Se suele decir que llegada esta época del año los ánimos sexuales andan más decaídos, con eso del frío, las ropas abrigadas, la falta de depilación –no todo el pelo cae en otoño- y blablabla. Todo mentira. El frío, es un estupendo componente de incitación a la sexualidad. No tenemos más que fijarnos en las estadísticas (la estadística, en este caso): el mes del año en que más niños nacen es septiembre, de lo cual podemos deducir que el mes en que más folla la gente es diciembre. De hecho, el niño Jesús nació en Diciembre por la misma teoría: en marzo hacía demasiado buen tiempo y tuvo que aparecer el Espíritu Santo para embarazar a María porque al carpintero no le funcionaba la herramienta. Y así estamos, 2013 años después.
Esta señorita es la prima rusa de la Virgen María.
La inmensa mayoría de la gente piensa que se folla más en verano: ropa corta, piel al aire, cervecita en una terraza, bikini y crema desparramada entre muslos ardientes al sol. Y canciones del verano. ¿Os acordáis de la ola de calor de este verano? ¿Ésa, que para pasear más de diez minutos por las calles de nuestro país sin caer fulminado era necesario echarse a los chorros de riego automático de los jardines? Yo viví esa ola de calor y lo último que me apetecía era tener sexo: eso, y un plato de callos de mi madre.
Parece que la gente está más deseosa del sexo en verano, es como que el cuerpo lo pide más, igual que ir de tapas o hacer una ruta de senderismo. Pero claro, ponte tú una abrasante noche de agosto con el maromo sudando como un cerdo y las bombas de la Peregrina a todo gas a practicar las bondades del sexo en pareja. Porque solo ya es otra cosa, te evitas el roce con un cuerpo caliente. Y sí, hablo de las bombas, de las verbenas, las comparsas, las orquestas y todas las puñeteras celebraciones populares que tienen lugar día sí y día también durante los meses de verano y cuyo ruido convierte las relaciones sexuales en un circo digno del mismísimo Ángel Cristo. Que intentas concentrarte en el asunto y escuchas al gitano del Saltamontes gritándote “a botar las tetitas” cada dos por tres. Ni la doble ventana te salva de semejante intromisión en tu intimidad. Que te dan ganas de bajar a la calle y decirle al hijo de puta que está tirando los fuegos que a la cuadragésima vez ya se habían enterado hasta en Laponia de que hay fiestas en Pontevedra.
En invierno, en cambio, todo es más propicio. Salimos mucho menos de casa: si estás en pareja es más fácil que con tanto tiempo entre las mismas paredes acabéis retozando con mayor frecuencia. El frío y la falta de horas de luz nos provocan ganas de meternos debajo de las mantas y no salir ni a comprar el pan y así es más fácil dejarse querer, eso sí, ojo con los que os emocionáis y tiráis la ropa de la cama al suelo con la calefacción apagada. Una mujer con frío es una mujer peligrosa. Precaución también, con las manos heladas cuando acabáis de subir de la calle y se os da por ponerlas donde no debéis. Los baños calientes en pareja, por ejemplo, son otra buena opción para los meses de invierno.
Y si estáis solteros en invierno se liga mucho más. Si se sabe. Recurramos al clásico ejemplo del Don Juan que pone su chaqueta en la espalda de su dama para protegerla de las inclemencias del tiempo. Si le prestas tu cazadora a una chica una noche de invierno te aseguras que, por lo menos, vas a estar cerca de ella el tiempo que la disfrute. Si pretendes ligar con ella, le prestas tu cazadora y se pira, eres un poquito gilipollas. Y si eres la chica, bueno, las chicas no necesitamos ninguna estrategia. Decir “qué frío tengo” es suficiente para que una manada de moscones se apresuren a dejarte algo de abrigo y te inviten a una copichuela para calentar el cuerpo.
Aunque estemos en invierno, chicos, por favor, quitaos los calcetines.
En verano las cosas funcionan de otra manera. Dices “qué calor tengo” y la lógica masculina es  ofrecerte irte a dormir con ellos, y yo tengo muy clara la respuesta: “pues no, mira, lo que yo quiero es aire acondicionado en mi habitación ¿no serás instalador autorizado?”. Y lo peor ya es cuando, además de calor, te has quemado la piel en la playa y no puedes ni sentarte en el sofá por si cuando te levantas has perdido la mitad de tu ser. ¿Quién puede querer tener sexo con la piel cayéndose a tiras? Que te agarran un poco y te despellejan. Definitivamente no, el verano está muy bien para ligar, arrimar cebolleta en la discoteca a las cinco de la mañana, echar cremita en espaldas ajenas, pero follar se folla mejor en invierno. Palabrita del niño Jesús y la Virgen María.
  • http://www.blogger.com/profile/11492878330064723691 lola alquezar

    Calorcito vivo!! Mejor k las mantas!!!.
    Por supuesto!!

  • http://www.blogger.com/profile/16714895395957602879 carlos garcia de paredes ucero

    Comentarios con profunda base teológica, no cabe duda… Digo yo, si uno no cree en nada ¿para qué tiene que decir chorradas ofensivas hacia una religión? Religión… católica, claro. A ver si hay ovarios para decir algo similar de Mahoma, su herramienta y su prima rusa en bolas. Ajajá.

  • http://www.blogger.com/profile/08094188084272456385 nacidenuevo redimido

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

  • http://www.blogger.com/profile/12291632970628227892 Álvaro Alfonso Gómez

    Tienes mucha razón Diana…

  • http://www.blogger.com/profile/02541161705798420080 Justo Monroy

    Yo también totalmente de acuerdo. Y con las siguientes entradas 🙂

  • http://www.blogger.com/profile/02445072378205878718 JOSE LAGUNA

    Suscribo

  • http://www.blogger.com/profile/06143699467170172623 Visi Delgado

    Totalmente de acuerdo. No hay nada como el calor humano cuando hace frío 🙂