Mes: febrero 2014

Davinia Saorín o el aborto retroactivo

Había una vez una mujer muy malvada, muy malvada, que llamaba terroristas al resto de las mujeres si querían decidir sobre sus propios cuerpos. Esta mujer, pensaba que la libertad de la totalidad de las hembras era un asunto sobre el que debía de legislar el Gobierno, ya que ellas, ignorantes, no sabían más que “hacerlo a pajolera suelta”.
Davinia Saorín, su pareja, y dos de sus votantes.
La individua en cuestión, no es una mujer cualquiera. Se trata de Davinia Saorín, concejala del PP y responsable de Sanidad, Política Social y Mujer en el ayuntamiento de Calasparra (Murcia). Lo que viene siendo una responsable política. Y que ha debido de tener alguna aparición mariana en la cuna para decir semejantes estupideces delante de un micrófono sin ni siquiera sonrojarse. Al contrario, Davinia es ese tipo de personas que provocan vergüenza ajena en cuanto abren la boca.
En un alegato contra el aborto y a favor del nuevo anteproyecto del Führer de la sumisión femenina, Alberto Ruiz Gallardón, Saorín, desplegó toda su potencia dialéctica para articular un “discurso” plagado de citas memorables dignas de formar parte de una canción de Kiko Rivera. Afortunadamente, sólo hemos podido disfrutar la elegante verborrea de esta señora en su forma oral, pues no sé si mis ojos habrían resistido la lectura de la transcripción escrita de su puño y letra.
Poneos gafas oscuras y protección solar:
Ni me gasto el dinero en métodos anticonceptivos ni ná, a pajolera suelta. Me voy una noche, me emborracho, pierdo la cabeza…si no me viene la regla, pues me voy y aborto y santas pascuas y alegría. Y viva España”.
Típico argumento político de la ultraderecha: las mujeres (sus votantes, entre ellas) son tan idiotas e irresponsables que prefieren hacerlo sin protección de ningún tipo porque todo el mundo sabe que abortar es más fácil, más divertido y menos engorroso que ponerse un preservativo. Me encanta llegar el lunes a mi ginecólogo de cabecera y ver la sala llena de zorras abortistas. Y viva España.
“La ley de plazos es una aberración”. “Se pongan como se pongan Elena Valun (mira para atrás, para que le chiven) Valenciano y…se pongan como se pongan los del Partido Socialista eso es MATAR UN SER HUMANO. ES SER UN TERRORISTA”.
Abortar no es matar a un ser humano. El ser humano no se forma en las primeras semanas de gestación. Y mucho menos es ser un terrorista: un aborto no crea terror ni miedo en nadie más que en la mujer que tiene que padecerlo, por lo que se le debe de facilitar la seguridad e intimidad en el proceso.
 “…Si señora (a Bibiada Aído) hay una base científica, en ná que el óvulo se fecunda con un espermatozoide eso tiene corazón, tiene vida y late y crece…” “Porque a ver que su madre hubiera decidido pues haber abortado, a lo mejor hubiera ganado el país, con ella y con Zapatero…”.
Obviando la teoría de la fecundación que nos ofrece Davinia (quien, supuestamente es enfermera) aquí estamos de acuerdo en algo: yo también apoyo el aborto retroactivo. ¿Qué me dices si tu madre te hubiese abortado a ti? Sinceramente, ¿crees que la sociedad, el planeta, Calasparra, tu Iglesia o tu Partido te hubieran echado en falta? Yo también creo que el mundo sería un lugar mejor sin la presencia de ciertas personas. Propongo una ley que permita ejecutar el aborto retroactivo: hasta la semana 4160 de vida del feto, fase de desarrollo mental que algunos nunca superan.
(Echando mano de un psedoinforme médico del que nunca cita el nombre) “Pueden sufrir daños psicológicos muy importantes, y entre ellos, pueden tener problemas de afectividad con su pareja y pueden tener problemas de afectividad en general”“.Y esas niñas cuando tengan otros niños, pueden maltratar a sus niños porque se van a acordar siempre de ese aborto y ya he dicho que esto lo sufren 6 de cada 10 mujeres que abortan” (así, inventando estadísticas).
No conozco a ninguna mujer que haya abortado y que tenga problemas de afectividad. Y, lo más importante, no conozco a ninguna que sea una maltratadora. ¿Cómo se te ocurre relacionar maltrato con aborto sin ninguna evidencia científica y decirlo públicamente? Así, a pajolera suelta. Que la devuelvan al circo, por favor.
                                       
“Voy a hablar de lo psiquíco no lo de lo físico, pero incluye (el supuesto informe científico): insomnio, depresión, ansiedad, baja autoestima, pesadillas, incluso ideas suicidas”.
El insomnio, trastorno del sueño, es un problema físico. Otra cosa es que las causas que lo provocan tengan naturaleza psíquica como una depresión o un trastorno de estrés. Aparte de eso, y sin tener referencias del “estudio” (apuesto a que lo descargó de cualquier página chorra que salía en Google), la relación de trastornos que enumeras tienen normalmente, una naturaleza heterogénea y no suelen deberse a un único factor. Es más fácil pensar que una mujer que quiere abortar y no puede, y trae al mundo un hijo no deseado –que puede estar muy enfermo- tendrá problemas psicológicos toda su vida que una que aborta libre y conscientemente, aunque no sea un trago agradable.
“Estamos preocupados, que es muy preocupante, por los desahucios, porque se están suicidando gente, y entonces no estamos preocupados por la ley del aborto? Que puede llevar a una niña que ahora tiene 16 años, cuando tenga 18 y sea consciente de lo que ha hecho a tomar una mala decisión y suicidarse”.
Desde luego, a mí lo que me parece preocupante es que gente como tú nos represente: sin saber hablar coherentemente y sin ni siquiera saber coordinar las formas verbales. Más allá de eso, me gustaría saber cuáles son tus fuentes para decir que los suicidios aumentan con los abortos. Los suicidios aumentaron un 11.3 por ciento durante 2012, justo el año en que los abortos bajaron un 5 por ciento. Me aventuro a afirmar que el aumento de la pobreza sí tiene una relación causa-efecto con los suicidios, algo que, lamentablemente, no dejará de ocurrir gracias a las medidas antisociales del Gobierno del partido que representas y a la drástica disminución de inversión pública en políticas sociales.

Que se sepa, ya tenemos a casi 3 millones de niños en riesgo de pobreza o exclusión social en España. Según Save the Children, muchos pequeños españoles no pueden disfrutar de los derechos esenciales recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas y cada vez más madres tienen que escoger entre comprar libros o alimentos a sus hijos. Pero, según tu teoría, es mucho menos traumático parir a un niño al que no puedes alimentar, en un país cada vez más empobrecido e injusto, que abortar. Te recomiendo la lectura de este artículo: http://www.publico.es/actualidad/498610/casi-tres-millones-de-ninos-viven-en-riesgo-de-pobreza-en-espana
Davinia, dedícate al humor. Los españoles necesitamos reírnos más.

Locos de amor. Una advertencia sobre San Valentín

Ahora que llega San Valentín, y antes de que os gastéis el poco dinero que os queda de la prestación por desempleo y pronunciéis conmovedores y fanfarrones discursos hacia vuestro objeto de deseo, os propongo un análisis sintáctico de dos oraciones:
– Oración A
Estoy loco.
– Oración B
Estoy loco por ti.
En la oración A tenemos un sujeto (Yo) un verbo o cópula “estoy” y un atributo “loco”. 
En la oración B, añadimos un complemento circunstancial de causa (aunque actualmente, creo que sería un complemento de régimen –disculpad que me haya quedado en los 90-) que cambia totalmente el significado de la oración: “por ti”.
Sintácticamente, un loco es un loco, aunque su atributo (la locura) tenga una causa: su relación con respecto a alguien o incluso, con respecto a algo tan intangible como el sentimiento del amor.
Socialmente, el significado varía mucho más. Estar loco (de amor) por alguien se considera bonito, especial e incluso admirable. Que alguien esté loco por ti es lo mejor a lo podemos aspirar dentro de nuestras relaciones. El súmmun de la felicidad llega cuando nuestro ser amado pierde la cordura y actúa por y para nosotros. Pero ¿qué pasaría si la locura amorosa saliese del plano de ensoñación sentimental y se trasladase al de la realidad?
La prueba viviente es Lorena Gallego, la joven vallisoletana de 25 años que, per se, no era una loca. No la habían visto hablando sola, ni persiguiendo gatitos abandonados, no estaba en tratamiento psiquiátrico (da igual que la mitad de la población lo esté, siempre es una manera de justificar los actos violentos) y ni siquiera iba al psicólogo. Como bien sabréis, los locos asesinos son muy de ir a hacérselo mirar.

Un buen día, esta chica normal -que viajaba hasta 100 veces al año a Madrid para ir a los estudios de la Cope a ver a su amor platónico- asestó varias puñaladas a la mujer y a la hija del periodista Paco González porque “estaba enamorada de él hasta la médula” según contó a los medios el propio padre de la joven. Lorena, una aficionada a acosar a futbolistas y gentes del deporte desde niña, se pasó los últimos cinco años de su vida persiguiendo a Paco González e intentando conseguir su amor por las buenas. Pero claro, Lore se cansó. Y ni corta ni perezosa, urdió un plan criminal que incluía la participación de dos sicarios rusos para acabar con la vida de Maite, la mujer de Paco. Tras llevarse un adelanto de lo prometido -10.000 euros- los presuntos sicarios desaparecieron y Lorena decidió seguir personalmente con su macabro plan para lo que contó, ojo, con la colaboración de su novio Iván. Todo muy sensato: Lorena quería matar a la mujer de Paco González para que él, roto de dolor, encontrase consuelo en sus brazos; e Iván iba a ayudarla porque, a su vez, estaba enamorado de ella.
En 2011, Lorena, como tantos otros enamorados, pensaba locamente en ÉL.
El amor puede servir, también, para encubrir delitos fiscales. La Infanta Cristina de Borbón, declaró el sábado pasado que se hizo socia de Aizoon “porque Iñaki me lo pidió y confiaba en él”. La buena de Cristina, trabajadora de una gran entidad financiera desde hacía años, no tenía ni idea de economía doméstica. No conocía dónde se cargaban los gastos que ella misma generaba, ni los realizados con tarjeta de crédito ni los que pagaban con efectivo. Y mucho menos, que esa cuenta perteneciese a una empresa dedicada a blanquear capitales en la que aparecía como socia y cuyas cuentas tenía que firmar. Cristina simplemente actuaba por amor, y esto es razón suficiente para que el fiscal pida su absolución por todos los cargos que se le imputan. Faltaría más. Culpar a una mujer enamorada.
Fuera de España, tenemos multitud de ejemplos de locuras por amor. El presidente de Francia, François Hollande, se dedicaba a pasear por las noches en moto desde la residencia presidencial hasta donde se encontraba con su amada, la actriz Julie Goyel. No seré yo quien critique la vida personal de Hollande ni de nadie –que se apañe él con su pareja- ya que no creo que afecte de modo alguno al buen desempeño su trabajo. Eso sí, cuando uno es el presidente de la República de Francia y sale en medio de la noche a visitar a su amante, corre el riesgo de que le peguen un tiro y desestabilizar al gobierno entero de un país. Llévatela al Elíseo, hombre. Hollande es tan entrañable, que mandaba a sus escoltas a comprarle croissants para compartir con Julie, en lugar de vigilarles las espaldas.
Después de que la revista Closer publicara un reportaje a seis páginas del escándalo, la pareja oficial del presidente – Valerie Trierweiler- tuvo que ser internada en un hospital parisino por una “crisis” nerviosa. Días más tarde, Hollande, anunció la separación, que según varios medios no pilló tan de sorpresa a la primera dama. Pero para Hollande, de 59 años, las locuras de amor no son una novedad: antes de Valerie, había compartido su vida con Ségolène Royal, madre de sus cuatro hijos y encargada de presentar a Hollande y a Goyel en 2011, cuando ésta última participaba en una una campaña de apoyo al Partido Socialista francés.

Lo cierto es que los ciudadanos galos parecen bastante indiferentes a los líos de faldas de sus mandatarios. De lo contrario, no se entiende que Mitterrand hubiese mantenido una relación secreta con su amante durante más de 30 años, fruto de la cual tiene una hija, también secreta de 38, a la que acompañaba secretamente al teatro de pequeña.
El que no tuvo tanta suerte fue David Petraeus, el ya ex director de la CIA. El general mantuvo un romance extramatrimonial con su biógrafa, la periodista Paula Broadwell, la cual tuvo la brillante idea de enviar un email desde la cuenta de Gmail de éste a una tercera mujer, para amenazarla. El amor que sentía por él, provocó la caída de Petraeus, que tuvo que presentar su dimisión cuando el affaire saltó a los medios de comunicación. Apenas un año antes, el admirado general había jurado su cargo en el gobierno de Obama sobre una Biblia sostenida por su esposa Holly con la llevaba casado 37 años. Lo de Bill Clinton, era sólo sexo. Y Hillary supo comprenderlo.
David Petraeus con Paula Broadwell, disimulando su amistad “especial”.
Cuando leo todas estas noticias me siento un poco mal porque considero que yo no he hecho ninguna locura por amor. Nunca me he tatuado el nombre ni la cara de nadie, no he amenazado a sus ex, no los he perseguido durante la noche escondida entre los coches, no me cortado las venas –ni siquiera he amenazado con ello-, no he me quedado embarazada por joder –ni sin joder- y no he intentado cortarle el miembro ante un descubrimiento de infidelidad. Lo máximo que hice fue dejarle una carta a un niño del colegio cuando tenía 12 años, por debajo de la puerta de su casa y timbrar justo antes de salir corriendo. El cabrón nunca me respondió. Y yo jamás volví a arriesgarme.

Creo que no estoy hecha para el amor. Cupido, llévame.

¿Intrépidos o gilipollas?

Cuando tenía 15 años, me cogí una borrachera tremenda con tres copas de vozdka que bebí en poco más de media hora, mientras mantenía el brazo enredado en el de una amiga, bajo la premisa de no descruzarlo hasta que una de las dos se cayese, literalmente, de culo. Yo fui la primera. Acabé aquella horrible noche de mi primera borrachera compartiendo cama con mis padres, una de las situaciones más patéticas que le pueden ocurrir a un adolescente. Y, por si fuera poco, estuve hasta las 8 de la tarde del domingo vaciando el vozdka y lo que quedaba de mi estómago dentro del váter, con la cabeza mirando aquel frío agujero durante horas.
Fue la primera, pero no la última. A pesar de haberme prometido a mí misma que jamás volvería a acabar en ese estado de embriaguez absoluta, después de un período de reflexión impuesto por mis progenitores, volví a las andadas. Eso sí, al menos, sabía que ya nunca más quería acabar así. El alcohol dejó de ser un fin en sí mismo para convertirse en el medio con el que alcanzar cierto grado de tolerancia a los impúberes con los que me relacionaba.
Os cuento esto, porque de adolescente a mí me parecía que agarrarme el pedal del siglo era un signo de mi osadía, de mi espíritu rebelde, de mis ganas de luchar contra el sistema impuesto, porque YO era la única niñata que estaba etílica el sábado por la tarde antes incluso, de que cerrasen las tiendas donde comprábamos las golosinas. Algo así, deben de pensar la pandilla de intrépidos que estos días se dedican a meterse en los paseos marítimos y en los puertos de las localidades costeras azotadas por el temporal para conseguir la foto más impactante de una ola con la que sorprender al personal en Facebook “Yo estuve ahí, justo al lado, la ola despeinó mi tupé, lo juro”. Críos aparte –repito, yo también tuve 15 años- me pregunto qué clase de deficiencia afecta a los gilipollas que se meten a propósito en medio de una zona rodeada de olas de hasta 20 metros –o se van a surfear, sí, surfear- para acabar siendo barridos por ellas con la misma facilidad con la que mi aspiradora se traga las bolas de pelusa de debajo de la cama. Con la consecuencia, casi siempre, de muerte, o peor, de muerte de los que tienen que ir a rescatarlos.
“Voy a buscar la réflex , ahora vuelvo”
Lo siento un montón por las familias, porque el dolor de la pérdida de alguien es incuestionable, pero un poco de sentido común debería de ser obligatorio para salir a la calle. Y más en el Cantábrico, con vientos huracanados de hasta 140 km/h y decreto de alerta máxima por temporal en varias localidades costeras. Precaución, amigo conductor.
Y algunos conductores son otros que tienen esa manía de ¿demostrar? que molan más que tú cuando deciden adelantarte por la derecha y se empotran contra el poste de la luz, van a 150 en carreteras secundarias -y atropellan a un pobre inocente que pasaba por allí- o cogen el coche con una borrachera similar a la que llevaba yo aquella noche de mi primera intoxicación etílica. Hacen cosas sorprendentes, la verdad, porque son más valientes que nadie, ya que es evidente que nadie sabe pisar el acelerador e incumplir cada una de las normas de circulación. Sólo ellos. Los OSADOS.
¿Y qué me decís de esos intrépidos que cada verano se dedican a tirarse desde los balcones de los hoteles de España a una piscina inventando un nuevo deporte que, comos muchos neologismos, consiste en unir la palabra patria al sufijo –ing, es decir, “balconing”? Cuando se parten todos los huesos del cuerpo me dan, más o menos, la misma pena que los toreros que se quedan sin pelotas durante una faena. Los toreros y los que encuentran alguna gracia en correr delante del animal de enormes pitones, vestidos con discretos complementos rojos, con un calimocho en la mano a las 7 de la mañana. Llamadme cobarde, lo reconozco.
También están los que aprovechan cualquier evento multitudinario –generalmente, partidos de fútbol- para lanzar bengalas, botellas, arrancar vallas, partirse la cara con otros trogloditas, y demás menesteres propios de los seres primitivos. Siempre me pregunto por qué le pegan al aficionado del equipo contrario cuando el que falló los penaltis fue el delantero de su puto equipo. Ése, que cobra más en un día, que el héroe que se acaba de dejar los dientes por él, en toda su santa vida.
Aficionados practicando break dance en un partido de fúltbol en Brasil.
Sin embargo, a día de hoy ser osado no sirve de nada si no puedes compartir tu hazaña con el resto de los mortales gracias a la magia de las redes sociales: están los que practican deportes extremos, los que vuelan con Ryan Air con una maleta de 11 kilos y una bolsa del Bershka en la mano, los que salen tres días seguidos de fiesta –a veces en ciudades diferentes-, los que leen libros en inglés, los que fuman tabaco de liar sin hachís y los que beben puto whisky maltés con cola del Dia para protestar por el ERE de Coca Cola. Pero, mis preferidos, son los trolls, haters u odiadores, que se dedican a insultar a través de las redes sociales (twitter es su favorita, por la posibilidad de acceder a los perfiles de muchos desconocidos) con una facilidad pasmosa, haciendo, incluso, apología de la violencia machista, el fascismo y de votar al PP. Así, sin complejos.

Luego están los poetas y filósofos, que son osados en el momento mismo en el que deciden compartir alguna “reflexión” intelectual con el gran público. Se dividen entre los recopiladores de citas de Mario Benedetti -que debió de haber producido más en un vida que todos los presocráticos juntos-; y, los originales, que sueltan perlas de cosecha propia del tipo de “si algo te hace llorar más de lo que te hace sonreír, entonces no merece la pena” o “deberíamos imitar a esos peces que no recuerdan nada y vivir sólo el presente”. Esa gente tiene tanta osadía, tanta valentía, tantas agallas, que estoy segura de que hasta el mismísimo toro Ratón abandonaría, cabizbajo, la plaza en un recital de versos tuiteros.