Conservo con gran cariño -y con afán de investigación sociológica- montones de cartas, anotaciones en agendas y libretas, notitas, rankings de ligues y demás documentos escritos de mi etapa adolescente. Y los guardo, porque para mí son mucho más que trozos de papel, ya que representan una suerte de identidad de lo que algún día fui (fuimos) que me hace acercarme más al pueblo llano y reconocer que los adolescentes de ahora no son ni más ni menos imbéciles que los de antes; más bien, el mismo tipo de humanoides con similares conflictos vitales: el amor, los amigos, la aceptación social, el instituto y el odio generalizado a padres y hermanos.
Mientras que los púberes de hace 10 o 12 años presumíamos de Discman, Internet en casa, enciclopedia Encarta instalada en el ordenador (y ordenador), calculadora científica o cámara de fotos sin carrete; los chicos y chicas de ahora venderían a su madre por un Iphone, un Imac, un Ibook, un Ipad y, –lo más paranormal- por una cámarade fotos con carrete. Eso es porque nunca se las tuvieron que apañar en una excursión, con siete largos días por delante, un carrete de 24 y un Alcatel One Touch Easy que sólo servía para llamar y enviar SMS con menos caracteres que un mensaje de Twitter (eso, en el hipotético y poco probable caso de tener saldo).
La diferencia básica radica, precisamente, en los métodos de comunicación. En los albores del milenio pocos eran los afortunados que tenían teléfono móvil, Internet era una distracción a la que se accedía desde unos lugares llamados “cibers” a cien pelas la hora, y las redes sociales y la mensajería instantánea gratuita eran ciencia-ficción. Por eso, nos mandábamos todo por escrito, utilizando nuestro puño y letra como herramientas para transmitir y compartir nuestros “pensamientos” y preocupaciones.
El género epistolar se utilizaba tanto para ligar como para contarle a tu amiga de la mesa de al lado con la que hablabas cada día por teléfono (fijo) qué tal había ido el finde, mofarse de la compañera gorda que olía mal, poner corazones y “T.K.M” en la parte de atrás de la libreta de Historia y otros sanos menesteres juveniles.
Siguiendo la tradición, la época dorada de las cartas era el 14 de Febrero, cuando cualquier adolescente que se preciase tenía que recibir al menos, cinco cartas en el buzón de su clase. Como quien hizo la ley hizo la trampa, ese buzón siempre lo instalaban las chicas populares que alimentaban su ego abriendo cartas y más cartas delante de aquellas menos afortunadas, que, por no tener correspondencia, se convertían en el blanco perfecto de la mofa y befa de los chicos de clase. Y las chicas que no recibían cartas tenían dos grandes problemas adolescentes: 1) eran consideradas las menos atractivas por el género masculino y, 2) carecían de una red consistente de amigas que se hiciesen pasar por sus enamorados escritores juveniles y que les ayudasen a evitar el escarnio público de no recibir correspondencia el día de San Valentín. Las populares, lejos de compadecerse de las que no pillaban, se dedicaban a lanzar esa maldita pregunta envenenada: “¿MariPili, y tú, cuántas cartas tienes?” A MariPili sólo le quedaba sacar la baraja de su padre y contestar “Sota, Caballo y Rey”.
Releyendo mis cartas de amor recibidas, me sorprendo al constatar las muchas ganas que tenían algunos chicos de 15 años de casarse y tener descendencia con su amada y las pocas que tienen los de 30 de irse de casa de su madre. Será por eso que me pregunto cómo esos mismos seres humanos podían escribir cosas como ésta. Os traslado frases LITERALES, de un novio del instituto  con el que tuve el ¿placer? de estar poco más de dos meses. A Dios pongo por testigo que el contenido de estos extractos y de todo lo que pongo a continuación entrecomillado es totalmente cierto. Sin embargo, por respeto a la gente con familia, amigos, trabajo, y a la Real Academia Española de la Lengua, no desvelaré la época exacta ni el remitente de las mismas.
“Hola mi amor te kiero mucho, eres lo mejor de mi vida, mimá es que te quiero más que a nadie, flipa (…) Tengo unas ganas de haser el amorsito contigo que flipas, buf, pero no pasa nada cuando tú quieras, así tampoco se está mal”. Ya…
“Mi Dianiña que suerte tengo de estar contigo, mira que eres guapa y riquiña y to y buf, siempre me preguntaba yo kien sería la chica que me robaría el corazón y ya la tengo (…) quiero estar el resto de mi vida contigo”.
Y ésta es brutal : “Tú si que eres una chica riquiña, las otras son todas unas cerdas que solo quieren un poco de pirola. Pero tú no, tú eres distinta”. Se ve que no consiguió “haser el amorsito conmigo”.
O ésta, un tanto contradictoria: “Como me entere de que alguien te dice algo malo lo rebiento (…) Ahora sí que me estoy volviendo bueniño, ¿eh?” Bueniño no sé, pero optimista…“A mí me viene la Miss mundo esa y le meto unas hostias, yo ya tengo a mi Miss Mundo”.
Aquí una frase que me hace sentirme tremendamente viejuna: “Jo mi Dianiña yo kiero casarme contigo, pero primero tengo que conocer a tus padres y a tus hermanos, les caeré bien? Tu hablales bien de mi. Y después nos casamos y tenemos hijitos, un niño y una niña, pero ba eso cuando seamos mayores, con 25 o así” JAJAJAJAJAJAJA.
Pero se acercaba el drama y mi amado, espabilado donde los hubiese, se lo olía, y lanzaba amenazas subliminales en sus escritos:
“Tú nunca que me vas a dejar a que no? Porque si me dejas, buf, yo no sé que haría, pero no, no me vas a dejar porque yo sé que estás lokita por mí. Donde vas a encontrar a alguien que te kiera como yo. Eso es imposible mi niña”. Toda la razón.
Y una gran verdad: “Jo mi niña, mira que te kiero y te escribo cartas, es que mimá nunca escribi tanto en mi vida como desde que estoy contigo, flipa”. Flipo bastante, la verdad.
Y llegó el día T, la TRAGEDIA:
“Jo Dianiña yo pensé que iva –y esto no es un impuesto– a estar fatal, pero ba, tampoco se está tan mal así, jajajaja, y aora somos súper amigos y to y mola. (…) Pero yo kiero que vuelvas conmigo eh enana, y vas a volver que lo se yo, + alante y vamos a casarnos y tener hijitos” OLA KE ASE, ME AMENAZA O KE ASE.
Pero no todos los chicos eran igual de románticos, había otros que iban más al grano. Véase éste, que me mandó una nota en clase con el siguiente contenido:
“¿Qué dibujo tienes en tu ropa interior?”
O éste otro, anónimo, que era el más pro, porque escribía a ordenador:

Otro descarado también me escribió para “decirte k me molas hace tiempo y kiero k lo sepas. Me encantaría enrollarme o salir contigo. Aunke no te lo creas a mí solo me molas tu (¿¿¿perdona???). Si sales conmigo vas a estar muy bien pork me molas mucho. Cuando kieras te lo demuestro” Y se despedía con un poema, que versaba así:
                        Diana tus caderas son un pecado
                        X el k iría al infierno
                        Eres la mejor del mundo y te amo
                        Como nadie te amará

Pero de románticos estaba lleno el instituto, porque otra carta de San Valentín anónima decía que “me encanta cuando te ríes, cuando me miras a la cara y tus labios hacen la forma de una sonrisa, tu voz es música para mis oídos, tos ojos son estrellas y toda tú eres mi diosa del _ _ _ O. ¿Diosa del moño? Y, se despide pidiendo cita “Bueno guapísima, me dan un poco de palo estas mariconadas, pero kiero que sepas que tengo el propósito y la intención de probar tus dulces labios”.
Pero no todo era amor, en mi cajón de cartas encontré esta otra, junto a una nota que yo le mandaba a un compañero de clase preguntándole quién era el mamón que me había escrito. Ya que yo, chica lista donde las haya, veía claras referencias (la ropa, el color del pelo –lo llevaba rosa, por si alguien aún no lo sabe-, el Amaranto –discoteca choni de Pontevedra- a una tomadura de pelo:
Por favor, chicos, ya podéis confesar.
Pero como no sólo de amor se podía vivir, la adolescencia también era el tiempo idóneo para compartir pareceres con tus amigas, a las que querías “muchisísisisimo” y decías, a cada una de ellas “eres mi mejor amiga”. Por lo que he podido leer en las cartas del cole y el instituto era la mejor amiga de, al menos, 16 chicas. Sin embargo, la amistad, como el amor en la adolescencia, era efervescente: empezaba muy fuerte, pero enseguida se consumía.
Mis amigas me escribían básicamente para:
– Hablar de chicos que nos gustaban.
– Preguntar quién era tu mejor amiga, ante previa advertencia de “mi mejor amiga eres tú”.
– Hablar de otras chicas que nos caían mal.
– Hablar de chicas que nos caían mal porque estaban con o pretendían a los chicos que nos gustaban.
– También hablábamos de: ropa, las clases, las excursiones y la triste vida familiar que tantos disgustos nos daba. Y, por supuesto, de nuestras ansias de independencia y libertad porque “no aguanto más a mi madre”.
Un resumen de las preocupaciones de mis amigas de la adolescencia:
“Hola Diana. Llevo cuatro meses enrollada con X y lo máximo que K hemos hecho es enrollarnos. Una vez me tocó el culo, pero sólo una vez! Tiene 21 años y no me parece normal. Se lo conté a un amigo mío y me dijo que a lo mejor es gay, tú ke crees?
A lo que yo respondía:
“No sé tía, yo no creo que sea gay si se enrolla contigo. Aunque bueno, si nunca te toca el culo…”Yo ya veía que aquello no iba bien, gay no, pero eunuco…
Había otra que, incomprensiblemente estaba obsesionada con mi hermano, y la chica me escribía con mil excusas para acabar siempre preguntándome por él:
“ Ahora no puedo dejar de pensar en la cara del guapetón de tu hermano, cuando se entere de la carta que le envié!!! Qué palo!!! Nunca antes había hecho esto, es decir, escribir unja carta de amor. Le puse cada cosa… Le puse que lo quiero cantidad desde el primer día que lo vi. Le dije que tenía unos labios que ¡quién me diera besar!”.
También me ponía cosas bastante repelentes como que le parecían súper sexys sus granos (acné juvenil). Joder, eso sí era amor del bueno.
La verdad que éramos bastante monguis, aquí la demostración:
También hacíamos crítica televisiva. En el año 2000 (ó 99) se emitió el primer Gran Hermano español y aquello causó un revuelo tremendo. En varias cartas, diferentes amigas manifiestan su deseo de participar en el concurso “si fuera mayor de edad” porque “tiene que molar muchísimo”. Dudo bastante que esas personas piensen a día de hoy lo mismo. Una amiga también me comenta, mientras me escribe un viernes por la noche, que la tele “es un aburrimeinto, sólo hay Luar (menuda mierda) y Lluvia de Estrellas (puaf”). Pues sí que tenía razón.
Y luego las había muy optimistas y seguras de sí mismas, como mi querida amiga Chus que se dibujaba en una carta del año 1999 (cuando tenía 13 años), a ella misma, de esta guisa:

La afición de mi amiga por el dibujo, fue mucho más allá, retratando a los chicos feos y guapos a su antojo. Cuál fue mi sorpresa, que en una carta de ese mismo año me encontré con un dibujo de un chico que se me hacía muy familiar, y que, años después, resultó ser un muy buen amigo de ambas. Por lo que pone en la carta, yo tenía que decidir cuál me gustaba más, si un tal Marcos ( bajito y feo) o Álex, al que pintaba como un mozo esbelto de unos 20 años, y que, ironías de la vida, coincidió en nuestro curso al año siguiente, cuando empezó el instituto:

Pero sin duda, mi amiga era una artista, porque además de dibujar, en sus ratos libres componía temas como éste, versionando al grupo Aqua en donde resaltaba mi inclinación hacia las compras y las bebidas carbonatadas desde bien pequeña. Dice así:
                                               DIANA GIRL
                        I´m a Diana Girl
                        In a Barbie World
                        Life at Coca-Cola
                        ¡cómo mola!
                        Calmo el estrés
                        En el Corte Inglés
                        Con mi roperón
Molo un mogollón
¡Vamos Diana, vamos a Zara!
                        ¡Ah, Ah, Ah! Síiii
                        ¡Vamos Diana, vamos a Zara!
                        ¡Wow!,  ¡wow!
                        (sigue)
                       
Hay que reconocer que la tía era una cachonda. Por algo sigue siendo mi mejor amiga. Le perdono incluso la adolescencia.
La vida de un adolescente es un tío vivo en el que pasábamos del amor al odio en menos de lo que canta un gallo. Los conflictos, por nimios que nos parezcan ahora, eran auténticas pruebas de fuego que la vida nos ponía delante y la familia…la familia era un estorbo con el que no había más remedio que convivir.
Sin embargo, la efervescencia se acaba, igual que la aspirina termina por disolverse en el vaso. Y ahora, nos queda la tranquilidad de haber superado aquello, pero el temor de tener que aguantar a un hijo adolescente. 
Jo, tía!

  • http://www.blogger.com/profile/07464689969669345436 Gonzalo Monfort

    jajajaj buenísimo!

  • http://www.blogger.com/profile/06259790177864679295 Diana López Varela

    gracias!

  • http://www.blogger.com/profile/06259790177864679295 Diana López Varela

    Espero que no Ángel, estás muy bien así 🙂

  • http://www.blogger.com/profile/07614225878585418105 Ángel

    Genial! Me ha salido acné mientras te leía… 😀

  • http://www.blogger.com/profile/14807966996015729404 Unknown

    Me encanta lo que escribes y como escribes. Tienes un seguidor más

  • http://www.blogger.com/profile/00386566011551034483 Chus Piñeiro

    Diana, pero aquí no has publicado ninguna carta tuya… la siguiente entrada del blog tiene que ser con todas tus cartas jejeje