Categoría: desamor

Sam y Kate (relato)

Sam no estaba seguro de si era una señal maravillosa o el presagio de un desastre, pero sí sabía que no podría eludir aquella conversación. Estaba en la oficina cuando la pantalla del teléfono se iluminó anunciando la llamada entrante de un número desconocido. Cuando descolgó, pudo escuchar la voz ronca de ella. Todo su sistema nervioso se puso alerta y las venas y arterias multiplicaron su trabajo. Hacía más de cinco años que Kate lo había abandonado porque, según ella, necesitaba cambiar de vida, y aunque Sam estaba convencido de que volvería al cabo de unas semanas –unos meses, a lo sumo- perdió totalmente la esperanza al cabo del segundo aniversario del abandono.

Después del tsunami inicial de emociones, Sam, que era un tipo bastante comedido, le dijo que no quería saber nada de ella y colgó el teléfono. Se arrepintió en cuanto lo hizo, pero como la mayor parte de los mortales estaba convencido de que ella haría una segunda intentona, o le mandaría un mensaje suplicándole que acudiese a su encuentro. Se imaginaba a Kate nerviosa, ensayando aquellas palabras, llorando ante la posibilidad de no conseguir volver a verlo, lanzando desesperados mensajes de socorro “Sam, te necesito”, “Sam, no me abandones”. Pero aquello simplemente no ocurrió. Él sabía que era una mujer soberbia y dura, y muchas veces ella misma había presumido ante él de haber aplastado sus sentimientos en virtud de no rebajarse por nadie. Aunque la angustia y el terror de perder a la otra persona le reventase las entrañas. Aún así, lo que acababa de ocurrir, no entraba en sus planes. Llevaba cinco años sin verlo, y si lo buscaba era por algo. Y él estaba convencido de que a Kate la realidad por fin le había pegado un puñetazo en la cara y ahora quería volver al cálido y confortable hogar del que nunca debería haber salido. En el que nunca debió haberlo dejado abandonado.

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Fotograma de la película Blue Valentine

Ya era de noche cuando Sam se subió al coche. Fuera hacía frío. Puso el contacto, encendió la calefacción, y empezó a escribir un mensaje. Cuando ya lo tenía totalmente redactado (un conjunto de reproches e insultos que estaba convencido que Kate se merecía) lo borró y puso un “¿Estás?”. Ella respondió despreocupada.

  • Sí. ¿Qué pasa?
  • ¿Cómo que qué pasa? ¿Te parece normal la actitud que te gastas? Hace cinco años que no sé nada de ti, cinco malditos años desde que me dejaste tirado y ahora me buscas como si fuese tu puto perrito faldero. ¿Te crees que no tengo otras cosas que hacer más que atenderte? ¿De verdad piensas que eres tan importante? ¿Tan imprescindible?- y le soltó un speech que a ella le hizo hiperventilar.
  • He aceptado tu no. Sólo quería saber si te apetecía quedar, creo que los insultos están de sobra. No te he pedido que me perdones. Sólo pretendía tomar algo y charlar, pero he captado el mensaje, puedes quedarte tranquilo- contestó ella.
  • ¿Nunca vas a cambiar esa pose chulesca? ¿Crees que puedes dominar a todo a el mundo, que puedes conseguir siempre lo que quieras, verdad?
  • Es mi pose Sam. Ya sabes como soy. Te repito que no te he obligado a nada, no entiendo a qué viene esto. Te resultaría mucho más sencillo ignorarme.
  • Eres mala persona, tía. No soporto que me hables con ese desdén. Sólo espero que te vaya francamente mal, es lo que te mereces.
  • Yo espero que te vaya bien. Un saludo- y ella colgó primero.

Sam se echó a llorar aunque no lo había hecho desde que lo dejaron. Cinco años de sequía emocional que tejieron el páramo de su vida. No sabía si ella tenía sentimientos, porque ya no lo conocía. Tan fría, tan distante y vanidosa, tan despreocupada “espero que te vaya bien, menuda hija de puta” y se fue a alguna red social para torturarse viendo fotos de ambos delante de la pantalla. ¿Cuándo había dejado de quererlo? ¿Cómo se percibe el desamor? En todas aquellas fotos, ella aparecía sonriente, agarrándolo por la cintura con gesto cariñoso, incluso poco antes de la ruptura. Él recordó sus besos, los que casi siempre acababan con un mordisco en el labio inferior. Su sexo húmedo y la almohada sobre la cara antes de correrse. No había deseado tanto a nadie. Kate sabía lo que quería y lo pedía, y al mismo tiempo podía ser cruel y arrogante. Pero el tiempo le había dado a él la razón. Había ganado. Entonces cogió el teléfono y marcó su número borrado de la agenda del teléfono. Se lo sabía de memoria.

La zorra de mi ex

Me llama mi madre por teléfono para contarme la historia de un señor que supuestamente tiene que pagar una pensión compensatoria a su ex mujer que equivale a la mitad de lo que cobra él -una miseria- por una ayuda de desempleo. Pongamos que él cobra 400 y que paga 200. En el fragor del cotilleo descubro que los hijos son mayores de edad y, supuestamente, a ellos no está obligado a pagarles nada a pesar de haberse ido de casa con otra señora con la que felizmente ha rehecho su vida. No sabemos si los hijos trabajan ni tampoco de qué viven. Obviamente, la vida de este señor es una desgracia. Su ex se ha ensañado con él y está dispuesta a llevarle a la ruina mientras sus hijos – conchabados con su madre- no le hablan. Nos encontramos ante el típico caso de la ex mujer arpía y aprovechada que ha conseguido engañar a jueces y fiscales, modificar el Código Civil a su antojo, y conseguir una sentencia absolutamente injusta, con la frialdad de quien se pasa la vida rascándose el coño delante del Sálvame, mientras el pobre hombre trabaja como un desgraciado para sacar a su familia adelante. ¿Qué familia? Pasapalabra. El señor lo cuenta por ahí y claro, los otros posibles y futuribles desgraciados se lo creen. Su drama es el drama de todos.

En España existen dos pensiones fundamentales en caso de separación o divorcio, la alimenticia y la compensatoria, y cualquiera de ellas puede ser pagada y/o percibida indistintamente por el hombre o la mujer en caso de parejas heterosexuales. La pensión alimenticia la paga el progenitor que no convive con sus hijos para hacerse cargo de la manutención de los mismos que, según el artículo 142 del Código Civil, se entiende por todo lo que es indispensable para el sustento, habitación, vestido y asistencia médica, además de la educación e instrucción de los mismos hasta que consigan la independencia económica. Se suele rescindir cuando los hijos alcanzan unos ingresos equiparables al salario mínimo interprofesional y no suele extenderse más allá de los 25 años. Antes de que alguien saque el argumento de que claro, los jueces siempre dan la custodia a las madres y así los pobres hombres se quedan sin familia y sin dineros, conviene resaltar que no se puede dar la custodia al que no la pide. Sólo el 8% de los padres españoles solicitan la custodia de sus hijos en exclusiva. Obviamente, se valoran muchas cosas a la hora de entregar la custodia a uno de los progenitores, principalmente, quién se ha encargado de su cuidado durante el matrimonio y hacia cuál de ellos demuestran los hijos más apego emocional. También hay hombres que piden la custodia para no tener que pagar – o para dañar a su ex- y después encasquetan el cuidado de los hijos a sus propios padres, pero éste es otro asunto. El 80 por ciento de los hijos se quedan con las mujeres que asumen mayormente la crianza, la responsabilidad y las dificultades laborales, en un mercado que castiga cada vez más a las madres. Afortunadamente, cada vez hay más padres que solicitan la compartida y más sentencias favorables para dividir al 50 por ciento el cuidado de los hijos. Pero no, no son la mayoría de los hombres, por mucho que se quejen un miércoles por la noche en la barra del bar a la que su ex no puede ir porque está acostando a los niños.

500 days of Summer
Cuando tu ex pasa de ti, y te recreas en el sufrimiento romántico.

La pensión compensatoria no tiene nada que ver con los hijos, y está regulada por el artículo 97 del Código Civil. Ésta es la que supuestamente paga nuestro amigo el arruinado y también puede ser pagada y/o percibida por cualquiera de los sexos. ¿Qué sentido tiene pagarle a una persona con la que ya no estás casado o emparejado? ¿Estamos todos locos o qué? Veamos qué dice la ley al respecto. El artículo 97 del Código Civil establece: “el cónyuge al que la separación o divorcio produzca desequilibrio económico, en relación con la posición del otro, que implique un empeoramiento en su situación anterior en el matrimonio, tendrá derecho a una compensación que podrá consistir en una pensión temporal o por tiempo indefinido, o en una prestación única, según se determine en el convenio regulador o en la sentencia (…)”. Es decir, tal como su propio nombre indica, la compensatoria sirve para compensar a la parte de la pareja más desfavorecida económicamente tras un divorcio y suele recaer en el cónyuge que por diversos motivos -cuidado de los hijos y del hogar o connivencia con la pareja- no ha podido gozar de una carrera laboral, ni de una independencia económica que le permitan engancharse al mercado tras la separación. Pongamos de ejemplo un matrimonio tipo de 15 años de duración con dos hijos. Por razones que mucha gente sigue considerando obvias, durante la mitad de la vida de sus hijos la madre, Fulanita, se encargó del cuidado de los mismos en exclusiva -lo que ha ahorrado guarderías, cuidadores y hasta profesores particulares- además de la puesta a punto del hogar del que ha disfrutado toda la familia. Más tarde, sólo ha conseguido trabajos temporales, a tiempo parcial y mal pagados. Mientras tanto, su ex, cosechó una buena carrera laboral. Fulanita tiene ahora 50 años, una vida laboral raquítica (¿quién la va a contratar?) y unos ahorros nimios. Pues es ahí en donde la ley podría exigir una compensación económica para que Fulanita no se quede con una mano delante y otra detrás. Fulanita, también puede reclamar un nivel de vida similar al que tenía en su matrimonio y al que contribuyó activamente gracias a su trabajo no remunerado.

En general, la cantidad y la duración de la pensión va en relación a los ingresos del pagador (nunca más de un 20-30% de sus ingresos) y el tiempo que se paga depende también de la duración del matrimonio y de los cambios económicos que se produzcan en la pareja. Por ejemplo, que Fulanita cobre una herencia o se vuelva a casar, o que su ex pareja se quede sin trabajo, son motivos objetivos para rescindir la compensatoria.

La invisibilización del trabajo de las mujeres convertidas por obra del Espíritu Santo en deidades maternales y cuidadoras a tiempo completo, convierte a muchas señoras en la zorra de mi ex cuando hay un divorcio. Cada vez que una persona pone el grito en el cielo porque una mujer cobra una compensatoria o se ha quedado con la casa en la que cohabita con sus hijos (historias muchas veces tergiversadas y legalmente imposibles), estamos estigmatizándola y creando el caldo de cultivo en el que se justifican todo tipo de violencias

Otra día ya hablamos de todos esos padres maravillosos que no pagan la pensión de sus hijos por culpa de la zorra de su ex.

 

¿Te gusta el sexo anal? Como pregunta ideal para encontrar al amor de tu vida

El hecho de estar felizmente emparejado es un proceso complejo en el que intervienen muchas variables. De hecho, las palabras feliz y emparejado son frecuentemente difíciles de conjugar en la misma frase. Al contrario de lo que recomiendan algunas personas y muchas madres de que “hay que estar muy seguro para dejar a alguien”, mi opinión y experiencia me dicen que de lo que hay que estar realmente seguro es de empezar a salir con ese alguien.

Hace unas semanas se hizo famoso el test de las 36 preguntas que harán que te enamores de un desconocido, diseñado por el psicólogo Arthur Aron, cuyo éxito viral os habrá salido por las orejas. Con la excusa del dichoso test se ha montado hasta un reality show un poco heavy en el casan a gente que no se ha visto en su vida. Obviamente, el productor tenía bien presente la insana tendencia de los españoles a mentir en las encuestas, y las relaciones formadas como consecuencia de semejante experimento son una fábrica imparable de conflictos televisados.

Sin embargo, dentro de ese cuestionario cursi “para crear una intimidad acelerada”, faltan preguntas fundamentales que SIEMPRE surgen –directa o indirectamente- en una relación de pareja. Las cuestiones que de verdad importan y que harán que no te arrepientas de haber empezado una relación, son las que todos quisimos hacer, pero nunca nos atrevimos a plantear.

Por eso, y en mi afán de mejorar vuestras vidas, os expongo las 36 preguntas para evitar que perdáis el tiempo. Si después de este test vuestras respuestas son afines, deberíais aceptar que estáis ante la persona de vuestra vida.

SEXO

¿Te gusta el sexo anal? La pregunta que siempre se dilata en el tiempo hasta que lo que te intentan dilatar es otra cosa. Y sin avisar. Basta ya de tanto cinismo, hablémoslo sin reparos, desde el principio -y en ambas direcciones-.

¿Te gusta el sexo oral? Hay gente a la que no, y está entre nosotros. Y también hay muchos que lo que les gusta es recibir, pero dan menos que Supermercados Día cuando te olvidas la tarjetita cliente y los cupones descuento. Ay, cuánto tiempo perdido por no saber abrir la boca.

¿Qué importancia le das a los preliminares? ¿Sabías que treinta y cinco minutos con la lengua en un clítoris equivalen a una carrera de diez quilómetros? (quilómetro arriba, quilómetro abajo…)

¿Con qué frecuencia semanal de sexo dirías que estás satisfecha/o?

¿Hay probabilidades de qué padezcas una ETS? (…) – ¡Anda, mira! ¡Un camión de la Cruz Roja!

EXPECTATIVAS

¿Te quieres casar? Pensad que hay gente para la que es muy importante reafirmar su relación contractualmente, algunos incluso bajo protección divina.

¿Quieres tener hijos? Y es que uno de los más temidos dramas, especialmente entre las mujeres, es el de pasarse media vida con alguien y, llegado el momento, descubrir que su pareja no quiere . ¿Quién te devuelve a ti tu vida fértil, eh?

¿Quieres vivir en el campo o en la ciudad? ¿Has oído hablar de los hongos vegetales y el virus chikungunya?

¿Hipoteca o alquiler?

¿Te conformas con un Ibiza del 99 o prefieres un Audi recién salido del concesionario

¿Necesitas viajar? Ojo, todo el mundo va a decir que le gusta. Pero hay personas que de verdad lo necesitan para vivir, más allá de cuestiones laborales o logísticas.

DESTREZAS, HABILIDADES, (IN-) COMPATIBILIDADES Y PATOLOGÍAS

Escríbeme este mensaje de whatsapp:A ver cómo nos besamos después de haber comido este cocido que repite que da gusto. Menos mal que cogí el bolso nuevo y ¡qué casualidad! estaba lleno de pastillas para la acidez. Si no las hubiese encontrado tendría que ir a la farmacia a buscarlas, con lo vaga que soy”. *

¿Tienes trabajo o intención de buscarlo?

Si no tiene: ¿Cuál fue tu último puesto y cuánto tiempo estuviste en él?

    ¿Por qué te despidieron?/¿Por qué te fuiste?

¿A quién votas? Sí ya sé, el voto es muy personal, pero yo quiero saber con quién duermo.

¿Eres mentiroso?//¿De verdad dejaste tú el trabajo? (Mientras clavas tu pupila en su pupila azul).

¿Perteneces a alguna secta o religión?

¿Cuántas veces al día te cepillas los dientes?

¿Cierras la puerta del baño con pestillo?

¿Fumas? ¿Bebes? ¿Consumes drogas o psicofármacos? ¿Los compartes?

¿Quiénes son tus mejores amigos? ¿Con qué frecuencia los ves?

¿Arrastras algún trauma infantil? ¿Alguna manía reseñable?

¿Quién te compra los calzoncillos? Para las chicas: ¿A quién le has comprado los calzoncillos?

¿Eres deportista? ¿Eres runner?

¿Padeces alergias alimentarias? ¿Eres vegetariano? ¿Sigues alguna dieta?

¿Dejas la tapa del váter levantada?

¿Cada cuánto tiempo consideras que hay que cambiar las sábanas?

¿Ves series, películas y lees?

  ¿Quién dirigió y quién protagonizó El Padrino?

  ¿En qué lugar se reunían los personajes de Friends?

  ¿Saramago, Sara Mago o “Sal, amargao”?

¿Te gusta la ironía? ¿Por qué has respondido que prefieres vivir en el campo si aspiras a tener un Audi, cerdo capitalista de mierda?

FAMILIA

¿Qué importancia tiene tu madre la familia en tu vida?

¿Necesitas de la aceptación de tu madre  tu familia para tomar decisiones importantes?

¿Con que frecuencia visitas a tu madre tu familia?

¿Cómo te llevabas con su madre la familia de tu ex?

PONGÁMONOS PROFUNDOS

¿Has sido infiel alguna vez? ¿Por qué? Si la respuesta es “no”, seguido de un bufido de indignación, repite la pregunta 15.

¿Eres feliz?

¿Qué cosas consideras imprescindibles en tu vida para serlo?

¿Qué cambiarías de mí?

Si confiesa abiertamente que quiere cambiar algo de ti:

– Primero y fundamental, activa tus radares de alerta y piensa que estás ante un posible caso de manipulador psicopático víctima del SRM (Síndrome de Risto Mejide) dispuesto a amargarte la vida.

– Después, ya puedes valorar si tiene o no razón (pero antes consúltalo con alguien que te conozca de verdad).

Si no ha salido corriendo ni quiere cambiar nada de ti (o al menos lo disimula con gran entereza), ¡enhorabuena!, es el momento de darle una oportunidad a ese bote de vaselina. Y pedirle matrimonio.

¿Te gusta el sexo anal?

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