Cotidiano, lo que sucede de manera habitual. Cotidiano, lo que se hace cada día. Cotidiano, lo trivial; cotidiano, lo intrascendente; cotidiano, lo que pronto se olvida.

Miércoles, 8 de noviembre. Jessica, de 28 años, es asesinada delante del colegio de su hijo. Desde el año 2014 había denunciado a su agresor hasta en cuatro ocasiones, la última vez dos días antes de que su asesino la emprendiese a tiros en la puerta de la escuela de Elda (Alicante) donde, junto a otros padres, recogía al pequeño de 3 años. Dos días antes de asesinarla, el maltratador, padre del niño, había quebrantado la orden de alejamiento, pero fue puesto en libertad a la espera de juicio. Mientras Jessica peleaba por salir de la espiral de la violencia, los procesos judiciales siguieron los cauces de lo cotidiano.

Martes, 7 de noviembre, 15.45 de la tarde. Un individuo de 49 años choca su coche contra otro vehículo en la calle Primero de Mayo de Aranjuez. El conductor se baja del coche y se dirige al de la conductora de delante, de 42 años, para propinarle varios golpes en plena calle. El agresor es su esposo.

El mismo martes, Sergio Morate, es declarado culpable y condenado a 48 años de cárcel por el doble asesinato de Laura del Hoyo y Marina Okarynska, de 24 y 26 años respectivamente, las dos jóvenes desaparecidas en Cuenca en agosto de 2015. El asesino de su ex pareja y de la amiga de ésta, ya había sido condenado en sentencia firme en el año 2008 por un delito de detención ilegal y amenazas en el seno de violencia de género.

El martes comenzó también en Soria el juicio contra al marido de Rachida Nour, la mujer que, en junio de 2015, fue asesinada por asfixia después de recibir una brutal paliza. El acusado, que fue encontrado con las manos hinchadas y enrojecidas, dijo habérsela encontrado fallecida dentro de la ducha, a pesar de lo cual no dudó en llamar a su hermana para que eliminase las pruebas, antes de que llegasen los servicios de emergencias.

Este martes se juzgó también a Alberto J.V.C, el supuesto asesino de la mujer arrojada por una ventana en Vigo en octubre de 2015. Los vecinos declararon en el juicio que la mujer les dijo “tiroume meu home” momentos antes del fallecer. Un vecino reconoció también que se la había encontrado varias veces fuera de casa porque su marido no la dejaba entrar. Nadie hizo nada.

También el martes la Audiencia de Alicante juzgaba a un hombre acusado de abusar sexualmente de tres niñas en la piscina del municipio alicantino en agosto de 2014. El sospechoso realizó tocamientos a las tres menores y luego las grabó en video mientras se duchaban.

Lunes, 6 de noviembre. Arranca el esperado juicio contra Florentino A.C, acusado de matar a golpes a su mujer en el municipio pontevedrés de Mos en diciembre de 2015. El acusado dijo que se la encontró muerta en la cocina cuando llegó a casa pero que “ni se me pasó por el sentido” llamar a los servicio sanitarios. El sargento del cuartel de Mos que llegó al lugar del crimen aseguró que “no había otra persona allí que hubiese podido ser” y añadió que “tenía que ser él”. Su mujer lo había denunciado hasta en dos ocasiones. A pesar de haber ingresado en prisión preventiva en diciembre de 2015, el acusado gozó de un régimen de libertad desde febrero de este año por problemas de salud. El jueves quedó en libertad por falta de pruebas. No hay más sospechosos.

El fin de semana pasado, dos hombres, de 37 y 24 años, fueron detenidos por dos delitos de violencia machista en Soria. El primero golpeó a su ex pareja en presencia de la hija de ambos. La agredida pudo escapar de casa y esperó a la policía en la calle. El segundo fue detenido el domingo por la mañana después de una llamada al 091 en la que se alertaba de que estaba maltratando a su pareja. A pesar de su corta edad, el maltratador ya tenía una orden de alejamiento impuesta en un juzgado de Burgos.

Este es el relato de una semana normal de violencia machista que esta semana empezaba con el esperado juicio a los supuesto violadores de San Fermín. La mayor parte de los delitos cometidos no se han denunciado, o siquiera han trascendido. No ocupan grandes titulares ni acaloradas tertulias de radio y televisión. Las víctimas corren riesgos innecesarios y pagan con la vida la burocratización de la Justicia, su escasa sensibilidad y la falta de formación en materia de igualdad. Con la violencia machista puede pasar lo que decía Oliveiro Girondo, que la cotidianeidad nos acabe tejiendo, diariamente, una telaraña en los ojos. Corremos el riesgo de hacerla invisible.