Categoría: feminismo

La zorra de mi ex

Me llama mi madre por teléfono para contarme la historia de un señor que supuestamente tiene que pagar una pensión compensatoria a su ex mujer que equivale a la mitad de lo que cobra él -una miseria- por una ayuda de desempleo. Pongamos que él cobra 400 y que paga 200. En el fragor del cotilleo descubro que los hijos son mayores de edad y, supuestamente, a ellos no está obligado a pagarles nada a pesar de haberse ido de casa con otra señora con la que felizmente ha rehecho su vida. No sabemos si los hijos trabajan ni tampoco de qué viven. Obviamente, la vida de este señor es una desgracia. Su ex se ha ensañado con él y está dispuesta a llevarle a la ruina mientras sus hijos – conchabados con su madre- no le hablan. Nos encontramos ante el típico caso de la ex mujer arpía y aprovechada que ha conseguido engañar a jueces y fiscales, modificar el Código Civil a su antojo, y conseguir una sentencia absolutamente injusta, con la frialdad de quien se pasa la vida rascándose el coño delante del Sálvame, mientras el pobre hombre trabaja como un desgraciado para sacar a su familia adelante. ¿Qué familia? Pasapalabra. El señor lo cuenta por ahí y claro, los otros posibles y futuribles desgraciados se lo creen. Su drama es el drama de todos.

En España existen dos pensiones fundamentales en caso de separación o divorcio, la alimenticia y la compensatoria, y cualquiera de ellas puede ser pagada y/o percibida indistintamente por el hombre o la mujer en caso de parejas heterosexuales. La pensión alimenticia la paga el progenitor que no convive con sus hijos para hacerse cargo de la manutención de los mismos que, según el artículo 142 del Código Civil, se entiende por todo lo que es indispensable para el sustento, habitación, vestido y asistencia médica, además de la educación e instrucción de los mismos hasta que consigan la independencia económica. Se suele rescindir cuando los hijos alcanzan unos ingresos equiparables al salario mínimo interprofesional y no suele extenderse más allá de los 25 años. Antes de que alguien saque el argumento de que claro, los jueces siempre dan la custodia a las madres y así los pobres hombres se quedan sin familia y sin dineros, conviene resaltar que no se puede dar la custodia al que no la pide. Sólo el 8% de los padres españoles solicitan la custodia de sus hijos en exclusiva. Obviamente, se valoran muchas cosas a la hora de entregar la custodia a uno de los progenitores, principalmente, quién se ha encargado de su cuidado durante el matrimonio y hacia cuál de ellos demuestran los hijos más apego emocional. También hay hombres que piden la custodia para no tener que pagar – o para dañar a su ex- y después encasquetan el cuidado de los hijos a sus propios padres, pero éste es otro asunto. El 80 por ciento de los hijos se quedan con las mujeres que asumen mayormente la crianza, la responsabilidad y las dificultades laborales, en un mercado que castiga cada vez más a las madres. Afortunadamente, cada vez hay más padres que solicitan la compartida y más sentencias favorables para dividir al 50 por ciento el cuidado de los hijos. Pero no, no son la mayoría de los hombres, por mucho que se quejen un miércoles por la noche en la barra del bar a la que su ex no puede ir porque está acostando a los niños.

500 days of Summer
Cuando tu ex pasa de ti, y te recreas en el sufrimiento romántico.

La pensión compensatoria no tiene nada que ver con los hijos, y está regulada por el artículo 97 del Código Civil. Ésta es la que supuestamente paga nuestro amigo el arruinado y también puede ser pagada y/o percibida por cualquiera de los sexos. ¿Qué sentido tiene pagarle a una persona con la que ya no estás casado o emparejado? ¿Estamos todos locos o qué? Veamos qué dice la ley al respecto. El artículo 97 del Código Civil establece: “el cónyuge al que la separación o divorcio produzca desequilibrio económico, en relación con la posición del otro, que implique un empeoramiento en su situación anterior en el matrimonio, tendrá derecho a una compensación que podrá consistir en una pensión temporal o por tiempo indefinido, o en una prestación única, según se determine en el convenio regulador o en la sentencia (…)”. Es decir, tal como su propio nombre indica, la compensatoria sirve para compensar a la parte de la pareja más desfavorecida económicamente tras un divorcio y suele recaer en el cónyuge que por diversos motivos -cuidado de los hijos y del hogar o connivencia con la pareja- no ha podido gozar de una carrera laboral, ni de una independencia económica que le permitan engancharse al mercado tras la separación. Pongamos de ejemplo un matrimonio tipo de 15 años de duración con dos hijos. Por razones que mucha gente sigue considerando obvias, durante la mitad de la vida de sus hijos la madre, Fulanita, se encargó del cuidado de los mismos en exclusiva -lo que ha ahorrado guarderías, cuidadores y hasta profesores particulares- además de la puesta a punto del hogar del que ha disfrutado toda la familia. Más tarde, sólo ha conseguido trabajos temporales, a tiempo parcial y mal pagados. Mientras tanto, su ex, cosechó una buena carrera laboral. Fulanita tiene ahora 50 años, una vida laboral raquítica (¿quién la va a contratar?) y unos ahorros nimios. Pues es ahí en donde la ley podría exigir una compensación económica para que Fulanita no se quede con una mano delante y otra detrás. Fulanita, también puede reclamar un nivel de vida similar al que tenía en su matrimonio y al que contribuyó activamente gracias a su trabajo no remunerado.

En general, la cantidad y la duración de la pensión va en relación a los ingresos del pagador (nunca más de un 20-30% de sus ingresos) y el tiempo que se paga depende también de la duración del matrimonio y de los cambios económicos que se produzcan en la pareja. Por ejemplo, que Fulanita cobre una herencia o se vuelva a casar, o que su ex pareja se quede sin trabajo, son motivos objetivos para rescindir la compensatoria.

La invisibilización del trabajo de las mujeres convertidas por obra del Espíritu Santo en deidades maternales y cuidadoras a tiempo completo, convierte a muchas señoras en la zorra de mi ex cuando hay un divorcio. Cada vez que una persona pone el grito en el cielo porque una mujer cobra una compensatoria o se ha quedado con la casa en la que cohabita con sus hijos (historias muchas veces tergiversadas y legalmente imposibles), estamos estigmatizándola y creando el caldo de cultivo en el que se justifican todo tipo de violencias

Otra día ya hablamos de todos esos padres maravillosos que no pagan la pensión de sus hijos por culpa de la zorra de su ex.

 

MANUAL BREVE DE CHICAS DECENTES (que no quieren calentar pollas)

Tras los acontecimientos protagonizados en las últimas semanas por personajes públicos del género masculino que han descalificado o ultrajado la honorabilidad de personas del género femenino dada nuestra conocida facilidad (afición, entretenimiento, ANSIAS) de calentar pollas, he redactado un Manuel Breve de Comportamiento para Chicas Decentes (que no quieren calentar pollas). El calentamiento de pollas es un problema social y es siempre el paso previo a la agresión sexual. Por eso debemos ser nosotras las primeras interesadas en mantener los apéndices masculinos a temperatura ambiente. Fresquitos. Cual lechugas.

Christina-Hendricks

* COSAS QUE NO PUEDES HACER SI NO QUIERES CALENTAR POLLAS:

– Vestir sexy. Independientemente de cuál sea tu acepción del término. Cualquier prenda es susceptible de ser considerada sexy por parte de un hombre y calentarle la polla. Como el neopreno con el que sales a mariscar a la Rías Baixas o el pijama de franela que te pones cuando tienes la regla y has manchado con tu asquerosa sangre todos los demás.

– Estar/pasar cerca de un grupo de tíos. Hay que ser puta.

– Bailar en una discoteca.

– No bailar y apoyarte en la barra mirando al infinito.

– Ir borracha.

– Ir serena y tropezarte con uno que sale del baño.

– Ser delgada.

– Ser gorda.

– Ser pelirroja, rubia, morena, castaña o alopécica.

– Tener tetas grandes.

– Tener culazo.

– Tener varias extremidades y un tronco. O sólo un tronco.

– Tener una similitud genética del 96% con un chimpancé.

– Ser lesbiana y manifestarte delante de hombres.

– Ir a los San Fermines.

– Ir al Hormiguero.

– Ir al programa de Risto.

– Cruzarte con Pérez-Reverte.

– Viajar sola.

– Viajar con amigas.

– Aceptar el regalo de un hombre (que no sea tu padre).

– Hacer un regalo a un hombre que no sea tu padre.

– Ligar con un hombre.

– Que te intenten ligar.

– Follar con un hombre.

– No follar con ese hombre que quiere follar contigo.

– Follártelo y no repetir SI ÉL QUIERE.

– Darle tu teléfono o redes sociales a un tío, quieras o no ligar con él.

– Creerte que quiere ser tu amigo cuando claramente QUIERE FOLLAR.

– Tocar a un hombre al que no te quieras follar.

– Tener amigos hombres.

– Mantener cualquier contacto físico o espiritual con un hombre que no sea tu padre. En general.

– No informar detalla y minuciosamente de que “no es no” y no todo lo contrario, como cualquier hombre podría pensar.

– No defenderte lo suficiente ni gritar mucho cuando te violan aunque tengas una navaja clavada en el cuello y un señor que amenaza con matarte encima.

– No grabar el momento en que te defiendes mucho mientras te violan.

– No presentar ante el juez y el fiscal las suficientes pruebas de que te han violado mucho, aka te han roto el orto.

– Ir a un restaurante con tu pareja.

– Ir al trabajo.

– Ir a la universidad.

– Caminar con amigas.

– Caminar con tu madre.

– Caminar sola.

– Salir a la calle.

– Quedarte en casa tuiteando.

– Ser transexual.

– Ser mujer.

– O parecerlo.

 

* COSAS QUE SÍ PUEDES HACER PARA NO CALENTAR POLLAS

– Morirte. (Si es cerca de un necrofílico, te jodes).

¡Es amor, idiotas!

Un viernes por la tarde de hace por lo menos diez años me subí en el tren en la estación de Santiago con destino Pontevedra y no percibí la presencia de un chico hasta la parada de Vilagarcía, cuando se bajó del tren y empezó a golpear el cristal desde fuera señalándome la mesa que habíamos compartido: se había dejado el móvil. Cogí el teléfono en la mano estupefacta, enseñándoselo, y pensando en por qué ese idiota no entraba en el tren corriendo a buscarlo cuando todavía estaba parado, mientras él hacía muecas desde el andén y se ponía los dedos en la oreja y la boca a modo de teléfono imaginario.

Me fui con el teléfono a Pontevedra y me pasé el fin de semana con él. Obligada a localizar a su dueño, hice un repaso por la agenda y llamé a una chica cuyo teléfono se repetía constantemente pensando que podría ser su novia. Lejos de cualquier agradecimiento, la chica me montó una bronca por tener el teléfono de X, lo insultó y me preguntó quién coño era yo, mientras me lanzaba sibilinas amenazas para que no se me ocurriese mirar los sms, cosa que hice inmediatamente después de colgarle. Me senté en un banco de la calle y me puse a observar la vida de un desconocido con un relación tormentosa basada en el sexo, el alcoholismo y las infidelidades que ambos compartían. Pensé en que la novia me mataría si daba conmigo porque estaba claro que ella pensaba que yo había encontrado su teléfono perdido entre mis sábanas, y, como si de un botón nuclear se tratase, seguí repasando la agenda hasta dar con un número de confianza para deshacerme del dichoso teléfono. Paré en “mamá”. Al otro lado ya me estaban esperando, porque su madre descolgó el teléfono con una naturalidad que le faltó invitarme a la comida del domingo. Me puso a su querido hijo que me agradeció haber cogido su teléfono y me preguntó dónde vivía para ir a buscarlo. Le dije que estaba en Pontevedra pero que vivía en Santiago, y que si él volvía el lunes se lo podría acercar a cualquier sitio. Él insistió en recogerlo personalmente para no darme más trabajo.

Así que me vi el lunes, como una idiota, plantada delante del portal de mi casa con un desconocido que, tras un inexplicable intercambio de besos de presentación, me soltaba una más inexplicable explicación (valga la redundancia) sobre el comportamiento de la loca de su ex y una rocambolesca invitación a tomar algo después de confesarme que ¡se había dejado el teléfono a propósito! Estaba atónita. Rechacé la invitación y fue tal la insistencia que tuve que acabar justificando que no podía quedar con él porque tenía novio, cosa que era verdad, pero que estaba utilizando una vez más como herramienta de defensa. Él lo entendió, porque como buen caballero respetaba más al novio de la chica que a la propia chica. Y así, tras una pausa dramática con la sonrisa congelada, los acontecimientos dieron un nuevo giro inesperado cuando me señaló su lugar de trabajo donde podría encontrarlo cuando lo dejase con mi novio: la peluquería que estaba pegada a mi portal. Me pasé semanas pensando en los titulares. “Joven universitaria muere después de caer en la trampa del psicópata del tren”, “El asesino acumulaba varios cadáveres en la peluquería y una decena de teléfonos móviles robados”, “Hay tías tontas y después está la que le da su dirección al peluquero homicida”.

Supongo que si hubiese cambiado la manera de narrar esta historia, un claro caso de acoso, habría tornado mágicamente en un folletín romántico. Porque las agresiones nunca son iguales cuando se miran desde la perspectiva del agredido que desde la del agresor. Mientras él intentaba seducirme, yo sólo quería que me dejase en paz.

Algo muy grave está ocurriendo en Murcia con un loco que anda suelto y ha decidido empapelar toda la ciudad para encontrar a una chica con la que coincidió en el tranvía. El perseguidor ha pegado carteles en farolas, plazas y calles, en donde hace una descripción detallada de su objeto de deseo: “Querida chica del tranvía sobre las 22.20 subiste al último vagón del tranvía en la parada de la Plaza Circular. Si mal no recuerdo estabas acompañada por unas chicas que parecían ser tus amigas, ellas se bajaron y tú ocupaste sus sitios”, “tendrás sobre unos 20 años, pelo oscuro y corto vestías camiseta blanca la cual combinaba muy bien con tus leggins de color negro, medirás 1.65 aproximadamente” . A lo que añade un análisis riguroso de las necesidades y carencias afectivas de una desconocida: “Pude observar que no tuviste un buen fin de fiesta, pero aún así estabas preciosa”. “Me gustaría haber reunido el valor de sacarte del infierno que estabas pasando y alegrarte la noche”, “ojalá te hubiera tendido mi mano”.

tranvía

Cinco días después de empezar la campaña de hostigamiento, la chica sigue sin aparecer, pero muchos medios de comunicación no tienen escrúpulos en alimentar las fantasías de un perturbado elevándolo a la categoría de “enamorado” y “anónimo galán” mientras una marca de cerveza se ofrece a invitarlos a una cena romántica.

Según él mismo ha contado, no es la primera vez que utiliza este tipo de métodos unilaterales y escandalosos para encontrar a mujeres. Pero da igual, porque es amor, tontas. Espero que los deseos del acosador de “encontrarte como una aguja en un pajar” se vean pronto esfumados con la ayuda de varios antipsicóticos y una orden de alejamiento.

*Artículo publicado originalmente en A Revista de Diario de Pontevedra

Por cierto, acabo de cruzar tranquilamente el centro de Santiago después de salir del trabajo. Un chico con una bicicleta me cortó el paso para decirme (y cantarme) lo guapa que era. Media calle me estaba mirando y se escuchaban risotadas en las terrazas. Tuve que esquivarlo y me siguió hasta la puerta del súper, en donde decidí no entrar.

Que nos dejen vivir, coño.