Mes: enero 2014

Sanxenxo o el spin-off de Gamonal

Sanxenxo está que arde. Los vecinos de este pequeño pueblo costero de la provincia de Pontevedra llevan meses protestando contra la construcción de nuevos amarres para embarcaciones en las playas urbanas de A Panadeira y Os Barcos.
Todo empezó el verano pasado cuando la empresa gestora de estos trabajos, el Real Club Náutico de Sanxenxo, hizo uso de su licencia (aprobada por Portos de Galicia) para comenzar con los trabajos de instalación de los pantalanes y los pivotes que lo sostendrían en la playa de A Panadeira ante el pasmo de los vecinos y los turistas que veranean en este turístico enclave de las Rías Baixas. La reacción fue inmediata: la plataforma vecinal SOS Panadeira se encargó de boicotear las obras durante todo el verano consiguiendo que los trabajadores se viesen obligados a paralizar las tareas. Al menos, de manera temporal.
Playa de A Panadeira. Foto: Faro de Vigo
Asimismo, la presión ciudadana consiguió reducir notablemente las ambiciones del Club Náutico, que redujo prácticamente a la mitad el número de amarres previstos en el proyecto inicial (120) y se conformó con un solo pantalán, en lugar de dos.
Pese a los recursos interpuestos en el Juzgado de Pontevedra por parte de los vecinos y del propio Concello, Portos de Galicia no ve irregularidad alguna en la construcción de un embarcadero en la pequeña playa de A Panadeira, cuyos pivotes llegarían a la propia arena reduciendo considerablemente el espacio útil para los bañistas dentro de este arenal PÚBLICO. De construirse, los amarres estarían a muy pocos metros de la playa (se llegaría fácilmente a nado o a pie) y la profundidad máxima de baño se reduciría al extremo de tener el agua a la altura de la cintura durante las mareas bajas.
La administración local asegura que la construcción de esta instalación vulnera el Plan Especial de Ordenación del Puerto y su Plan de Utilización, a lo que se suma, según el ayuntamiento, el incumplimiento del Plan de Ordenación del Litoral al estar calificada la playa de Os Barcos como zona de protección intermareal. Y esto no es todo, según una empresa especializada en impacto ambiental, las obras podrían producir contaminación por mercurio y turbidez en las aguas, por no hablar de los combustibles y demás residuos que dejarían los barcos de los ricos que vayan a estacionar a la playa de los pobres. Porque no nos equivoquemos, se trata de eso: allí no van a amarrar las lanchitas de los vecinos, sino embarcaciones de los socios del Real Club Náutico de Sanxenxo, un exclusivo club de snobs que pretende hacer caja y contentar a sus afiliados con el patrimonio natural de todos.
Los pijos, y también la Cofradía de Pescadores Santa Rosalía que, casualmente, no ha alzado la voz, quizá porque el Náutico les cedió gratuitamente 20 de estos amarres para sus barquitos que se encuentran en la misma zona donde se pretende levantar el pantalán.
Los vecinos quieren A Panadeira por todos estos motivos, pero también porque ese pequeño arenal es un emblema de lo poco que queda virgen en Sanxenxo (no hagáis dobles lecturas, me refiero a la virginidad de la madre naturaleza) donde tradicionalmente han acudido decenas de familias a pasar los días de playa con los niños, lejos de las aglomeraciones de Silgar. Y que garantizaba la seguridad de los más pequeños gracias a sus calmadas aguas. Dudo que siga siendo igual de segura, cuando esas familias vean pasar lanchas a pocos metros de sus tobillos.
Tras la pequeña victoria de este verano, los trabajos se reanudaron hace unas semanas con un enorme camión guindastre que llegó a la zona para descargar el material de la obra. Una vez más, fueron los propios vecinos los que paralizaron esta aberración, poniéndose frente a los camiones, organizando vigilancias constantes en las playas y protestas en la plaza de Os Barcos para que se les escuche. Y se haga justicia.
Además de la demanda judicial que ya habían presentado, han vuelto a los tribunales para pedir la suspensión cautelar de los trabajos que afectan negativamente al contorno. También presentaron un escrito ante el propio Ayuntamiento para denunciar que la obra no cumple con los requisitos legales de señalización: no existe panel con las características de la licencia, las fechas de ejecución y el presupuesto destinado a tal fin.
El Real Club Náutico tiene esas licencias, al menos, así lo corroboró la adjudicataria Portos de Galicia, pero prefieren actuar en la absoluta clandestinidad para no despertar la ira de los vecinos de Sanxenxo. Afortunadamente, no lo han conseguido.
La guinda de este pastel ha sido el traslado por mar desde el puerto de Marín del pantalán y los principales materiales para la obra. Una maniobra cobarde que se producía el pasado domingo por la tarde, con un gran temporal de lluvia y que pretendía, una vez más, esquivar a los vecinos para que no intercediesen en el afán de la iniciativa privada de expoliar los recursos públicos. Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, y a pesar del tiempo, fueron muchos los ciudadanos sanxenxinos que se presentaron el domingo en A Panadeira para impedir con sus propios cuerpos, el comienzo de las obras.
Playa de A Panadeira. Foto: La Voz de Galicia.
Ayer mismo, otro medio centenar de vecinos acudían al Pleno Municipal para seguir mostrando su rechazo frontal a estas obras y conseguir la paralización total de las mismas. De momento, el asunto “sigue en manos de la Justicia”, que en este país es un sinónimo de cuando le dejas un libro a un amigo y te dice “ya te lo devolveré”. Espero que cuando los tribunales decidan no sea demasiado tarde para que a la gente le devuelvan su playa.
Incuestionable es que cuando el pueblo saca la uñas, a los poderosos se les atraganta la arrogancia. Gamonal no era el primero ni será el último logro de esta sociedad, que poco a poco despierta de su letargo para defender lo que nos pertenece. Hoy mismo, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazaba el recurso de la Comunidad y las concesionarias de seis hospitales públicos contra la paralización de las privatizaciones. Privatizaciones que llevan meses sacando a cientos de ciudadanos a las calles para defender la Sanidad pública, universal y “gratuita” (para algo pagamos impuestos).

Gracias Gamonal. Gracias Madrid. Ánimo Sanxenxo!

Anormal en el Centro Comercial

“Izquierdas, tú no eres de izquierdas
Derechas, tampoco de derechas
Del centro, tú eres del centro, comercial! del centro comercial, anormal!”
                                                     “Centro Comercial. Lendakaris Muertos”
Después de cinco años de actividad, el centro comercial Dolce Vita de A Coruña anunciaba su cierre la semana pasada. una medida que se tomaba tras el abandono de Inditex (en 2012) y de Primark (2013). De los casi 113 locales que abrieron en su día, la última semana solo 9 continuaban su actividad. Entre ellos, Media Markt, que aprovechó, como siempre, para reventar los precios y agotar las existencias antes de echar el cierre en el Dolce Vita. Allí fueron –y siguen yendo- cientos de personas afanadas en comprar aparatejos tecnológicos al 50 por ciento de descuento –las necesiten o no, de eso se trata-. Quien lo desee, tiene hasta el 31 de este mes para pelearse por un plasma de 42 pulgadas con la señora de enfrente.
La razón por la que cierra Dolce Vita no es la crisis (¿qué crisis, señores de Inditex?) sino la competencia con el megalómano Marineda City, un despropósito conjunto de edificios comerciales que ocupan medio millón de metros cuadrados en una ciudad de 245.000 habitantes, y que, cuando abrió, en 2011, era el más grande de España y el tercero de toda Europa.
Era + adecuado "Desmesura City"
Marineda City, la nueva atracción turística de A Coruña.
para quien no lo sepa, A Coruña es una ciudad costera con una impresionante playa urbana (la de Orzán) y una de las más turísticas de Galicia, junto con Santiago de Compostela. Se encuentra situada en el extremo noroeste de la Península Ibérica, dentro de una zona de especial valor ambiental y paisajístico, las Rías Altas.
Además, su centro urbano es una zona particularmente comercial desde hace varias décadas, sobre todo, la mítica calle Barcelona, que registraba el tráfico de peatones más alto de toda Galicia.
¿Y qué han hecho las administre ? Lo A- normal: permitir la construcción de un titánico centro comercial a las afueras del casco urbano, consiguiendo, ya de paso, desviar el comercio grande, provocar cierres en el pequeño y trasladar parte del turismo a un puñetero parque industrial en medio de un cruce de carreteras que lo único que tienen de “marinero” es el nombre.
Un gigante, que aparte de comercios, tiene en su haber decenas de restaurantes, cines e incluso un hotel para que los visitantes no tengan que desplazarse de la claustrofóbica fantasía de acero, hormigón y luces de neón, con el riesgo de inhalar el aire puro de la brisa atlántica.
Recuerdo perfectamente cómo las televisiones anunciaron la apertura del Marineda, como si se tratase del mismísimo Carnaval de Tenerife o el discurso de Juancar.
Durante semanas, allí se crearon auténticas colas de anormales que intentaban encontrar aparcamiento (algo que resultaba incluso difícil con nada menos que 6.500 plazas construidas)  paralanzarse a la aventura de ir a un centro comercial a ver cosas tan espectacularmente singulares y exclusivas como tiendas de Zara, El Corte Inglés, Ikea o Decathlon y restaurantes McDonalds.
Algo menos de expectación, pero demasiada, también, recibió el centro comercial As Cancelas, en Santiago de Compostela, cuya apertura se produjo en noviembre de 2012 suponiendo el cierre de todas las salas de cine de la ciudad. Los CINESA, que operaban en el antiguo centro comercial Área Central, se trasladaron a As Cancelas, y la capital administrativa, cultural y universitaria de Galicia se quedó sin una sola sala de cine en sus calles. Todo un logro social. Algo que no debe de extrañarnos mucho, teniendo en cuenta que Pontevedra, mi ciudad, ostenta el honor de haberse convertido en la primera capital de provincia española en quedarse sin cines.
Después de varios meses, la empresa Cinexpo reabrió las salas pontevedresas de Vialia. Cómo no, en un centro comercial. Aunque pequeño.
Por si fuera poco, Galicia, con una población de poco más de 2.700.000 habitantes, y un millón de metros cuadrados de superficies comerciales repartidas en 42 centros, podría acoger otro megaproyecto comercial en la ciudad de Vigo, la más poblada de la comunidad y que a estas alturas “sólo” tiene seis centros comerciales de tamaño medio.
Uno de ellos, A Laxe, plantado en medio del puerto para dar la bienvenida a los turistas con el brillante rótulo rojo de Media Markt en la fachada.
Centro comercial A Laxe
El Centro Comercial A Laxe os da la bienvenida a Vigo.
Un grupo inversor británico planea construir Porto Cabral, un área que se cargaría de un plumazo gran parte de la oferta de ocio del casco urbano vigués, ya que pretenden dotarla de actividades culturales y deportivas, incluyendo, a lo bestia, un rocódromo, una pista de esquí y una zona para dar malditos paseos en barca bajo un techo hormigonado en una ciudad repleta de playas, con uno de los puertos pesqueros más grandes del mundo y con rutas en barco hasta el archipiélago de las Islas Cíes situado a 14 kilómetros de la ciudad olívica.
Pese a la oposición suscitada entre comerciantes y vecinos, los inversores ya han lanzado el dardo envenenado con el que los intereses privados consiguen hacer siempre negocio en nuestro hambriento país, aún a costa de nuestro paisaje y nuestro pequeño comercio y con el beneplácito de las administraciones locales: “se crearán 300.000 puestos de trabajo solo durante la construcción”. ¿Os suena a Eurovegas, verdad? A mí, demasiado.
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Anormales asaltando un centro comercial el primer día de rebajas
Cientos de páginas de turismo de Madrid y Barcelona hacen recomendaciones de los mejores centros comerciales en los que realizar tus compras –en el caso de Madrid, la propia página web de la Comunidad incluye una pequeña guía de estos establecimientos- mientras observamos dramáticamente cómo en las calles de las ciudades y pueblos echan el cierre cada día comercios tradicionales y vanguardistas, pequeños y medianos, que no llevan el sello de una gran compañía detrás.
Las nuevas áreas comerciales han planeado muy bien la jugada. No sólo tienen tiendas –textiles, especialmente- sino también locales de ocio y cultura –cines, teatros, boleras, restaurantes y hasta malditas discotecas- y oficinas para negocios privados y administraciones públicas. Algunos, incluso albergan viviendas y hoteles.
Pero lo verdaderamente jugoso del negocio está en convertir estos monstruos en auténticas zonas de esparcimiento familiar: hay guardería, parque infantil y peluquería para el pequeño, peluquería y guardería para el perro;, tiendas de ropa y peluquería para ella, tecnología y peluquería para él; y bares, bares y más bares para todos los gustos. Os dije que había peluquerías, ¿no? Ah! Y muchos centros de depilación láser. Afortunadamente, todavía no han contemplado a los abuelos en la oferta: no he visto una sola taberna donde se puedan fumar habanos mientras se juega al dominó.
Y, por supuesto, no puede faltar el brillante eslogan de “abrimos todos los días del año”. Con un horario ininterrumpido, de lunes a domingo, los 365 días del año.
Además del evidente daño a la economía de las ciudades, los centros comerciales suponen, a su vez, la desfiguración de las áreas urbanas que, históricamente han crecido en torno a su comercio.
Las –cada vez más grandes- áreas comerciales, desvían el flujo de personas de las calles y alteran la estructura urbana de la ciudad que pierde parte de su sentido -el de reunión, comercio y alegre ajetreo- cuando nosotros, los anormales, cogemos el coche cada sábado para introducirnos en estas nuevas cárceles que nos quitan la libertad a cambio del bombardeo constante de música pop, colores estridentes, comida prefabricada y altas dosis de aire acondicionado en verano y calefacción en invierno.
¿De verdad merece la pena abandonar nuestras calles por esto? ¿Para que nos tengan como un rebaño de ovejas dentro de una parcela cerrada, rodeados de cámaras de seguridad induciéndonos a no pensar en otra cosa que en consumir durante horas?
Yo me quedo con las olas de calor, la lluvia, la nieve y las ciglogénesis explosivas.
No seas anormal. No seas del centro comercial.
photos by: &

PECAMINOSA APOLOGÍA DEL SEXO Y EL MORBO

El sexo, ese arma del que la naturaleza nos ha dotado para disfrutar un poco más de nuestro breve paso por la existencia, supone para muchas parejas y personas solas un quebradero de cabeza, e incluso, una molestia o una fuente constante de decepción, frustración e insatisfacción. La falta de deseo o el deseo no satisfecho se esconde bajo estas decepciones.
Hay gente que opina que le damos demasiada importancia al sexo, ya que no es sino, una parte, como otra más, de nuestras relaciones de pareja. Añado yo, que también es una parte de nuestra relación con nosotros mismos.
Empecemos por el principio, que nos lleva, como casi todo, a la religión. La maldita religión que enturbia nuestra moral desde hace miles de años y que no deja de ser la creación de unas cuantas personas ignorantes que tenían que dar explicación a los fenómenos naturales antes de la existencia de las ciencias para manipular a otros más ignorantes que ellos. La mayoría de las confesiones del mundo legislan alegremente sobre los impulsos sexuales y promueven el miedo al sexo y su prohibición. Proclaman que la única finalidad del acto sexual debe de ser la reproducción y la perpetuación de la especie. La católica, es un buen ejemplo de ello. El espantoso castigo que recibieron los inmorales habitantes de Sodoma y Gomorra (que disfrutaban del sexo libre y las relaciones homosexuales) deja claro la postura de la Iglesia Católica en cuanto a la libertad sexual: “Entonces el Señor hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. Así destruyó a esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con toda la llanura y la vegetación del suelo”. (Génesis 19:24-25)
En su libro “Dios no es bueno” Christopher Hitchens analiza la relación entre el sexo y la religión: “El sexo manual, el sexo oral, el sexo anal, el sexo en una postura diferente a la del misionero: nombrarlo es describir una aterradora proscripción sobre él”. Hitchens, en su maravilloso y altamente recomendable alegato contra la religión, se plantea entonces, cómo Dios, el ser supremo y bondadoso, que nos ha creado a su imagen y semejanza, ha podido fallar tan estrepitosamente en el “diseño” de los seres humanos. ¿Qué sentido tiene que la deidad nos cree con órganos sexuales con gran capacidad para recibir y proporcionar placer si, al mismo tiempo, nos prohíbe su uso con el castigo y la amenaza del infierno? Efectivamente, Dios no existe, pero de hacerlo, sería un cabronazo sádico que pretende que suframos por ser, simplemente, como él nos ha hecho. Hitchens tenía razón: Dios no es bueno.
Si conseguís desprenderos de los complejos y prohibiciones de la religión -seamos francos, 2000 años de sometimiento no se curan de un día para otro por mucho que nos consideremos ateos- entonces estáis preparados para disfrutar del pecado en su forma más placentera: el sexo. Si os cuesta desprenderos de vuestros tabúes y laberintos mentales, la solución más recomendable es el acercamiento a la cultura y a la ciencia. Y si seguís sin conseguirlo, yo me plantearía la posibilidad de arder eternamente en el infierno antes de subir a un cielo donde el sexo, simplemente, no existe. Menudo paraíso.
Dicaprio se da unos baños tremendos de sexo en su última pelicula “The Wolf of Wall Street”
Además de la religión, el disfrute sexual encuentra otros grandes enemigos en la rutina, la dejadez, la vagancia o el machismo. Y la falta de educación sexual.
Uno no puede disfrutar en su relación de pareja si no empieza conociéndose a si mismo y descubriendo qué es lo que le gusta. Éste es uno de los problemas de muchas mujeres insatisfechas que no contemplan la masturbación propia dentro de sus prácticas sexuales. Es imposible decirle a alguien qué es lo que te gusta (y te pone) si tú misma no lo sabes. Podéis tener un amante aplicado y generoso que si no sois capaces de abrir la boca y pedir lo que os funciona vuestras posibilidades de satisfacción son infinitamente inferiores a lo que lo serían de haber disfrutado de las bondades del sexo a solas.
Además, basta ya de fingir que a los hombres les gustan las buenas chicas y las mujeres sumisas que no se atreven a pedir lo que quieren y simplemente se abren de piernas cuando se lo piden. De ser así, es bastante probable que la prostitución no fuese un reclamo tan atractivo para muchos. A los hombres, en general, les gustan las mujeres que saben lo que quieren, que disfrutan del sexo (y reclaman su parte) y que son capaces de hacerlos disfrutar sin complejos ni tabúes.
En el libro “Tu sexo es aún más tuyo” Silvia de Béjar hace un fantástico recorrido por la sexualidad femenina con interesantes alusiones a todas las facetas de la vida sexual, empezando, cómo no, por el conocimiento del propio cuerpo y dedicando un capítulo a la masturbación. También incurre en el conocimiento del cuerpo del compañero –los hombres no sólo tienen pene-,  las posturas más recomendables dependiendo de nuestras áreas erógenas, la salud sexual, las fantasías, las necesidades sexuales según grupos de edades, los preliminares, e incluso, ejercicios para entrenar los genitales. Vamos, un básico en vuestras estanterías. Pero aunque el libro está escrito por una mujer y dedicado a las mujeres, se trata de un manual muy útil para los hombres que desean hacer disfrutar a las mujeres y que desean también, que sus mujeres los hagan disfrutar. Además, de Béjar, dedica partes específicamente a los hombres. Es un libro para compartir –después de leerlo yo, ha pasado por las manos de muchas de mis amigas- que sirve para conocer y entender mejor esta bendición que es la sexualidad humana desechando, ya de paso, cualquier posibilidad de sentimiento de culpa.
Cuando tengáis todo eso claro buscad el morbo: la unión perfecta de deseo, lascivia, curiosidad y sensualidad que sirve para encender el fuego de las pasiones más ocultas. El morbo  no es solamente parte del acto sexual físico, sino que es, y debe de ser, un juego psicológico y emocional que se puede encender en cualquier momento sin necesidad de encontrarse en plena faena.
El buen morbo empieza mucho antes de llegar a la cama. Una conversación que se va calentando por momentos en el que el sexo empieza siendo una anécdota para acabar convirtiéndose en el tema principal, mensajes “fuera de tono” o roces inocentes…son fundamentales para tantear el terreno y despertar el interés sexual del compañero. Un elemento que sólo necesita de la aceptación (verbal o tácita) de ambas partes.
Las personas morbosas disfrutan con el misterio, con el juego, la fantasía y saben desinhibirse sexualmente. Al morbo, se lo ha etiquetado tradicional e injustamente como el “deseo de lo prohibido” como algo malo o peor, enfermizo. Hay que tener en cuenta que hasta hace no demasiado tiempo el sexo oral era considerado casi una aberración y la educación religiosa decía a los niños que la masturbación los dejaría ciegos. Todo aderezado con la amenaza del infierno y el castigo eterno.
El cine, ha plasmado infinitas fantasías sexuales de muchos espectadores: desde el voyeurismo de observar a dos chicas jóvenes descubriendo el sexo (Ádele), al morbo de hacerlo con una mujer mayor y experimientada (The Reader).
A día de hoy, el morbo no es más –ni menos- que otro elemento que activa el deseo sexual y cuyo único límite debe ser el respeto a la otra persona y a uno mismo y el entendimiento del “no” a la primera. La comunicación dentro de la pareja es esencial para generar encuentros y situaciones morbosas que tanto alegra esta vida llena de penas, pérdidas, trabajos de mierda, impuestos y deudas impagables. Y aquí vuelvo al principio y a la gente que opina que “el sexo no es importante”. Evidentemente, hay muchas cosas importantes en pareja, pero no disfrutar ni hacer disfrutar a la persona a la que supuestamente amas debe de poneros sobre aviso de que algo va mal. El desinterés sexual es el homicida de muchas parejas. Es hora de reconocerlo.
Sin embargo, al igual que  Silvia de Béjar, opino que “el buen sexo no es algo que te sucede sino algo que tú haces que suceda. Haz que ocurra”. No es justo quejarse o echar constantemente la culpa al otro si mantenemos una postura de pasividad eterna (y esto es figurado, malpensados).
Recordad: lo ocurre en vuestra cama es sólo asunto vuestro. No dejéis que os lo prohíban.