Categoría: desamor

Deja de llorar porque no tienes novio. Sonríe porque estás solo.

Que si te han dejado, que si no pillas, que si el amor de tu vida se ha ido con un triste funcionario de sueldo fijo e hipoteca a cuarenta años. BASTA. Aprende a disfrutar de tu soltería, la echarás de menos.
No es un asunto menor vivir en una sociedad donde –sobre todo a las mujeres- se nos sigue criando para pasar del hogar familiar al hogar matrimonial, Dios mediante. Aunque por fortuna yo evité la incursión de Dios en mi vida de pareja, bien es cierto que desde muy joven creí que estar con un chico al lado me haría más feliz. No es algo que uno piensa conscientemente, pero me he dejado arrastrar –sin oponer apenas resistencia- por los encantos de un enamoramiento prematuro. La sensación arrolladora de que podría completar mi vida con la de otro ser y alcanzar el súmmum de la felicidad. Pues bueno, aunque es cierto que estar en pareja tiene cosas maravillosas –de lo contrario, nadie lo haría- cada vez estoy más segura que la comodidad y el miedo a la soledad son dos de esas “cosas maravillosas”.
Estoy bastante harta de leer artículos que prodigan la vida en pareja como la repanocha y que aconsejan a sus lectores (más bien lectoras) infalibles métodos para conquistar al chico de sus sueños y para mantener al ser amado al lado. La regla es simple: cuando dos personas se quieren lo suficiente y apuestan por la pareja (con los sacrificios y renuncias que eso conlleva, y no son pocos) no hacen falta fórmulas mágicas. Remendar las costuras de un amor roto es peor que fumarse las colillas de los ceniceros cuando te has quedado sin tabaco.
Para que veáis que el celibato es un estado tan digno (o más) que la vida en pareja y que son infinitas sus ventajas y comodidades, he elaborado una detallada lista de las cosas que podéis hacer siendo unos felices célibes al servicio de vuestros destinos.
          Puedes irte a la cama cuando te apetezca. No tienes que esperar a nadie ni nadie ha de esperarte a ti.
          Además, puedes levantarte cuando quieras los fines de semana sin que nadie te reproche que madrugas un montón o que duermes demasiado.
          Puedes quedar con quien te de la gana sin tener que dar explicaciones.
          Te puedes tomar la libertad de pasarte una semana entera viendo las películas y series que A TI me gustan, por frikis o empalagosas que éstas sean.
          No has de pelearte por el mejor lado del sofá, ni por el cojín más mullidito.
          Por supuesto, puedes mantener la luz de tu mesita encendida hasta las tantas si te apetece leer.
          Evitas las relaciones por compromiso. Ni familia política, ni amigos de. Quedas con quien tú quieres, cuando tú lo deseas. ¿Domingo de resaca? Que le den a la suegra.
          Puedes tirarte un pedo tranquilamente sin que nadie se queje de la peste. Y además, no deja de ser un poco humillante.
          Y hacer caca con la tranquilidad de no oír pasos al otro lado de la puerta que te desconcentran de tu importante tarea vital.
          Si eres chica, no tienes que depilarte las piernas hasta cuando te apetezca echar un polvo. Y si eres hombre, puedes llevar las cejas juntas. Y pelo en la espalda. Y tan pichis.
          Puedes masturbarte cuando te entren ganas: en cama, en el baño o encima de la mesa de la cocina. Y ver porno sin tener que borrar después el historial del navegador (pillines).
          Cuando decides follar, lo haces simplemente por placer. O por necesidad. Pero en ningún caso por compromiso.
          No tienes techo laboral: si eres listo, te volverás mucho más ambicioso. Puedes viajar y cambiar de residencia siempre que lo necesites.
          Conoces a mucha más gente. Ya no tendrás que volver a casa a las 3 de la mano de tu querido o querida.
          La cama es para ti solo/a.
          Si roncas, no tienes a nadie que te lo reproche. Y que te grabe para ponértelo al día siguiente mientras te tomas tu Colacao.
          Cocinas la comida que a ti te gusta. O no cocinas. ¿A quién tienes que darle explicaciones?
          Practicas tus hobbies y te juntas con personas con las que compartirlos.
          Vives sin la sombra de la boda. Y peor, la de los hijos.
          Tus padres te tratan mejor porque “estás solito”. Les das como penilla.
          Tus amigos siempre cuentan contigo (a veces demasiado, lo cual acaba siendo perjudicial para la salud).
          La casa está a tu gusto. Hecha un asco. Pero a tu gusto.
          Como buen egoísta, sólo tienes que preocuparte por tus problemas. Ya no tendrás que intentar solucionarle la vida al otro.
          Un buen amante es más generoso en el sexo que muchas parejas.
          Vistes como te da la real gana. Sí, ya puedes sacar tus deportivas del insti del armario. Y la falda-cinturón de cuero rojo.
          Como la casa es sólo para ti puedes llevar allí a quién te de la gana. Y montar fiestas. Y orgías. Y llorar por las esquinas porque nadie te hace caso. Esto nunca le sucederá a un español de bien que se rasca el bolsillo. Invita si es necesario. Lo importante es tener compañía.
          Tus gastos se reducen drásticamente: evitas hacer regalos a toda la familia de tu pareja. Y a tu pareja, que sale bastante más cara que cualquier amigo.
          Muy importante: se acabaron las discusiones por el despilfarro. Si quieres poner la calefacción como si vivieses en el mismo Moscú es tu puto problema. Eso sí, intenta tener con qué pagarla.
          Nadie controla tu dieta. Adelante, obstruye tus arterias zampándote quilos de chocolate y dulce.
          Ni tu actividad física. ¿Te apetece hibernar sobre tu cómodo sofá tragándote toda la basura que echan en la tele? Éste es tu momento.
          Puedes fumar en la habitación. Ahumar las cortinas. Despiezar el pollo directamente encima de la mesa de madera de la cocina, cambiar las sábanas una vez al mes… tú y tus normas.
          ¿Que te sientes solo? Pues vas a dormir unos días a casa de mamá. ¿Quién te lo va a reprochar, eh? 
          Ya no te sentirás culpable si por error una zorra introduce su lengua en tu boca durante una noche de excesos. O si un amable hombre te invita a conocer la decoración de su nuevo apartamento.

–     No tienes que inventarte preguntas estúpidas para llenar los incómodos silencios. ¿A ti qué carajo te importa cómo quedó la clasificación de Fórmula 1?

          Y, lo mejor: ya no tienes que preocuparte de dejar a nadie ni de ser la próxima víctima de un abandono. O pensar en tramitar un divorcio. O una custodia compartida. Se acabaron tus problemas. Ya puedes dormir tranquilo.

Repito, estar en pareja tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, una barriga calentita en que introducir tus helados pies de reptil. El abrazo de la mañana. O el beso de buenas noches. Pero es que de eso, ya estáis hartos de leer. 

ENCONTRARTE A TU EX: MANUAL DE COMPORTAMIENTO

“Escoge bien a tus exs, son para toda la vida”. No sé quién fue el primero en pronunciar esta frase, pero tenía más razón que el bueno de Galileo Galilei. Los exs son como los malos hermanos: puedes ignorarlos, odiarlos, evitarlos e incluso poner tierra de por medio, que siempre estarán ahí, unidos a ti por una cadena invisible. El tipo de cadena que une a las cosas con fatalidad, como al esclavo con su amo.
Las parejas, como cualquier ser vivo tienen sus etapas: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. O, lo que es lo mismo: nos enamoramos con locura, follamos como salvajes, nos aburrimos del otro, pensamos en tener hijos (normalmente no los tenemos), empezamos a no soportarnos y lo dejamos. Bueno, alguien lo deja. Ya sabéis cómo va esto: no todo el mundo tiene el carácter y la fuerza de voluntad suficiente para asumir que las cosas no van bien y dar la estocada definitiva. Son los malos lo que hacen este tipo de cosas.
Y es así como se pasa de ser parte de una “feliz” pareja a tener una tensa relación con tu ex. Porque las relaciones con los ex, son tensas por definición. Uno no puede pretender que su ex pase a ser su mejor amigo (o amiga) de la noche a la mañana. De hecho, yo soy de la opinión de que cuanta menos se sepa del otro, mejor. Porque no es fácil encontrarte a la persona con la mantuviste una relación y compartiste tantas cosas y pasar a tratarlo con camaradería, mientras le comentas tu última conquista sexual. Las cosas no funcionan así.

Es importante dejar pasar un tiempo prudencial que permita enterrar el hacha de guerra antes de intentar mantener cualquier acercamiento con una ex pareja. Esto se llama higiene mental. Y es fundamental. Aunque desgraciadamente, no siempre funciona, y hay exs que se siguen odiando o deseando mutuamente, incluso varios años después de la ruptura. Y si no, siempre quedará esa calma tensa en el ambiente con la que disfrazar de cordialidad cada nuevo encuentro.
Éstas son las situaciones que se pueden dar al encontrarnos con nuestro/a ex:

Los dos hacéis como que no os véis.

Efectivamente, estáis a dos metros, en el mismo bar, pero no os estáis viendo. Podrías rozaros, tropezaros o tiraros una copa encima, que sois invisibles para el otro. Y viceversa. Es una situación un poco violenta –especialmente al principio- pero bastante más sana que otras opciones.

Tú haces como que no lo ves pero él/ella viene. A dar el coñazo.

Tu ex entra en un bar, e instintivamente, lo primero que hace es buscar tu cabezón entre la multitud,  como si el resto de las personas fuesen transparentes ante sus ojos. Fruto de un acto reflejo, tu mirada apenas se cruza unos segundos con la de esa persona y de inmediato, pasas a hacer que no lo ves. Esa milésima de segundo, ha sido suficiente para que él o ella se dirija hacia ti, como quién no quiere la cosa, para pararse a tu altura y decirte, muy sorprendido “joder, sí estabas aquí”. Le da igual con quién estés: tus amigos, tu amante o tu padre al cual, por cierto, odiaba. Esa persona viene siempre. Necesita hacerse notar.

Él/ella hace que no te ve, pero tú tienes la imperiosa necesidad de ir a saludar.

En este caso, tú eres el perseguidor, aunque no te guste reconocerlo. Eres tú el que estira el cuello cual un pajarillo intentando alimentarse, y el que se pasea de lado a lado de la discoteca para encontrar a tu presa: tu ex. Eso sí, como aquí todos somos muy dignos, cuando por fin lo ves, finges un sorprendente encuentro casual fruto del azar y de la probabilidad matemática que ha ido aumentando después de cada nuevo rodeo alrededor de la pista.

Te saluda y te habla efusivamente cuando no está con su nueva pareja.

Sea como fuere que te haya encontrado, una vez a tu lado, tu ex te adora. Da igual que te haya puesto los cuernos con medio pueblo, o que tú te hayas tirado a su mejor amigo, su respeto y admiración hacia ti es profundo y sincero, y aprovechará cada ocasión de ausencia de su pareja para decírtelo. Tu ex te quiere. Te lo mereces.

Cuando su pareja está delante hace como que no te ve.

El mismo que te adora, puede sufrir momentos de lapsus mentales cuando él/la susodicho/a se encuentra a su vera, apretando bien fuerte la correa. Es curioso cómo la gente pasa de darte la brasa un día hacer como si no te conociese al siguiente, en función de las personas que tenga a su alrededor. A esto yo le llamo tener personalidad.

Intenta meter su lengua en la boca de alguien en cuanto intuye tu presencia.

Tu ex te odia. No te preocupes, es de lo más habitual. Probablemente te odie en la misma media en que te desea. Así que, desesperado, intentará hacerte daño en cada ocasión sacando a pasear su lengua en cuanto nota que te aproximas a un radio inferior a 500 metros.

Te hace reproches/llora cuando os encontráis.

Tu ex es un cansino. Está triste y solo, y se dedica a reprocharte tus comportamientos –los pasados, presentes o futuros- cada vez que tiene ocasión. No se lo permitas. El victimismo es el cáncer de las relaciones humanas. La próxima vez que venga en ese plan, páralo: a llorar a su casa. También puedes facilitarle el Teléfono de la Esperanza o el de tu psiquiatra.

Eres tú el que llora.

Advierte a tus amigos de tu tendencia suicida para que controlen las dosis de trankimazin que eres capaz de ingerir en una noche. Bloquéalo en whatsapp, facebook, twitter y cuantas formas de comunicación posibles podáis establecer. No escuches a Pablo Alborán. (No lo escuches nunca, por dios).

Os tratáis con colegueo.

Qué bonito, qué buen rollo, qué amistad más sana. Sois tan educados, estáis tan a favor de la alianza de las civilizaciones que, desde que lo habéis dejado os queréis, si cabe, todavía más. Y os respetáis. Profundamente. Os alegráis tanto de la felicidad del otro, de que tenga un trabajo cojonudo como el que nunca tuvo estando contigo, de que su novia sea tan guapa o su novio tan listo que os podéis tomar unas copas juntos como si nada. Malditos cínicos.

Tenéis amigos en común y seguís coincidiendo.

No es que os busquéis voluntariamente, sino que las circunstancias hacen que sigáis coincidiendo con relativa frecuencia. Es una situación bastante violenta, fruto, en parte, a esa gañanada de tener que compartirlo todo, hasta los amigos. Por favor, intentad reservar a los buenos amigos en vuestro bando, y cuidadlos aunque tengáis pareja. El día de mañana lo agradeceréis. Y si no tenéis más amigos que los que os ha reportado esa relación entonces empezad por socializar un poco, antes de volver a enamoraros. Es bastante más urgente eso que una relación amorosa.

Os habéis convertido en mejores amigos.

Repito, ¿no tenéis amigos o qué coño os pasa? Tu ex no puede ser tu mejor amigo, a no ser que fuese muy amigo antes de ser tu pareja, en cuyo caso lo más probable es que te quedes sin amigo y sin pareja cuando todo se vaya al garete. Si insistes en reconquistar esa tierna relación de amistad, ten en cuenta que pueden saltar chispas en cualquier momento ¿No será que necesitas estar con él/ella a toda costa? A lo mejor es que queréis (o uno de los dos quiere) volver y revestís de amistad algo que tiene que ver más con el deseo y el control hacia el otro. O no. Pero entonces intenta ocultarle a tu próxima pareja que ese amiguito con el que vas a cine y a hacer extrañas rutas de senderismo te folló durante varios años y fue el primero en disfrutar de los tuppers de lentejas de tu santa madre.

No os veis y no sabéis nada el uno del otro

Pues deja de teclear su nombre en Google antes de que Snowden saque un informe con tu historial de ciberacoso y te ingresen en una institución mental. Y sin acceso a Badoo.

Grandes mentiras de la humanidad: Las separaciones amistosas

Situación: Estás con un amigo tomando un café y surge la pregunta (casi siempre con mala leche, para que engañaros)
– Oye Raúl, y… ¿qué tal te va con Laura? Hace tiempo que no me hablas de ella.
A lo que él, fingiendo una serenidad arrolladora, contesta:
– Bien, tía. Lo hemos dejado, pero nos llevamos genial. Ya sabes, no nos entendíamos y hemos preferido separarnos de mutuo acuerdo.
Pero ahí sigues tú, con tu mierda de vida aburrida, hurgando en la herida, buscando un poco de drama:
– Jo, no sabes cómo lo siento…de veras, ¿seguro que estás bien? Sabes que me tienes para lo que quieras.
– Claro que sí, estoy estupendamente, nunca he estado mejor en mi vida. Necesitaba aire, ver las cosas  desde otro prisma…ya sabes como era Laura. Me ahogaba un poquito la relación pero no quería hacerle daño, era cuestión de tiempo que esto se terminase. Y mira, al final hemos solucionado las cosas como dos adultos, cada uno por su lado, pero sin malos rollos. Es que me parecen patéticas las personas que montan un numerito, qué falta de autoestima!
      MENTIRA, MENTIRA Y MÁS MENTIRA.
Lies
Se te ve en los ojos que estás aguantando las ganas de echarte a llorar como un bebé, arrastrarte por el suelo y confesar que has intentado suicidarte tres veces porque Laura, amigo, TE HA DEJADO. Pero ha sido tan lista que te ha lavado el cerebro para hacerte sentir bien, qué coño, para no sentirse tan mal ella, y convencerte de que los dos lo estáis dejando porque es lo mejor para ambos, y tú, fracasado y sin más opciones que el acoso, presumes ante la sociedad de tu civismo y tu independencia.
Seamos claros. Siempre hay un dejador y un dejado. Son dos caras de la misma moneda. Y una moneda siempre tiene las mismas caras: el Rey, altivo, importante, dueño de su destino; y ese mapita cutre con el número que se pone para rellenar el otro lado. Y tú eres el mapita con el número, un número más en la vida del Rey. Te guste o no te guste.
 Llamadme incrédula pero es que no acaba de convencerme esa supuesta situación en la que estás con tu pareja el viernes por la noche viendo como Belén Esteban anuncia su última separación de Fran en el Sálvame Deluxe y de repente, te acuerdas, y le dices:
-Oye, cariño, ¿y qué te parece si lo dejamos también nosotros?, es que yo creo que estaríamos mucho mejor los dos.
 – A lo que él te responde – Jo- der, acabas de leerme el pensamiento. No sabes qué alivio. Justo iba a proponértelo yo, pero es que siempre te me adelantas, nena.
– Bueno, entonces, yo me voy a quedar con el coche y con el plasma y a ti te dejo esta puta mierda de piso viejo y la hipoteca a 45 años.
– Genial, genial. pero qué generosa eres, tonta!
– Qué, ¿lo celebramos echando un polvete?.
Desgraciadamente lo que acabáis de leer es ficción. Y la realidad casi siempre supera la ficción. PERO PARA LO MALO.
Tu pareja  te dejará casi siempre por uno de estos tres supuestos:
          No te aguanta más. Tu sola presencia le da asco. Le molesta el olor de tus pies, tu ropa, cómo colocas la toalla en el baño, la manera en que te rascas la cabeza y se avergüenza cada vez que abres la boca. Ten en cuenta que el cuchillo nuevo enorme que ha comprado no es para el pulpo. De hecho, nunca hacéis pulpo, gilipollas.
          Le gusta otra persona. Esto suele sumarse al punto anterior, aunque no necesariamente. A veces puede seguir queriéndote, pero no tanto como al otro, por eso te deja.
          Necesita estar sola/o, pero te sigue queriendo. Esta es la excusa que te darán en el 99% de los casos, una cifra inversamente proporcional a la cantidad de veces que esto ocurre en la vida real. puede que tú pertenezcas al uno por ciento de los afortunados, aunque yo no estaría tan segura.
Podéis seguir viviendo en la mentira o, al contrario, podéis ayudar a otras personas a superar sus rupturas y reconocer con la cabeza bien alta que los han dejado y que tienen que seguir con sus miserables vidas. Es tan fácil como repetirse “Soy digno del amor de otra persona y no me avergüenzo de haber fracasado en mi relación”. Aunque a veces, un ansiolítico facilita mucho el trance.
Al fin y al cabo, hay cosas peores. Hay gente que tiene gonorrea.
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