Estamos asistiendo a unos debates totalmente innecesarios sobre la conveniencia o no de estudiar religión en los colegios públicos. El ministro Wert, un tipo inteligente y con una de las mentes más lúcidas del panorama político nacional –e internacional- ha dejado claro que la religión es una asignatura necesaria, no como esa basura sociata y aleccionadora llamada Educación para la Ciudadanía que puso de moda ZP. Zeta Pé y su Alianza de Civilizaciones, Zeta Pé y sus matrimonios gays…Zeta Pé no es un buen español. Y yo opino lo mismo.
Porque la religión forma parte de nuestra idiosincrasia como pueblo español, lo mismo que los toros y las sevillanas. Es algo que nos españoliza. Y por tanto, bueno.
Realmente los padres que están en contra de la Religión no tienen en cuenta la opinión de sus hijos. Porque la clase de Reli siempre fue la más provechosa.
Reli es la asignatura necesaria para reponer neuronas entre clase y clase. Es el puente perfecto entre Matemáticas e Historia. Tan necesaria que yo creo que deberían imponerla como asignatura troncal de todas las carreras universitarias.
Cuando yo iba al cole –a principios de los 90- en mi clase había un enorme crucifijo presidiendo la pared principal. Justo al lado del encerado y encima de la cabeza del profesor. Era una extraña metáfora: veías esa sádica imagen de Jesucristo clavado en la cruz, sangrando por la frente y luego… mirabas al de Física y dejabas vagar tu mente de psicópata infantil.
En clase de religión hacíamos cosas muy interesantes: le explicábamos al maestro por qué odiábamos la misa, comentábamos con los compañeros lo crueles que eran nuestros hermanos mayores, regábamos las plantas, limpiábamos el polvo –sí, limpiábamos- e incluso había días que nos dejaban salir a tomar el sol o a comprar chuchee al kiosco de la esquina.
En aquella época, la gente, en general, no se cuestionaba estudiar otra cosa. Sin embargo, había una chica en el cole que no venía a Religión porque sus padres no la dejaban. En esos años, y en mi paupérrimo colegio público, no había Ética, ni Culturas Religiosas ni, mucho menos, Educación para la Ciudadanía. Así que se la llevaban a un aula vacía y la tenían allí en absoluta soledad mientras los demás estábamos en clase de religión. De esta chica se llegaron a decir cosas muy fuertes. La teoría que más pegaba entre nuestros padres fue que en su familia eran Testigos de Jehová –les parecía una aberración- y que eso era una secta. Nos recomendaron sutilmente que no nos juntáramos mucho con ella porque “a saber que tenía en la cabeza”. Yo llegué a cogerle miedo a aquella muchacha triste y solitaria que no venía a Reli a hacer amigos.
Veinte años más tarde, cuando me la cruzo por la calle, sigo sintiendo un pequeño escalofrío.
En el instituto el nivel fue subiendo. Nos daba clase un cura. El cura de Barrantes. Era un tipo entrañable, con cara de Papá Noel y olor a vino rancio -como no podía ser de otra manera, haciendo honor a su pueblo, cuna de tintos- que no tenía muy claro qué hacía allí pero que se sacaba un dinero que junto con el de las misas le daba “para ir tirando”. No os creáis que todo era jauja porque el cura nos ponía exámenes tema a tema y, por si quedaba alguna posibilidad de suspenso, acostumbraba a darse la vuelta o a salir de clase para que pudiéramos cooperar los unos con los otros, como buenos cristianos.
En el instituto también nos llevaron de excursión gracias a la siguiente profesora de Reli. Nos fuimos a hacer el camino de Santiago. Pasamos un día entero caminando por los montes de Galicia como auténticos penitentes y pernoctamos en el Seminario de Compostela. Allí tuvimos una entretenida charla con los jóvenes que se preparaban para ejercer la ardua tarea de difundir los méritos de Cristo entre los feligreses.
Además, nos permitieron hacerles preguntas para interesarnos por su vocación. La verdad que hubo cuestiones muy interesantes. Recuerdo la de una compañera que pidió la palabra y, micrófono en mano, le espetó a uno de los aspirantes a cura lo siguiente: “A mí y a mis compañeros nos gustaría saber cómo lleváis eso de no poder tener sexo a vuestra edad” a lo que él, perplejo, respondió, “es cuestión de fe, te vas acostumbrado”. No conforme con esa explicación, mi compañera continuó indagando en su vida sexual: “Pero… ¿alguna pajilla os haréis, no? La cara del cura era un poema. Y la de sus superiores la antología completa de Becquer. “Sí, alguna, sí”, respondió.
Es por esto y otras muchas cosas que me declaro fiel defensora de la asignatura de Religión Católica, los Reyes Magos, los puentes y festivos con nombre de Santo y de las madres que rezan cuando hay temporal. Como la mía.
  • http://www.blogger.com/profile/06324031253917757650 Manuel Lafuente

    Ahhh que recuerdos despiertan al leer esto… que será del cura de barrantes en estos tiempos?? Yo también estudie en la Xunqueira II y como no, tube la suerte de tener al susodicho de profesor de Reli… todo un personaje sin duda!