Categoría: feminismo

No es país para coños

Hola amigas y amigos!

Gracias. Gracias por haberme seguido todo este tiempo desde que abrí el blog en diciembre de 2012. El 6 de octubre saldrá a la venta mi libro, No es País para Coños. Se trata de un ensayo feminista en clave de comedia -no podría ser de otra forma- sobre lo que significa ser mujer en España, en el siglo XXI. En este trabajo, editado por Península (aplaudo con el coño) analizo la situación de la mujer en España desde la perspectiva histórica, social, sexual, amorosa, sanitaria, de amistad o laboral, y me ha “robado” muchas horas durante el último año. En breve anunciaré calendario de presentaciones en Madrid, Barcelona y Galicia. http://www.planetadelibros.com/autor/diana-lopez-varela/0000648

 

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Mientras, y desde hace algunos meses, podéis leerme en Elnacional.cat los martes http://www.elnacional.cat/es/firmas/diana-lopez y en Diario de Pontevedra los viernes http://diariodepontevedra.galiciae.com/blogs/suspenso-en-religion

Gracias por estar ahí. Los coños unidos jamás serán vencidos!

 

TETAS

Hace unas semanas, el profesor Luciano Méndez, de la facultad de Económicas de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), le pidió a una alumna que se pusiese en la última fila porque su escote lo desconcentraba. Entre las múltiples –y reiteradas– perlas que pudo escuchar toda la clase, el docente señaló no entender cómo uno no podía salir desnudo a la calle y, sin embargo, todavía no existía legislación alguna en España sobre la medida del escote de las mujeres. Lo cierto es que la indumentaria femenina sí está regulada en muchos países del mundo, de esos a los que habría que mandar a tipos como Luciano para que no tuviesen tetas cerca con las que desconcentrarse.

Ante las protestas del resto de alumnos y las acusaciones de machista, al troglodita de turno no se le ocurrió defenderse con otra expresión mejor que “si fuese machista te habría pegado una hostia”. Fue entonces, cuando varias estudiantes abandonaron la clase de matemáticas y seis de ellas presentaron denuncia ante la Secretaria Xeral de la Universidade de Santiago. A partir de entonces, la USC inició un procedimiento de investigación durante el cual se entrevistó con las partes para verificar la autenticidad de los hechos. Como medida cautelar, la Universidad trasladó a la alumna (la víctima) de grupo, y dejó que Méndez siguiese dando clase normalmente.

Tres semanas después del incidente, el 11 de marzo, Luciano Méndez, escribía en La Voz de Galicia un artículo con el objeto de manifestar públicamente su postura sobre la polémica, con un discurso en el que se autoproclamaba una persona valiente y con criterio, y se atrevía a compararse con Javier Krahe, en una extraña analogía por la búsqueda de la autenticidad en este mundo de mierda hiperpolíticamente correcto. Su artículo, en el que reconoce los hechos, es una bonita apología del machismo, el paternalismo, la violencia implícita contra las mujeres y nuestra posición como objetos sexuales al servicio de las hormonas masculinas: “La testosterona es una hormona complicada, puede ser una aliada que estimule y motive y puede ser también el peor de los enemigos, que haga al varón vulnerable y débil. Controlarla, manejarla en beneficio propio es labor de toda una vida”. No sé si os suena el discurso, pero es exactamente el mismo que utilizan los violadores y del que se difiere que los hombres son seres salvajes a los que hay que temer. Así que entiendo que si Méndez no estuviese dando clase y socializado dentro de los estrictos corsés de la convivencia democrática, tendría que violar a mujeres en las playas, las piscinas, las salas de lactancia o la consulta del ginecólogo mientras una teta es hecha sándwich por una máquina de mamografía.

El artículo del profesor Luciano Méndez es una bonita apología del machismo, el paternalismo, la violencia implícita contra las mujeres y nuestra posición como objetos sexuales al servicio de las hormonas masculinas

Un mes después, y con el proceso sin visos de ser resuelto con la premura exigible a una institución pública cuya función es, precisamente, educar a los ciudadanos y trasmitir valores de igualdad, varias estudiantes se presentaron en sujetador en la clase de Luciano. Al más puro estilo Femen, las jóvenes, estudiantes de un máster de Género, llevaron en sus pechos lemas escritos con frases como “te reeducamos de balde” o “antes frívola que machista”. Las acompañaba un chico sin camiseta con el lema “¿mi piel masculina no te gusta?”. Fue entonces cuando el profesor repitió la escena de machirulo lascivo e hiperhormonado, refiriéndose a que las pintadas no le dejaban ver suficientemente bien los atributos femeninos de las chicas y comentándole al chico que prefería el escote de sus compañeras al suyo. Las chicas aprovecharon el escrache para hacerse selfies y las imágenes de sus tetas circularon como la pólvora por las redes sociales. Al día siguiente, varios periódicos las llevaron a portada, recortando estratégicamente el torso desnudo de su compañero.

Horas después de esta protesta, la USC abrió expediente disciplinario contra Luciano Méndez, alegando que había causas más que probadas para hacerlo, y el proceso se encuentra ahora a la espera de un dictamen que podría bascular entre una simple sanción, un apercibimiento, hasta la suspensión de empleo y sueldo durante un máximo de seis años.

Sin embargo, la cuestión de cómo solucionar en el mundo occidental –donde las niñas y las mujeres estamos hipersexualizadas– el problema de que sigamos siendo percibidas como objetos, es más complicada y profunda que enseñar las tetas en la universidad. Yo, que he sido muy crítica con Cristina Pedroche por fomentar la pornificación femenina bajo la bandera de la libertad, no estoy convencida de que la solución a la violencia y a la discriminación sexual sea mostrarle una vez más, la zanahoria al asno. Si mañana mi jefe me acosase, dudo que alguna compañera del trabajo se presentase en sujetador a la oficina como muestra de solidaridad. Ni siquiera tengo claro que eso es lo que querría yo. Desde luego preferiría que se ausentasen de su puesto, que firmasen una denuncia conjunta o incluso –y perdóname Ley Mordaza– que le pegasen un par de hostias. Como mujer, me empodera más la fuerza física contra el opresor (la violencia sexual también es violencia), que el encaje de la ropa interior de varias chicas de veinte años.

Los cuerpos son políticos y el feminismo lleva años manifestándose y creciendo gracias a esto, pero quizá es hora de entender que lo atrevido en nuestra sociedad posmoderna no es, precisamente, desnudarse. No creo que las divas del pop estén haciendo mucho favor al feminismo regalando su piel como objeto de excitación masculina y complejos femeninos.

Los cuerpos son políticos y el feminismo lleva años manifestándose y creciendo gracias a esto, pero quizá es hora de entender que lo atrevido en nuestra sociedad posmoderna no es, precisamente, desnudarse

Estoy convencida de que la acción de estas chicas consiguió movilizar los lentos mecanismos de la burocracia, pero me da pavor pensar que ésta sea la única solución posible. Femen lleva años utilizando la estrategia del desnudo, y cada vez que veo cómo sus cuerpos inertes son manipulados y arrastrados por hombres (policías, en su mayoría) me pongo enferma. Como feminista una de mis principales preocupaciones es reivindicar que mi cuerpo sólo me pertenece a mí, y que de mí depende con quién lo comparto.

Con motivo del 8 de marzo, un grupo de compañeras de la Plataforma Feminista Galega nos reunimos en una céntrica plaza de Pontevedra para hablar de la discriminación que seguíamos (y seguiremos) sufriendo las mujeres en el ámbito doméstico y laboral. También bailamos e hicimos una ginkana en la que un hombre tenía que pasar las pruebas que habitualmente pasamos las mujeres para acudir a nuestro puesto de trabajo. No me cabe duda de que si hubiésemos hecho la performance en tetas habría mucha más gente mirándonos, aunque no sé si escucharían nuestro discurso.

¿Por qué sólo seis alumnos denunciaron a Méndez cuando toda la clase lo escuchó y él mismo reconoció las acusaciones?¿Por qué ningún profesor o profesora se manifestó públicamente contra el machismo en las aulas? ¿Por qué la alumna que denunció fue cambiada de clase? ¿Por qué yo también tuve un profesor en la misma universidad que alababa el machismo en clase? ¿Por qué el periódico con más difusión de Galicia permite que este profesor publique su manifiesto machista en sus páginas? ¿Por qué para exigir que nos dejen de mirar las tetas, tenemos que seguir enseñando las tetas?

En conclusión: que las tetas nos dejen ver el bosque.

 

*Artículo publicado originalmente en http://www.elnacional.cat el 30/03/2016 – Aquí el enlace http://www.elnacional.cat/es/opinion/diana-lopez-feminista_101013_102.html

Las chicas ya no son guerreras

 

“Uno de cada tres jóvenes considera inevitable controlar a sus parejas”

“El 36 por ciento entienden por violencia únicamente el maltrato físico o sexual”

”El 32 por ciento de los hombres tolera la violencia de control (vigilancia de los horarios, las formas de vestir o las amistades)”

“El 34 por ciento de las mujeres conoce al menos un caso de violencia de género en su entorno”

Leo con horror las últimas encuestas publicadas que alertan del repunte del machismo y la tolerancia a la violencia de pareja entre los más jóvenes. Una generación nacida en plena libertad y que, sin embargo, está dando pasos de gigante hacia un oscuro lugar del que nunca conseguimos salir.

La idea del amor romántico como base de la felicidad plena se ha instalado en una mayoría de adolescentes carentes de modelos femeninos en los que inspirarse más allá de las mamachichos televisivas, las pornodivas de la industria del pop, o las malas malísimas que gestionan empresas o gobiernos con puño de hierro y visten trajes grises y masculinos y que, además, siempre aparecen rodeadas de “hombres fuertes”.

Las mujeres siguen siendo invisibles para los libros de historia que se estudian en los colegios, para los deportes de masas, para las élites religiosas y económicas; y, sin embargo, muy visibles como objeto de decoración y máquinas de reproducción en los medios de comunicación de masas: mientras Uma Thurman se cambia el jeto y Shakira vuelve a parir, algún hombre importante está haciendo cosas importantes.

Shakira - Live Paris  - 2010

En nuestra sociedad civilizada, paritaria y democrática, y, a pesar de que las mujeres copan la mayoría de las carreras universitarias, muchas jóvenes siguen priorizando su relación de pareja a su carrera profesional, no quieren (o no se atreven a) tomar decisiones de peso, no mandan en las empresas, apenas se implican en la política, critican a las mujeres poderosas mucho más que a los hombres, desean estar bellas y jóvenes a toda costa, aspiran a ser la compañera de alguien más que a ser alguien y no reconocen las discriminaciones constantes a las que están sometidas por el sólo hecho de ser mujeres. Algunas incluso presumen de no masturbarse “porque tienen alguien que se lo haga” llegando a un punto de incongruencia respecto a la libertad difícil de digerir.

Las más osadas hacen campaña en internet muy airadamente en contra del feminismo porque “están a favor de la igualdad” sin entender que pueden abrir la boca, precisamente, gracias a las feministas que un día lucharon contra la discriminación que las mujeres sufrían mientras recibían palizas, violaciones y penas de cárcel por atreverse a semejante desfachatez.

Taylor Swift 2010
Taylor Swift es una de las que presume no ser feminista porque “cree en la igualdad”.

 

Las chicas ya no son guerreras. Y lo peor es que no lo saben.

Las adolescentes critican el machismo de sus madres, educadas en otros tiempos y circunstancias, mientras las manifestaciones a favor del aborto se llenan de menopáusicas que defienden con uñas y dientes los derechos que muchas de ellas no pudieron siquiera disfrutar. Los males heredados de las estructuras patriarcales se transmiten de madres a hijos al tiempo que la responsabilidad de los padres como educadores suele quedar exenta de cualquier culpa. Pobrecitos, ellos estaban ocupados trabajando.

Y así hemos llegado a este lugar en que la rebeldía femenina se entiende como la necesidad constante de desvestirse, en un mundo, el occidental, en que enseñar las tetas tiene ahora menos de transgresor que sacar la copa del bar para echarse un piti. Cuando se critica que las chicas todavía están perdiendo los mejores años de su vida en una carrera por la belleza y el amor mientras ellos apuntan alto desde críos, llega el espabilado de turno para explicarnos que enseñar la carne es libertad y que eso es lo que nos diferencia de las sociedades en que las mujeres deben ir cubiertas. Fantástica manera de establecer una anómala comparación entre algo malo y algo horrible.

“Una de cada tres jóvenes de 15 a 24 años se siente atrapada en su relación”

“El porcentaje de jóvenes que se reconocen como maltratadas duplica al de las adultas”

“Entre un 5% y un 8% de las chicas consideran poco o nada molesto sufrir golpes, ser objeto de tocamientos ajenos a su voluntad, ser tratadas como un objeto sexual, ser humilladas en público, ser ridiculizadas por sus creencias religiosas o por su clase social y sufrir robos por parte de la pareja”.

La causa de todo esto es, precisamente, el espejismo de igualdad en que nos encontramos instalados. Con unas leyes que por primera vez en la historia son equitativas para los dos sexos, las jóvenes se han creído que el feminismo es un tema superado, como si más de 2000 años de profunda tradición patriarcal se pudiesen revertir de la noche a la mañana. Como si todo lo que empezaron nuestro padre Dios y su hijo varón Jesucristo junto a sus doce coleguitas chicos un día de borrachera se esfumase diciendo que todos somos iguales y muy libres de hacer lo que nos de la gana.

Muchas no entienden que los derechos no son eternos ni gratuitos (la prueba más clara fue el anteproyecto de Ley contra el Aborto) y que el hecho de que cada semana muera más de una mujer a manos de su pareja no es ni puntual ni aislado, y debería alertarnos de que algo falla en esta sociedad súper igualitaria.

Peligro. El machismo mata

 

Es el resultado de que muchos hombres sigan creyendo que las mujeres son suyas. Es la consecuencia de que muchas mujeres se sientan halagadas y atraídas por hombres que manifiestan abiertamente su deseo poseerlas y controlarlas. Es el producto de no abrir los ojos para enfrentarnos a algo que duele: las mujeres, demasiado preocupadas a veces en joder a otras, nos estamos olvidando de luchar, como colectivo, por nuestros derechos y los de nuestras hijas.

Sólo se me ocurre una salida: abandonar la docilidad que tanto complace a muchos y volver a ser guerreras. (Y ya de paso, exigir más en la cama y hacernos un favor a toda la humanidad).

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