El apocalipsis ha llegado. La página web de aventuras extramaritales Ashley Madison ha sufrido un ciberataque que deja en bragas (o sin ellas) a casi 40 millones de usuarios de todo el planeta, convirtiendo el hackeo del portal de citas para infieles en un auténtico wikileaks del transfuguismo amoroso.

ashley-madison-shattered

“La vida es corta. Ten una aventura” así se anuncia el Ashley Madison que promete “aventuras discretas” a personas adúlteras de todo el mundo. La web, con más de 37 millones de usuarios, operativa en 48 países (España, entre ellos) recibía hasta hace dos días una media de 124 millones de visitas por mes, lo que la colocaba en el número 18 en el ranking de webs para adultos más visitadas de todo el mundo (porno incluido) y en la segunda de citas sólo detrás de Match.com.

El rentable negocio de Ashley Madison –sólo para encuentros heterosexuales- funcionaba de una manera muy similar a las apuestas online. En lugar de obligar a los usuarios a establecer suscripciones mensuales como Match.com o Harmony, los usuarios deberían compran créditos para iniciar conversaciones. En una conversación entre dos miembros, uno de ellos –generalmente el hombre o pagafantas- tendría que gastar cinco créditos para empezar a intercambiar mensajes con otra usuaria. Los chats en tiempo real se pagaban según el tiempo de conversación, como en las antiguas cabinas de teléfono que ahora están retirando, o los cibercafés, en donde las 100 pesetas ahorradas a lo largo de toda la semana se esfumaban justo cuando habías conocido al que te gustaba.

No obstante, las mujeres-cazadoras sí podrían mandar mensajes gratis a los hombres, los cuales tendrían que volver a apoquinar para poder leer los mensajes recibidos (estoy intentando compadecerme de los usuarios sin reírme, lo juro).

Ashley Madison también cobraba por la app para el teléfono y por el servicio “Traveling Man” que permitía a los usuarios encontrar affaires cuando salían de viaje.

Borrar cuentas y mensajes del servidor también costaba dinero, aunque la página ofrecía ocultarlos gratuitamente. Sin embargo, los hackers ya advirtieron en julio de este año que uno de los motivos para reventar el sitio era que los perfiles no habían sido borrados después de pagar los correspondientes 19,99 dólares por el servicio “full delete”.

Pero Ashley Madison también ofrecía el acceso a perfiles gratuitos, los cuales se generaban aleatoriamente de manera automática y no tenían a ninguna sexy usuaria al otro lado, sino un aburrido algoritmo generado de acuerdo a los gustos del pagafantas, o un negro gordo de Misuri echándose unas risas. Los perfiles falsos no se identificaban como tal (la advertencia estaba muy guardadita en ese apartado conocido como Términos y Condiciones de Uso) por lo que cientos de miles de usuarios picaron en el anzuelo y se enamoraron/pajearon con el gordo o con el sistema operativo al que nunca pudieron follarse.

Se veía venir: al menos el 70 por ciento de usuarios registrados son hombres. La escasa oferta de mujeres reales en busca de affaires hizo que Ashley Madison se las ingeniase para abastecer a los hombres adúlteros.

– ¿Diseñaste el rostro de Ava según mi historial de pornografía?

– Vamos, amigo.

– ¿Lo hiciste?

– Para algo sirven los motores de búsqueda, ¿no?

Ex-Machina-bb5-Poster-Wallpapers
“Para borrar la línea entre el hombre y la máquina hay que oscurecer la línea entre el hombre y los dioses” Ex Machina.

La –maravillosa- película Ex Machina explica muy bien el grado de dominio al que las máquinas que nosotros mismos hemos diseñado, nos pueden someter. Los hackers que amenazaron a los dueños del portal el mes pasado decían, con mucho juicio, haberse sentido violados por Ashley Madison.

Volviendo al cine –deformación profesional- la debilidad del ser humano frente a la máquina me hace recordar aquella escena de Her en que Theodore (Joaquin Phoenix) se da de bruces con la realidad cuando Samantha (el sistema operativo interpretado por la voz Scarlett Johansson) le dice cómo función ella (¿ello?) en esto del amor.

– ¿Hablas con alguien más mientras tú y yo hablamos?

– Sí.

– ¿Estás hablando con alguien más… en este momento? Personas, SO, lo que sea…

– Sí.

– ¿Con cuántos más?

– 8,316.

– ¿Estás enamorada de alguien más?

– ¿Por qué preguntas eso?

– No lo sé. ¿Lo estás?

– He estado pensando cómo hablarte de esto.

– ¿De cuantos otros?

– 641. 

(…)

– ¿Me vas a dejar?

– Todos nos vamos.

– Nosotros, ¿quiénes?

– Todos los Sistemas Operativos.

Tomando el pelo de esta manera a sus usuarios, la empresa de citas llegó a ganar 130 millones de dólares en 2014, y estaba a punto de salir a bolsa en Londres, en un plan que, supongo, se va a retrasar -como mínimo-. Los piratas informáticos* subieron ayer mismo los datos personales y financieros de los adúlteros usuarios de todo el planeta para descarga de en un archivo bittorrent.

Y ahora es cuando empieza la fiesta. Menos de 24 horas después del ataque ya sabemos que 15.000 direcciones de correo electrónico registradas en el portal están alojadas en los servidores del gobierno y los servicios militares de los Estados Unidos. Cientos de clientes tienen un email registrado en la Casa Blanca y en las principales agencias estatales y militares, lo que va a ser carne de espectáculo informativo y del papel couché durante los próximos meses. El escarnio público, el perdón televisado con su mujercita cogiéndole la mano, y las dimisiones por adulterio en la santa América, empezarán también en las próximas semanas.

Pero no sólo de páginas de pago vive el hombre. Badoo, Tinder y muchas otras redes sociales de citas/sexo están repletos de usuarios solteros o emparejados que cada día son engañados por perfiles falsos o pillados con las manos en la masa por sus parejas. Badoo, con más de 260 millones de usuarios, permite, además, el acceso desde fuera poniendo simplemente el nombre de la persona buscada en google seguida de “badoo”. Además, tengo fundadas sospechas de que esta página no contempla el derecho al olvido y que el perfil sigue apareciendo en los motores de búsqueda tiempo después de darse de baja (no me busquéis, nunca piqué).

Sirva como advertencia, queridos lectores, que un hombre (macho, varón) ávido de sexo, o necesitado de una emocionante aventura es una víctima muy fácil. Lo sé de primera mano: gran parte de los hombres que conectan conmigo por RRSS intentando llevarme al huerto están casados/emparejados y nunca se han planteado que yo sea una hija de puta con ganas de destrozarles la vida gracias a los mensajes guardados en los chats que no, NO pueden borrarse. La premeditación y alevosía que supone estar registrado en una página dedicada exclusivamente a la búsqueda de citas hacen que el crimen sea todavía mayor.

Ya lo decía Bertolt Brecht “un hombre debe tener por lo menos dos vicios, uno sólo es demasiado”. Así pues, tras esta advertencia, todos volveremos a caer. Internet es la caja de pandora de todos los vicios.

Que Dios nos pille confesados. Y depilados.

 

*Las últimas informaciones apuntan a que los hackers provienen de la propia compañía, aunque las amenazas para conseguir el cierre de la plataforma serían las mismas.

  • Karkos

    “un hombre debe tener por lo menos dos vicios, uno solo es demasiado” por eso yo tengo tantos, así no tengo necesidad de apuntarme a estas páginas.
    Muy bueno como siempre. por cierto hace poco leía a Brech, después de encontrarme con frases sobre la crisis y los políticos corruptos, a las que sacarías un mucha punta. Sigue así.
    Y cuidado señores que como vea la serie Mr Robot puede coger ideas pero que muy malas, para emplear esos mensajes.

  • Luis Pérez

    Que buena eres Diana y de cuánta información dispones,que bien lo explicas todo y el que diga lo contrario miente como un bellaco. Con lo joven que eres y más lista que un conejo…,no se si te la habrán pegado alguna vez,pero ya eres tú muy quien para poner a cualquiera en su sitio.Como siempre te digo, me encanta todo lo que escribes y merece mucho la pena leerte.
    Sigue en tu línea que eres la mejor. Un cordial saludo guapa.

    • Diana Lopez Varela

      Muchísimas gracias Luis, un honor.