Como un guión que responde a la estructura clásica de presentación, nudo y desenlace, la mayoría de las parejas llegan a la vejez haciéndose las mismas preguntas absurdas que el resto de los enamorados del planeta. 
En pareja, la especialidad es la formulación de preguntas retóricas, que se responden por sí mismas y que lanzamos con la clara intención de afianzar nuestro ego y nuestra supuesta confianza en el otro. También tienen una función preventiva si se usan como amenazas encubiertas.
Las más típicas son las siguientes:
    ¿Me quieres?
No conozco ningún caso de respuesta negativa ante esta pregunta que induce claramente a la reafirmación amorosa del receptor de la misma. Si alguien duda del amor de su compañero entonces hablamos de parejas en crisis o subyugadas, pero la realidad es que todos la hemos utilizado sabiendo que nos quieren (o que nos dirán que sí), por lo menos en los cinco minutos previos a lanzarla. Si no estáis muy seguros, siempre podéis responder como Berto Romero.
¿Me deseas?
Es una variación de la anterior. Lo normal es que si quieres a alguien y estás con él en pareja, lo desees. De lo contrario estás ante tu mejor amigo. Enhorabuena.
  ¿Has querido a alguien más que a mí antes de conocerme?
Hay que ser retorcido para hacer esta pregunta. Retorcido y mala persona. Porque normalmente esta respuesta se responde por sí misma: por supuesto que NO. No has estado enamorado jamás, nunca te ha puesto cachondo nadie y es la primera vez que quieres estar pegado a alguien todo el día. Devuélvelo al instituto, pederasta.
   ¿Te parece guapa mi amiga?
La pregunta va en femenino porque reconozco que se trata de una pregunta típicamente femenina. A las mujeres nos gusta saber qué opináis de nuestras amigas por el mismo motivo por el que nosotras nos tiraríamos a vuestro amigo el bombero si no fuese porque os amamos como nunca hemos amado a nadie y os deseamos con locura y frenesí. Lo normal es plantear esta pregunta con la amiga fea. Las amigas guapas sólo se presentan cuando están pasando el sarampión o han sufrido quemaduras de tercer grado tras exponer sus macizos cuerpos al sol.

    ¿Estoy gorda?/¿Se me ve mucho la calva?
Otra pregunta cuya función es consolidar nuestra autoestima. Está bien que lo preguntemos a nuestra pareja, ya que nos ama por encima de nuestros defectos y tiene una hipoteca a medias con nosotros. Para los despistados, la respuesta correcta es siempre “no”. Si el hombre te dice “estás bien así, me gusta que tengas donde agarrar” contesta con un “a mí me gusta donde aterrizar, calvo cabrón”.
   ¿La tengo pequeña?
(…) Estas preguntas no se hacen. Recordad que os HAMAMOS.
   ¿Te cae bien mi madre?
A todos nos cae bien su madre. Y nosotros a ellas: las nueras y los yernos somos como el hijo que nunca pudieron tener, como la luz de la mañana entrando por la habitación… como el usurero que se aprovecha de su bien más preciado.  Que por detrás diga que eres un vago, un inadaptado social y no merecedor de su hija o que tú vistes como una zorra del extrarradio, no quita que no te espere el domingo con una sonrisa de oreja a oreja y un delicioso potaje hipercalórico.

  ¿Has engañado alguna vez a tu ex?

A estas alturas, espero que entendáis que se trata de una pregunta con trampa. Esta respuesta debe ser siempre negativa, mostrando indignación ante semejante sospecha y repulsa total hacia los individuos que son capaces de perpetrar un adulterio. Acto seguido, debéis aprovechar para sacar el cuchillo con un sentido “no me digas que tú sí”, mientras claváis vuestras pupilas en su pupila azul. 
  ¿Quieres tener niños?
Esta cuestión no tiene tan fácil solución como las anteriores, así que es mejor ser sincero. Lo importante es tenerlo claro y no dejarse amilanar. Y mantenerse firme. Y no acobardarse. Y cambiar de tema. INMEDIATAMENTE.
Y, la más odiosa.
  ¿En qué estás pensando?
No hay cosa que soporte menos que que alguien me pregunte qué estoy pensado. Las personas generamos millones de pensamientos al día y nadie tiene por qué verbalizar los suyos si no le apetece. Me parece una violación de la intimidad tan flagrante que debería ser castigada con el visionado de una temporada completa de Médico de Familia.
Como podéis observar, este tipo de preguntas, que bien podrían ser afirmaciones u órdenes, no aportan información substancial a la relación de pareja. Y, sin embargo, no dejamos de plantearlas. Os propongo una lista (abierta) de preguntas que debemos hacer lo antes posible y que sí son fundamentales para el buen devenir de nuestro idilio romántico.

   ¿Tienes la ESO?
Primordial. También nos vale con el Graduado Escolar o certificados equivalentes homologados por la Unión Europea o USA.
    ¿Padeces alguna enfermedad venérea?
¿Os importa más saber si os quiere que si os va a pegar hongos vaginales o el virus del papiloma humano? El amor se acaba pasando, los picores no.

  ¿Te gusta practicar el sexo oral?
Practicar = dar, proporcionar. Para recibir estamos todos muy dispuestos.
  
  ¿Cuánto cobras? ¿Eres indefinido? ¿Tu empresa plantea hacer un ERE en los próximos 5 años?
Sé que parecen preguntas un tanto violentas, pero los tiempos no están para mantener a pobres desgraciados.
   ¿Roncas?
No me refiero a un tenue y tierno ronquido. Hay personas que roncan como auténticos jabalís en celo. Es importante saberlo por si necesitas hacerte con tapones y gas pimienta.

 ¿Eso que huele es un pedo tuyo?
Esta me la inventé yo para cuando se os escape el primero. Hay que tener mucho morro para decirlo, pero si os encontráis los dos solos y dice que sí, deberías casarte con él/ella.
   ¿Te drogas fuera de los ámbitos sociales establecidos para tal efecto y sin receta médica?
En caso de tener receta médica, mejor que especifique el principio activo. Por aquello de ir descartando posibles asesinos en serie.
Y, la pregunta definitiva:
¿Votas al PP?
Si se produce un silencio de más de seis segundos antes de que el individuo se manifieste, llama a los mineros leoneses para que se hagan cargo de la situación.