El inmenso revuelo causado por la abdicación del Rey de España, calificado como “hecho histórico sin precedentes” me ha hecho reflexionar sobre lo qué es para mí –y supongo que para mucha gente de mi generación- esta figura. Nací un 18 de junio de 1986, hace casi 28 años y, desde la más tierna infancia, recuerdo la presencia del Rey don Juan Carlos en la vida pública española. Hubo una época, cuando yo era pequeña, en que todo el mundo hablaba muy bien del Rey, pero después, incluso las personas mayores empezaron a no estar tan seguros de su juancarlismo. Os diré lo significa y lo que recuerdo a bote pronto de su reinado, desde que tengo memoria.
El Rey es un señor del que siempre se habla cuando se hace referencia al Golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981. Aunque él no estaba en el Congreso cuando Tejero dijo aquello de “quieto todo el mundo” y soltó dos petardazos al aire, parece ser que su espíritu negociador y pacificador fue indispensable para proteger a la recién nacida democracia española. Democracia en la que él tenía un papel fundamental recogido en la Constitución del 78 como Jefe del Estado, título que le otorgó el también demócrata Francisco Franco. Hay varias versiones acerca de su postura en este hecho, pero la más aceptada es que su desautorización del golpe acabó con la insurrección militar. La Constitución Española lo convierte en el Jefe de una Monarquía Parlamentaria, por obra y gracia del Espíritu Santo hasta el fin de los tiempos, en la que este señor ejerce sus labores de simbolización y representación del Estado. Digamos que es como la bandera o el himmo, pero bastante más caro.
 
El Rey es la persona que desde su Palacio, el de la Zarzuela, da un discurso en Nochebuena cada año, que es televisado por la cadena pública. En ese discurso, al que nadie atiende, pero que todo el mundo pone, hace un repaso de lo que el año fue para él, y da consejos a todos los españoles que no tienen la gracia de vivir en Palacio sobre cómo afrontar el siguiente. Es un discurso muy importante porque, de nuevo, al día siguiente, todos los medios y analistas sacan importantes conclusiones de sus palabras. Su frase más repetida a lo largo de los años es “me llena de orgullo y satisfacción”.
 
El Rey es el encargado de presidir el desfile del Día de las Fuerzas Armadas, como jefe de esta institución, cargo que también está recogido en nuestra querida Constitución del 1978. Hay que tener en cuenta que el Rey también es Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Capitán General de los Ejércitos. El Rey lleva siempre muchas condecoraciones en las solapas que debió haber conseguido en grandes batallas libradas por el pueblo español cuando yo aún no había nacido. 
 
El Rey también es un hombre de deportes. Deportes caros, que para algo es Rey. Le gusta mucho pasear en barco, la vela, esquiar, la aeronáutica y varios campeonatos deportivos llevan su nombre: Copa de Rey de Fútbol, de Baloncesto, de Rugby, Regata Copa del Rey, etcétera. Juan Carlos disfruta mucho viendo el fútbol desde el palco y entregando medallas y copas mientras da la mano a los jugadores. Todos parecen muy contentos de que el Rey les entregue sus medallas. Hasta los del Barça.
 
Pero el deporte que más le gusta al Rey es la caza. Y los safaris. Por eso disfruta mucho viajando a África a cazar elefantes en compañía de una mujer que se hacer llamar princesa. También ha ido a cazar osos a Rusia, aunque en España prefiere dar muerte a las perdices. Estas actividades las compaginaba hasta hace poco con la presidencia de honor de la WWF. Lo de la caza y el tiro le ha gustado de siempre, por eso un día se cargó a su hermano. Estaba practicando. Hay que resaltar que su nieto Froilán ha heredado la sana pasión del abuelo por las balas.
 
                       
 
El Rey es un hombre que se cae mucho, y se hace daño. Después de haber sido operado en lujosas clínicas privadas a cargo del erario público, los españoles ya sabemos mucho más de la cadera del Rey que de la nuestra propia. Las tres hospitalizaciones del Rey en el año 2013 nos costaron 165.189 euros.
 
Aquí el Rey combinando sus dos aficiones: caídas y deporte.
Pero no os creáis que el Rey es un derrochador. Como jefe de la Corona es el encargado de administrar el presupuesto de la Casa Real. Así, en 2012 percibió más de 192.000 euros de sueldo para él solito. Sin embargo, el presupuesto de la Casa Real (unos 8 millones de euros en 2013) no incluye algunas pequeñas partidas pagadas por su correspondiente Ministerio: Defensa para la Guardia Real, Interior para la seguridad de los miembros de la familia y sus extensas propiedades, Exteriores paga los viajes oficiales, Hacienda se hace cargo de los gastos del parque móvil, mientras que el Ministerio de Presidencia paga a los funcionarios de la Zarzuela y Patrimonio Nacional los gastos relacionados con el mantenimiento de los bienes titularidad del Estado pero que disfruta la Familia Real –para residencia o actos oficiales-. El periódico The New York Times calculó su fortuna personal en unos 1800 millones de euros. Además, como patriarca, se encarga de administrar el sueldo de los otros miembros de la Familia Real.
 
El Rey también aparece en las grandes desgracias y en los actos religiosos, porque la Corona Española es Católica, como tiene que ser. A estos eventos suele ir acompañado de una señora con mantilla negra que se hace llamar Reina (a la que he escuchado hablar menos que a Rajoy sobre Bárcenas) y ambos muestran sus condolencias a las víctimas de las tragedias. En este caso su función es poner cara de pena y abrazar a la gente, aunque últimamente esta tarea está siendo desarrollada por los Príncipes.
El Rey es conocido en el mundo entero por su “por qué no te callas”, frase que le espetó en 2007 al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados, celebrada en Santiago de Chile. A todo el mundo le pareció muy divertido aquello y enseguida salieron politonos para móviles y camisetas con la dichosa frase. 
 
El Rey también acostumbra a quedarse dormido durante los simposios y demás charlas coñazo que él mismo preside. La señora que lleva al lado es la encargada de despertarlo.
 
Pese a su cargo, el Rey es un tipo fácilmente manipulable. De tan bueno, inocente y confiado que es, en ningún momento se enteró de los oscuros negocios que su yerno y su hija -que ostenta el honor de ser el primer miembro de la Familia Real en ser imputado judicialmente-, se traían entre manos utilizando su nombre. Y esto, a pesar de ser el Rey la persona más conocida en España, después de Belén Esteban.
 
El Rey quiere a sus tres hijos por igual. Así que mantiene el título de Infanta a Cristina, aunque oficialmente le haya retirado la asignación presupuestaria tras haber sido apartada de la agenda oficial de la Casa Real.
El Rey, a pesar de ser el Jefe de Estado, no es amigo de debates políticos, por eso nunca se pronuncia acerca de las medidas insólitas del gobierno, o sobre otros temas también muy importantes como la independencia de Cataluña o el Estado de las Autonomías. Él sólo se dedica a firmar las nuevas leyes que los sucesivos gobiernos le presentan, como la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada en diciembre de 2013. 
 
Y es que el Rey se pasa el día firmando. De hecho, mi título universitario aunque no lleva su rúbrica, sí su nombre y autorización expresa. El día que me lo entregaron me pregunté cómo era posible que tuvieran al pobre señor autorizando y firmando día y noche los títulos de todos los graduados de España. Debe de tener la muñeca destrozada. 
 
El Rey tiene un hijo, el Príncipe Felipe, que será el encargado de sustituirlo en tan magno cargo bajo el título de Felipe VI de Borbón. El Príncipe Felipe tiene prácticamente los mismos gustos que su padre pero dicen que está mejor preparado porque tiene una carrera y su trabajo hasta ahora consistía en sustituirle en actos públicos a los que el Rey –por encontrarse firmando títulos universitarios- no podía acudir.
 
También tiene una nuera, la Princesa Letizia, que será la reina consorte cuando la abdicación se haga efectiva durante las próximas semanas. La princesa Letizia es una mujer que, aunque es periodista y ha presentado los informativos en TVE, tampoco habla. A la Casa Real no le gusta que sus mujeres hablen. Así que la Princesa Letizia se dedica a acudir a grandes eventos vestida de los mejores diseñadores, ir a conciertos y comprar fruta ella sola. Nunca habla, por eso los del Diez Minutos han tenido que hacerle una entrevista imaginaria. 
 
Pero si algo sé del Rey es que es un hombre campechano. Es el tipo más campechano de la historia de España y todos los españoles estamos obligados a quererlo. Porque, vale, puede que mate animales en peligro de extinción, que se quede sopa en actos públicos, que no se entere de nada de lo que hace su familia con el dinero público, que mantenga a varias amantes, y que ignore vilmente el clamor popular sobre la posibilidad de una nueva república, que después pronuncia con ternura un “lo siento me he equivocado, no volverá a ocurrir” y vuelve a ser el Rey de todos los españoles. Todo el mundo te quiere, Juancar.