Cuando tenía 18 años, en mi primer año de universidad, un chico se me acercó en un pub y me dijo que le gustaba y que le parecía muy guapa. Agradecida por el cumplido, le comenté que tenía novio y que lo nuestro no podía ser. A pesar de que era cierto que tenía pareja, la verdad es que no me hubiese ido con él ni aunque estuviese sola. La cosa podría haber acabado ahí, hasta que el elemento decidió sacar la artillería pesada para conquistarme. Sonriendo, y sobradamente convencido de sus posibilidades, me mostró las llaves del Audi y me espetó “si te vienes conmigo, te lo dejo conducir”. Después de mi reiterada negativa -e indignación-, el chaval se quedó con las llaves del coche de su padre en la mano y mi más absoluto desprecio de zorra adolescente.

Tener un coche de alta gama, aunque tuviese más años que tú o se lo hubieses robado al abuelo, era una condición que aumentaba las posibilidades de follar a los chavales hasta hace no demasiados años. Un Audi o un BMW podía compensar la altura que faltaba o mejor, las luces. Ayudaba a parecer interesante e incluso podía alargar penes. En plena época de bonanza económica, los vehículos de gran cilindrada y anchura de llantas, llegaron a sustituir al mítico “tengo tierras” de toda la vida.

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Pero esto es cosa del pasado. Ahora somos pobres y la follabilidad se mide en seguidores de twitter.

Es evidente que el flirteo se ha trasladado en gran medida de la calle a las redes sociales. Cada vez más personas encuentran pareja sexual o sentimental por las redes, y no sólo en aquéllas dedicadas exclusivamente a tal fin. A pesar de la invasión de nuevas redes sociales, Twitter y Facebook siguen cortando el bacalao por ser las más populares y con mayor número de usuarios. Si hace un tiempo tener muchos amigos en Facebook significaba ser el puto amo, ahora parece simple consecuencia de una falta de criterio para agregar a desconocidos y hacerlos pasar por amigos.

Sin embargo, Twitter, el reino del ego, se mueve por seguidores a los que no debes un follow por correspondencia. De hecho, tu popularidad aumentará a medida que ignores a cuánta más gente te siga. Twitter es una red social basada en la pura arrogancia, el despotismo, la envidia y demás características intrínsecamente relacionadas con la humanidad. Es muy fácil que cualquiera a quien no caigas bien te fulmine para siempre después de un comentario crítico hacia su persona. Cuando le dije a un señor que acumula miles seguidores y cuyo oficio más conocido es retuitear noticias, que comparar a Julián Muñoz con algunos dictadores como Pinochet, me parecía excesivo, me respondió con un frío block.

Cuando le digas a alguien que tienes twitter –o si intentas contactar por esta red- ten en cuenta que lo primero que hará, indefectiblemente, será chequear el número de seguidores que tienes. Si te preocupa parecer interesante, empieza a ahorrar para comprar followers chinos al por mayor. Creo que a Rajoy le sobran unos cuantos.

No es la primera vez que escucho –lo prometo- “algo debe de tener cuando le siguen semejante cantidad de personas” como un comentario súper positivo hacia alguien. Hemos llegado al punto de que miles de seguidores en twitter pueden equipararse en mérito a haber escrito una novela en arameo o acumular cinco licenciaturas en una universidad no española.

Después de la época del milagro económico de España en que hasta el más espabilado debía hipotecarse para pagar el tubo de escape doble, llega otra, no menos patética, en que la apariencia económica se ha trasladado a la fachada intelectual. Las hijas e hijos del 15M queremos ser vistos como personas cultas, admiradas por profundas reflexiones que compartimos con etiquetas reivindicativas e ingeniosos chistes, lanzados desde el salón de casa de nuestra madre. La pobreza agudiza el ingenio. Y el tiempo libre, también.

Los chicos que triunfan ahora entre las nenas tienen barba, posan en fotos en blanco y negro, y de su brazo sale siempre una bandera republicana o un instrumento musical. En casos graves, un puño en alto. El aspecto desaliñado y de pobre de puerta nos pone, porque nos dice que detrás de esa imagen cuidadosamente descuidada, hay un nuevo líder político de alguna plataforma ciudadana ecologista y marxista que acabará por destronar el capitalismo y devolverá el poder al pueblo.

¿Pero sabéis qué? En los asientos del Audi, por lo menos menos, se podía follar.

  • Henry David Thoreau

    Vamos, que en tu pequeño mundo hemos vuelto a los setenta.

  • Quique Díaz

    Ahora mola mazo el copia y pega. Si la foto es buena tanto mejor. Pero si quieres ligar, soy de la vieja escuela, y tiene que ser con la piel. Será porque iba en un Panda, que me dejaba mi padre, o porque cuando usaba face era de los pocos que no daban los buenos días y soltaba cualquier chorrada, porque lo que buscaba era reirme y encontrar otro tarado como.yo, o yo que sé.