Mes: julio 2017

La loca de Juana

Hace quinientos ocho años una mujer fue encerrada en un palacio por orden de su padre primero, y de su propio hijo después, para evitar que solicitase lo que legítimamente le correspondía, el reino de Aragón y Castilla. Desde joven había mostrado un orgullo desmedido para la época, llegando a arriesgar su vida por amor; un gran escepticismo religioso, y pocas ansias de poder. No quería el poder, pero luchó con dignidad por defender la Corona de Castilla, protegiéndola incluso del querido esposo por el que se supone, perdía la cabeza. A pesar de que defendió a todos los hombres de su vida, todos ellos la traicionaron, y se encargaron de incapacitarla una y otra vez y de negarle el ejercicio de su libertad. Subyugada y maltratada, permaneció 46 años aislada de la realidad con la única compañía de su hija pequeña durante los 15 primeros años de su cautiverio. Tras la partida de Catalina, sola en su escondite, tuvo que luchar contra la melancolía y los demonios de la injusticia en que se había convertido su vida.

Se llamaba Juana, y decían que estaba loca.

En nuestros días otra Juana permanece encerrada en algún lugar junto a sus dos hijos, desobedeciendo unas leyes injustas que la obligan a entregárselos al padre maltratador. Juana Rivas, granadina de 38 años, sufrió varias palizas y violencia psicológica durante su relación con Francesco Arcuri, italiano de 50, que llegó a ser condenado por un delito de lesiones en el ámbito familiar.El año pasado Juana decidió terminar su calvario en Italia trayéndose definitivamente a sus hijos a España. Creyendo que la justicia de su país la protegería.

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A pesar del cambio legislativo del año 2015, gracias al que ya se contempla a los hijos de mujeres maltratadas como posibles víctimas de la violencia de género, y que permite la supresión de las visitas con el maltratador, el juez y la fiscal no hicieron nada para impedir que los niños se viesen con Arcuri. Hace unos días Juana tendría que haber entregado a sus pequeños, de 3 y 11 años, en el punto de encuentro de Granada. Pero no lo hizo. En lugar de eso, se ha escapado con ellos y permanece en paradero desconocido. Obligada a huir de la injusticia.

Pero antes de irse la madre dejó claras sus intenciones ante los medios de comunicación “me los tienen que quitar a palos”. Ahora, la Guardia Civil busca a la víctima mientras el abogado del agresor se pasea por los medios reclamando justicia. El letrado de Francesco Arcuri ya ha pedido una orden internacional de detención para Juana por el secuestro de sus hijos. Adolfo Alonso, abogado de profesión , ve claros síntomas de enajenación mental en la madre de los niños que se encuentra en un estado psicológico de desequilibrio emocional” y que presenta “un riesgo para su hijos, ya que sus comportamiento son imprevisibles y puede dirigirlos contra éstos”. Juana. La loca.

Y mientras medio país reclama justicia para Juana, se anuncia, entre fuegos de artificio, el flamante pacto de Estado contra la Violencia de Género después de meses de trabajo de todos los grupos políticos. Pero las leyes son papel mojado si no la ejecutan órganos especializados y con sensibilidad en violencia machista. Los casos que han acabado de manera desgraciada son innumerables, y tenemos varios sólo este año: la bebé asesinada por su padre que se tiró por la ventana del hospital madrileño de La Paz. O Javier, el niño de 11 años de A Coruña, al que mató su padre que tenía una orden de alejamiento de su expareja, después de recogerlo en uno de esos puntos de encuentro en donde Juana debía haber dejado a sus hijos. Dos años después del asesinato de las niñas de Moraña, Rocío Viéitez, la madre de Amaia y Candela, inició hace unas semanas una recogida de firmas en change.org para pedir la no derogación de la prisión permanente revisable que debería mantener encerrado a David Oubel el resto de sus días.

Pero ni siquiera hace falta que los maten. Porque los niños que conviven con la violencia son siempre víctimas. Tienen muchas probabilidades de sufrir depresión, problemas de conducta, fracaso escolar o aislamiento. Tienen también una alarmante predisposición a perpetuar la violencia machista en el caso de los chicos, y a desarrollar patrones de sumisión en el de las chicas.

El pacto de Estado no puede ser un documento de maquillaje político. No puede olvidar las principales reivindicaciones de los colectivos feministas. Porque no nos cansaremos de decir que un maltratador nunca es un buen padre. Mientras una oleada ciudadana de solidaridad aplaude la insumisión de Juana, muchas personas le abrimos las puertas de nuestra casa a ella y a sus hijos. Ni loca ni sola, compañera.

 

*Artículo publicado en a Revista de Diario de Pontevedra el 29/07/2017

Imagina que se hunde Manhattan

Comunidad de Cantabria. Dos veces Luxemburgo. Cuatro Ciudad de México. Diez veces Madrid. Manhattan multiplicado por ciento sesenta. 580.000 campos de fútbol. Quinientos-ochenta-mil.

Meto los pies en el mar y le digo que está caliente. Me dice que no. Que está como siempre. Pero la friolera soy yo. No, está más caliente, mírame, puedo meterme seguido, sin recular, ni siquiera cuando me toca por detrás de las rodillas. Puedo meterme hasta la delicada zona de la ingle. Tengo los labios vaginales muy sensibles. Puedo meterme hasta el ombligo. Ya ha tocado los pezones y no he salido corriendo. Me sumerjo. Saco la cabeza y charlo un rato. Nado. Podría quedarme ahí toda la tarde, flotando en el mar de la Playa de Areas mientras pasa un grupito de sanxenxinas con el bikini de moda de ASOS. Lo vi en Instagram. O serán madrileñas. El bikini es de ASOS, eso seguro. Lo compran todo por internet. Fuera, mi piel pálida no está morada, ni enrojecida. El agua está muy caliente. Esto es el cambio climático, joder. Que no, loca. Habrán meado los niños.

El lunes abro el ordenador y el titular de GCiencia me aprieta el estómago “Máximo histórico na temperatura do mar en Galicia: o prólogo de perigosos cambios”. La bolla de Cabo Silleiro registra una temperatura de 19.9 grados, la más alta desde que existen registros. 1,25 grados más que el año pasado. El fenómeno se multiplica en todas las bollas de medición de España: 23,5 en Bilbao, 24,3 en Cabo de Gata, 27 grados en Tarragona. 28 en Punta Cana. Van a desaparecer muchas especies autóctonas y todo el ecosistema de las Rías Baixas se resentirá. El marisco de las bateas muere incomprensiblemente. Dicen. En algún sitio buscan a un experto que nos tranquilice. La temperatura del mar sube por muchos motivos, las corrientes y esas cosas. En realidad ahora se está mucho mejor. El Caribe en casa. A ver si The Guardian hace un reportaje y vienen más ingleses, que esos tienen pasta. La ría está para explotarla.

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Larsen C. El mayor iceberg de la historia se desprende y navega a la deriva. Un billón de toneladas de hielo. 5800 kilómetros cuadrados. El 12 por ciento de la superficie de la Antártida. Quinientos ochenta mil campos de fútbol. 160 veces Manhattan. El paraguas que nos protege de los rayos solares. Para no derretirnos. La vivienda de muchas especies desgajada de su territorio. Los pingüinos están en peligro. El cormorán. La ballena azul. ¿Has visto el último bikini de pingüinos de ASOS?

Desde 1995 han tenido lugar los desprendimientos de las plataformas de hielo Larsen A, y Larsen B. Los científicos opinan que los colapsos se producen demasiado rápido y advierten del impacto en todo el planeta. Lugares como Manhattan podrían acabar sumergidos. Trump sale del acuerdo de París y recorta la investigación contra el cambio climático. Ese invento neocomunista. Llamen al experto tranquilizador o al primo de Rajoy, los ciegos tienen que seguir comprando. Los desprendimientos se deben a muchas causas, y, además, no tiene por qué subir el nivel del mar. Haz la prueba con el cubito de hielo de tu gin tonic.

Hace un año que no llueve en el valle del Rift. Ochocientas especies de peces viven en sus lagos. Las tierras están completamente secas y el ganado muere deshidratado. Trece millones de personas están afectadas por una de las mayores hambrunas del Cuerno de África. Los niños mueren cada día en Etiopía, Uganda, Kenia y Somalia. Los flamencos sobrevuelan las áridas tierras Patrimonio de la Humanidad. El otro día me probé el bañador de flamencos rosas en el Zara de Plaza Galicia. No siempre se necesita un experto para tranquilizarnos.

El cambio climático es ya la principal causa de catástrofes naturales y muertes de todas las especies en el planeta. Los combustibles fósiles generan la mayoría de los gases de efecto invernadero que calientan la capa de ozono y los mares. Los combustibles que se usan, cada vez más, para traernos, uno a uno, nuestra compra online a la puerta de casa. Para coger ese Ryanair gracias al que nos sacamos una foto desayunando en Ibiza y traemos a los guiris a Sanxenxo la semana que viene. Para comprarnos el bikini de ASOS. El egoísmo occidental divide el mundo el mundo entre los ciegos que no ven más allá de las pantallas de su ordenador y los que ya lo han visto todo. “Y dice que fue de repente, Sí, doctor, Como una luz que se apaga, más bien como una luz que se enciende”. Quizá, si se hundiese Manhattan lo entenderíamos.  “Aquel hombre no debía estar ciego, pensó, olvidando por unos instantes que él también lo estaba”. Saramago ya lo había visto todo.

 

*Artículo publicado en A Revista de Diario de Pontevedra el 15/07/2017

Maricones y personas normales

La televisión llegó muy tarde a casa de mis abuelos. El primer aparato en propiedad aterrizó pasados los años 70, cuando España empezaba a salir de la obtusa dictadura y los programas se llenaban de cantantes melódicos por los que suspiraban las adolescentes. Mi madre recuerda cómo mi abuelo les mandaba apagar la televisión si salía algún “maricón” en pantalla. Le iba mal con Raphael y más tarde con Camilo Sesto, uno de los primeros mitos eróticos de mi santa madre que él no lograba comprender. Mamá cree que padri, así lo llamábamos todos los nietos, no llegó a conocer a ningún maricón en toda su vida, porque los maricas de antes no andaban presumiendo de pluma como los cantantes que le gustaban a ella. Aunque fuesen heterosexuales.

Mi abuelo nació en el año 1931 y, para cuando acabó la dictadura, era un hombre de más de 40 años que había vivido gran parte de su vida adulta bajo una Ley de Vagos y Maleantes que consideraba delincuentes a los homosexuales por ser, entre otras cosas, “inversos sexuales y pervertidos”. La homosexualidad era perseguida y los homosexuales castigados con infames torturas y asesinatos.

Y aunque en la preguerra triunfaron los espectáculos de variedades importados de Francia en donde los hombres se transformaban y travestían sobre el escenario, la llegada del franquismo aniquiló este tipo de representaciones por consideradas de moralidad dudosa. Uno de los pocos géneros que sobrevivió a la dictadura fue la copla, interpretada principalmente por mujeres y a la que las clases populares accedían sobre todo a través de la radio. Cuando mi abuelo estaba contento escuchaba a Juanito Valderrama y a Antonio Molina, a Concha Piquer y a Dolores Abril. Poco sabía él que en la aparición de sus canciones preferidas fueron imprescindibles las plumas de tres artistas homosexuales fundamentales para la cultura española: Federico García Lorca, Rafael de León y Miguel de Molina. Miguel de Molina llegó a reconocer públicamente que compuso Ojos Verdes con Lorca y de León como una canción claramente gay de un hombre que le cantaba a otro hombre. Él, con sus blusas de lunares y su aire extravagante, tuvo que huir al exilio argentino para no correr la misma suerte que Lorca. La pluma los delató.

Miguel de Molina en la posguerra.
Miguel de Molina presumiendo de pluma.

Incluso algunos cineastas consiguieron esquivar la férrea censura para colar al régimen películas que utilizaban metáforas poco sutiles acerca de la homosexualidad. Como De Barro y Oro (1968) protagonizada por Juanito Valderrama interpretando a un cantante maduro que ayuda a un joven torero; o Diferente (1961) con un Alfredo Alaria que se quedaba colgado de un obrero tras verlo trabajar con el pecho y los brazos descubiertos mientras hundía una taladradora en el suelo.

Ya en los 70, y con la presión ejercida por la música pop que llegaba de fuera, cuyo máximo exponente eran Los Beatles, se empezaba a respirar cierto aire de libertad en la manifestaciones artísticas. Libertad que intentó ser aplacada nuevamente con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que incluía penas de hasta 5 años de internamiento en cárceles o manicomios para homosexuales y demás individuos considerados peligrosos, como narcotraficantes, pornógrafos y proxenetas. Incluso el prestigioso psiquiatra Juan José López Ibor llegó a practicar lobotomías a homosexuales a principios de los años 70.

Cuando por fin llegó la democracia y se despenalizó la homosexualidad, los armarios de la cultura popular se abrieron de par en par. Paco España, Miguel Gallardo, Los Diablos, Baccara o un artista llamado Pierrot que cantaba la nada alegórica canción “Yo soy Gay” llenaron las pistas de baile de las grandes ciudades. Mientras, los ídolos de mi madre sonaban en pueblos y en pequeñas ciudades con canciones poco inocentes como Amor Libre de Camilo Sesto: Libérate y Entrégate Libérate y Olvídate/Todo esto es amor/Amor sin barreras/Amor sin fronteras/Amor de un amigo/Amor libre.

Con los 80, llegó la movida, Almodóvar y Mcnamara, Alaska, y llegaron también Mecano, pioneros en la visibilización musical en España de las relaciones lésbicas (Nada tiene de especial/dos mujeres que se dan la mano/el matiz viene después/cuando lo hacen por debajo del mantel).

Es momento para celebrar con Orgullo que hoy aquella España gris y triste de mi abuelo es un oasis para la comunidad LGTBI, con un Estado que reconoce el asilo para ciudadanos homosexuales de todo el mundo, y con una de las legislaciones y pioneras en cuanto al matrimonio gay (2005) gracias a la que los homosexuales pueden no sólo casarse, sino también tener hijos y adoptar.

Pero también para no olvidar que aún hoy cerca de 80 países de todo el mundo tienen leyes que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo con cadena perpetua, latigazos y la pena capital. Que la homofobia ciudadana mata y persigue a homosexuales por no considerarlos “personas normales”.Un momento para no olvidar que llegar aquí ha costado sangre, sudor y lágrimas, que todavía hoy se practican actos de violencia en nuestras calles y colegios, que subsisten fuerzas políticas y religiosas que quieren derogar los derechos LGTBI y que algunos siguen pidiendo un día del orgullo heterosexual. El momento de recriminar al partido más votado de este país con destacados homosexuales en sus filas, que interpusiese un recurso contra la Ley de matrimonio homosexual en el Tribunal Constitucional que se negaron a retirar durante los siete años que duró el proceso. Es momento de pensar que hace no demasiado tiempo mi abuelo apagaba la tele cuando salía un maricón en pantalla.

*Artículo publicado originalmente en A Revista de Diario de Pontevedra el 1/07/2017