Categoría: feminismo

¿ Para eso estudiaste ?

Toda la vida criando callo en los codos para que luego mis padres vean a Cristina Pedroche en bragas saliendo one more time por la televisión y me digan “mira a ésa, ¿ para eso estudiaste ? ” Mis padres están indignados porque las presentadoras salen medio desnudas, los programas del corazón copan las parrillas y el frikismo ha llegado a niveles de arrancarse los ojos con la pinza de depilar.  Deberían estar tranquilos, hace mucho tiempo que no veo la presentación de programas como una salida profesional.
El problema no es que Cristina Pedroche enseñe las tetas, las bragas o lo que le de la real gana. El verdadero problema es que Cristina Pedroche hace de tonta del culo. Concretamente, de tonta del culo enseñando las bragas. Y de esos ejemplos tenemos demasiado en los últimos años: Patricia Conde, Pilar Rubio, Berta Collado o, en su versión más fina, Sara Carbonero. El marketing televisivo necesita de tontas del culo guapas dispuestas a enseñarlo todo por la gloria del pantallazo. Ellas ya se encargan de poner el altavoz en sus redes sociales regalando desnudos al mayor número de followers posibles.  Y eso, amigos, es muy peligroso. 
No se trata ya de mercantilización del cuerpo de la mujer –cosa obvia- porque tontos del culo también los hacen a ellos (“Quién quiere casarse con mi hijo”, “Adán y Eva”, “HMV”), sino, y por encima de todo, de un mal común a nuestro tiempo: el empacho de ego con el que estos personajes necesitan vivir cada día. Y el impacto que eso tiene en las personas que se encuentran al otro lado de las pantallas (adolescentes, en la mayoría de los casos) recibiendo esta sobredosis de tontos del culo hedonistas todo el puto día.
chico desnudo playa
No dudo de la inteligencia de esta chica, y no creo que enseñar las bragas exima a nadie de ser una persona lista. Lo que sí puedo hacer es analizar sus actos, porque lo que ella hace como ídolo de masas repercute en su público. Desde que la jovencísima Cristina apareciera en televisión allá por 2011 de la mano de una conocida cantera de tontas del culo, no ha dejado de interpretar el papel que tan lamentablemente diseñaron para ella por ser guapa. Lejos de reconducirse con los años, lo que la presentadora ha hecho ha sido explotar hasta la saciedad su imagen en pro de papeles de lo más casposos en televisión y radio. Los miles de seguidores que acumula en RRSS reciben cada día el regalo del visionado de su cuerpo y su intimidad expuestos como un bonito regalo de Navidad en el escaparate de una juguetería. Cientos de comentarios machistas y violentos (del tipo “quiero violarte”) se acumulan bajo cada foto junto a otros que juzgan su peso o sus habilidades profesionales. Todo eso no es más que el reflejo de lo que muchas mujeres sufren a diario en la calle: ser tratadas como pedazos de carne sobre la que todo el mundo tiene derecho a opinar.
Cristina, Miley y cada vez más chicas famosas, han picado en el anzuelo de que enseñarlo todo es sinónimo de transgresión. Mucho me temo que los selfies y los desnudos darán paso a una dolorosa travesía del desierto cuando todas ellas dejen de soplar las velas del patito. Y llegarán las nuevas hornadas para seguir haciendo lo mismo. El mensaje es claro: para qué coño estudiar pudiendo enseñar.
¿ Para eso estudiaste ? MILEY CYRUS
Obviamente, cada uno elige hacer con su cuerpo lo que le de la gana (para algo es suyo) pero la intrascendencia/banalidad con la que se trata la piel de uno mismo merece ser criticada. Es como si nuestro cuerpo ya no valiese nada. Sin embargo, cada vez vemos más noticias de chicas que son extorsionadas por alguien que accedió -en la mayor parte de los casos con consentimiento previo- a sus fotos íntimas. A veces pienso que lo que les lleva a hacer esto es una cuestión de inconsciencia, de infantilismo, o de puro ego, porque estoy convencida de que si la mayoría de esas chicas se encontrasen a solas en una habitación con las personas que están detrás de las pantallas se lo pensarían mucho antes de quitarse la ropa.
 
Otro de los problemas que acarrea la sobreexposición de cuerpos en las redes sociales es que crea el binomio perfecto entre belleza y falta de cerebro. Es una fórmula que a la televisión y al entretenimiento lleva años funcionándole. La inmensa mayoría de las mujeres bellas que aparecen en los programas y los videoclips cumplen el papel de comparsa y tonta-del-culo, lo que incide tanto en la autoestima de las chicas “feas”, como en la de las guapas que desean dedicarse al espectáculo.
Por supuesto, la belleza no está reñida con la inteligencia. Ni Ana Pastor, ni Mamen Mendizábal (o incluso Susanna Griso) tienen que hacer de tontas para salir en la tele. Y tampoco hay que ponerles una manta en la cabeza y obviar su belleza. Todas ellas en diferente modo han sabido priorizar su carrera profesional sobre su belleza, aprovechando también que el medio les es agradecido. Supongo que no es fácil lidiar con todo cuando tus compañeros hombres que se dedican a la información ni son guapos, ni son juzgados por ello.
Cuando Lena Dunhan sale desnuda en Girls (una y otra vez) no nos cuestionamos la inteligencia de Hannah porque el desnudo no está pensado para poner a nadie cachondo. La serie está dirigida básicamente a un público femenino, conocemos a la protagonista y sabemos que es una mujer con ambiciones. Lo que Lena busca es hacernos reflexionar sobre las muchas realidades del cuerpo de la mujer que rara vez se exponen más allá que de una manera puramente marginal. El autohomenaje que se hace Lena en casi todos los capítulos (teniendo sexo, duchándose o simplemente paseándose desnuda) no saca al espectador de la trama sino, más bien, lo pone en la piel de la protagonista.
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Cuando todo el rato vemos a chicas bonitas sin nada que decir, mostrándose como mercancía obviamos la mayoría de las realidades femeninas que nunca saldrán si no es para hacer mofa (la amiga graciosa), mientras que convertimos a las guapas en esclavas de algo que no debería ser negativo. La infame invasión de tontas y tontos del culo no sólo esta pervirtiendo la belleza, sino, y lo que es peor, la inteligencia.

(Ojalá un papel en Girls antes que unas campanadas)

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LA NO-MADRE (Cuando seas madre, lo entenderás)

Virginia Woolf, Chavela Vargas, Simone de Beauvoir, Frida Khalo, Evita Perón, Rosa Parks, Clara Campoamor o Emmy Noether (considerada la matemática más importante de la historia) fueron mujeres luchadoras, adelantadas a su tiempo, inteligentes, grandes creadoras y pensadoras, defensoras de la igualdad entre sexos, y ninguna fue madre. Algunas por decisión propia y otras porque nunca pudieron tener hijos, el hecho, es que todas han aportado contribuciones importantísimas a la cultura, el desarrollo de la humanidad o los derechos sociales. Y ya nadie se atreve a ponerlo en duda.
 
MADRE
Rosa Parks
 
MADRE
Virginia Woolf
A ninguna de ellas le hizo falta parir para demostrar lo que valían, pero eso no quiere decir que no tuviesen que enfrentarse a las convenciones y críticas de su época por no haber traído hijos al mundo. Desgraciadamente, a día de hoy, una mujer que por propia voluntad decide no tener hijos, y lo manifiesta abierta y rotundamente, es tachada de “egoísta”, “vaga”, “inútil”, “marimacho” o, incluso “loca”. Los estándares sociales siguen sin encajar que una mujer fértil se niegue a tener hijos. (Para qué es si no, mujer?)
 
Y el argumento más esgrimido de la historia, de los que intentan convencernos a las que no lo tenemos muy claro –la mayoría madres, obviamente- es que “piensas así porque no eres madre”. Acojonante. Tú no quieres ser madre y el problema es que no quieres, precisamente, porque no lo eres. Vamos a ver, esta teoría se podría aplicar al ateísmo “piensas así porque no tienes fe” o a la heterosexualidad “piensas así porque nunca lo has probado”. La diferencia entre estas dudas es que la espiritualidad y la heterosexualidad se pueden poner a prueba un domingo de misa (ambas); no obstante, un niño traído al mundo es imposible ser devuelto si no te convence porque la cigüeña solo conoce el puto camino de ida.
Seamos sinceros. Esta recomendación es una burda manipulación para conseguir compartir penas y repartir la mala hostia entre otras almas. A mí no me la dais. Funciona exactamente igual que los negocios piramidales donde lo importante no es vender, si no conseguir a otros pringados que sigan buscando víctimas. Y así, hasta el fin de los días. Cuando un madre consigue convencer a otra mujer de que sea madre ya no tendrá que bajar sola al parque, y podrá compartir sus temas de conversación preferidos con alguien que la entiende: teta-caca-pis-fiebre. Malditas manipuladoras.
No he conocido a la primera mujer que quiera ser madre que haya tenido que justificarse por sus deseos. Si acaso, con un “es el sueño de mi vida” o “Luis y yo estamos súper preparados” el tema queda zanjado. Ahora bien, cuando una mujer “en edad de merecer” dice que ella no quiere tener hijos, todos los ojos se clavan sobre la rarita que tiene que explicar el por qué de tamaña afrenta.
Para facilitaros las respuestas a los que pongáis en duda la capacidad mental de las no-madres os paso una detallada lista de los motivos que se repiten siempre que hablo con amigas que ya tienen muy clarita su decisión de no alumbrar.
  • Porque no me gustan los niños.
  • Porque no se me dan bien (los niños) y me ponen nerviosa.
  • Porque me dan miedo los problemas que puedan tener.
  • Porque no tengo tiempo ni quiero sacarlo de otras actividades.
  • Porque no quiero convertirme en una psicópata de las vitaminas, las reuniones del APA y la conveniencia del trilingüismo infantil.
  • Porque todavía no he encontrado a la persona adecuada que pueda ejercer de padre. Y a este paso encuentro antes a Wally.
  • Porque soy tan feliz con mi pareja que paso de complicarlo.
  • Porque me importa más mi vida laboral/social y la maternidad –desgraciadamente- va a suponer renuncias. Porque me siento completa.
  • Porque viajo demasiado. Y los niños no caben en el equipaje de mano.
  • Porque me quedan muchas cosas que hacer antes de dar el paso.
  • Porque podría poner en riesgo mi salud. 
  • Por problemas económicos. O simplemente, porque no quiero tener problemas económicos.
  • Porque no lo hice antes y creo que ya no es el momento.
  • Porque considero que no seré una buena madre. Por pura responsabilidad.
  • Porque temo que me salga un cabroncete y no quiero sentirme culpable. (Hitler también era hijo de alguien).
  • Porque no quiero pasarme los próximos treinta años de mi vida preocupada.
  • Porque no le tengo miedo a la soledad.
  • Porque amo mi libertad sobre todas las cosas.
Seguro que en esta lista encontráis reflejados la mayor parte de los argumentos que utiliza una mujer que no quiere ser madre. Lamentablemente,  también hay muchas mujeres que quieren serlo y no pueden. Pero a ellas sí las comprendemos todos: se llama empatía. Pero yo tengo la sensación de que falta un poco de didáctica con respecto a este otro tipo de mujeres, tan mujeres como las que tienen hijos, o los desean, y que renuncian a la parte reproductiva de su ser para dedicarse a otros menesteres por propia voluntad. Y sin hacer daño a nadie.
Si hay algo que me mosquea en particular es la manía de lo que yo he llamado “las madres coraje”, algunas son las nuestras, las que nos recuerdan día a día lo luchadoras que son porque tienen hijos (unosputosdesagradecidosegoítaschupavidas). Sin ponerlo en duda, me he preguntado muchas veces: ¿y a mí qué  me cuentas? ¿acaso te he obligado yo a tener hijos? Entonces ¿Por qué te empeñas en que yo los tenga?
Y entonces, encontré la respuesta: Nuestras madres ya han llegado a esa edad en que están completamente convencidas de que los hijos les hemos jodido la vida. Y ahora, urden su venganza. Disfrazadas de entrañables abuelitas nos presionan para que tengamos hijos haciéndonos creer que seremos súper felices, cuando lo que quieren, precisamente, es observar cómo el pequeño demonio nos la jode a nosotros. Para algo los malcrían, hay que amortizar los gastos.
 
MADRE
Recuerda: yo soy la buena. Y no te gastes los 20 euros en porros.

Cuando seáis madres, me entenderéis.
 
PD: Un saludo a mis amigas madres o casi madres. (En realidad me encanta aprender sobre tipos de cacas, lo juro).
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Gracias a #machismopúblico por joder al FEMINISMO

Hace justo siete días una joven de 20 años denunciaba haber sufrido una agresión sexual en Málaga, supuestamente acontecida en el transcurso de la Feria de la ciudad. Lo demás ya lo sabéis: de circo mediático a archivo del caso en dos días. La justicia tiene, en principio, la razón –no hace falta que enumere la cantidad de casos en que no la tiene, véase, la inculpación de Dolores Vázquez en la muerte de la también malagueña Rocío Wanninkhof- pero dejadme que yo me quede con la duda de que esta chica, que no conocía de nada a sus supuestos agresores, tuviese intención alguna de arruinarles la vida. Una violación es, probablemente, el delito más difícil de denunciar, porque sitúa a la víctima en la desconfianza social hacia ella y pone de manifiesto la cultura apestosamente machista que hay en torno al sexo “a ver si al final andaba provocando y le dieron lo que quería”. Esto,  más o menos, es lo que se acabó diciendo de la joven de Málaga. Que, por cierto, no fue el único caso denunciado de violación múltiple este fin de semana. Otra joven de Gandía fue supuestamente violada por tres individuos en el interior de un coche.
El problema es, básicamente, que la gente –las propias agredidas la mayor parte de las veces- no sabe aún lo que es una violación. Demasiadas películas dibujan la violación como un acto casi erótico que ocurre cuando un guapo desconocido te empuja encima de un coche en mitad de la noche y te arranca las bragas para echarte el polvo de tu vida. La mayor parte de las violaciones no ocurren en la calle –y menos aún por guapos desconocidos- sino en el seno de la familia, la pareja y las relaciones sexuales consentidas. Y aquí es donde me gustaría que se guardase más cautela con el caso de Málaga. Que yo, mujer, me quiera follar a un tipo –o a dos o a tres- no significa que quiera hacer todo lo que ellos me pidan, que no quiera parar en un momento dado porque me estoy arrepintiendo, que me encuentre en un estado de intoxicación propenso para que abusen de mí -caso bastante probable en Málaga- o que apruebe que me graben mientras mantengo sexo. Os recomiendo que leáis estos dos artículos “Qué es la cultura de la violación” y ‘Yo quería sexo, pero no así’.
Que en un país donde se mata a mujeres día si y día también por culpa de la violencia machista se banalice con la violación es de juzgado de guardia: muchas mujeres que conozco y yo misma, reconocemos haber sido agredidas sexualmente alguna vez en nuestra vida –y no, no me refiero al baboso que te toca el culo en la discoteca- y ninguna ha denunciado. Denunciar que alguien con quien te fuiste a la cama voluntariamente, tu pareja, tu padre o tu hermano han abusado de ti NO ES FÁCIL. Y, por si seguís con las dudas, a los datos me remito: menos del 2 por ciento de las denuncias por violación resultan ser falsas, mientras que más de 60 por ciento de los casos jamás se denuncian. Y a pesar del bajo número de denuncias, España está en el top 25 de países con más violaciones al año, justo por debajo de Perú y por encima de Zimbabwe.
Este hecho tan serio no es más que una de las múltiples demostraciones de la violencia contra la mujer que se vive en España, un país donde ya alcanza cotas institucionales: el alcalde de Málaga preocupado por la imagen de las fiestas después de la supuesta violación y el de Valladolid porque una mujer no se rompa el sujetador mientras va con él en ascensor (éste último ha salido hasta en The Guardian).
Y de ahí hemos pasado, casi sin despeinarnos, a trending topic por hacer bromas sobre el feminismo. La ocurrencia de una chica que se propuso denunciar todos las situaciones de ‘machismo’ a las que se enfrentaba día a día a través de la etiqueta #machismopublico se ha convertido en un insulto al feminismo y a la inteligencia y ha conseguido cómo no, alejarnos un poquito más de los hombres en la lucha común contra la violencia machista.
Ofendida por semejante insulto a su cultura postfeminista (nunca he entendido a las postfeministas, lo siento, yo soy una simple feminista) lo publicó en twitter consiguiendo, como no, el escarnio público de miles de hombres –y muchas mujeres- junto con feroces defensas de su causa por parte de alguna otra que aún no sabe lo que es sentirte agredida por la cultura machista. Otra cosa no, pero a los españoles, en ingenio, no nos gana ni Dios. Así que todos nos hemos echado unas risas a costa del pobre infeliz que decidió invitar a un café a la creadora del #machismopúblico:
Sara, gracias. Gracias por conseguir que miles de personas se estén burlando del feminismo como si fuese la causa estúpida e infantil de unas cuantas mujeres histéricas que odian a los hombres sólo por el hecho de serlo. Vamos, lo mismo que hacen los machistas y misóginos, pero al revés. Estoy bastante hasta los ovarios de escuchar burlas e insultos por parte de hombres que, lamentablemente, piensan, como tú, que el feminismo es lo mismo que el machismo: la supremacía de las mujeres por razón de sexo y la denostación del género masculino porque sí.  O “porque hay un chico que quiere ligar conmigo y me apetece llamar la atención”.
Esto es MASCHISMO PÚBLICO, Sara. Un machismo que yo sí he vivido. Ojalá tú tengas que preocuparte sólo de que no te inviten a un café.
1. Que tus padres –educados en otra cultura, obviamente-, te digan cosas como que eres tú la que debes hacer las tareas de casa y servir a tus hermanos varones por ser mujer, que tienes que volver más pronto a casa porque eres mujer, que debes volver siempre acompañada de algún chico –novio o amigos- para evitar que abusen de ti, que nunca debes beber más de la cuenta porque eso supone que puedan abusar de ti, que cuidadito con a quien te follas porque nunca debes olvidar que una mujer es siempre una mujer (y la línea entre mujer y puta es muy endeble). Que va siendo hora de que sientes la cabeza y tengas hijos porque eres mujer, y la función primordial de una mujer es la reproducción.
 
2. Temer hacer cualquier cosa en el instituto con alguien que te gusta, porque ya a esas edades los chicos y las chicas insultan a otras chicas con palabras como “puta”, “zorra”, “cerda” o “comepollas” –viva la grandeza del lenguaje español-. Que enrollarte con más de uno un fin de semana sea motivo de hacerse conocida por facilona, mientras que al chico que se enrolló con quince se le aplauda por campeón.
 
3. Haber padecido un trastorno de la alimentación en la adolescencia por un comentario de un chico acerca, cómo no, acerca de tu físico.
 
4. Que en el trabajo cobres menos por hacer lo mismo que tus compañeros chicos. Que tus compañeros de trabajo (jefes, incluso) hagan comentarios en voz alta sobre tu cuerpo cada vez que te levantas para coger algo en la impresora.
 
5. Que un tipo con el que te has acostado te obligue a hacer cosas que no quieres porque ya te has metido con él en cama y ahora, te jodes. No haber sido tan puta.
      (…)
     100. QUE EN ESTE PAÍS SE EDITE UNA GUÍA PARA ENSEÑARNOS A LOS MUJERES A NO SER VIOLADAS EN LUGAR DE ENSEÑAR A LOS HOMBRES A NO VIOLAR.
Esto, Sara, es machismo. Haberle dicho que te gusta té.