Mes: mayo 2014

ME PONE

Me ponen la inteligencia y el cerebro sobre todas las cosas. Me pone la gente que utiliza la razón, pero sólo hasta el punto de que este don les proporcione felicidad a ellos mismos y a sus seres queridos, intentando, además, no dañar a nadie. En ocasiones, una pequeña dosis de locura es el bálsamo perfecto para sobrevivir a tanta gilipollez política en general, y gubernamental en particular.

Me pone el sentido del humor, como parte fundamental de la inteligencia. Los que me hacen reír hasta que me duele la barriga. Las personas irónicas y las que saben burlarse de sí mismas (y disfrutan haciéndolo). Ya sabéis lo que decía Albert Einstein: el sentido del humor es la forma más aguda de inteligencia. Decidme, quién os pone más ¿Rajoy o Los hermanos Marx?
Me pone la honestidad, los que van de frente, los que no intentan hacerse pasar por quiénes no son. Los que saben lo que quieren y no lo ocultan.
Me pone el respeto. La consideración por el otro, el honrar el esfuerzo ajeno. Y por ello también me pone la generosidad, los que se preocupan mí, los que comparten lo que tienen, los que tratan de hacerme la vida más fácil. Me pone el niño que comparte un trozo de su bocadillo en el recreo. Me pone la bondad en general, las personas que juegan limpio, los que se alegran de los éxitos de sus amigos.
Por eso también me ponen aquellos que valoran la amistad sobre todas las cosas, los que conservan a los amigos durante años y hacen otros porque saben que la amistad, como el amor, es un bien que hay que regar con frecuencia. Me fío de los que tienen amigos que valen más que todos los tesoros ocultos del mundo. Me ponen los que siempre están ahí. Me pone que me quieran (mucho).
 
La gente ambiciosa, curiosa e inquieta también me pone. Los que no se conforman, los que saben que nunca es tarde para aprender. Los que se esfuerzan cada día. Aquellos que siempre quieren saber más, viajar más, leer más. La gente que disfruta conociendo, los que me enseñan cosas.
Feliz cumpleaños Kurt Cobain
Kurt Cobain, también me pone.
La gente creativa, imaginativa, los que inventan paraísos artificiales y son capaces de perderse en ellos. Los que sueñan despiertos. Los que crean arte, cultura.
 
Y también la gente valiente, los que se caen y son capaces de levantarse. Los que nunca se rinden porque su ambición, su inteligencia y su sentido del humor no se lo permiten.
 
Me pone la gente independiente y que respeta la independencia de los demás. No soporto a la gente posesiva, celosa o envidiosa.
 
Me ponen los amantes de los animales. Pero amantes en sentido figurado.
 
Me pone la gente que sabe pedir perdón cuando se ha equivocado, que es capaz de rectificar. No me pone Cañete ni sus disculpas forzadas siete días después de insultar a todas las mujeres. Me ponen los que dan las gracias, los que me regalan una sonrisa cuando les ayudo.
 
Me pone la gente cosmopolita, abierta, los que saben que el mundo no se acaba en el portal de su casa, en el confín de su país o en el color de su piel. Los tolerantes.
 
Me ponen los besos y caricias. Los abrazos. El pellizco en la mejilla, el roce con la punta de la nariz. Que me agarren por la cintura, que me acaricien el pelo.
 
Me pone que me follen por la noche y me hagan el amor por la mañana. Me pone la gente que se implica en el sexo y que es capaz de ver más allá de su propio placer. Los que permiten que tú hagas lo propio. Cada polvo echado, aunque sólo sea eso (y no es poco) podría ser el último de nuestras vidas. Deberíamos esmerarnos.
 
Me pone el rock´roll. 
 
Me pone poner. 
 
Me ponen tantas cosas que podría ir salida todo el día. Pero luego veo a Cristiano Ronaldo sin camiseta y se me quita todo. Tranquilos.
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Son vuestros muertos, cabrones

Un día un hombre se tira por la ventana tras recibir la notificación del banco de que todavía debe hacer frente a una deuda de 22.000 euros por la hipoteca, después de haber dado su casa en pago a la entidad. Semanas más tarde, una mujer se quema a lo bonzo delante de la sucursal bancaria. Un joven de 19 años también se suicida, tras ser desahuciada su familia y no encontrar trabajo. Y así, a diario, alguien se quita la vida en este país, ahogado por las deudas y el acoso de los acreedores que no entienden de situaciones personales. Otras muchas lo intentan: más de 200 al día según los últimos estudios
 
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No todos se tiran por la ventana o se queman en público, y el suicidio es menos espectacular, y, por lo tanto, invisible para los medios de comunicación, que continúan empeñados en seguir esa regla no escrita de no informar de las muertes por suicidio para evitar el supuesto “fenómeno contagio”. Contra todo pronóstico, el silencio mediático no está parando la sangría de suicidios, que ya son la principal causa de muerte no natural  en España. Eso sí, garantiza que las muertes sean lo más asépticas posibles, no vaya a ser que los ciudadanos-votantes-clientes empiecen a preguntarse si esta desagradable oleada de muertes se podría evitar.
Hay quien se toma una dosis letal de medicamentos y drogas varias, otros se ahorcan, algunos se pegan un tiro o se hunden en la bañera. Son los mártires de esta crisis. Y son vuestros muertos, cabrones. Los muertos de los políticos, los banqueros, los empresarios despiadados y toda la casta de hijos de puta que nos gobiernan en términos de esclavitud económica -y social y laboral- para engordar las vergonzosas cuentas bancarias en el extranjero con las que evadir impuestos que los demás sí pagamos. ¿Y vosotros os hacéis llamar patriotas?
Vosotros sois los verdugos. Los que oficiáis pomposos funerales de estado por un asesinato de índole no política, los que malgastáis el tiempo y nuestro dinero en misas, partidos de fútbol y comidas con empresarios de dudosa trayectoria. Son vuestros muertos y están entre vosotros, aunque no queráis verlos. Están muertos mucho antes de morir: en las aceras que no paseáis salvo para repartir propaganda política, en los bancos de alimentos que no visitáis excepto para sacaros las fotos, en los pasillos de los hospitales públicos que cierran cientos de camas durante el verano y plantas enteras si alguno de vosotros tiene que ser intervenido, en los colegios públicos a los que vuestros hijos no tienen que asistir con el estómago vacío desde primera hora de la mañana. En los CIES y las casas okupadas por personas que han sido desahuciadas de las suyas para convertirlas, a su vez, en viviendas de saldo que ofrecen las nuevas inmobiliarias: los bancos deudores a los que los ciudadanos, inexplicablemente, debemos avalar. Los bancos que vendieron las preferentes a miles de personas, muchas de los cuales se mataron después de haber perdido los ahorros de toda la vida.
Son vuestros muertos, cabrones. Y ojalá os acostéis cada noche pensando en ellos, en sus hijos, en que son ellos, y no vosotros, los que luchan por sacar el país adelante. El país que empieza en el propio hogar, en la familia, en el círculo social que está en riesgo de romperse desde que a uno lo echan del trabajo y se convierte en el número 6 millones y pico que tanto os gusta adornar con cifras macroeconómicas que satisfacen a señores banqueros que llevan años desviando sus actividades fuera del país.
Son los que tocan fondo cuando todo se desvanece, cuando la vida da paso al más espantoso de los vacíos: el desaliento de estar perdido, de sentirse acorralado entre deudas imposibles de pagar y las excusas con las que presentarse ante la familia. El miedo al rechazo social, el estigma de haberlo perdido todo, el sentimiento de culpa, la angustia de ver pasar los días en una peregrinación constante de entrevistas imposibles y viajes a las oficinas de desempleo. Hasta que se acaban las prestaciones, los subsidios, la ayuda familiar, y tienen, incluso, que soportar ser acusados de vagos por vosotros. De no luchar lo suficiente. Y si lo decís vosotros, sabéis que conseguís que lo repitan muchas de las ovejas que balan en vuestro rebaño. El rebaño de la abrasante desvergüenza de los que miran para otro lado. No vaya a ser que se contagien. No obstante, la muerte y la miseria, son virus para los que todavía no existe vacuna.
Y entonces se aviene el suicidio social, que es anterior al físico: perder las amistades, sacar a los hijos del comedor porque ya no hay dinero para pagarlo, repartir la paga de la abuela entre cinco personas. Y no hace falta que nadie los juzge ni los condene, porque ya lo han hecho ellos antes. En la soledad del miedo y la culpa.
Ése es el instante previo a abrir la ventana. A colgar la soga. A apretar el gatillo. A tomarse las pastillas.
.¿Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas? ( Bob Dylan)
 
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Periodismo con P Peluquería

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha servido para describir fielmente los objetivos del periodismo en la última década: la inmediatez y el espectáculo.
Desde que se produjo el tiroteo, a primera hora de la tarde del lunes, y hasta bien entrada la noche, los reporteros de todas las televisiones se afanaban en contar la ultimísima noticia a pie de puente, lo más cerca posible del -todavía caliente- cuerpo de la fallecida. Sin tener ningún tipo de información contrastada, las televisiones fueron soltando píldoras de rumores para mantener al espectador pegado a la pantalla en un circo mediático que recuerda a tantos otros como el del accidente de Angrois del verano pasado.
Yo seguí el suceso a través de La Sexta, en donde estuvieron en conexión constante con una reportera desplazada al lugar de los hechos con la que conectaban cada cinco minutos para decir lo mismo. Lo que podía comentar la muchacha era esto: “aquí está el puente, hay una sábana blanca tapando el cadáver, y el puente, y la sábana, y también el puente. Espera, ¿habéis visto ya la sábana en el puente?”
Después, la presentadora volvía a plató con la sábana enfocada detrás de su cabeza para reiterar la dureza de las imágenes y comentaba con sus contertulios las “informaciones” que iban llegando.
Que si habían sido dos los asesinos, que luego eran asesinas, que resultaban ser madre e hija, que a la hija la acababan de echar de la Diputación, que eran madre e hija del jefe de Policía de Astorga, que la pistola seguramente era de este hombre, que cabía la posibilidad de que Isabel Carrasco fuese amante de él, que por lo tanto sería doble venganza. Y que eran muy normales. Que hay una sábana, y un puente. Y también un puente en donde se ve una sábana tapando el CADÁVER DE LA FALLECIDA VÍCTIMA DE TRES DISPAROS POR LA ESPALDA, A SANGRE FRÍA. “Le han disparado a sangre fría”, dijeron tantas veces esto que acabé temiendo que Truman Capote levantase la cabeza para darles dos hostias.
Periodismo con P
Sara, protagonista de la película “Lo que el puente se llevó”
La tarde fue muy larga, y nuestra querida reportera, Sara, la cual acaban de pillar de la siesta y bajó con un moño y la cara lavada, se pasó toda la tarde haciendo interesantes pesquisas en el lugar de los hechos. Los vecinos decían que eran personas encantadoras, muy majas, buenas chicas, vamos, que siempre saludaban. Más hilarante fue cuando decidieron entrevistar a todo el que pasaba por delante para comprobar si conocía a alguno de los implicados en esta historia. Una señora dio la gran exclusiva de que había coincidido un día con el marido de la presunta asesina tomándose un café y que un día, incluso lo había visto tomándose un vino. ¿Alcohólico, quizá?
Yo observaba a la pobre Sara, que no debía tener más de 25 años, y estaba empezando a temer el momento en que la reportera tirase el micro al suelo y empezase a gritar “QUE NO LO SÉEEEEE, no sé nada, dejadme en paz, hijos de perra, que quiero ir a maquillarme de una puta vez y llevo aquí cuatro horas en las que sólo me falta entrevistar al arquitecto del puente”. “¿Creía usted, señor arquitecto, que se iba a cometer un asesinato en este puente el día que entregó los planos?, ¿Y usted señor ficus? ¿ha visto algo así en sus años de vida?”
Al día siguiente, ayer, la “avalancha” de informaciones seguía colapsando las redacciones de los medios de comunicación y fue así como pudimos saber que probablemente (probablemente) había sido la madre la autora de los disparos. Que fue un policía retirado el que vio todo el percal y las persiguió mientras llamaba a los agentes para que las detuviesen, que la pistola ya no era la del marido porque las balas no coincidían, que puede que la hija –después de haber perdido un juicio contra la Diputación- tuviese que hacerse cargo de una importante multa que no podía pagar (porque Isabel Carrasco la había echado) y que, para más inri, la madre era avalista de su vivienda.
En el momento entierro la dureza de las imágenes fue tan impresionante que nos enseñaron 25 veces a la hija de la fallecida gritando de dolor por la pérdida de su madre. Por si nos había quedado claro que la chica gritaba “mamá, mamá”, subtitularon con un “mamá, mamá” y cuando volvieron a plató la presentadora sentenció, con gesto compungido “ha dicho: mamá, mamá”.
Pues esto, amigos, es lo que yo llamo Periodismo con P de Peluquería. El contagio de las maneras de la prensa rosa a todos los ámbitos de la información, ¿recordáis cuando los medios de comunicación pasaron semanas aposentados delante de la casa de Isabel Pantoja, y contactaban con los reporteros para que informasen desde el lugar de los hechos de lo que estaba pasando: “Día 12. Isabel sigue encerrada en su casa. La casa está detrás de este muro. Nosotros estamos delante. No se ve nada. Hace calor. Mucho calor. Moriremos de calor.”

Los medios de comunicación han acostumbrado al espectador (ya es lector, ni oyente, siempre es espectador) a la inmediatez, anulando toda posibilidad de reflexión acerca de lo que está pasando. En lugar de desconectar durante un par de horas para preparar un programa especial con informaciones contrastadas, hacen un directo infinito sin tiempo para comprobar nada y lo adornan como un trabajo periodístico “a pie de calle”. Las redes sociales no dejan de generar contenidos (que no información) y los medios, en lugar de hacer su trabajo, esto es, generar noticias propias, directamente beben de lo que se dice en twitter o en facebook. ¿Cuántas noticias de los medios de comunicación actuales empiezan con un “visto en twitter”? Podemos volver a Angrois, en donde directamente se usó un estado de Facebook para hacer todo un perfil psicológico del maquinista. Y condenarlo.

Periodismo con P
Periodismo con P



Esto da lugar a la difusión de rumores constantes en donde los periodistas no son más que el altavoz del murmullo del patio de vecinos, es decir, las redes sociales. Y tan importantes deben de ser, que a la Guardia Civil, le faltó tiempo para buscar delitos de enaltecimiento de la violencia en redes sociales y dos concejalas gallegas ya han tenido que dimitir por sendos comentarios publicados en Facebook.
Cuando estudiaba en la facultad de Comunicación de Santiago los profesores se afanaban en recordarnos los tres objetivos básicos del periodismo. Por orden de importancia: informar, formar y entretener. El entretenimiento por sí solo no es periodismo, y, desde luego, encuentro formas mucho más enriquecedoras de entretenerme que con los cotilleos del corazón.
Sin embargo, ahí está, llenando horas y horas de televisión (en todas las franjas horarias) mientras otras cadenas se ven obligadas a cerrar y compañeros de la profesión se quedan sin trabajo porque cada vez hay menos hueco en las parrillas para hacer algo medianamente decente. Las revistas del corazón nos aportan interesantes informaciones acerca de la vida y obra de las celebrities de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Periodismo con P
Juntamos Leonor y Asunta y tan pichis.

Desde luego, ha sido una buena jugada para las empresas de comunicación. La dinámica del programa estrella del corazón en España, el Sálvame, es harto sencilla (y barata): juntar a seis inútiles (también llamados colaboradores), a una presentadora de la talla intelectual de Paz Padilla y pasarse cuatro horas discutiendo entre ellos. Sólo entre ellos. La endogamia ha llegado a tal punto que los colaboradores son juez y parte del juego y ya no hace falta siquiera, salir a la calle a perseguir famosos. Ellos son los protagonistas indiscutibles. Así podemos verlos haciendo cosas tan interesantes como insultarse, comer, beber, enseñar las bragas e insultarse de nuevo. El sábado es cuando lo petan, cuando la cadena se rasca el bolsillo para hacer la gran entrevista de la semana, y, no os lo váis a creer pero ¿sabéis a quién llevan a de invitado súper exclusivo? A Belén Esteban. O a Terelu Campos. O a Kiko Matamoros. O a Raquel Bollo. A contar lo mismo que llevan contando 15 años. Yo puedo entender que alguien le entretenga la prensa rosa… ¿pero esto? Que me aspen.

Si la prensa rosa es la madre, el periodismo deportivo es el padre de la caspa y la cutrez a la que se puede llegar en este país si nos lo proponemos. Las informaciones sobre el mundo del fútbol, mal llamadas periodismo deportivo copan horas de televisión y radio y llenan páginas de periódicos en donde se habla de casi todo, menos de fútbol. Los culebrones en el mercado de fichajes, las reyertas entre los propios compañeros de equipo (y con sus entrenadores), las broncas con la afición y el folclore que convierte a los jugadores en estrellas del corazón desvían la atención acerca de las estrategias de juego de los equipos y, más importante, acerca de las estrategias de las empresas futbolísticas para financiar las fichas millonarias de sus deportistas. Llama la atención la ausencia de críticas al coste de los jugadores en el mercado español cuando el país atraviesa una de sus crisis económicas y sociales más graves.
También el silencio respecto al grave problema del dopaje: ¿de dónde ha salido el filete de Contador? Ah no a Contador no lo toquéis, gabachos de mierda “yo soy español, español, españooooool”. ¿Y Marta Domínguez, por qué demonios está vetada en todo el mundo y aquí ha sido absuelta? ¿Serán el tinte rubio lo que provocó los extraños valores en sus analíticas? Esto es responsabilidad del periodismo deportivo, esto y no las contraportadas de tías en tetas de los periódicos deportivos. Para eso tenemos el Interviú, que, por cierto, hace bastante más periodismo de investigación que otros muchos medios.

Periodismo con P
He aquí una muestra de las contraportadas del diario deportivo AS.
Pero me equivoco, la prensa deportiva no sólo habla del fútbol. También de Nadal, Alonso y Márquez (del Moto GP hablamos sólo si tenemos los derechos). Y de sus magníficas campañas publicitarias que ocupan la mitad del tiempo de deporte. Y esas encuestas tan entretenidas que les hacen a los intelectuales jugadores de fútbol, y los desfiles de sus magníficas novias modelos. Y los periodistas estrella: Sara Carbonero ahora convertida en bloguera de moda, Los Manolos y los mendigos, Pedrerol y los becarios.
Y todo esto al tiempo que los compañeros periodistas de los medios de comunicación local, de las secciones de cultura, de la prensa seria en general, los que se curran las noticias en condiciones lamentables, sufren las consecuencias de la crisis de un modelo de periodismo que no es periodismo, ni modelo de nada. A ellos, mis amigos, compañeros de batalla, os pido que nunca dejéis de hacer lo que hacéis con criterio y profesionalidad y menos ahora, que la sociedad os necesita más que nunca. Ningún mal dura cien años y Karmele Marchante debe de andar por los 95.
PD: ¿Alguien sabe si Raquel Bollo se cortó realmente las uñas en el AVE?

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