ABanca, esa entidad financiera que ha cambiado de nombre más veces que Tamara la Fea y que todos conocemos por su buen hacer y mejor gestión, me ha metido doblada la tranca esta misma mañana.  El asunto es muy sencillo: recibí un cheque de esta entidad y fui a cobrar el mismo cheque a una de sus oficinas. Mi sorpresa fue que los de ABanca me cobraron dos euros de comisión por esta gestión. Y una, que comprende que todo el mundo tiene que comer, no está dispuesta a seguir cebando a los cerdos responsables de la ruina de cientos de familias gallegas.
 
Somos a tranca
No es la primera vez que me pasa esto con ABanca. El banco/caja travesti tiene un cajero en pleno casco histórico de Pontevedra, estratégicamente situado al lado del Burguer King y a dos pasos de las calles de pubs, por lo que suele ser el más requerido a eso de las cuatro de la madrugada. Así que más de una vez saqué dinero allí a pesar de no ser mi entidad, cosa de la que me arrepiento profundamente y que –prometo- no volverá a ocurrir ni aunque vaya más pedo que Mel Gibson visitando el barrio judío de Jerusalén. La última vez que saqué dinero de ese cajero me cobraron casi 4 euros de comisión. Cuatro euros por retirar 40. Así, entre nosotros, podemos concluir que ABanca me robó el diez por ciento de MI DINERO. Y yo queriendo vivir de los guiones.
Resulta que esta mañana cuando la amable cajera me dijo que le tenía que pagar dos euros por cobrar un cheque suyo, en una oficina suya, por no ser yo su clienta, me entró un poco de ira y le dije –educadamente- que eran unos putos ladrones. La amable cajera, en su afán por convencerme de las bondades del capitalismo, me explicó esta comisión no solo la cobraba ABanca sino que había otras muchas entidades financieras que también lo hacían, lo que da de sobra para justificar esa estafa disfrazada de gastos de gestión. “De algún lugar tendrán que sacar el dinero para pagarnos el sueldo”, sentenció. Mira, bonita (me encanta decir “mira, bonita”) tu sueldo sale de una cosa que se llama spread y que, en resumidas cuentas, viene siendo la diferencia entre los intereses que los bancos cobran por prestar dinero y los que pagan porque los ahorradores les presenten dinero a ellos y que, obviamente, son mucho más pequeños que los primeros. Así, de buenas a primeras, este margen, es lo que sustenta el negocio de la banca comercial y que debería dar para pagaros los sueldos a los empleados, incluido el tuyo. Además, también vendéis seguros, bienes inmuebles (previamente embargados) y ¡oh, señor! ESPECULÁIS en mercados financieros con nuestro dinero por encima de vuestras posibilidades. Es decir, las comisiones por retirar NUESTRO dinero son la gota que colma el vaso de la avaricia capitalista.
 
El corporativismo lobotomizador de estas empresas es tan espeluznante que muchos de los pobres empleados de la banca (así, en general) darían ántrax de desayuno a sus hijos si así lo solicitasen sus superiores. Por algo unos cuantos preferentistas eran familiares directos de los propios empleados que los dejaron en la ruina. Por eso la empleada, como buena samaritana, me dijo que el problema de que yo estuviese enfadada es que “en España no entendemos cómo funciona la banca” y que, a los desagradecidos clientes “sólo les falta que les hagamos la ola”, en referencia a lo guays que eran sus servicios y lo mucho que nos ayudaban a los ciudadanos a convivir en pacífica armonía.
Como no quise caldear más el ambiente y consciente de que la pobre muchacha tampoco tenía muchas luces, cobré mi cheque menos mis dos euros que regalé a esta institución benéfica llamada ABanca y que sólo ha recibido 9000 millones de euros de ayudas públicas más casi 1000 más del Fondo de Garantía de Depósitos. Dinero que por supuesto han depositado los Reyes Magos en sus cuentas para que puedan seguir ayudando tan diligentemente a nosotros, los putos ciudadanos.
Después, el cabreo se me fue pasando porque descubrí que Banesco, el banco que ha comprado los restos de lo que fueron las dos cajas gallegas ahora unidas en ese invento llamado ABanca, es un banco venezolano, comunista y proletario y, por tanto, un garante más de la justicia y la equidad social.
De lo que no cabe duda es que la empleada sí tenía razón en algo: no son los únicos que nos roban. Y, como todos lo hacen, os paso esta información que me pareció interesante sobre las maravillosas comisiones bancarias para que vayáis estudiando cuál os compensa más. http://ahorro.acierto.com/cuentas/bancos-comisiones-ingresar-cheque y http://www.abc.es/economia/20130509/abci-comisiones-bancarias-201305081546.html.
Personalmente, he empezado mi cruzada anticomisiones bancarias y, a partir de ahora, pienso mirar cada una con lupa y no descarto cambiarme de banco (Santander) en los próximos meses y probar con otro hasta que se aburran de aguantarme protestando en las oficinas, los foros online y en la calle. Estoy deseando probar qué tal funciona esto de la Ley Mordaza e igual hasta tengo la suerte de compartir celda con una folclórica.
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