Estamos inmersos en plena astenia primaveral y mis amigas y yo celebramos, como cada año, el aniversario de la locura femenina. Lo celebramos porque, a pesar de sus dificultades, estamos orgullosas de nuestro género, nuestra condición de hembras nos acerca más a la Madre Tierra, nos conecta más con nuestros semejantes y… nos convierte en caldo de cultivo de diversos trastornos mentales.
A ver, lo que nos pasa no es sencillo. Al principio, siendo niñas, cuando nuestros ovarios estaban de vacaciones todo era más fácil. Podíamos divertirnos tirando piedras a la cabeza de un niño sin más pretensión que ésa: tirarle piedras. Parece ser que la locura se desató en la adolescencia, cuando las hormonas hicieron que nuestro cerebro se inundase de sustancias chungas mientras el de los hombres seguía pensando en tirar piedras a la cabeza de otro niño. Nos convertimos en expertas en la percepción de emociones, la empatía, la rumiación, la metafísica y la filosofía de vida. Nuestro leiv motiv ya no era disfrutar lo que nos pasaba sin más -como haría cualquier hombre-, sino que, además, empezamos a preguntarnos TODO: las causas y las consecuencias de lo que hacíamos o lo que pensábamos ocuparon gran parte de nuestro cerebro. Esto, sumado a los cambios fisiológicos y sociales establecidos en torno a nuestro género, nos convirtió en esclavas de nuestros sentimientos. Para la bueno y para lo malo (hasta que la muerte nos separe).
Es como si en nuestra mente todo estuviese más conectado, por eso nos cuesta mucho deshacernos mentalmente de los problemas incluso cuando lo estamos pasando bien. También por eso podemos hacer varias cosas a la vez. Follar contigo y pensar en la peluquería del perro no es incompatible. Sin embargo, las parcelitas mentales de los hombres, bien separadas y definidas, no pueden más que encargarse de una sola cosa: sexo-jugar a la play-comer-beber-sexo-jugar a la play-sexo.  Sé que jode que no te hagan ni puñetero caso cuando juegan a la play, pero no los culpéis, no es que no quieran, es que están concentrando TODA su energía mental en coordinar los movimientos de sus dedos con las piernas de Cristiano. No tienen más, no les pidas que mantengan una conversación racional a la vez. De hecho, el asentimiento automático con la cabeza es un mecanismo de defensa que han desarrollado para no perder la bola mientras hacen como que te escuchan.
Según la ciencia, una mujer usa 25.000 palabras de media al día, frente a las 12.000 de un hombre. Aunque yo no conozco a ninguno que use más de 500. Más del doble de palabras implican más del doble de pensamientos –sin contar con todos los que no verbalizamos, y son muchos-. Por lo tanto, necesitamos que nos escuchen. Es un rollo canalizar ese torrente de pensamientos y emociones diarias sin poder compartirlo, es vuestra responsabilidad escucharnos porque para eso os hemos traído al mundo. Cuando tu chica te diga que necesita que la escuches es que necesita eso: que la escuches y te calles la puta boca. No te ha pedido que le hables, ¿verdad? Te ha pedido que LA ESCUCHES. No queremos oír tus consejos porque siempre sabemos lo que tenemos que hacer, pero necesitamos compartirlo antes de que nos estallen los circuitos neuronales, entremos en cólera y te partamos el palo de la escoba en la cabeza mientras disfrutas de un cerveza con los pies puestos encima de la mesa del salón.
¿Por qué demonios no os dais cuenta de que necesitamos hablar? Las mujeres percibimos cuando nuestras amigas están de bajón. Sabemos exactamente lo que tenemos que decirle: “Tía, ya sabes que estoy aquí para escucharte”. “Cuéntame ¿qué te pasó con Pedrito? Dime que no ha vuelto a joder la colada mezclando la ropa de color con la blanca”. Y a partir de ahí, nuestra función es escuchar. Dar kleenex, servir otra copa, rajar de Pedrito, de su ex, sus amigos y su santísima madre. Lleva su tiempo, es una ardua tarea, pero para nosotras lo importante es disfrutar del viaje: incidir en cada pequeño defecto de Pedrito nos hace más fuertes. Al cabo de tres horas de desahogo, no habremos tomado ninguna decisión concluyente acerca de Pedrito pero tendremos tan estudiada su biografía que podríamos hacer un Sálvame Deluxe y un polígrafo en la misma noche.
Amiguitos, el hecho de que nos gastemos la mitad del sueldo en psicoterapia también es vuestra culpa: si os hubieseis molestado en escucharnos podríamos haber invertido todo ese dinero en un fondo de armario mucho más completo. O en un viaje. O en una colección de libros de autoayuda. O en la hipoteca. O en un coche nuevo. En una entrada para ver el Barça- Madrid. En llevarte al campeonato mundial de play en Australia o al de bebedores de cerveza de Berlín Este.
Pero si hay algo que me saca de quicio es cuando te ven agobiada con múltiples preocupaciones –reales o imaginarias- y te sueltan: “no lo pienses” “deja de preocuparte”. Chicos, ¿cómo cojones deja uno de pensar en algo que le molesta? ¿No veis que en el momento en que hemos decidido dejar de pensarlo, vamos  a pensarlo mil veces más???
Sin embargo, la mayoría de los hombres tienen la capacidad de no pensar absolutamente en nada. ¿Cómo lo consiguen? Por la testosterona que guardan en sus testículos como oro en paño. El hecho de llevar colgando todo el día su masculinidad, les recuerda que no están hechos para preocuparse, porque una mujer lo hará por ellos. ¿Qué hacen cuando les pasa algo difícil? Recurren a su madre, su pareja, su hermana o su amiga para que se lo solucione. Toman el consejo, lo aplican y a otra cosa. Son prácticos, simples, saben disfrutar el momento, y cortar con las preocupaciones.
Lo cierto es que todos tenemos la capacidad de sentir lo mismo. Por eso hay mujeres que saben controlar sus emociones mucho mejor que algunos hombres; y hay hombres con una capacidad empática y de comprensión mucho más amplia que la mayoría de las mujeres. Se me ocurren, por ejemplo, Leiva, Quique González, Iván Ferreiro, Kurt Cobain y demás artistas cortavenas que escuchamos cuando nos apetece regodearnos en nuestras miserias.
He llegado a la conclusión de que el mundo irá mejor cuando las mujeres podamos desconectar el chip y los hombres puedan conectarlo de vez en cuando. No hay mejor manera de aprender que copiando comportamientos: este viernes empiezo con el Pro, pinta de cerveza en mano. Y que él aguante a mi madre.
  • http://www.blogger.com/profile/12465306448186054130 Alejandro Fueyo Martínez

    Dime una cosa,sin entrar en el debate feminista/machista y demás,porque siempre me ha parecido simple y terriblemente aburrido.No sería maravilloso haber recibido una educación en la que nos hubieran mostrado las normales diferencias entre individuos??Así quizá una gran parte de las mujeres que piensan como tú,entendería que tu descripción del universo masculino resulta ofensiva;quizá no para algunos hombres que probablemente estén dentro de tu retrato y se partan el culo de que una tía les llame imbéciles a la cara,pero por suerte no para una gran parte de hombres que no tienen nada que ver con esa descripción.Por otro lado,me gusta lo que escribes sobre otros temas.En el futuro me suscribiré a su boletín(como diría Homer).

  • http://www.blogger.com/profile/08952919391025354950 blog169

    Esta entrada me parece más sexista que otra cosa. Desde mi punto de vista, en la práctica las feministas no creéis en la igualdad de géneros sino en la superioridad de las mujeres. De la misma forma que es sexista la publicidad que fomenta estereotipos de la mujer como ama de casa etc, tu describes al hombre como un ser simple que no sabe otra cosa que jugar a video juegos y beber cerveza. Por otro lado, defiendes que los hombres y las mujeres procesamos la información de maneras distintas (y estoy de acuerdo) pero ¿que opinarías si una persona quisiera contratar a alguien para un puesto de trabajo determinado y dijera abiertamente que sólo busca contratar a hombres? Estoy seguro que le lloverían las criticas de muchas feministas.

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