Mes: octubre 2013

ADOLEFERVESCENCIA

Conservo con gran cariño -y con afán de investigación sociológica- montones de cartas, anotaciones en agendas y libretas, notitas, rankings de ligues y demás documentos escritos de mi etapa adolescente. Y los guardo, porque para mí son mucho más que trozos de papel, ya que representan una suerte de identidad de lo que algún día fui (fuimos) que me hace acercarme más al pueblo llano y reconocer que los adolescentes de ahora no son ni más ni menos imbéciles que los de antes; más bien, el mismo tipo de humanoides con similares conflictos vitales: el amor, los amigos, la aceptación social, el instituto y el odio generalizado a padres y hermanos.
Mientras que los púberes de hace 10 o 12 años presumíamos de Discman, Internet en casa, enciclopedia Encarta instalada en el ordenador (y ordenador), calculadora científica o cámara de fotos sin carrete; los chicos y chicas de ahora venderían a su madre por un Iphone, un Imac, un Ibook, un Ipad y, –lo más paranormal- por una cámarade fotos con carrete. Eso es porque nunca se las tuvieron que apañar en una excursión, con siete largos días por delante, un carrete de 24 y un Alcatel One Touch Easy que sólo servía para llamar y enviar SMS con menos caracteres que un mensaje de Twitter (eso, en el hipotético y poco probable caso de tener saldo).
La diferencia básica radica, precisamente, en los métodos de comunicación. En los albores del milenio pocos eran los afortunados que tenían teléfono móvil, Internet era una distracción a la que se accedía desde unos lugares llamados “cibers” a cien pelas la hora, y las redes sociales y la mensajería instantánea gratuita eran ciencia-ficción. Por eso, nos mandábamos todo por escrito, utilizando nuestro puño y letra como herramientas para transmitir y compartir nuestros “pensamientos” y preocupaciones.
El género epistolar se utilizaba tanto para ligar como para contarle a tu amiga de la mesa de al lado con la que hablabas cada día por teléfono (fijo) qué tal había ido el finde, mofarse de la compañera gorda que olía mal, poner corazones y “T.K.M” en la parte de atrás de la libreta de Historia y otros sanos menesteres juveniles.
Siguiendo la tradición, la época dorada de las cartas era el 14 de Febrero, cuando cualquier adolescente que se preciase tenía que recibir al menos, cinco cartas en el buzón de su clase. Como quien hizo la ley hizo la trampa, ese buzón siempre lo instalaban las chicas populares que alimentaban su ego abriendo cartas y más cartas delante de aquellas menos afortunadas, que, por no tener correspondencia, se convertían en el blanco perfecto de la mofa y befa de los chicos de clase. Y las chicas que no recibían cartas tenían dos grandes problemas adolescentes: 1) eran consideradas las menos atractivas por el género masculino y, 2) carecían de una red consistente de amigas que se hiciesen pasar por sus enamorados escritores juveniles y que les ayudasen a evitar el escarnio público de no recibir correspondencia el día de San Valentín. Las populares, lejos de compadecerse de las que no pillaban, se dedicaban a lanzar esa maldita pregunta envenenada: “¿MariPili, y tú, cuántas cartas tienes?” A MariPili sólo le quedaba sacar la baraja de su padre y contestar “Sota, Caballo y Rey”.
Releyendo mis cartas de amor recibidas, me sorprendo al constatar las muchas ganas que tenían algunos chicos de 15 años de casarse y tener descendencia con su amada y las pocas que tienen los de 30 de irse de casa de su madre. Será por eso que me pregunto cómo esos mismos seres humanos podían escribir cosas como ésta. Os traslado frases LITERALES, de un novio del instituto  con el que tuve el ¿placer? de estar poco más de dos meses. A Dios pongo por testigo que el contenido de estos extractos y de todo lo que pongo a continuación entrecomillado es totalmente cierto. Sin embargo, por respeto a la gente con familia, amigos, trabajo, y a la Real Academia Española de la Lengua, no desvelaré la época exacta ni el remitente de las mismas.
“Hola mi amor te kiero mucho, eres lo mejor de mi vida, mimá es que te quiero más que a nadie, flipa (…) Tengo unas ganas de haser el amorsito contigo que flipas, buf, pero no pasa nada cuando tú quieras, así tampoco se está mal”. Ya…
“Mi Dianiña que suerte tengo de estar contigo, mira que eres guapa y riquiña y to y buf, siempre me preguntaba yo kien sería la chica que me robaría el corazón y ya la tengo (…) quiero estar el resto de mi vida contigo”.
Y ésta es brutal : “Tú si que eres una chica riquiña, las otras son todas unas cerdas que solo quieren un poco de pirola. Pero tú no, tú eres distinta”. Se ve que no consiguió “haser el amorsito conmigo”.
O ésta, un tanto contradictoria: “Como me entere de que alguien te dice algo malo lo rebiento (…) Ahora sí que me estoy volviendo bueniño, ¿eh?” Bueniño no sé, pero optimista…“A mí me viene la Miss mundo esa y le meto unas hostias, yo ya tengo a mi Miss Mundo”.
Aquí una frase que me hace sentirme tremendamente viejuna: “Jo mi Dianiña yo kiero casarme contigo, pero primero tengo que conocer a tus padres y a tus hermanos, les caeré bien? Tu hablales bien de mi. Y después nos casamos y tenemos hijitos, un niño y una niña, pero ba eso cuando seamos mayores, con 25 o así” JAJAJAJAJAJAJA.
Pero se acercaba el drama y mi amado, espabilado donde los hubiese, se lo olía, y lanzaba amenazas subliminales en sus escritos:
“Tú nunca que me vas a dejar a que no? Porque si me dejas, buf, yo no sé que haría, pero no, no me vas a dejar porque yo sé que estás lokita por mí. Donde vas a encontrar a alguien que te kiera como yo. Eso es imposible mi niña”. Toda la razón.
Y una gran verdad: “Jo mi niña, mira que te kiero y te escribo cartas, es que mimá nunca escribi tanto en mi vida como desde que estoy contigo, flipa”. Flipo bastante, la verdad.
Y llegó el día T, la TRAGEDIA:
“Jo Dianiña yo pensé que iva –y esto no es un impuesto– a estar fatal, pero ba, tampoco se está tan mal así, jajajaja, y aora somos súper amigos y to y mola. (…) Pero yo kiero que vuelvas conmigo eh enana, y vas a volver que lo se yo, + alante y vamos a casarnos y tener hijitos” OLA KE ASE, ME AMENAZA O KE ASE.
Pero no todos los chicos eran igual de románticos, había otros que iban más al grano. Véase éste, que me mandó una nota en clase con el siguiente contenido:
“¿Qué dibujo tienes en tu ropa interior?”
O éste otro, anónimo, que era el más pro, porque escribía a ordenador:

Otro descarado también me escribió para “decirte k me molas hace tiempo y kiero k lo sepas. Me encantaría enrollarme o salir contigo. Aunke no te lo creas a mí solo me molas tu (¿¿¿perdona???). Si sales conmigo vas a estar muy bien pork me molas mucho. Cuando kieras te lo demuestro” Y se despedía con un poema, que versaba así:
                        Diana tus caderas son un pecado
                        X el k iría al infierno
                        Eres la mejor del mundo y te amo
                        Como nadie te amará

Pero de románticos estaba lleno el instituto, porque otra carta de San Valentín anónima decía que “me encanta cuando te ríes, cuando me miras a la cara y tus labios hacen la forma de una sonrisa, tu voz es música para mis oídos, tos ojos son estrellas y toda tú eres mi diosa del _ _ _ O. ¿Diosa del moño? Y, se despide pidiendo cita “Bueno guapísima, me dan un poco de palo estas mariconadas, pero kiero que sepas que tengo el propósito y la intención de probar tus dulces labios”.
Pero no todo era amor, en mi cajón de cartas encontré esta otra, junto a una nota que yo le mandaba a un compañero de clase preguntándole quién era el mamón que me había escrito. Ya que yo, chica lista donde las haya, veía claras referencias (la ropa, el color del pelo –lo llevaba rosa, por si alguien aún no lo sabe-, el Amaranto –discoteca choni de Pontevedra- a una tomadura de pelo:
Por favor, chicos, ya podéis confesar.
Pero como no sólo de amor se podía vivir, la adolescencia también era el tiempo idóneo para compartir pareceres con tus amigas, a las que querías “muchisísisisimo” y decías, a cada una de ellas “eres mi mejor amiga”. Por lo que he podido leer en las cartas del cole y el instituto era la mejor amiga de, al menos, 16 chicas. Sin embargo, la amistad, como el amor en la adolescencia, era efervescente: empezaba muy fuerte, pero enseguida se consumía.
Mis amigas me escribían básicamente para:
– Hablar de chicos que nos gustaban.
– Preguntar quién era tu mejor amiga, ante previa advertencia de “mi mejor amiga eres tú”.
– Hablar de otras chicas que nos caían mal.
– Hablar de chicas que nos caían mal porque estaban con o pretendían a los chicos que nos gustaban.
– También hablábamos de: ropa, las clases, las excursiones y la triste vida familiar que tantos disgustos nos daba. Y, por supuesto, de nuestras ansias de independencia y libertad porque “no aguanto más a mi madre”.
Un resumen de las preocupaciones de mis amigas de la adolescencia:
“Hola Diana. Llevo cuatro meses enrollada con X y lo máximo que K hemos hecho es enrollarnos. Una vez me tocó el culo, pero sólo una vez! Tiene 21 años y no me parece normal. Se lo conté a un amigo mío y me dijo que a lo mejor es gay, tú ke crees?
A lo que yo respondía:
“No sé tía, yo no creo que sea gay si se enrolla contigo. Aunque bueno, si nunca te toca el culo…”Yo ya veía que aquello no iba bien, gay no, pero eunuco…
Había otra que, incomprensiblemente estaba obsesionada con mi hermano, y la chica me escribía con mil excusas para acabar siempre preguntándome por él:
“ Ahora no puedo dejar de pensar en la cara del guapetón de tu hermano, cuando se entere de la carta que le envié!!! Qué palo!!! Nunca antes había hecho esto, es decir, escribir unja carta de amor. Le puse cada cosa… Le puse que lo quiero cantidad desde el primer día que lo vi. Le dije que tenía unos labios que ¡quién me diera besar!”.
También me ponía cosas bastante repelentes como que le parecían súper sexys sus granos (acné juvenil). Joder, eso sí era amor del bueno.
La verdad que éramos bastante monguis, aquí la demostración:
También hacíamos crítica televisiva. En el año 2000 (ó 99) se emitió el primer Gran Hermano español y aquello causó un revuelo tremendo. En varias cartas, diferentes amigas manifiestan su deseo de participar en el concurso “si fuera mayor de edad” porque “tiene que molar muchísimo”. Dudo bastante que esas personas piensen a día de hoy lo mismo. Una amiga también me comenta, mientras me escribe un viernes por la noche, que la tele “es un aburrimeinto, sólo hay Luar (menuda mierda) y Lluvia de Estrellas (puaf”). Pues sí que tenía razón.
Y luego las había muy optimistas y seguras de sí mismas, como mi querida amiga Chus que se dibujaba en una carta del año 1999 (cuando tenía 13 años), a ella misma, de esta guisa:

La afición de mi amiga por el dibujo, fue mucho más allá, retratando a los chicos feos y guapos a su antojo. Cuál fue mi sorpresa, que en una carta de ese mismo año me encontré con un dibujo de un chico que se me hacía muy familiar, y que, años después, resultó ser un muy buen amigo de ambas. Por lo que pone en la carta, yo tenía que decidir cuál me gustaba más, si un tal Marcos ( bajito y feo) o Álex, al que pintaba como un mozo esbelto de unos 20 años, y que, ironías de la vida, coincidió en nuestro curso al año siguiente, cuando empezó el instituto:

Pero sin duda, mi amiga era una artista, porque además de dibujar, en sus ratos libres componía temas como éste, versionando al grupo Aqua en donde resaltaba mi inclinación hacia las compras y las bebidas carbonatadas desde bien pequeña. Dice así:
                                               DIANA GIRL
                        I´m a Diana Girl
                        In a Barbie World
                        Life at Coca-Cola
                        ¡cómo mola!
                        Calmo el estrés
                        En el Corte Inglés
                        Con mi roperón
Molo un mogollón
¡Vamos Diana, vamos a Zara!
                        ¡Ah, Ah, Ah! Síiii
                        ¡Vamos Diana, vamos a Zara!
                        ¡Wow!,  ¡wow!
                        (sigue)
                       
Hay que reconocer que la tía era una cachonda. Por algo sigue siendo mi mejor amiga. Le perdono incluso la adolescencia.
La vida de un adolescente es un tío vivo en el que pasábamos del amor al odio en menos de lo que canta un gallo. Los conflictos, por nimios que nos parezcan ahora, eran auténticas pruebas de fuego que la vida nos ponía delante y la familia…la familia era un estorbo con el que no había más remedio que convivir.
Sin embargo, la efervescencia se acaba, igual que la aspirina termina por disolverse en el vaso. Y ahora, nos queda la tranquilidad de haber superado aquello, pero el temor de tener que aguantar a un hijo adolescente. 
Jo, tía!

Perder el tiempo

Cada día, millones de humanos en el planeta Tierra malgastamos nuestro preciado y precioso tiempo vital en ocupaciones poco prolíficas. Asuntos que consumen nuestras energías; una fuerza que dejamos de emplear para otras labores más necesarias que la de asesinar a esa impertinente mosca que se pasea por nuestro territorio disfrutando, mientras puede, de su fugaz existencia.
Según un artículo que publicaba hace unos días el diario inglés The Guardian la vida media de una persona se compone de 701.844 horas. Es decir, algo más de 80 años. Eso, si no la jiñas antes en un desgraciado accidente, eres víctima de una enfermedad mortal, te casas con un psicópata, el Gobierno te deja en la fría y peligrosa calle con 0 euros al mes o decides probar suerte volando a lo Bultó. Eso, descontando las horas que ya hemos vivido, que para una persona de 30 años serían 262.800. De las que, sin estar de resaca, habría que descontar una media de 2 días a la semana durante 15 años, es decir, 34560 horas perdidas, así, a lo tonto. Según mis cálculos, y si somos muy afortunados, nos quedarían otras (701.844 menos 262.800) 439.044 horas de vida. A las que hay que restar las horas de dormir y otras funciones fisiológicas (en el caso de que seas estreñido o insomne, estás de suerte).


Cuando uno hace la operación de contar el tiempo vital en horas cae en la cuenta de la levedad del tiempo, de su fugacidad, de las horas que gastamos en el trabajo, las que perdemos esperando un vuelo o un triste bus urbano -para qué engañarse si sólo vuelas una vez al año-, las muchas que perdemos inventando una paralela vida virtual, las tantas que pasamos tirados en el sofá mirando la caja tonta, las que ocupamos discutiendo sobre quién pone la lavadora y las otras que utilizamos poniéndola y tendiendo la ropa para luego no plancharla, para así ganarle unas horitas al día. Pero la muerte se acerca inexorablemente… ¿y qué haces tú?
Bien, yo hago tantas cosas estúpidas que me he propuesto compartirlas con vosotros, para juntos, dar un cambio radical a nuestras vidas. Vivir el ahora, aprovechar cada momento de una manera más espiritual y enriquecedora.
Cuando me aburro quemo mi tiempo de las más variadas e inverosímiles formas, como si la vida fuese un bien eterno, un contrato a la perpetuidad. Pero a veces, cuando me doy cuenta de mi sacrilegio, me siento como Woody Allen en Annie Hall: “La vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa”. Yo creo que se le olvidó añadir que, sobre todo, “la vida está llena de cosas que nos hacen perder el tiempo”.

Una de las cosas que hago y que muchos de vosotros también haréis es perder horas delante del ordenador sin hacer nada. NADA. NOTHING. Encender el aparatito, ver el Facebook, el correo, Instagram, Twitter, periódicos online o tiendas virtuales. No actualizar nada, no hablar con nadie. No comprar, no comentar. Sólo estar allí. Ir de un lado a otro como buscando algo que nunca se encuentra. Empezar a las 5 de la tarde y acabar a las 7 mientras la lavadora sigue sin ponerse. Ya te acordarás el lunes cuando abras el cajón y sólo tengas los calzoncillos de la Primera Comunión.
Tirarme en el sofá con un libro que no me gusta en la mano. Yo ya sé que no me gusta, pero es un libro que hay que leer. Un clásico, vamos. Pasar una página y empezar a bostezar, pasar la otra y coger en móvil en la mano. Volver a Internet. Repetir la operación durante siete meses.

Otra forma típica de perder el tiempo es ir al baño a hacer pis y quedarse delante del espejo, inmóvil, como redescubriéndose. Ver un punto negro que ayer no estaba y convertir tu cara en un mapamundi físico: con ríos, golfos, cabos, volcanes y cráteres. Y si es un sábado antes de salir, mejor que mejor. Y como el tiempo, queridos, no pasa gratuitamente, cada vez veo más claras esas arruguitas alrededor de los ojos, en el ceño, en la boca…esas mal llamadas marcas de expresión que las vendedoras de cosméticos te dicen que tienes para vender sus milagrosos productos que “de mujer a mujer, las arrugas no las quitan pero esas marcas de expresión en un plis plas”. Esta diferencia entre las marcas de expresión y las arrugas (¿qué son al fin y al cabo las arrugas?) da para un capítulo aparte, porque he oído y visto como a mujeres que me llevan 30 años les venden la misma moto de las “marcas de expresión”. Claro, de expresarse sesenta años.

También soy una asidua lectora de los ingredientes de los botes de champú. De los botes de champú y casi de cualquier cosa que cae en mis manos mientras me encuentro sentada en mi trono cual princesa. Como soy una persona curiosa, suelo buscar dichos ingredientes en internet (móvil en una mano, bote en la otra) para ver de qué demonios están compuestos los productos que utilizamos para nuestra higiene personal –geles, cremas, pastas de dientes y desodorantes incluidos-. La conclusión a la que he llegado es clara y aterradora: todo produce cáncer y enfermedades mortales. Por tanto, lo más sensato es dejar de ducharse con asiduidad para disponer de más tiempo, a la vez que disminuimos nuestras posibilidades de padecer una terrible enfermedad por saturación química.

Ir convencido a ordenar el armario, vaciarlo entero a brazadas, disponer la ropa encima de la cama como si estuvieses en el mercado del sábado. Pero, en lugar de ponerse a colocarlo inmediatamente después, decides revisar cada prenda, repasar su historia y probártelo todo para ver si te entra. Perder tiempo delante del espejo y luego no colocar nada. Volver a meter todo al montón y cerrar la puerta autoconvenciéndose de que “aquí no ha pasado nada”. A decir verdad hay que excluir de este grupo a las blogueras de moda que siempre encuentran auténticos tesoros en el armario de su abuela. Yo es que no soy nada de refajo.

Perder tiempo comiendo, sin hambre y sin necesidad. Comer porque sí, porque no tengo nada que hacer. Estoy convencida de que Falete y King África empezaron siendo personas con un montón de tiempo libre.

Pero luego hay formas más personales de perder el tiempo. Por ejemplo, yo he descubierto una súper entretenida: quitarse los pelos de las piernas con una pinza de depilar (de depilar las cejas, se entiende). Sí, lo reconozco, he llegado a depilarme la mitad de una pierna y una parcela de la salvaje selva negra con pinza. Se me dio por ahí un día que no tenía muy claro en qué invertir el tiempo y fue mi gran descubrimiento. He perdido horas y horas así, simplemente por no calentar un poco de cera, por aburrimiento, porque no tenía cosa mejor que hacer que convertirme al masoquismo depilatorio.

Si nos fijamos, la expresión que utilizamos la mayoría de las veces para referirnos a este tipo de ocupaciones absurdas es “matar el tiempo”. Una manifestación verbal de la imperiosa necesidad que sentimos los humanos de asesinarnos poco a poco, como si el tiempo, que no es más ni menos que nuestra vida, nos fuese un estorbo.
Dejemos claro que entretenerse no es lo mismo que perder el tiempo. Jugar al Candy Crush Saga sí. Y si además sois de los que mandáis invitaciones os merecéis la muerte química por champú.

Lo mejor para no tener que arrepentirse cuando ya no haya remedio es hacer una pequeña lista de cosas que haríamos si nos quedasen unos días de vida. Probablemente serían cosas menos complicadas, más sencillas y baratas de lo que nunca hemos pensado. Y sin embargo, las hacemos mucho menos de lo que deberíamos. Os paso algunas ideas:
          Besar. Da igual que sea a tu padre, tu madre o tu pareja. Besa y abraza a las personas que aprecias. La operación se puede acompañar de un “te quiero”. Lo que ocurre es que lo de decir te quiero en mi familia no se lleva mucho. Si mañana le digo a mi madre que la quiero no tarda cinco minutos en plantarse en el hospital para que le digan de qué enfermedad se trata.
          Hacer el amor. En este caso lo mejor es que sea con tu pareja. Si tu amante te pone mucho me vale. Pero que no se entere tu pareja.
          Acariciar: a tu mascota, tu padre, tu madre, tu pareja o a ti mismo. Acariciar es fantástico. Nunca nos paramos a pensar la cantidad de sensaciones positivas que experimentamos cuando acariciamos o somos acariciados.
          Leer. Leer de verdad, algo que te guste, es uno de los mayores placeres que nos da la vida. Leer te hace vivir situaciones y aventuras fantásticas, descubrir lugares, sentir el infinito amor, la desdicha y la alegría sin moverte de tu casa. Leer dianalopezvarela.blogspot.com.es te hace reír aunque se te haya muerto el canario. Y por supuesto,
          Reírse es una de las mayores ventajas de ser una persona y no un cactus. La risa es el mejor antídoto contra la depresión, el estrés o la ansiedad. Ríete del cabrón de tu jefe, de los ronquidos de tu padre, de la manera de hablar de tu vecina, de tu amigo borracho, pero sobre todo, ríete de ti mismo. Yo he aprendido a encontrarle el sentido del humor a mis innumerables desgracias. Y la verdad que contadas con gracia, son mucho menos dramáticas.
          Lo mismo pasa con el cine. A veces la inmensidad del mundo se reduce a una buena película o un buen libro.
          Pasa tiempo con tus amigos, llámalos y preocúpate. Nunca jamás dejes a tus amigos de lado por una pareja porque te arrepentirás. Y los amigos también se cansan de recogerte siempre en la estacada. Los buenos amigos son sagrados. Como el aborto.
          Hacer deporte. Sí, parece un coñazo, pero lo de que libera endorfinas es verdad. Hacer deporte no resta energía, todo lo contrario, te pone las pilas para todo el día. En este punto se pueden añadir otras tareas que te hagan sentir bien: ve a la peluquería, píntate las uñas, ponte guapo/a, ve a darte un masaje… haz cosas que te hagan sentir sexy y deseado. Quiérete y cuídate porque eres tu bien más preciado. Deja un bonito cadáver.
          Y, sobre todo, haz lo que te gusta. Deja de preocuparte por todo, de pensar en los demás y en el qué dirán. Deja de dar el coñazo con que no tienes dinero o no tienes tiempo. O una cosa o la otra. A más dinero menos tiempo, a no ser que seas un rico heredero. Invierte el dinero en disfrutar el poco tiempo libre que tengas o aprovecha el tiempo haciendo cosas que no necesitan de grandes inversiones de dinero.

Os dejo una reflexión de uno de mis libros preferidos La insporable Levedad del Ser de Milan Kundera. En un pasaje el autor nos explica cómo Tomás –el protagonista–  al no saber si proponerle a Teresa –su pareja- que se fuese a vivir con  él “se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera qué quería: El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto.”


Esmeraos en convertir vuestro boceto en una verdadera obra de arte. Dejad de perder el tiempo porque, como decían las Azúcar Moreno “sólo se vive una vez”.

TELEINSOMNIO

Son las tres de la madrugada del domingo al lunes, primer día de trabajo de la semana. Te has pasado toda la tarde del domingo durmiendo como si no hubiera mañana: del sofá a la nevera y de la nevera al sofá, en un bucle interminable de dormir-comer, comer-dormir… Y como mañana madrugas mucho te metes en cama a eso de las 11 porque, inexplicablemente, ya no puedes más. Sí, amigos, el cuerpo es puro vicio: cuanto más duerme, más sueño tiene; cuanto más come, más hambre desarrolla y cuanto menos folla más YouPorn consume.
Volvamos a las tres: la hora en que, de repente, te empieza a picar una pierna o se te seca la garganta y comienzas a carraspear o te haces pis y tienes que levantarte obligatoriamente porque eres mayor y los mayores no se hacen pis en cama, a no ser que tengan pérdidas de orina inasumibles para Tena Lady. La has cagao, compadre.
Te vuelves a la cama y cierras los ojos, pero el picor de tu pierna derecha se ha contagiado a la izquierda y el carraspeo ha dado paso a un ataque de tos de los que provocan que se te salten las lágrimas y los mocos al mismo tiempo y convierten tu kleneex en un amasijo de flemas y babas que vas acumulando encima de la mesita para ver, si mañana, se han solidificado y puedes retirarlos sin que se caiga nada al suelo. Si duermes acompañado, acabas de prender la mecha de la ira de Fulanito o Menganita.
Tú sigues intentando dormir, pero YA NO PUEDES, it´s impossible, my friend. Metes el móvil por debajo de las sábanas para ver si encuentras a alguien en tu situación en Facebook o directamente te vas a Twitter a comentar las noticias del diario Clarín, por aquello de la diferencia horaria. La luz de la pantalla del móvil, aunque le bajes la intensidad, crispa más y más a tu pareja. Que te echa, cual despojo humano, de la habitación.
Te tiras en el sofá, fumas un cigarro, lees algo, te levantas, vuelves a picotear algo más, te vuelves a tirar. Son las casi las cuatro. Faltan tres horas (cuatro, con suerte) para que te levantes y te metas durante horas en el trabajo.
Piensas una brillante solución: “no hay nada peor a estas horas que la televisión, voy a ponerla y seguro que en cinco minutos estoy en los brazos de Morfeo”. Craso error.
Si no lo habéis hecho nunca, no lo hagáis, porque os juro que la programación de las madrugadas es tan mala, tan mala, que engancha. Algo parecido a lo que pasa con las pelis de serie B que echan en las sobremesas de los domingos en Antena 3, que tienen esos argumentos tan potentes que te quedas hasta el final: Jeniffer mató a Nick porque lo había pillado con su amante sacando a sus niños del colegio privado de Massachusetts. Después de aquello y de perseguirlo en su coche, con las lágrimas cayéndole a borbotones, la sirvió delicadamente la última cena con una buena dosis de veneno (de las que compramos todos en el Mercadona) y, con gran esfuerzo, ocultó su cadáver en el garaje hasta que el pequeño Jamie lo encontró jugando con sus amiguitos. Os podéis imaginar la reacción de la prensa local después del asesinato del conocidísimo abogado Nick Carter (sí, como el Back Street Boy) y el duro juicio al que fue sometida la despechada, que fue condenada a cadena perpetua tras la dura intervención de la abogada de la acusación (la amante de Nick, my god!).

Y esto, amiguitos, es lo todo lo que me comí yo el otro día, durante mi noche de teleinsomnio:

Antena 3 echaba un espacio musical llamado Únicos, definido en la programación como “programa diseñado para los amantes de la música en directo con artistas de primer nivel”. Es tanto el nivel musical que ni siquiera es necesario identificar  a los artistas. Se jactan de invitar a tan buenos músicos que desafían al público obviando, incluso, el nombre de los participantes: ¿qué pasa, pandilla de ignorantes, conoceréis a Maricristi Pop, no?

El canal de la Tienda en Casa ofrecía una mopa a vapor  5 en 1. Con 1300 vatios de potencia y  accesorios para limpiarlo absolutamente todo, y, sobre todo, para evitar la contaminación de tus niños y tus mascotas que viven rodeados de viruses, que no vemos, pero que llenan los cementerios.



La mopa 5 en 1. La mopa de las mujeres que aman a su familia.

En Nova, otra Teletienda ofrecía a los espectadores la increíble sartén Nova Pan, sometida a diferentes y duras pruebas: como la preparación de crepes y el flambeado con azúcar a más de 1000 grados centígrados. Entre sus virtudes, la Nova Pan está “fabricada con cerámica y alta tecnología espacial”. Y, además, para las primeras llamadas, regalan una tapa de cristal que, ojito, “encaja con la sartén”.



En Neox estaban poniendo Ganing Casino para meterle el vicio de la ludopatía a los pobres insomnes.


En Intereconomía, otra teletienda fanfabulosa, que anunciaba el Ab Rock Twister, un aparato de gimnasia que te deja el vientre tan plano, que será imposible distinguir el ombligo de las costillas. Pero esta Teletienda, es todavía más impresionante gracias a la colaboración del Mel B, “la ex Spice girl de 35 años y madre de 3 hijos”. -¡Pero si 35 los tenía cuando cantaba el Wanabbe!-. Además, te prometen que “sólo balanceándose cinco minutos cada día verá los resultados, sino le devolvemos el dinero”. Supongo que para que no haya estafas, mandarán a un entrenador en tu primer día de entrenamiento con el Ab Rock Twister y después, a Mel B, para comprobar que tienes la misma tripa que ella.


Disney Channel emitía dibujos: Los Mounstruos de Matt. Un chico que, junto con su padre, su vecino y un Monstruo forman un equipo espacial llamado Agencia Monster. No entiendo por qué la única programación que respetan las cadenas en las madrugadas es la de los niños de cinco años.




En Telecinco y en la Siete, más vicio para cuerpo: Premier Casino.


El tarotista José Guillén, una especie de folclórica amanerada, leía las cartas en la Nueve y en FDF. José Guillén da consejos del tipo “ten cuidado con las influencias de una mujer de familia porque puede provocar un embarazo no deseado” o “La madre no quiere que él vuelva contigo, pero él va a volver y que se aguante porque vas a ser las madre de sus nietos.” Y se despide de sus fans con frases súper tiernas como “Un besito de chocolate”. ¿Adorable, eh?


En Cuatro estaban reponiendo Cuarto Milenio. Esa noche hablaban de la influencia de la astrología en la astronomía. Tenían a un melenudo de pelo blanco, que según tengo entendido, es colaborador habitual de Friker. Aunque no sea seguidora de este programa, reconozco que durante el tiempo que lo tuve puesto pude aprender que los meses del año son doce porque son doce las lunas llenas que hay en un año. Ignorante de mí.

Gol Televisión en negro. Debió de ser un partido muy duro.

En Clan emitían Cuéntame cómo pasó. Un clásico de la 1 pasado al canal infantil en las madrugadas, buena táctica para que el niño apague la tele. 

 El Canal 24H, siempre cumpliendo su función de informar en directo minuto a minuto, ponía una crónica sobre el rescate del Costa Concordia, que ya habían echado veinte veces los días anteriores.

TVE y Teledeporte: Hípica. Final Copa de las naciones, Barcelona 2013. Un poco de pijerio para tener satisfechos y contentos a los insomnes aficionados a tan soberana práctica.

Boing: El Show de Garfielf.
En TVG2, partidazo de fútbol: Real Oviedo contra el Coruxo.
La TVG estaba poniendo el Telexornal fin de semana.


Los de V Televisión, con un aire más desenfadado, retransmitían el programa Perdidos en Galicia. Lo que ocurre es que el aire veraniego/ playero resultaba un poco deprimente a punto de terminar septiembre.


13 TV, publicitaba “el renovator“, una herramienta cuyo cabezal “te producirá años de satisfacción” “Apto para profesionales o para tu casa, ya no tendrás que contratar a un carísimo profesional”. Me encanta cómo intentan burlar la censura estos salidillos del OPUS.

Jaydy Mitchel metida a reportera, presentaba un espacio llamado “Vidas de Lujo”, en Divinity. Un programa dedicado a un artista conceptual que vivía en Nueva York y era súper bohemio y súper intelectual y súper interesante.

 Compras de Cine, en la Sexta 3. En este caso, unos guapísimos y finísimos actores insistían en las virtudes de La licuadora Ninja, “perfecto para preparar los cócteles para tus invitados”.

En Nitro: Best of TV.  Increíbles y conmovedores testimonios de mujeres gordas que habían alcanzado el súmmum de la felicidad con zumba fitness. Por ejemplo, La historia de Katy “que cuando vio las fotos de su fiesta de pedida ya no quería casarse, debido a lo GORDA que estaba”. Hasta que probó Zamba Fitness, y se pudo meter dentro de ese horroroso vestido de ceremonia.

Embargos por sorpresa en Energy. Un tropel de Yankis muy malotes, que obligan a la gente de manera violenta a apartarse de su camino para ejecutar el embargo de sus bienes. Es tal la brutalidad que uno de los empleados (un señor de pelo y bigote blanco a lo Hulk Hogan) llega a SECUESTRAR a una chica en su propio coche para que lo lleve al lugar donde se quedarán con él.


Pero en las madrugadas también hay hueco para el cine. En Paramount Channel emitían Desmembrados, película inglesa de 2006 sobre un manicomio con muy mala pinta y gente joven muerta. Por el título, me imagino varias cosas muy desagradables.

London Ink, en Dicovery Max. Un Gran Hermano de los estudios de tatuajes de todo el mundo en lo que menos ves, es, precisamente, hacer tatuajes.
En MTV, 100% MTV. Incomprensiblemente, el único momento en el que se les da por echar buena música.
En Xplora, televisaban “Entre rejas”. Un documental sobre la vida en la cárcel, que, después de ver Desmembrados, no apetece nada.
Otro de música en La 2: “TVE es música”.

Os estaréis preguntando que qué es exactamente lo que me enganchó de toda esa bazofia televisiva. Pues, evidentemente, el genuino, auténtico e inimitable Sandro Rey. Sandro, el Rey, Sandro, el que lo peta en las madrugadas. Cuando lo vi, se me iluminó la cara, dejé de sufrir por mi maldito insomnio. Allí estaba él, ante mí, con unos cascos de  monitora de aerobic, y la impecable melena repeinada cual Alexandro Lequio. Sandro vence, porque Sandro convence. Sus fans, no dejamos de agradecerle su labor humanitaria. Y él, a pesar de ser quién es, de estar en la cima, en lo más alto de la televisión, no se azora por agradecer el apoyo recibido (y merecido). “Tenemos la suerte de poder ayudar a las personas y vosotros tenéis la suerte de poder  hablar conmigo”, dice a la pantalla, entre consulta y consulta.  “Soy feliz cuando ayudo a las personas. Toda la gente habla bien de mí después de atenderlos. Eso es mi satisfacción personal y por eso seguimos y cada vez tenemos más audiencia”. Y recuerda que, “el programa más visto en las madrugadas es Astro TV, EL MÍO, porque es el que más soluciones esotéricas da, le guste a quién le guste.” Toma ésa, José Guillén. Impostor.



Sandro baila, Sandro mola, Sandro se merece una ola.



Sandro en trance.



BENDIONES AMIGOS. BENDICIONES.