A pelo es una actitud, una forma de vida, es un talante propiamente español que forma parte de nuestra idiosincrasia como pueblo y que nos distingue, vaya si nos distingue, de otras formas de vida más cautas y sensatas como las de los países nórdicos, a cuyos habitantes nunca verás salir en chanclas a la calle en el mes de octubre.
A pelo es una forma de vivir la vida sin miedo, con dos cojones, sin pensar en las consecuencias de nuestros actos por nefastas que estas pudieran llegar a ser. 
Vivir a pelo es vivir al límite. Es rock&roll.
Y a pelo hacemos tantas cosas que merece la pena repasarlas, preguntarse el por qué, buscar en nuestro fuero interno ese instinto animal que nos empuja a actuar de una manera tan irreflexiva en situaciones potencialmente letales.
Quien no ha follado a pelo, por ejemplo, es quien nunca ha follado. Miles de personas follan a pelo tan alegremente cada día en el planeta tierra, como animales, como sucias alimañas que sólo piensan en encajar las peras con las manzanas, las manzanas con las manzanas, las peras con las peras o hacer una macedonia completa. Y yo me pregunto, ¿sois conscientes de que Mariano Rajoy Brey es obra de un polvo echado a pelo? ¿Os imagináis a esos padres opusinos copulando como conejos con la fatal consecuencia del nacimiento de nuestro presidente? ¿Qué culpa tenemos el resto de los mortales de la imprudencia de una pareja que no supo poner barreras a sus ansias de cópula sin protección? ¿Quién nos paga a nosotros el daño generado? ¿Gallardón?
Y lo siento, chicos, pero la culpa es casi siempre de los hombres. Con la puñetera excusa de “sólo la puntita” hemos nacido más de la mitad de los que estamos aquí y las clínicas de Londres se hicieron famosas en el mundo entero. Di no a la puntita. Póntelo, pónselo.

Mariano Rajoy, producto de un polvo echado a pelo.

Otra cosa que se hace mucho a pelo es beber alcohol. Del duro. Del que resucitaría al mismísimo Papuchi y lo pondría a follar a pelo. Porque una cosa lleva a la otra, uno está borracho y piensa que meterse en un carrito de la compra y dejarse tirar por la cuesta de las Cinco Calles es algo súper lógico. Y luego vienen los llantos. Y las ambulancias. Y los funerales. Y los llantos de nuevo. Y para el año el amigo del difunto se tira por él, para recordarlo.
La costumbre tan manida de tomarse veintiocho chupitos de tequila a pelo casi nunca sale bien. El tequila ya de por sí, es una bebida altamente alcohólica que, en Pontevedra, además, nos gusta combinar con ron, vodka y ginebra (el famoso chupito RTVG). Cualquier persona medianamente prudente abortaría la idea de tomar semejante veneno, pero aquí no, aquí te tomas uno de esos, luego tequila solo, después uno de los que sirven con fuego, y a pedir otra ronda que aquí todo dios paga así nos salga el alcohol por las orejas. También se bebe mucho a pelo el licor café, que es a los gallegos lo que el aceite de oliva a los andaluces. Se usa para aderezarlo todo: una comida familiar, una boda, una despedida de soltero, una despedida de casado, una jubilación y la comunión del niño (es importante que el niño también beba para “hacerlo hombre”). Recuerdo que un día alguien me vio mezclando licor café con cola y casi me retira el saludo. “El licor café, se bebe a pelo o no se bebe”, me dijo, mirándome con odio.
Aparte de consumir alcohol y tener sexo, cosas que llevan el apellido “a pelo” en el propio DNI, se hacen muchas más cosas sin protección, cotidianamente, en las que apenas reparamos. Por ejemplo, salir a la calle sin paraguas. En Galicia. Un sábado por la noche. Es una cosa que yo, particularmente, hago siempre. Y no llevo paraguas porque me parece un incordio, una barrera artificial que me impide disfrutar de la noche y que me genera una preocupación constante ante la inminente pérdida/robo del  mismo. Pero sobre todo, porque aquí, el hecho de que empiece a chispear es un claro aviso de los astros para ponerse a resguardo y dejarse de estúpidos paragüitas que usan los habitantes de fuera de la cornisa cantábrica. Porque aquí no llueve, aquí hay temporal, día sí y día también. Y cualquier día de tempestad es frecuente observar a las señoras que salen de la plaza luchando contra la lluvia y los vientos huracanados mientras intentan proteger sus bolsas y su permanente bajo un endeble paraguas. Cuando amaina, los cadáveres de lona y aluminio pueden observarse abandonados en papeleras y jardines de toda la ciudad. Por eso, es mejor mojarse, despeinarse o desmaquillarse a tener que librar una batalla cuerpo a cuerpo entre tu paraguas de los chinos como escudo y un temporal gallego.

Típicas señoras gallegas luchando contra el típico temporal gallego.

Y ya que me pongo a hablar de fenómenos climatológicos, otra operación que hacemos con demasiada frecuencia a pelo es tomar el sol. Llegas a la playa, sientes la brisa, esa brisa puta de A Lanzada que tan bien conoces y que sabes que te va a dejar seco en cuanto te despistes, pero lo primero que haces es tirarte en la toalla y cerrar los ojos. A lo bonzo. Echarse crema es un coñazo, cansa mogollón, es una tortura por la que los pobres sin asistente o pareja complaciente tenemos que pasar. Y mientras te acomodas en la toalla te repites “ya me echaré crema, está bastante nublado, puedo esperar, puedo esperar…”  te quedas, como era de esperar, frito, bajo un sol de justicia, sin ninguna protección entre tu epidermis y el suave sol de las Rías Baixas. Te quedas tan frito que para cuando te despiertas (dos hora después) ya notas el ligero picor, esa tenue sensación de fuego en tu piel y el que no quiso echarte crema antes te dice “¡dios mío cómo estás, te has quemado muchísisisisisimo!”. Con el miedo y la culpa en el cuerpo te aplicas de manera totalmente irracional dos litros de la crema cuya única función ahora es cocer la piel abrasada. El daño ya está hecho. Otro año más, hasta que no puedas quejarte del melanoma que te has ido ganando a pulso.
Guiri quemado después de quedarse dormido en A Lanzada.
Acudir a exámenes es otra de las cosas que nos encanta practicar sin tener el más mínimo conocimiento, por si caen las cinco primeras líneas de la primera y única clase a la que fuiste de esa asignatura cuyo nombre tan largo eres incapaz de  reproducir y de la que además, no te dignaste, tan siquiera, a pedir los apuntes. Y te sientas allí, confiado, pensando en grandes gestas de la humanidad que fueron obra de un golpe de suerte o de un buen compañero muy listo con letra grande y codo giratorio. Y entonces te sientan en primera fila con dos puestos libres a cada lado y lees las preguntas del examen que te suenan a chino o, peor, a inglés de la alcaldesa de Madrid. Pero te quedas porque tienes dignidad y crees que si las lees mucho; mucho, mucho, algo se te ocurrirá. Porque todos sabemos que la física cuántica tiene grandes aplicaciones en la vida cotidiana y teniendo en cuenta que los presocráticos aprendieron y trasmitieron tanto conocimiento simplemente observando el entorno, te quedas dos horas mirando el papel en blanco, pensando eso sí, en que todo sería más fácil de haber nacido en la Grecia Clásica.
Para cuando dejes de acudir a exámenes te habrás convertido en un adulto experto en realizar todo tipo de chapuzas en el hogar y en el trabajo. Cortar cables sin tener ni puñetera idea para empalmar el enchufe de la cocina con la nevera o para robar un poco de electricidad del poste de enfrente, colocar lámparas con puntiagudas bases subiéndose a una silla coja, taladrar tabiques sin saber por dónde pasan las tuberías del agua, podar árboles en cualquier época del año o provocar hogueras en el horno intentado cocinar un churrasco a la brasa. Y muchas veces, justo después de haberte tomando dos chupitos de licor café. A pelo.
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    Como dice mi amiga Zaida: ''toma drogas, como los rockeros, A PELO, el rock and roll nunca muere''
    XD

  • http://www.blogger.com/profile/11652004601817629858 Uxio Goitia

    Diana López24 de septiembre de 2013 14:22
    Muchas gracias Mati. Bienvenida seas a Pontevedra Además, yo también salgo mucho por Vigo, me encanta…un día tengo que escribir sobre la incomprensible animadversión de estas dos ciudades 🙂
    Te animo a que la primera entrada de octubre , si te apetece , la hagas sobre la estúpida rivalidad Vigo-Pontevedra (también puedes mezclar Vigo-Coruña o lo que se te ocurra, es una simple idea jejejej)