Pocas cosas me producen semejante repugnancia como la manía de ciertos individuos de llamar a propios y extraños con palabras tan cursis como “cari”, “cielo” o “bebé”. Cuando escucho a una pareja en la calle referirse a su partenaire con uno de esos calificativos siento que un gatito muere atropellado en algún lugar del mundo.

Y lo peor no es que se lo digan las parejas entre sí, que yo llevo años inventándome motes para mis parejas que causarían vergüenza al mismísimo Aless Gibaja, y que, por supuesto, no reproduciría en público ni aunque me amenacen con quemar todas mis cómodas bragas de regla en el próximo San Juan. No. Lo peor es que uno de ellos te diga a ti que hoy ha quedado con su “cari”, con su “cielo” o su “bebé”, cuando obviamente ésa es una información que no necesitas saber. Entonces, me dan ganas de ser yo la que atropella el gatito y cuelga el cadáver en el parabrisas de su coche cuando va a buscar a bebé. ¿Por qué no te apiadas de mí y me dices, simplemente, que has quedado con tu novio o con Marta? ¿Tan poco respeto te merezco para hacerme partícipe de tus ñoñerías sentimentales?

Y también están los que convierten su vida en el máximo monguerismo edulcorado y a pesar de tener más de 16 años son capaces de registrar el número de su pareja con uno de esos términos para que cuando lo llamen al móvil se vea bien claro, y a toda pantalla, lo muy enamorados que están. O lo graban en la chapa de la cadena de oro o en el collar del inocente perro. Cuánto daño han hecho las dependientas del Bershka al imaginario colectivo.

Pero resulta que todavía hay algo que me enciende más, que me hace combustionar y me convierte, de hecho, en una persona potencialmente peligrosa. Y es cuando un desconocido o desconocida, osa llamarme con una palabra empalagosa para requerir mi atención. A MÍ. Y precisamente, la mayor parte de las veces se trata de una dependienta que, aún por encima, pretende que le compre algo. Que imagino que en su pequeño cerebro llamar a una clienta “amor” y “cari” es tope guay y vende mogollón, pero es que nuestra relación comercial no llega tan allá para tomarse esas confianzas. Vamos, que ni tú eres mi puta, ni yo te voy a pagar para que me des el amor que no me dan en casa.

Todo esto se puede llevar también al plano del flirteo, porque no faltan personajes que entran a ligar y de buenas a primeras y sin anestesia te sueltan un “princesa” cuando estabas a punto de desatarte y clavarle la lengua en la boca. Justo ése es el instante en el que comprendes que Dios existe porque ha intercedido para evitar que lo tuyo con el señor soy-un-lerdo vaya a más. Entonces se te pasa la borrachera y eres consciente de que lleva más escote que tú. Y que aún por encima, tiene más tetas. ¿Qué podrá llegar a hacer una persona que te llama princesa cuando ni siquiera os habéis liado? Son el tipo de psicópatas que aparecen con su madre para presentártela el día en el que quedas “para hablar” después de descubrir que tiene el disco de Pablo Alborán guardado en el cajón de la mesilla, justo al lado del último número de Súper Pop.

Y es hoy me pasó una cosa muy curiosa, un tipo me mandó la foto de una polla gigantesca por chat de Facebook y cuando le pregunté si era imbécil -una pregunta retórica, se entiende-, me llamó “cielo” para disculparse. Y hombre, lo de la polla lo paso, pero cielo, cielo su puta madre.

El mundo sería un lugar mucho más dulce si los contratos de hipoteca se firmasen entre el banco CARI que cede al cliente SU BEBÉ cien mil euros en concepto de SÚPER AMOR con un cinco por cierto de interés deducible en ABRACITOS. Ninguna carta del banco nos produciría escalofríos, porque serían como las de San Valentín del instituto, llenas de corazones y palabras de amor. Y ningún desahucio sería un drama si el director te dijese que te echa de tu casa porque eres su bebé y prefiere tenerte más cerca, por ejemplo, en el cajero automático que no te da billetes, pero tiene un botón para pobres con el emoticono del corazón que recita a Paulo Coelho cuando lo presionas con tus sucios deditos de azúcar. En plan #cerodramas.

Un beso, bebés.

gibaja- no soy tu cielo

 

  • Olga

    Eres la “Carrie Bradshaw” del Siglo XXI pero mejor. “Lo de la polla lo paso, pero cielo, cielo su puta madre” MUY FAN

    • Diana Lopez Varela

      Jajaja, eso sí que es un honor. La Carrie de Pontevedra 😉 Besos