fulmine para siempre después de un comentario crítico hacia su persona. Cuando le dije a un señor que acumula miles seguidores y cuyo oficio más conocido es retuitear noticias, que comparar a Julián Muñoz con algunos dictadores como Pinochet, me parecía excesivo, me respondió con un frío block.

Cuando le digas a alguien que tienes twitter –o si intentas contactar por esta red- ten en cuenta que lo primero que hará, indefectiblemente, será chequear el número de seguidores que tienes. Si te preocupa parecer interesante, empieza a ahorrar para comprar followers chinos al por mayor. Creo que a Rajoy le sobran unos cuantos.

No es la primera vez que escucho –lo prometo- “algo debe de tener cuando le siguen semejante cantidad de personas” como un comentario súper positivo hacia alguien. Hemos llegado al punto de que miles de seguidores en twitter pueden equipararse en mérito a haber escrito una novela en arameo o acumular cinco licenciaturas en una universidad no española.

Después de la época del milagro económico de España en que hasta el más espabilado debía hipotecarse para pagar el tubo de escape doble, llega otra, no menos patética, en que la apariencia económica se ha trasladado a la fachada intelectual. Las hijas e hijos del 15M queremos ser vistos como personas cultas, admiradas por profundas reflexiones que compartimos con etiquetas reivindicativas e ingeniosos chistes, lanzados desde el salón de casa de nuestra madre. La pobreza agudiza el ingenio. Y el tiempo libre, también.

Los chicos que triunfan ahora entre las nenas tienen barba, posan en fotos en blanco y negro, y de su brazo sale siempre una bandera republicana o un instrumento musical. En casos graves, un puño en alto. El aspecto desaliñado y de pobre de puerta nos pone, porque nos dice que detrás de esa imagen cuidadosamente descuidada, hay un nuevo líder político de alguna plataforma ciudadana ecologista y marxista que acabará por destronar el capitalismo y devolverá el poder al pueblo.

¿Pero sabéis qué? En los asientos del Audi, por lo menos menos, se podía follar.