Lo hice. Fui a verla. Y lo peor es que nadie me obligó.

Como el que se inmola a favor de la causa religiosa para alcanzar la salvación eterna, yo puse mi tiempo y mi dignidad a disposición de los fundamentos que rigen el feminismo, el arte, el erotismo, el buen gusto, y la inteligencia en general. Y cincuenta hostias no me hubiesen llegado para repartir entre todo el equipo que participó en semejante EXCREMENTO.

Empecemos por el principio. Cincuenta Sombras de Grey no es una película. No sé qué narices es, pero desde luego una película NO. Más bien se parece a un spot cutre y larguísimo que no cumple absolutamente ninguna norma de la correcta narrativa audiovisual. Como guionista, os puedo asegurar que ni hay conflicto, ni objetivos, ni pasa nada, ni se espera que pase, ni los personajes sufren cambio alguno; ni mucho menos, hay un atisbo de metáfora o poesía, a no ser que los pezones de Dakota estén intentando decirnos que el rosa palo va a ser el color de moda en la primavera de El Corte Inglés. Pese a los innumerables desnudos que se repiten cada 30 segundos, es bastante difícil no quedarse dormido ante el sopor que genera semejante concatenación de secuencias sin sentido.

Si os pasa eso, nada mejor para despertarse que reflexionar sobre la apología pura y dura de violencia machista que es Cincuenta Sombras de Grey. Y sobre cómo tamaña exposición de primitivismo, clasismo y maltrato hacia las mujeres, se puede colar bajo la etiqueta de “fenómeno de masas” y “oda a la liberación sexual femenina” en las pantallas del mundo civilizado sin que las autoridades muevan un dedo para impedirlo.

Grey

La historia es la siguiente: un chico rico, pijo y triunfador se divierte sodomizando, secuestrando y humillando a una joven inocente, sumisa, pobre y VIRGEN. La joven es tonta profunda y está, por supuesto, perdidamente enamorada de él, por lo que se entrega a la causa de la sodomía con el objeto de conseguir su amor. Pero, aunque él no la ama (de hecho, la desprecia) a ella le da igual con tal de sentir sus varoniles azotes que dotan de sentido su existencia como ser humano en general, y mujer en particular. Gracias a esta compra-venta de dolor físico y emocional ella es premiada de vez en cuando con la compañía del señor Grey en modo pareja, además de innumerables regalos de lujo, entre los que se encuentran los coches de alta gama y los paseos en helicóptero.

La “película” hace especial incidencia en la relación de dominador-dominado mucho más allá del tema sexual y se recrea mostrando situaciones en las que ella aparece como una víctima de la tiranía de él, con una alegría y una naturalidad que ya quisieran para sí el ladrón del Códice Calixtino. Además, esta moderna y liberal exposición del sadismo muestra (y hasta justifica) el enfado del señor Grey si su putita se resiste a sus encantos, caso en que la acosará y perseguirá con total impunidad, porque es un chico rico y guapo y mola mogollón.

El universo femenino reflejado a través de las mujeres que pululan alrededor de la protagonista (la amiga, la madre, las empleadas de él, o las compañeras de clase de ella) no hace sino empeorar el panorama. Todas apoyan y buscan activamente la dependencia hacia los hombres, y, por supuesto, sienten envidia y admiración de que Anastasia esté con un tipo tan malote y deseable.

Además, no escatiman en escenas vomitivas, como ésa en que el señor Grey la lleva en brazos después de haberle dado de hostias, enfatizando la fragilidad de ella que aparece una y otra vez retratada como una princesita que espera paciente a que el príncipe azul venga a liberarla de su castillo, y no como una folladora nata que se lo pasa pipa jugando al sadomaso. Lo que viene siendo esclavitud mezclada con dependencia emocional hacia el líder/amo.

Con respecto al erotismo, sentir algún tipo de excitación viendo Cincuenta Sombras de Grey merece el Premio de Honor al Empalmamiento del Año, porque después de ver al Señor Grey “follando” -como él dice-, mi clítoris sufrió tal regresión que casi vuelve a su estado fetal. Desde anoche se niega a salir temeroso de que me lo lleve a ver la segunda parte.

Como tratamiento, hoy le prometí ponerle a Brad Pitt en Fight Club, y parece que empieza a asomar la cabecita.

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